domingo, 14 de julio de 2013

¿Fin del euro?


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Algunos de esos economistas que yo llamo “de diseño”, que escriben en páginas salmón nos hablan, de vez en cuando, de la posibilidad de la salida del euro, y la adopción de nuevo de divisas propias, por parte de ciertos países de la Unión.

Es evidente que, una vez más, no son sino la voz de su amo, probablemente algún banco de inversión que desea colocar sus productos averiados (fondos, acciones, cédulas hipotecarias,…) entre incautos con exceso de liquidez, que pueden temerse quitas y pérdida de valor de sus capitales si vuelve la antigua moneda local.

Queridos lectores, es absolutamente imposible que vuelva la peseta. ¿Por las dificultades que plantearían los préstamos con entidades extranjeras contratados en euros? ¿Porque se dispararía la inflación? ¿Por los problemas que existirían para la expedición de efectivo en cajeros automáticos? ¿Por la fijación del tipo de cambio?

No. Porque nadie nos vendería petróleo en papel pintado con la cara del cazador de elefantes que ostenta, en este momento, la Jefatura del Estado (ni con la de ningún otro que pueda sucederle). O bueno, tal vez sí, pero desde luego en menor cantidad y a precio de oro (devaluación brutal), lo que nos haría caer mucho más deprisa por la pendiente del precipicio de Séneca. Lo poco que ganaríamos en competitividad, esto es por exportaciones, lo perderíamos por vía de importaciones, pues hay un producto, el petróleo, que no podemos dejar de importar, por la sencilla razón de que no lo producimos, y es vital para mantener en pié nuestra economía (para comer, trasladarnos y elaborar otros productos).

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El diseño del euro pudo tener muchos defectos, pero es una divisa sólida y mucho más creíble que la que pudiera crear un país de segunda fila con graves problemas económicos estructurales. Pienso que lo que acabo de decir lo puede entender cualquiera, incluso los economistas con opinión autorizada en los diarios de información económica a los que antes he hecho referencia, razón por la que creo que, cuando dicen otra cosa, nos mienten a sabiendas.

Se pueden criticar muchas cosas del BCE, pero hay que reconocer que, dentro de los graves imponderables que ha encontrado a causa de la cada vez más notoria escasez de suministro energético, ha practicado una política monetaria muy congruente, que ha convertido al euro en una divisa de referencia, con ciertas garantías de estabilidad, lo que repercute favorablemente en nuestra factura energética con el exterior, que en otro caso hace tiempo que se habría vuelto impagable, con lo que la situación social sería aún más precaria de la que padecemos.

Conseguir ahora un euro, por la austeridad, es más difícil, porque también conseguir energía lo es. No hay más secreto. En realidad el dinero no es sino capacidad de disposición energética, y para que mantenga su valor, debemos cada vez ingresar menos, en consonancia con las decrecientes expectativas de producción petrolífera (base de la oferta energética).

qmunty.com
Observad que ni siquiera Izquierda Unida, aquí en España, ni Syriza en Grecia, hablan de abandonar el euro. Deben saber algo del problema de fondo y no quieren comprometerse a lo que nos puede hacer caer más de prisa hacia el abismo.

Otra cosa es cuanto tiempo podrá mantenerse la política económica expresada sin ocasionar un estallido social. Tened en cuenta que están haciendo encaje de bolillos. Tienen que conseguir que nos vayamos acostumbrando a un nivel de vida cada vez más exiguo (cociéndonos lentamente en la cacerola, como a la rana) sin prisa pero sin pausa, y teniendo en cuenta que futuras restricciones más serias de la producción de petróleo les pueden obligar a acelerar el proceso, con riesgo de que éste se les vaya de las manos.

Todo el mundo quiere que se le suban el sueldo, las pensiones, las rentas, sin darse cuenta de lo peligroso de todo ello en una sociedad sin recursos ni crecimiento. Tened en cuenta que el dinero es puramente electrónico, y les costaría muy poco meternos cien mil euros a cada uno en la cuenta corriente mañana mismo. Lo que ocurre es que, inmediatamente después, el kilo de tomates pasaría a costar diez euros, y entonces tal vez nos demos cuenta de que, como ya he indicado en algún post, no es el dinero la verdadera riqueza, sino su símbolo. La economía es la ciencia más simple que existe. O hay recursos, o no los hay. Y si no va a haberlos, es mejor que nos vayamos acostumbrando.

Saludos,

Calícrates

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