domingo, 7 de julio de 2013

Atentados peak oil ( I )



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Cuando en este blog, y otros afines, hablamos de guerras por recursos, hay quien debe pensar que estamos refiriéndonos a tiempos futuros. No es exactamente así. Tales conflictos ya han comenzado (Afganistán, Irak, Libia, Siria, Mali…) Y todos tuvieron su punto de arranque en aquél fastuoso día 11 de septiembre de 2001, a partir del cual se nos prometió guerra sin fin. ¿Porque los asesores militares del Presidente de los Estados Unidos le advirtieron de los múltiples peligros terroristas que nos acechaban? No, claro que no. Fue porque los directivos de la gran industria petrolera (de la que formaba parte Dick Cheney) pusieron en su conocimiento que el cenit de producción de petróleo estaba próximo, y que había que empezar a actuar. Trataré el escabroso tema en tres posts consecutivos, como en las grandes trilogías cinematográficas Hollywoodienses (la diferencia no es muy grande, salvo que los muertos son reales).

Es evidente que la previsión de los efectos no lineales del peak oil requería de una acción global, que necesitaba una serie de excusas y subterfugios para ir a la guerra. A partir de aquí me ceñiré a una serie de datos extraídos del documental “La verdaderahistoria de las Torres Gemelas”, que no creo que constituyan una sorpresa para casi nadie, porque pienso que, a estas alturas, la versión oficial del 11-S ya no se la creen ni los niños.

El World Trade Center fue uno de los grandes logros de ingeniería del siglo XX. Se usaron, en el núcleo central de las construcciones, hasta 200.000 toneladas de acero reforzado, que cumplía con la normativa internacional E-119, que podían resistir temperaturas de más de 1.100 grados durante varias horas, sin resultar afectadas. No eran estructuras huecas y débiles. Se consideraron posibles impactos de aviones durante su diseño. El año 1972 se terminó la Torre Norte, y el año siguiente la Torre Sur. Con 417 metros de altura y 110 pisos las Torres Gemelas eran el orgullo de Manhattan.

El 11 de septiembre de 2001 se llevó a cabo el ataque más sangriento y audaz jamás realizado en suelo americano, perpetrado supuestamente por 19 terroristas coordinados desde una cueva en Afganistán. Significativamente varios ejercicios militares habían sido programados para la semana de los ataques, y también curiosamente, en mayo de 2001, Bush había entregado el control de tales ejercicios al Vicepresidente Dick Cheney. Pues bien, el día de los hechos se desarrollaron estas operaciones:

- vigilant warrior, este ejercicio implicaba la simulación del secuestro de un avión comercial.

- vigilant guardian, sobre teórico ataque aéreo a los Estados Unidos.

- global guardian, ejercicio para probar la capacidad de respuesta a un ataque nuclear.

- tripod II, simulación de ataque bioquímico, para el 12 de septiembre en Nueva York. El lunes 10 ya había llegado a Manhattan el personal de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (en inglés FEMA), e instalaron su base en el muelle 29, que al día siguiente se convertiría, convenientemente, en el centro de respuesta al “ataque terrorista”.

- northern vigilance, operación militar con despliegue de cazas en Canadá y Alaska para monitorear un ejercicio militar ruso.

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Como veis el día era completito. Aquí viene lo más interesante. Algunos de estos ejercicios estaban dirigidos por el comando de defensa aeroespacial NORAD, que usaba su capacidad de enviar señales falsas a radares, simulando ataques y secuestros, sin que el operador del radar pudiera distinguir la diferencia entre las señales falsas y las verdaderas. Así el 11-S las pantallas de radar de los controladores aéreos estaban llenas de aviones fantasma y de gran confusión. A pesar del despliegue indicado, a lo largo de la costa este había suficientes aviones de caza para una defensa efectiva, en caso de ataque real.

11 de septiembre, aeropuerto Logan de Boston. American Airlines y United Airlines preparan sus vuelos 11 y 175. El American 11 despega a las 7:59 horas, a las 8:13 realiza su última comunicación con el centro de control. Un minuto después no responde a una llamada del controlador. Se supone que entonces el comando, tras penetrar en la cabina, se ignora como, elimina a los tripulantes, dos ex militares y pilotos de cazas entrenados para responder a situaciones extremas, que son neutralizados limpiamente, sin resistencia, de forma que no tienen tiempo ni de pulsar el botón de secuestro.

