jueves, 20 de junio de 2013

Adicciones



www.psicofarmacos.info

Nuestra sociedad moderna, adicta al petróleo, no es muy diferente de un consumidor de heroína, que piensa que controla su vicio, y que lo puede dejar cuando quiera.

Muchas veces hemos oído hablar del “mono” de los drogadictos, pero es difícil hacerse idea, si no se ha sufrido, del grado de malestar y dolor que comporta. Utilizaré los síntomas más comunes del síndrome de abstinencia a opiáceos, para dar una idea muy somera del tema. Se desarrollan como sigue, según la más subjetiva (no clínica) y completa descripción que he encontrado, traducida de un texto de Sky Martin:

“La abstinencia puede sentirse como si tuvieses un cuadro febril grave. Puedes sentir frío y tener escalofríos. Puede parecer que no puedes calentarte. O puedes tener demasiado calor y sudar continuamente. Puede que tengas dolores corporales y estés débil. Tus ojos lagrimean y tu nariz moquea constantemente. También puedes estornudar mucho. Estos síntomas pueden ser tan incómodos que algunos adictos sufren una recaída y vuelven a consumir.

Por otra parte tus piernas pueden doler mientras atraviesas las etapas de la abstinencia. Este dolor ha sido descrito como profundo e intenso. Tus piernas pueden estar inquietas. Puede que incluso tengas la necesidad de moverlas constantemente o patear. Caminar pequeñas distancias puede hacer que las sientas pesadas y te duelan aún más. También puede manifestarse dolor en los hombros, en otras articulaciones y en las caderas. Las piernas inquietas dificultan el sueño.

Durante la abstinencia, puede que no comas a causa del malestar estomacal. Es normal tener poco apetito. Incluso pensar en comida puede provocarte nauseas. Es común vomitar. Es importante mantenerse hidratado y nutrido mientras tu cuerpo se cura. Los opiáceos detienen tu tracto intestinal y, claro, durante la abstinencia ocurre lo opuesto. Tendrás calambres intestinales y diarrea severa.

Tus patrones de sueño también se verán afectados. Puede que tengas problemas para dormirte o para mantenerte dormido. Es normal despertarse muchas veces durante la noche. El sueño profundo es imposible. También puedes tener pesadillas vividas que serán muy perturbadoras. Los problemas para dormir suelen perder su intensidad dentro del plazo de una semana. Algunas personas encuentran que establecer una rutina que incluya un baño relajante de burbujas, una taza de té caliente y meditación antes de ir a la cama, puede ser de ayuda.

Atravesar la abstinencia puede ponerte ansioso o deprimirte. Cuando abusas de los opiáceos, tu cuerpo deja de producir endorfinas. Las endorfinas son unos neurotransmisores situados en el cerebro que inducen sensaciones agradables y euforia. Puede que pase un tiempo hasta que tu cuerpo cree endorfinas. Dependiendo de la gravedad de la adicción, la depresión puede durar meses o años. También es posible que tengas pensamientos repetitivos que sean molestos y perturbadores. Durante la abstinencia es mayor el riesgo de conductas autodestructivas”.

www.museo-oriental.com


También podemos describirlo como si se tratara de un frío informe médico.


“El síndrome de abstinencia de opiáceos se desarrolla como sigue:

1.Fase. - Lagrimeo, rinorrea (secreción nasal), bostezos, sudoración excesiva, escalofríos.

2.Fase. - Sobre las 24 horas, aparece la "carne de gallina" (cutis anserina), midriasis (dilatación de las pupilas), agitación, temblores, contracciones musculares, ramalazos de calor y frío, dolores en músculos y huesos, anorexia (disminución o perdida de apetito).

3.Fase. - Comprende desde las 25 a las 50 horas, intensificándose todos los síntomas de la 2ª fase, apareciendo además insomnio, nauseas, taquicardia, taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria), hipertensión.

4.Fase. - Se intensifican los síntomas de la 3ª fase apareciendo vómitos y diarrea, que producen una grave deshidratación y, a veces, pueden conducir al colapso orgánico y la muerte.

