miércoles, 17 de julio de 2013

Ciencias y letras



www.aloj.us.es

Veo blogs muy interesantes, llenos de gráficos, números y ecuaciones, que nos indican que hemos superado la capacidad de carga del planeta, y que no podemos seguir creciendo porque no hay energía ni recursos para continuar el proceso.

Por supuesto que estoy de acuerdo con los mencionados estudios, en otro caso no habría iniciado este blog. Pero me produce un cierto desasosiego la conclusión de fondo que parece deducirse de los posts antes indicados. Resultaría que, una vez más, ellos, los de ciencias, están en lo cierto, y que los que somos de letras volvemos a estar equivocados. Si por “de letras” se hace referencia a los economistas de moda (aunque la economía sea realmente una ciencia mixta) tendría que estar de acuerdo. En efecto, casi todos no entienden, o no quieren entender, que es peor, que el problema que enfrentamos es geológico y no económico, y por tanto reducen la cuestión a volver a crecer, para reconstruir de nuevo el castillo de naipes de la deuda impagable, y seguir cobrando sustanciosos pluses por aconsejar a sus incautos lectores que inviertan en acciones, fondos de inversión y otros “activos” que, saben perfectamente, son lo que Michael Douglas describiría atinadamente en la película Wall Street como un chicharro (véase Bankia). Sin embargo, conviene hacer un poco de memoria.

Son los partidarios y practicantes de las ciencias duras (físicos, matemáticos, ingenieros,…) quienes nos han llevado al atolladero en que nos encontramos, y del que, como ya hemos visto, es imposible salir, al menos sin demoler hasta los cimientos el fallido experimento civilizatorio puesto en marcha a partir de la revolución industrial. Fueron estos “sabios eminentes”, que por cierto cimentaron solidísimas carreras profesionales, los que nos acostumbraron a sus locos cacharros, sin pensar que acabaríamos dependiendo de ellos, y que llegaría un momento en que no habría combustibles fósiles para moverlos.

www.asturiastarget.com

Que no me digan que no pudieron preverlo, porque si eran tan listos, se sabían los principios de la termodinámica, y comprendían la lógica infalible del aprovechamiento de los recursos no renovables, debieron deducirlo con facilidad. Entiéndase lo que digo con el máximo respeto al esfuerzo intelectual individual de los profesionales de tales disciplinas, algunos de los cuales han creado blogs que, como he reconocido muchas veces, me han sido de gran ayuda.

Creo, además que, de entre aquéllos, los más avispados, se han dado cuenta de donde radica la verdadera dificultad, en relación al cenit de producción de petróleo y sus consecuencias, y empiezan a insinuar que comprenden que la única sociedad verdaderamente sostenible es la que prescinde de todo tipo de artilugios mecánicos sofisticados. Sí, incluso de los supuestamente ecológicos, cuyo uso masivo también es insostenible. En este sentido, y para cerrar el paso a algunas falsas ilusiones, hecho en falta un estudio serio que sin duda nos llevará a la conclusión, a primera vista sorprendente, de que el futuro no es de la bicicleta (que es un barril de petróleo con ruedas).

Soy un tanto medievalista. La Edad Media europea conoció una forma de civilización que podríamos denominar Tradicional, basada en la fuerza animal y humana libre, en aprovechamientos energéticos sostenibles, y sobre todo en unas relaciones armoniosas con otras civilizaciones vecinas equiparables, con las que a veces, cierto, se entablaban guerras (en las que participaban aquéllos para quienes la guerra era su oficio, su función social, y no levas de carne de cañón), pero a las que no se aspiraba a depredar, como ahora se hace con el denominado Tercer Mundo.

miguel-mateus.blogspot.com

Una sociedad de este tipo, que da preferencia a las personas sobre los capitales, que cree en la estructuración piramidal de funciones, pero no en que la base social sea sistemáticamente expoliada, pues es la piedra angular del sistema (en la jerarquía pero no en el jerarquismo), que acepta la muerte como algo inevitable, sin obsesionarse por evitarla o combatirla a ultranza, lo que le permite disfrutar de la vida en cada momento como un don, y que vive tomando de su entorno lo que éste puede darle sin degradarse (y sin recurrir a doparse con suplementos energéticos limitados y no renovables) es la única que puede dar estabilidad y auténtica felicidad al género humano.

