martes, 23 de julio de 2013

Los donuts con agujero



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Por si a alguno le quedaba alguna duda sobre el carácter inexorable del Principio de Calícrates, ver post, y su conexión con la corrupción corporativa, os voy a dar un caso real, que extraigo del artículo publicado en el diario digital El Confidencial, con fecha de 30 de junio de 2013, firmado por Marcos Lamelas, y titulado “Los donuts saben mejor sin agujero”, que no tiene desperdicio, pues nos da una pista sobre cómo funcionan de verdad las cosas en el universo del capitalismo de “puticlub”, en el mundo de la gran empresa, sí aquélla sobre la que nos han “vendido” (nunca mejor dicho) que es maravillosa porque nos da comer a todos (a unos más que a otros).

En 2005 Apax Partners compró Panrico por 900 millones de euros, casi el doble de lo que facturaba el grupo, un precio que suponía más de seis veces EBITDA (beneficio bruto de explotación antes de deducir gastos financieros). Albert Costafreda, el heredero de la familia fundadora, se hizo multimillonario, y exdirectivos que se habían quedado con participaciones minoritarias, como Javier de Paz, exconsejero de Telefónica y asesor áulico en temas económicos de José Luis Rodríguez Zapatero, así como Rafael Villaseca, actualmente consejero delegado de Gas Natural, también pillaron un buen pellizco. También La Caixa, que tenía el 30% de las acciones, sacó notables plusvalías.

La operación puede estar en los manuales de capital riesgo. Se escoge una compañía gestionada de manera tradicional, se paga un precio desorbitado y en la práctica no se aporta capital sino que se financia con créditos. Pero los compradores no asumen la deuda, sino que la cuelgan de la empresa adquirida. A partir de aquí los nuevos gestores recortan plantilla, venden activos y hacen lo posible para que la empresa adquirida devuelva los préstamos y dentro de unos siete años tenga rentabilidad suficiente y domine una cuota de mercado lo bastante significativa como para darle el pase con una jugosa ganancia.

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Pues bien, aunque la operación se denomina capital riesgo, quien la realiza en realidad ni pone capital, porque todo lo aportan los bancos, ni asume el riesgo, porque carga los créditos a la empresa. Si algo sale mal se abandona el barco y las entidades que han financiado la compra han de asumir las pérdidas.

Esto es lo que pasó en Panrico, que perdió más de 600 millones en cinco años, incapaz de hacer frente a los costes financieros de su abultada deuda.  En 2010 la paciencia de los bancos se agotó y ejecutaron los créditos. Panrico era suyo, pero el donut tenía un agujero y no precisamente el que le había hecho famoso. La banca no sabía qué hacer y al final el fondo oportunista Oaktree fue adquiriendo la deuda bancaria con fuertes descuentos, y finalmente se hizo con el 100% del capital de la empresa.

Oaktree Capital ha inyectado unos 120 millones de euros en la compañía catalana, a fin de desandar las directrices empresariales desplegadas por Apax, y no solo en relación al endeudamiento desorbitado. Por ejemplo, Apax embarcó a Panrico en una carrera de compras para engordar el grupo y hacerlo ganar cuota de mercado cara a la futura desinversión. Oaktree hizo lo contrario: el último paso en este sentido fue la venta de las galletas Artiach a Nutrexpa por algo más de 60 millones de euros. 

También se han corregido graves errores de gestión, y en 2010 Panrico tuvo que rectificar y volver a hacer donuts recién horneados. En efecto, se había invertido un dineral en I+D para colocar en el mercado en 2009 donuts envasados, que se conservaban varios días, lo que permitía ahorrar en costes de distribución. Pero las ventas cayeron en picado, pues Donut había dejado de ser “el fresco del barrio” de su promoción publicitaria de antaño, para pasarse al envasado sin gracia.

Ahora el principal objetivo de Oaktree es estabilizar las ventas, y solvertar los problemas de tesorería gestionando al viejo estilo, esto es, ganando dinero con su actividad empresarias, reduciendo deuda y dejando atrás las operaciones de pura ingeniería empresarial. Todo apunta a que en el caso de Panrico, las novedades han resultado bastante indigestas.

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Como podéis comprobar, en efecto, hay mucho fresco en el barrio. Quedaos con lo principal. Compran una compañía solvente, con beneficios, por el doble de su facturación anual, pero no desembolsan un duro, y le enchufan la deuda a la empresa. Entretanto la van engordando, para su posterior venta ¿Que Panrico puede hacer frente a sus obligaciones financieras?, pues se quedan con la sociedad gratis, y la venden (nuevo pelotón de millones). ¿Qué no? Pues la dejan quebrar. Así compro yo, mañana, El Corte Inglés. Mejor dicho, no puedo. Y ahora explicaré por qué y entenderéis quien tiene la culpa de estos atropellos.

Yo no puedo comprar El Corte Inglés mediante la operación reseñada, porque no me darían financiación. Sin embargo a otros sí se la dan, y por eso pueden perpetrar estos pelotazos. ¿Quién decide quién tiene financiación y quién no? Pues los verdaderos culpables de todo esto: los bancos, que al final son los que reciben la bofetada, pero la sentimos los demás, porque los rescatan con dinero público. ¿Y con que criterios deciden a quién dan financiación y a quién no? Pues tendréis que preguntarle a sus dirigentes corporativos. No sería inteligente acusar sin pruebas, hay que buscarlas, de delitos societarios, ni de cobrar alguna que otra comisión (en las Islas Caimán por supuesto) por autorizar operaciones en perjuicio de los accionistas (y al final de los contribuyentes). ¡Dios me libre! Pero observaréis que la cosa no huele muy bien. Hasta el tonto del pueblo, sin puñetera idea de gestión empresarial ni de banca, se hubiera pensado dos veces las operaciones de adquisición y financiación aludidas en el artículo. ¿Veis lo que os digo? Nos saquean. Y se ríen de nosotros. Y luego a desahuciar a los que no pueden pagar dos cuotas del préstamo hipotecario. Quousque tandem abutere, Catalina, patientia nostra? La respuesta a esta pregunta me la tenéis que dar vosotros, amables lectores.

Saludos,

Calícrates

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