viernes, 2 de agosto de 2013

Coltán


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La repugnante hipocresía en torno al conflicto que se vive en la República Democrática del Congo, de la que todos conocemos la causa, mientras tiramos balones fuera y acariciamos con parsimonia nuestro delicados aparatos electrónicos, que se han transformado en una extensión y sublimación de nuestros desmesurados egos, demuestra sin lugar a dudas que la civilización maquinista petrolífera occidental es una peligrosa basura putrefacta, que en bien del equilibrio físico y emocional de todas las criaturas del planeta debe ser arrojada, lo antes posible, y sea cual sea el sufrimiento implicado en el proceso, al vertedero de la historia.



Recomiendo este video, titulado “Sangre en nuestros móviles”:


Recapitulemos. El antiguo Congo Belga sufre una prolongada guerra civil, que milimétricamente afecta a las zonas donde se encuentran las minas de coltan o coltán (abreviatura de columnita-tantalita). La columnita está compuesta básicamente por óxido de niobio, y la tantalita por óxido de tantalio.  Ambos son escasos en la naturaleza y han pasado de ser simples curiosidades mineralógicas a considerarse minerales estratégicos debido a sus nuevas aplicaciones tecnológicas. Son utilizados para la fabricación de condensadores y chips indispensables para teléfonos celulares, computadores, ipods, mp3, GPS, juegos de consolas, satélites, armas teledirigidas y trenes magnéticos de alta velocidad. Se utilizan también en súper aleaciones empleadas en las turbinas de los aviones o en los reactores nucleares, así como para recubrir prótesis humanas.

La escalada de precios del coltán comenzó hace relativamente poco tiempo y tuvo que ver con el uso de tantalio para la fabricación de microchips de última generación que permitían baterías de larga duración en teléfonos móviles, videojuegos y portátiles. Los precios se dispararían aún más, antes del año 2000, cuando comenzaron a escasear las reservas de coltán en Brasil, Australia y Tailandia. Por ello las miradas se dirigieron a la cuenca del río Congo, que dispone del 80% de las reservas mundiales de coltán.

Se dice que el coltán va a China, pero este país no es más que la fábrica del mundo, donde operan las más importantes compañías occidentales, que tienen allí centros de producción, y miran hacia otro lado para continuar con el negocio.

Mientras tanto la destrucción en el país es enorme, con millones de muertos y un daño ecológico irreparable a la segunda selva tropical del planeta, y al entorno natural del amenazadísimo gorila de montaña.

Todo ello con la ONU, que tiene cascos azules en la zona, de convidado de piedra, cuando no de cómplice (se dice que se han utilizado transportes con bandera de Naciones Unidas para cargar coltán), asegurándose con su inútil presencia de que todo siga igual, y el precioso mineral continúe su ruta hacia nuestras Playstation.

Me da vergüenza formar parte de una civilización que promueve descaradamente el saqueo de un país, mientras se llena la boca, de cara a la galería, de derechos humanos y democracia. ¿Cómo han llegado las modernas armas que exhiben los niños guerreros? ¿De dónde salen los beneficios económicos que financian las guerrillas, si supuestamente nadie compra el mineral extraído ilegalmente, por razones humanitarias? ¿Quién maneja los hilos de la “insurgencia” que facilita el expolio de las riquezas minerales del Congo por mano de obra esclava, cuando no infantil, con salarios de hambre? ¿Se creen que somos tontos? ¿Qué no sabemos quiénes están detrás de las potencias que ocupan el país, por supuestos motivos políticos y étnicos? ¡Qué asco¡

No hay escenario de reforma suave de este vomitivo estado de cosas. Solo cabe tirarlo todo abajo a cañonazos, y si en el ínterin nos quedamos sin portátiles y iphones, pues mejor, porque para tragar mentiras y demagogia mejor quedarnos ayunos de información y volver al tam-tam, que también tiene raíces africanas.

Saludos,

Calícrates

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