lunes, 30 de septiembre de 2013

Edad Media



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Como continuación del post publicado bajo el título “Divulgar el mensaje”, intentaré explicar de forma sumaria la diferencia entre las edades medias y las que podríamos llamar edades racionalistas. Es complicado. Exigiría de consideraciones “técnicas” (en disciplinas muy distintas de las que actualmente llevan ese nombre), que excederían con mucho el tema del presente blog. Resumiremos. Las edades medias consideran a nuestro mundo un lugar de tránsito, que no conviene amueblar muy recargadamente. ¿Pondrías tu mejor sillón un pasillo, que es un lugar de paso donde no vas a estar mucho tiempo, y que cumple mejor su función cuanto más despejado se encuentre?

Una consecuencia de ello, entre otras, es la ausencia de la obsesión racionalista por la conservación de la vida, y por tanto el prácticamente nulo desarrollo de la medicina mecánica. He visto decir que la condición humana es mísera, y que unas fiebres, en cualquier momento podían llevarte a la tumba, lo que es cierto, y así se asumía por el pensamiento medieval. Esto confirma lo dicho anteriormente, en el sentido de que se vivía de otra forma, y por tanto con mucha más valentía y vitalidad, al saber que no había garantías, y que cada día podía ser el último. Puede parecer cruel, pero ¿cuál es nuestro principal problema en el mundo moderno? Sí, el exceso de población, que conforme a las consideraciones anteriores quedaba resuelto en el mundo medieval de una forma natural, y no como, presumo, se va a resolver en el nuestro, por la fuerza de los hechos.

También suponía la falta de estimación de las riquezas. Incluso quienes las poseían, reyes y nobles, consideraban como su principal misión distribuirla convenientemente en beneficio de todos (leer especialmente Las mil y una noches), y no atesorarla para especular (esto es, tenían una concepción correcta del dinero como simple medio de cambio, y símbolo de la riqueza, que debía circular y no generar interés).

Por otra parte, en dicha época se configuraba la sociedad en forma de pirámide estratificada no en clases, sino en auténticas castas, no totalmente impermeables, aunque el tránsito de una a otra era realmente difícil (requería unas cualificaciones personales muy superiores a la media), y la consideración de que cada grupo social, nobleza, clero, artesanos y siervos tenían una función social específica (de ahí el rechazo absoluto de los nobles al comercio, propio de burgueses artesanos, y al trabajo manual, que correspondía a los siervos). Esto, aun pudiendo parecer también injusto, sobre todo para quien nacía siervo, hay que ponerlo en relación, recordémoslo siempre, con lo dicho más arriba. Esta existencia es provisional, creo que es claro, todos vamos a morir, nadie quedará aquí, y si creemos que después hay algo más, pues las cosas pueden variar mucho, y lo que cuenta no es lo que hayas sido, sino como has cumplido en el lugar que te fue asignado, y no elegiste.

La civilización europea medieval era, en suma, una sociedad constituida conforme al orden, con una estructura curiosamente compatible con la única dividida en castas que existe actualmente, la hindú, en la que los brahmanes constituyen el equivalente del clero, los kshatriyas de la nobleza guerrera, los vaishas de los artesanos comerciantes, y los sudras de los siervos. Hubo un tiempo en que todas las civilizaciones sobre la tierra se constituyeron de este modo, existiendo relaciones entre ellas “por arriba”, de brahmanes y en especial kshatrillas (de ahí los extraños tratos cordiales de los guerreros cruzados, singularmente Ricardo Corazón del León, el nuevo Ulises, con la nobleza sarracena, encarnada en el personaje histórico de Saladino). De esta manera los contactos entre las diferentes civilizaciones eran mucho más armónicos y, aunque había combates y guerras, se regían por una reglas de estricta caballerosidad (los últimos caballeros combatieron en el aire, durante la primera guerra mundial), y estaban involucrados en ellos quienes hacían de la milicia su oficio, su modo de vida (hoy diríamos profesionales), y no levas forzosas provenientes de otras castas.

Se me objetará que un tiempo así no podía generar auténtica felicidad a los hombres. Pero creo quienes vivieron en estos tiempos fueron mucho más felices que nosotros. Se trata de diferenciar la felicidad del bienestar o el placer. La felicidad es el concepto real, y el placer un sucedáneo. La felicidad puede ser independiente de las condiciones físicas, incluso de las muy dolorosas, mediante un mecanismo psíquico que no es realmente sugestión, sino aceptación realista de lo que la vida te da. Si vais a un país del tercer mundo observad una cosa: las sonrisas de sus habitantes, pobres de solemnidad, especialmente de los niños. Tal vez el budismo tiene razón cuando dice que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento (el padecimiento psicológico derivado del dolor) sí lo es. En fin me he extendido más de lo que quería en un tema muy complicado, y que sé me ocasionará, ya lo ha hecho, severas críticas.