El cuadro suele aparecer entre las 8 y 12 horas desde la última administración del estupefaciente, alcanzando el clímax a los dos días y desapareciendo como máximo al cabo de una semana. Finalmente va remitiendo, aunque el recuerdo de la droga se suele mantener”.

www.monografias.com

En cualquier caso se trata de un trance difícil de olvidar y de superar (pocos consiguen deshabituarse). Traslademos estos efectos al “síndrome de abstinencia de combustibles fósiles” que como sociedad estamos condenados a padecer.

Utilizaremos para describir las diferentes etapas del proceso, las tesis de Dimitri Orlov sobre las cinco fases que abarca un colapso civilizatorio a saber:

Fase uno: colapso financiero. Los bancos y compañías tienen problemas para hacer frente a sus deudas y acaban en bancarrota. Rescates bancarios, con cargo a presupuestos, para simular que la pirámide de deudas puede sobrevivir en una sociedad sin crecimiento. Recortes (lagrimales activos y moqueo persistente, sensaciones alternativas de frío y calor intensos). El paro crece exponencialmente, aunque aparecen políticos que nos prometen tener la fórmula para devolvernos el crecimiento y el empleo (delirios alucinatorios, piernas inquietas).

Fase dos: colapso del comercio. Incapaz de pagar sus deudas a nivel individual, corporativo y estatal, el país colapsante entra en absoluta bancarrota. Los demás países interrumpen sus tratos con él. Manifestaciones, huelgas generales y protestas en las calles (contracciones musculares, dolores en músculos y huesos, perdida de apetito).

Fase tres: colapso político. La situación se deteriora, los servicios se interrumpen y las infraestructuras no pueden ser reparadas. El Estado se derrumba. La población se organiza a su manera, a espaldas de aquél, formando comunidades de todo tipo, desde las asamblearias hasta las comandadas por un señor de la guerra (insomnio, nauseas, taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria).

Fase cuatro: colapso social. Las comunidades antes vistas ya no son capaces de ayudar a los individuos en sus necesidades cotidianas, como el acceso al agua y los alimentos, así que se disgregan. La única unidad que persiste es la familia, entendida de forma extensa como clan familiar (vómitos, diarrea, grave deshidratación).

Fase cinco: colapso cultural. En la última fase del derrumbe, la escasez de recursos y la dureza de las condiciones hacen que la situación se convierta en un "sálvese quien pueda" y los individuos compitan todos contra todos, produciéndose incluso casos de canibalismo. Llegados a este punto la especie puede subsistir en pequeños grupúsculos aislados o extinguirse (pensamientos autodestructivos, colapso orgánico).

A la vista de los dolorosos padecimientos que conlleva la abstinencia de la sustancia adictiva, lo más probable es la recaída del drogodependiente, pero claro, siempre que la droga vuelva a estar disponible y pueda pagarla. También puede recurrirse a sustitutivos (metadona), cuyo equivalente en nuestro caso serían los biocombustibles, el aprovechamiento de las arenas asfálticas, pizarras y esquistos bituminosos, gas natural licuado, petróleo extrapesado y otra pacotilla pseudopetrolífera. El problema de estos sucedáneos estriba también en la disponibilidad, y en su eficacia como sustitutivos, que puede plantear muchas dificultades. Es más fácil conseguir metadona a un heroinómano que proporcionar de forma sostenida a una sociedad industrializada las ingentes cantidades de energía, en forma de combustibles líquidos de alta densidad energética, que precisa, los cuales, además, han de proporcionar una Tasa de Retorno Energético aceptable para mantener la dinámica civilizatoria (como mínimo entre 5 y 10 unidades de energía obtenida por cada una invertida).

geodinamics.blogspot.com

Naturalmente, la cuestión básica, una vez determinados los síntomas, y el orden correlativo en que se manifestarán (algunos ya los tenemos encima), es concretar con que intensidad y, sobre todo, a que velocidad se irán sucediendo. Es un problema de plazos. Todo ello depende, como es lógico del período durante el cual se ha estado consumiendo la sustancia adictiva. No es lo mismo haber estado enganchado ocho meses que diez años. Y conviene advertir que nuestra adicción a los combustibles fósiles y a la energía barata consta documentada como de muy larga trayectoria (por lo menos cien años), lo que complicará bastante el cuadro clínico del enfermo, y con toda seguridad acabará con la muerte del paciente (la quiebra absoluta de la sociedad industrial).

Saludos,

Calícrates

No hay comentarios:

Publicar un comentario