En aquellos momentos despega el United 175 con destino a Los Angeles. Minutos más tarde, en Dulles (Washinton), el American 77 despega con idéntico destino. A las 8:21 los secuestradores del American 11 apagan el transponder del avión (dispositivo que lo identifica), lo que éste sigue siendo visible en los radares, pero sin identificación. Sin embargo los controladores tardan veinte minutos en avisar a los militares de la situación. A las 8:26 horas la aeronave realiza un giro de cien grados y enfila hacia Nueva York. Minutos después pasa por encima del objetivo terrorista perfecto, la planta nuclear de Indian Point. Pero los autores intelectuales de los ataques quieren un daño controlado, que sirva para enardecer, no un perjuicio real que deje postrada a la nación, así que pasan de largo.

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A las 8:37 horas la FAA (Federal Aviation Administration), encargada de todos los centros de control aéreo, da por fin aviso a los militares, a NORAD, de que hay un secuestro el proceso. A pesar de contar con equipos de radar mucho más sofisticados que los dispositivos de control de la FAA, los militares argumentan que no pueden localizar al American 11 en sus pantallas. Se llega a la ridícula situación de que son los controladores aéreos civiles los que indican la posición del avión a los militares, pero ni aún así son capaces de localizarlo. En la base Otis de Massachusetts dos F-15 se preparan para despegar, aunque no lo harán sino tras una inexplicable espera de quince minutos. Estos dos cazas hubieran podido llegar a Manhattan en tan solo cinco minutos, pero les toma una hora. Mientras tanto el egipcio Mohamed Atta, supuestamente a los mandos del American 11, realiza una sorprendente maniobra, con un descenso de 1.000 metros por minuto, a más de 700 kilómetros por hora. El inexperto piloto de avionetas se transforma de pronto en un profesional, no titubea, ni duda, llega a Manhattan con el avión perfectamente controlado, estrellándolo a las 8:46 horas contra la Torre Norte a 750 kilómetros por hora. Cualquier piloto novato habría estado largo rato dando vueltas hasta alcanzar la altitud de ataque. Pero Atta consigue su objetivo al primer intento.

A la misma hora del impacto del American 11, el United 175 es secuestrado. Una vez más, inexplicablemente, los supuestos terroristas logran entrar en la cabina y dominar al piloto y a su primer oficial, otros dos ex militares a los mandos del avión, que tampoco tienen tiempo de enviar la señal de secuestro. Como dice el documental cuya información transcribo, una vez puede ser suerte, pero cuando aparece un patrón de tal eficacia entre los secuestradores no se puede menos que sospechar. Sobre esta hora el último avión en ser “secuestrado”, el United 93, ya ha despegado con destino a San Francisco. Aproximadamente las 8:46 horas el United 175 apaga su transponder y desaparece. Treinta segundos después aparece una señal en los radares con un código de transponder no asignado ese día. Los controladores aéreos asumen que se trata del United 175, supuestamente pilotado por el emiratí Marwan Al-Shehhi. Vuela con la misma profesionalidad que su compañero Atta, pese a ser otro novato. Inicia una serie de maniobras espectaculares, que dejan sorprendidos a los controladores, y constituyen la prueba palpable de que lo que veían en sus pantallas no era el United 175. Después inicia un increíble descenso sobre Manhattan, haciendo lo que se llama un “clavado”, esto es, un descenso de tal magnitud que hubiera sido absolutamente insoportable para los pasajeros, de haberlos llevado. Sobre esa hora han despegado los F 15 antes dichos, sin un plan de vuelo específico, ni un objetivo definido, y permanecen en espera sobre el océano, lejos de los flancos de ataque, sin posibilidad de frustrar los supuestos atentados. A las 9:03 horas, el United 175 impacta a 950 km/h sobre la Torre Sur. Unos minutos antes, a las 8:51 horas, el American 77 es supuestamente secuestrado. Se repite la rutina habitual. La tripulación es inmediatamente puesta fuera de combate, sin señales de resistencia, y nuevamente tampoco se envía el código de emergencia. Los secuestradores se encuentran en cabina con otro ex militar y piloto naval, que por lo visto no es eliminado, sino enviado, en compañía de su primer oficial, con los demás pasajeros. El que un piloto ceda la cabina a unos secuestradores de esta forma resulta inconcebible, mucho más tratándose de un ex militar. Continuará…

Saludos,

Calícrates

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