sábado, 24 de agosto de 2013

Reforma constitucional


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Entramos en lo que constituye la rama del  conocimiento para la que estudié y en la que toda mi vida he trabajado. Me refiero al mundo del derecho. Muchas veces me he arrepentido de estudiar dicha materia, pero es tarde para lamentarse, y ya que sé algo del tema voy a intentar un curioso post futurista en relación a lo que denominaríamos derecho político o constitucional.

¿Qué constitución necesita una sociedad en declive, a consecuencia del cenit de producción petrolífera? Me refiero a la carta de derechos ciudadanos y sus principios rectores de política económica y social, no entraré en cuestiones más complejas, y conflictivas, como la forma y estructura del estado. La respuesta es una constitución que aparente dotar a los ciudadanos de un amplio elenco de derechos, y en realidad no tengan ninguno, puesto que la notoria escasez no permitirá demasiado margen de maniobra.

Se trataría de un estado de economía planificada, con provisión centralizada de los productos básicos, donde principios como la libertad de empresa, de establecimiento comercial, así como de distribución de productos y servicios por el territorio nacional sería una quimera. Esto debería trasladarse bien claro al texto constitucional, y no podría existir ningún tipo de amañe sobre el particular. Claro que se haría alusión a lo puntual de la situación, que tendría carácter provisorio, hasta que se encontrara una fuente de energía milagrosa en la que trabajan afanosamente los mismos físicos y matemáticos que nos han llevado al desastre medioambiental y civilizatorio (y que por supuesto no llegará nunca).

Por otra parte, aún manteniendo formalmente una estructura democrática, es evidente que deberán moderarse los vaivenes de opinión de las masas (que serán crecientes por la desesperación generalizada), y su influencia sobre la composición de las cámaras legislativas. Para tales menesteres la ley d’Hondt, que como sabemos altera la representatividad a favor de las fuerzas mayoritarias en cada circunscripción electoral, dotándoles de más escaños de los que proporcionalmente les corresponderían, no será de utilidad. Ello puesto que cada vez serán más mayoritarios los indignados, y no vamos a primar la rebelión. Se tenderá a establecer a un sistema mucho más proporcional, incluso totalmente proporcional, o inversamente proporcional, reforzándose la representación a las minorías, para generar una compartimentación extrema en el Congreso, que permita el mangoneo y la imposición de gobiernos técnicos.

Una segunda estrategia, con idéntico objetivo, será reforzar el poder del Senado, que lejos de desaparecer, como se proponía últimamente al socaire de los crecientes recortes, tendrá la última palabra cuando las mayorías obtenidas en el Congreso no sean significativas (ósea, a tenor de lo visto, siempre). Hay que tener en cuenta que la cámara alta, por su forma de elección (simplificando mucho cuatro senadores por provincia, independientemente de su población) es siempre bastante más conservadora que la baja (en lo que constituye un auténtico desafuero, pues la provincia de Teruel, por poner un ejemplo, que aunque, sin lugar a dudas, existe, tiene una población muy poco significativa en relación al total del estado, ostenta la misma representación que la de Barcelona, por mucho que luego se corrija mínimamente la situación con los senadores de designación autonómica).

Lo que deseo mostraros es que la supuesta “voluntad de las masas” expresada en la introducción de papelitos en urnas de cristal es esencialmente manipulable, en función de determinados intereses políticos o económicos. Y que la manipulación se opera a nivel legislativo, bien constitucionalmente, a ser posible, o mediante las leyes orgánicas de desarrollo de la carta magna (lo que permite mayor “mamoneo”). Ya lo decía el Conde de Romanones: “ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”, esto es, lo que me dé la gana al interpretar la ley en su imprescindible extensión reglamentaria.

Otra solución consistirá en someter cualquier legislación a las directrices de la Unión Europea, organización tecnócrata y escasamente democrática, que nos impondrá lo que las circunstancias aconsejen, a tenor de nuestras declinantes disponibilidades de combustibles.

También sería aconsejable la creación de órganos que yo denomino “aparcaderos de momias”, lo que actualmente es el Consejo de Estado, dotándoles igualmente de amplios poderes en la iniciativa, modificación e incluso el refrendo legislativo. Se trataría de instituciones nulamente democráticas, integradas por “eminencias” nombradas por los partidos mayoritarios a través de un sistema de amplios consensos (esto es, enteramente corrupto), lo que garantizaría el control del estado por una gerontocracia teledirigida por los poderes fácticos y corporativos, cuando no directamente por GoldmanSachs.

Se trata, en definitiva, de generar una ilusión de libertad, que no existirá en absoluto, pues las condiciones generales no lo permitirán, si es que lo han permitido alguna vez, aun en las épocas de abundancia de energía barata No sé si se me nota mucho pero no creo demasiado en la democracia, y no por falta de ganas, sino porque, después de estudiar el tema en profundidad creo que los regímenes auténticamente democráticos son totalmente imposibles, pues degeneran en la anarquía asamblearia y un nuevo autoritarismo. Pensad en vuestra comunidad de vecinos, probablemente el lugar donde los principios democráticos son llevados al límite, y veréis que siempre mangonean unos pocos vecinos, o aun peor, el administrador, por pura desidia de los propietarios. Todos somos de nuestro padre y nuestra madre, esencialmente distintos, y con voluntades difícilmente conciliables.

Se dirá que una nueva constitución requerirá de su aprobación en referéndum, y que el esperpento que propongo, en mi calidad de experto constitucionalista post peak oil, no se aprobaría nunca. No os creáis. Ya se aprobó el desatino del 78, que llevaba de matute la institución monárquica, con el pretexto de darnos libertades políticas y superar el “fuero de los españoles”. Creando la conveniente situación de emergencia (doctrina del shock), que no será muy difícil de obtener en decrecimiento económico forzoso por causas “desconocidas” para la gran mayoría de desinformados sobre el pico petrolero, pueden obtenerse las preceptivas mayorías en relación a prácticamente cualquier aberración concebible (pensad en Patriot Act norteamericano, consecuencia directa del 11-S).

Nos quedaría estudiar los la carta de derechos fundamentales y libertades públicas que recogería este maravilloso texto constitucional decrecentista. Pero el tema es bastante complejo, y prefiero dejarlo para otro post, que se basará en el libro de George Orwell1984” (así que os podéis imaginar por donde irá). Insisto, lo que diga un texto constitucional puede no tener nada que ver con la realidad de los hechos del día a día, lo que no es más que una nueva manifestación de las consecuencias del “doblepensar” orwelliano. Podríamos equivocarnos pensando que se tratará de un ejercicio de fantasía, puesto que los procedimientos de la novela citada no han sido puestos en práctica en ningún lugar. Pues bien, existe una organización, ampliamente conocida y de permanente actualidad, que sí los ha utilizado y los utiliza. A través de su escabrosa historia podremos esbozar lo que es posible que nos depare el porvenir.

En resumen nos espera una dictadura burocrática encubierta, eso sí, amparada por una constitución hermosísima, impresa en papel de pergamino con los bordes ondulados al carbón, y adornada por angelitos de mofletes colorados tocando la trompeta. De todas maneras, no os creáis que el pueblo soberano se rebelará. Estará demasiado ocupado buscando comida.

Saludos,

Calícrates

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