viernes, 6 de septiembre de 2013

Colmenas y avisperos


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Noto que el concepto “sociedad Tradicional” causa sarpullidos a más de uno, lo cual es de todo punto lógico, puesto que no hemos sido educados para entenderlo. Hubo un tiempo en que todas las civilizaciones de la tierra, me refiero a las agrupaciones humanas que merecían tal nombre, incluso la europea que en aquél entonces probablemente lo merecía más que ahora, fueron sociedades tradicionales, que mantenían relaciones armónicas entre sí, lo cual incluía, de vez en cuando, la eventualidad de la guerra, que es una de las posibilidades incluidas en la actividad humana, y que no es tan horrible cuando no emplea gases mortíferos, bombas teledirigidas de varias toneladas y radiaciones ionizantes.

De todas maneras sería ingenuo contemplar las Edades Medias como exentas de fealdad. La enfermedad y la muerte campaban a sus anchas, es cierto, pero debemos entender que vivimos en un mundo de paso, donde la visita de Señora de Guadaña no es una cuestión de mala suerte, sino una eventualidad ineludible, que por otra parte permite la regeneración y perdurabilidad del sistema (una pregunta difícil, ¿de verdad pensamos que este planeta albergará durante mucho tiempo más de siete mil millones de personas?). Convendría a muchos releer a Malthus, que lejos de estar olvidado por haberse superado sus teorías, lo está por haber hablado demasiado claro, lo que ha supuesto que nos haya sido escondido “por nuestro bien”.

Muchos consideran una sociedad Tradicional como algo oscurantista, contrario a su bienamada “democracia” (que no es más que un imposible, no nos engañemos, el poder real siempre ha estado en las mismas manos), así como también incompatible con el principio de igualdad (y no negaré que implica una estratificación social similar a las castas hindúes, hablaremos más en profundidad del tema en otro post). Sin embargo reitero que aquélla no constituye sino el modo adecuado de desenvolvimiento de cualquier civilización que merezca tal nombre. No es, pues, un accidente en la historia del homo sapiens, ni algo “descubierto” por el hombre, sino la única forma de organización social sostenible en el tiempo y el espacio, que permite el desarrollo armónico del devenir humano. Y la prueba de lo que digo es que el desmoronamiento de los sucesivos intentos fallidos de la humanidad de “descubrir otras vías” ha concluido en la restauración de la sociedad Tradicional, en una nueva Edad Media (que se llama así por encontrarse en el punto medio entre dos épocas que podríamos denominar “racionalistas”).

En cualquier caso, las Edades Medias en su esplendor son tiempos sumamente misteriosos, de los que habitualmente sólo quedan leyendas, escritas siglos más tarde. Sabemos mucho más de las “bajas Edades Medias”, que al fin y al cabo son períodos ya algo decadentes (aunque desde luego mucho menos que los actuales).

Cierto que por circunstancias del devenir cósmico (que se imponen a la voluntad humana, individual o colectiva) tales estructuras sociales digamos “legítimas” se ven cíclicamente desvirtuadas por el surgimiento de determinadas desviaciones, como la que constituyó el desarrollo militar – esclavista del mundo romano, o la aberración tecnológico – maquinista actualmente en vigencia, y que es incluso más inviable que aquél.

Tal vez entendamos mejor el tema tratado con un ejemplo práctico. Hace muchos años, en un libro cuyo nombre y autor no recuerdo, se comparaba una sociedad Tradicional con una colmena, y la sociedad moderna con un avispero. Éstas eran las diferencias:

- la colmena tiene una estructura jerárquica (lo que no quiere decir necesariamente despótica). En el avispero se intuye un cierto igualitarismo (no absoluto desde luego), y una estructura dinámica más “democrática”, que termina dando paso, cuando la reina abandona el nido para hibernar en otro lugar, a la ley del más fuerte, terribles conflictos motivados por las inclemencias climatológicas y la ausencia de alimento, así como finalmente la implosión de la comunidad.

- la colmena produce miel, un producto exquisito, lleno de energía, propiedades nutritivas y medicinales. El avispero un cartón inútil, eso sí, de muy acabada factura (imagen de nuestras proezas industriales).

- las colmenas, y las abejas, son de gran utilidad para la agricultura, pues contribuyen a la polinización de las plantas. Las avispas son peligrosas e inútiles (salvo, puntualmente, la avispa de la higuera).

- las abejas liban néctar de las flores. Las avispas arrancan madera de los árboles para masticarla y convertirla en el cartón con el que construyen sus celdas.

- es de observar el carácter asimétrico, desestructurado y desorganizado el avispero (parece desde lejos una mancha de barro), frente a la perfecta arquitectura ovalada, que tiende a la perfección circular del panal de abejas (mirad como se extiende una ciudad moderna, y haced una somera comparación con un pueblo antiguo bien conservado).

- en la colmena reina un orden perfecto, derivado de la estricta delimitación de funciones de sus miembros. Pudiéramos decir que cada uno hace lo que tiene que hacer, aquello que le corresponde de acuerdo con su naturaleza. Las abejas son animales gregarios y sociales, que comprenden que el bien común está por encima de los intereses individuales, por lo que aceptan la jerarquía que impone el orden comunitario. El igualitario avispero vive en situación de permanente enfrentamiento, y acaba colapsando, ya hemos dicho, como consecuencia de una auténtica guerra civil, todos contra todos, que acaba con la dispersión de la comunidad (el significado de la palabra “avispero”, cuando se aplica a una agrupación humana, es bastante elocuente).

¿Qué distingue la abeja de la avispa? La primera, sin dejar de lado su sentido individual, se siente parte de algo superior. La avispa exacerba su individualidad, lo que la hace agresiva y egoísta, y también ciega, puesto que no puede ver que su bienestar depende de la supervivencia de la comunidad. Es algo parecido a lo que ocurre con las células cancerígenas en relación con la sanas (se ha comprobado que en efecto las primeras tienen muy desarrollado el núcleo, lo que en el ser humano equivaldría al cerebro, donde reside la razón, y el cálculo interesado, individualista e insolidario).

Las sociedades Tradicionales eran colmenas. La moderna civilización industrial, es un avispero.

¿Qué ha generado esta sociedad de todos contra todos? La energía barata. Cuando no disponíamos de ella, sabíamos que necesitábamos del vecino. Cuando la obtuvimos, generamos la ilusión de que podíamos vivir de espaldas a nuestros semejantes. El cenit de producción de petróleo nos devolverá a la realidad, si bien el aterrizaje, para muchos, puede ser muy aparatoso.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. En mi opinión no hay que perder demasiado tiempo en las idealizaciones. Hay muchos tipos de sociedades tradicionales, en las que influyen infinidad de factores, como la actividad económica básica, sistema de creencias, población, entorno natural, clima, religión, cultura, etc.
    Lo que la mayoría de ellas tienen en común es la cultura de lo permanente, compatible con sus economías estacionarias y con una idea del respeto por los mayores y la de reservar para los jóvenes un lugar en el futuro. Creo que habría que recupuperar la visión de la vida como un contínuo, algo que se plasma en los árboles genealógicos, que referencian al individuo dándole un lugar, en el tiempo, en el espacio, en el cuerpo social y en la historia local.

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