miércoles, 28 de agosto de 2013

Irak



tanahlain.com

La jugada, en su día, estuvo clara. Metiendo a Españistán en la guerra de Irak de 2003 se nos aseguraba el negocio, y sobre todo el suministro privilegiado del excelente crudo iraquí, especialmente de cara a los azarosos tiempos que venían, me refiero al inminente pico de producción de petróleo convencional, que los usamericanos hace tiempo preveían, y así se lo explicaron, por fin, a quien acabaré por nombrar.

Lo que pasa es que J. M. Aznar no nos informó bien del tema. No podía, porque por un lado el peak oil no existe, ni existirá nunca, y por otro, porque ni aun contándolo nos hubiera caído bien, pues todavía tenemos dignidad y no nos hace gracia que envíen a un país por el sumidero para que nosotros podamos seguir conduciendo Maseratis. Así que el PP perdió las elecciones de marzo de 2004. Bueno, antes se produjo el atentado del 11-M. Se ha especulado mucho sobre el mismo, especialmente respecto a su autoría. Y la cosa, sin necesidad de ponerse a analizar si fue Titadine o Goma 2, para los que ven lo que hay que ver y se olvidan de la fanfarria de fondo, está muy clara.

Para empezar, es evidente, por la escenografía, modus operandi y medios empleados, que quienes decidieron colocar las mochilas explosivas fueron los mismos que prepararon el 11-S (y el 7-J), y si alguien todavía cree en el diseño de la operación por unos moros con chilabas desde una cueva de Afganistán que haga, por favor, dos cosas: que vuelva a leer mis post sobre el tema, y que se lo haga mirar.

Hay otra cosa también clara, y que se lleva ocultando reiteradamente. El PP tenía perdidas las elecciones desde mucho antes del 11-M. Lo sé por mis propios razonamientos ante los comicios, los de la gente que me rodeaba, el sentido común ante el rechazo a la guerra en Irak por parte del ¡noventa! por ciento de la ciudadanía, y el hecho, convenientemente ocultado también, de que encuestas del propio partido conservador le daban perdedor la última semana de campaña, lo que explica el nerviosismo de sus dirigentes, sus jaculatorias a sus amigos angloyanquis (¡eh¡ que nos hemos metido en el berenjenal por vosotros, y vamos a perder), así como la reacción desmesurada de Acebes, acercando el ascua a su sardina al poco del atentado, de una forma insultante para la sana crítica por la falta de datos en el momento en que se hizo (que vuelve a indicar desesperación), como quien se agarra al último clavo ardiendo que le queda.

Contrariando las tesis conspiracionistas (esta vez sí) en su día en boga, parece evidente que quienes ordenaron la barbaridad del 11-M querían que ganara el PP. Pensaban revertir la tendencia de voto que desde hace tiempo venía manifestándose en forma de nubes negras sobre las siglas de la gaviota. La retirada de Aznar, la poca pegada de Rajoy (que pude confirmar en esos tiempos incluso dentro de sus propias filas), e insisto, la indignación con la guerra no podían tener otro resultado.

Pero es que la continuación del estado español en la contienda daba coartada para vender los hechos como lo que no eran, para ocultar que se trataba de un saldo de cuentas entre anglosajonolandia (preocupada por la venta de crudo en euros) y Sadam Hussein, para que pareciera que la “comunidad internacional” iba a derrocar a un nuevo dictador, y todo olía nuevamente a petróleo, incluso diría que más que nunca. No, el PP no podía perder, pero perdió, entre otras cosas porque Rubalcaba se dio mucha prisa en explicar lo evidente, que podía haber otras versiones de lo ocurrido diferentes de la que manejaba el gobierno, para que todos votaran lo que ya habían pensado votar, sin dejarse arrastrar por las emociones que querían provocarles los “creadores de hechos”. Bastaba con eso. A pesar de mi escepticismo respecto de la democracia representativa, debo admitir que los españolitos, al menos aquella vez, no nos dejamos tomar el pelo, y la retirada posterior de las tropas de Irak demuestra que le dimos al imperio en todo el colodrillo.

Con todo lo dicho no quiero en modo alguno acusar al PP de connivencia con los atentados (estas atrocidades de la alta contrainteligencia planetaria les vienen muy grandes), sino sólo enmarcar los hechos desde la perspectiva serena producto del tiempo transcurrido. No tuvieron nada que ver, pero intentaron aprovecharse de la coyuntura (acusando a otros de hacer lo propio), y es que los autores intelectuales, claro, no pueden estar “ni en desiertos remotos ni en lejanas montañas” (¿Qué sabe José Maria “Ansar”, que no nos explica?).

Produce pesadumbre observar lo poco que importan cientos de vidas a esa mafia transcontinental que gobierna el mundo (al fin y al cabo ya habían matado a miles de iraquíes para poder seguir llenando los depósitos, así que supongo que pensaron ¡qué más da!).

Llegarán días de desafueros mucho más lacerantes. Lo último, el muy oportuno ataque con armas químicas en Siria, para poder intervenir en el país, a la vista de que los “guerrilleros de la libertad” no rematan la faena, ya no es que no se lo crea ni el gato de la escalera, es que produce regüeldos de la de veces que han recurrido al mismo truco. Parece que ya les da igual incluso que se les vea el plumero. Y aun veremos cosas peores. Queda Irán.

Occidente se resiste a perecer, y los peregrinos argumentos de los matones de siempre suenan más huecos que nunca. Hasta pienso que llegará el momento en que simplemente dirán: “queréis seguir comiendo, pues esto es lo que hay, es por vosotros urbanitas del primer mundo, nos estamos sacrificando para mantener vuestro insostenible nivel de vida, dadnos las gracias”.

En estas condiciones sólo queda preguntar dónde está el botón para bajarse del autobús, si es que existe. No cuenten conmigo para seguir cometiendo iniquidades. Me indicarán que no es posible, que sólo cabe tirarse por la ventanilla en marcha, y alguien engominado saltará de detrás de una columna y me dirá de modo condescendiente: “no ves las cosas claras, necesitas descanso”. Entonces miraré la pantalla hipnótica de un televisor cercano y por fin veré la luz. Amaré al Gran Hermano, que nos proporciona el pringoso líquido negro que da sentido a nuestras artificiales y controladas vidas.

Saludos,

Calícrates

P.S., mañana de hoy, 28-8-13, al calor de los tambores de guerra, el Brent en máximos de seis meses, a 117 dólares.

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