Creo que nos engañan sobre lo que fue la Edad Media. En lugar de fijarnos en lo que se escribe sobre dicha época en los manuales históricos al uso, fijémonos en sus joyas arquitectónicas aún en pié, que todavía constituyen motivo de curiosidad y asombro (en cambio a nadie se le ocurriría visitar un moderno edificio de oficinas durante sus vacaciones). Transcribo un texto de Fulcanelli de su obra, “El Misterio de las Catedrales”: “Los constructores de la Edad Media habían heredado la fe y la modestia. Artífices anónimos de verdaderas obras maestras, edificaron para la Verdad, para la afirmación de su ideal, para la propagación y el ennoblecimiento de su Ciencia. Los del Renacimiento, preocupados sobre todo de su personalidad, celosos de su valor, edificaron para perpetuar sus nombres. La Edad Media debió su esplendor a la originalidad de sus creaciones; el Renacimiento debió su fama a la fidelidad servil de sus copias. Aquí, una idea; allá, una moda. De un lado, el genio; del otro, el talento. En la obra gótica, la hechura permanece sometida a la Idea; en la obra renacentista, la domina y la borra. Una habla al corazón, al cerebro, al alma: es el triunfo del espíritu; la otra se dirige a los sentidos: es la glorificación de la materia. Del siglo XII al XV, pobreza de medios, pero riqueza de expresión; a partir del XVI, belleza plástica, mediocridad de invención. Los maestros medievales supieron animar la piedra calcárea común; los artistas del Renacimiento dejaron el mármol inerte y frío”. Y si esto se dice relacionándola con el Renacimiento, que podríamos añadir de estos tiempos de creadores de Ipads y electrodomésticos.

www.foroxerbar.com

Hace falta algo más, un Principio de orden superior, también presente en la Edad Media que, sospecho, vivía la religiosidad como algo muy diferente al “pietismo”, o la “beatería” contemporáneos. Escribe Witkowski de la nave de Notre Dame de Estrasburgo: “el bajorrelieve de uno de los capiteles de las grandes columnas reproduce una procesión satírica en la que vemos un cerdito, portador de un acetre, seguido de asnos revestidos con hábitos sacerdotales y de monos provistos de diversos atributos de la religión, así como una zorra encerrada en una urna. Es la Procesión de la zorra o de la Fiesta del asno», celebraciones con un profundo sentido simbólico, hoy completamente incomprensible para los hombres de la modernidad, a causa de su educación estructural.

¿Qué "ciencias" se cultivaban entonces? La literatura, la poesía, la teología y, sobre todo, las siete artes liberales: la gramática, la dialéctica, la retórica, la aritmética, la geometría, la astronomía y la música. Incluso las que suenan más relacionadas con la matemática y al número, hacían referencia a la “calidad” de éste, y no con su “cantidad” (lo que llamaríamos la cifra), y desde luego no tenían el carácter mecánico de nuestros actuales estudios técnicos. Y que decir de la “astronomía” que no tenía absolutamente nada que ver con la ciencia moderna que lleva dicho nombre, y en cambio mucha más relación con la llamada “astrología”, que por otra parte era algo muy diferente de lo que encontramos en las páginas de contraportada de diarios y revistas, así como en los programas televisivos nocturnos de videntes y echadoras de cartas.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. Supongo que la inquisición fue la excepción que confirma la regla. Por cierto, el noventa y tantos por ciento de la gente era analfabeta y la edad media termina con la invención de la imprenta, un verdadero atraso que terminó encumbrando a los plebeyos con las consecuencias desastrosas que ahora padecemos.
    Un saludo

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