Pues bien al hilo de lo dicho me adentraré en un curioso debate que ha surgido recientemente en el ámbito de la blogosfera sobre la posibilidad de que las renovables puedan suministrar toda la energía que necesitamos. Y aquí hay que decir que es evidente que las energías renovables pueden sostener una sociedad civilizada, y así lo hicieron durante las edades medias, e incluso durante la edad racionalista greco romana. Lo que el viento, la luz solar, el agua, y la biomasa nunca podrán jamás hacer es sostener la absurda y megalomaníaca civilización industrial que tenemos entre manos (o más bien sobre nuestras costillas). Una vez más, y como ya analizamos en otro post, el tema se presta a discusión porque está mal planteado. Tenemos que partir del tipo de sociedad que queremos, y una vez concretado es cuando hay que empezar a dilucidar cuales serán sus fuentes de energía. De todas formas pienso que quienes hablan de energías renovables está pensando en el completo mantenimiento de la BAU, en cuyo caso es evidente que van bastante errados, y habría que dar la razón a los que opinan que las energías “limpias” no son otra cosa que una extensión de los derivados del petróleo, lo que he defendido reiteradamente en diversos posts. ¿De donde sale la energía para diseñar, construir, extraer materiales y disponer sobre el terreno un aerogenerador? ¿Cómo se ubicarán y mantendrán en sus empinadas atalayas? ¿Mediante camiones eléctricos? Otro tanto hay que decir de las células fotovoltaicas, cuya fabricación y limpieza es tan intensiva en recursos fósiles que se llega a dudar que produzcan energía neta. En definitiva, la solución de la discusión, planteada en estos términos, debe cerrarse con una victoria inapelable de los no creyentes en las renovables.

Si los combustibles fósiles han empezado, o están próximos a comenzar su declinación es evidente que la civilización humana pasará por una etapa estacionaria, para después decrecer. Pero cuidado decrecer es decrecer, en todo, no solamente en Ipads, neveras, lavavajillas y autobuses construidos, o en la de yogures, chorizos (de verdad no los del mundo de la política), y chuletones consumidos. Estoy hablando de una reducción drástica de la población. De hecho la forma más plausible a través de la cual dicho decrecimiento es posible será mediante la eliminación de potenciales consumidores, vía segura para destruir demanda de bienes y servicios. Ello puede ocurrir por hambrunas o plagas, y también, creo que va a ser el horizonte más probable, mediante guerras terribles. O lógicamente, por todo lo visto a la vez, puesto que cada una de las variables conduce inexorablemente a la otra. No será una gran sorpresa. Este macabro juego hace tiempo que empezó en el tercer mundo.

Avanzando en el caos y en el colapso será primordial la seguridad, puesto que la razzia de rapiña, las bandas de cuatreros y el saqueo serán la norma. Habrá que ponerse bajo la protección de un señor de la guerra, porque si no la supervivencia se presenta muy complicada. Y luego, en tal escenario de escasez, lo primordial será la producción de comida. Habrá que dejar el marketing inmobiliario, los cursos de masaje y talasoterapia, o los seguros, y ocuparse en escardar cebollas. De hecho el alimento será lo único que podrás ofrecerle a quien, empuñando las armas, se dedique full-time a defender la comunidad de los intrusos…

No estamos hablando de mañana, quedan algunas décadas de lenta agonía de la aberración maquino-tecnológica, pero quien haya recorrido cuidadosamente todos los posibles escenarios hasta el final, sólo puede haber llegado a una solución neofeudalista (aparte la extinción de la humanidad, que no nos planteamos, y no precisamente porque sea totalmente imposible). Sin embargo, una nueva Edad Media no solamente requiere de las condiciones “materiales” para producirse, aunque éstas desde luego ayudarán bastante a su advenimiento. Hace falta algo más, que se deduce fácilmente de las circunstancias que motivaron la sociedad Tradicional europea del medioevo. Pero el análisis de este último y principal elemento, por motivos de estructuración del blog, así como para mantener el suspense, quedará reservado a un post ulterior.

Saludos,

Calícrates

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