miércoles, 25 de septiembre de 2013

Todo va bien


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Hace ya más de cuatro décadas, el Club de Roma encargó al Instituto de Tecnología de Massachusetts un informe que publicado el año 1972, poco antes de la primera crisis del petróleo, con el título en inglés de “The Limits to Growth”. Fue redactado por un amplio equipo, con la colaboración de diecisiete profesionales de gran nivel, animados de un indescriptible ardor maltusiano, bajo la dirección de Donella Meadows, biofísica y científica ambiental, especializada en dinámica de sistemas.

Las conclusiones del informe fueron aterradoras. Si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantenía sin variación, alcanzaría los límites absolutos de crecimiento en el planeta durante los cien años siguientes.

El informe se basaba en la simulación realizada por el programa informático World3, creado por los propios autores del informe con el objetivo de recrear el aumento de la población, el crecimiento económico y el incremento de la huella ecológica de la población sobre la tierra en el inmediato futuro, con los datos disponibles en el momento de su elaboración.  La tesis principal del trabajo era que, «en un planeta limitado, las dinámicas de crecimiento exponencial (población y producto per cápita) no son sostenibles». Así, existirían una serie de límites específicos del crecimiento, como serían los recursos naturales no renovables, la tierra cultivable finita, y la capacidad del ecosistema para absorber la polución producto del quehacer humano, entre otros.

El programa informático World3, en diversas simulaciones dio como resultado una extralimitación en el uso de los recursos naturales y su progresivo agotamiento, seguido de un colapso brusco (por su propia definición) en la producción agrícola e industrial y posteriormente, y como consecuencia de todo ello, de un decrecimiento igualmente brusco de la población humana. Es por eso que los autores exponen como una posible solución a este colapso el «crecimiento cero» o «estado estacionario», deteniendo el crecimiento exponencial de la economía y la población, de modo que los recursos naturales que queden no sean mermados por el crecimiento económico, para que de esa forma puedan perdurar más en el tiempo.

En 1992, veinte años después de la publicación original, se actualizó y publicó una nueva versión del informe titulado “Más allá de los límites del crecimiento”, en la cual, con base en los datos recolectados desde entonces, se exponía que la humanidad ya había superado la capacidad de carga del planeta para sostener su población.

El 1 de junio de 2004 se publicó la versión actualizada e integral de las dos versiones anteriores, con el título “Los límites del crecimiento: 30 años después”. En 2012 se edita en francés el libro “Les limites à la croissance (dans un monde fini)”, última edición de Los límites del crecimiento. Aquí los autores disponen de datos fiables en numerosas áreas (el clima y la biosfera, en particular), según los cuáles ya estaríamos en los límites físicos previstos. Los autores no tienen ningún problema para mostrar, mediante el instrumento de la huella ecológica, que el crecimiento económico de los últimos cuarenta años es una danza en los bordes de un volcán que nos aboca una transición inevitable.

www.selba.org

El documento fue objeto desde que vio la luz, de numerosas críticas. En primer lugar por el indudable sesgo ideológico del organismo que lo encargó, como si la verdad dejara de serlo porque la diga quién lleva la camiseta de un equipo de fútbol que no es de nuestro agrado. Pero también su contenido ha sido duramente vapuleado.

Se ha llegado a decir que “recorrer minuciosamente la lista de errores, incoherencias y concesiones a la demagogia del primer libro requeriría mucho espacio” y que “bastaba decir que el concepto malthusiano de crecimiento exponencial de la población, eje central de la propuesta de los autores y del informe subsiguiente del Club de Roma, ha sido desmentido hasta la saciedad”, así como que “nadie parece acordarse de que, por ejemplo, el informe de 1972 advertía de que el planeta se quedaría sin reservas de petróleo en 1990. Las predicciones del Club de Roma tuvieron casi todas idéntico índice de fiabilidad”, se supone que cercano a cero o nulo, y además “la actualización publicada (cuando se publicó) no corrige estos errores, por supuesto. Es como si el tiempo no hubiera pasado por las páginas del estudio depositando algún pedacito de realidad. Porque, ¿qué ha ocurrido en estos 30 años que revisa la obra?”.

“Pues, sencillamente, que hemos experimentado un progreso gigantesco en todas las áreas de actividad humana: vivimos más, la longevidad se ha duplicado en sólo un siglo, la mortalidad infantil ha descendido drásticamente (de 1 de cada 5 niños en 1959 a 1 de cada 18 en 2001); el número absoluto de personas con carencias nutricionales severas ha descendido en tres décadas de un 35 a un 18%; en el Tercer Mundo cada vez hay más gente con acceso a la televisión o la nevera, los coches, los ordenadores o el vídeo”. Este aplastante maremagnum de acerbas censuras al informe del Instituto de Tecnología de Massachusetts fue recogido, como no, en el diario “Libertad Digital”, sección de crítica literaria, en un artículo firmado por Jorge Alcalde, e ilustrado, com il faut, con un significativo rostro captado en negativo, que lleva una máscara con la nariz del entrañable Pinocho.

Pero dejemos terminar al señor Alcalde, que no se diga que no dejamos explayarse al oponente, al menos en estas páginas, con acotaciones entre paréntesis: “no quiere esto decir que el planeta esté exento de problemas, y que no sea imprescindible prestarles atención (menos mal). Pero un solo dato sería necesario para atacar la línea de flotación del libro: desde 1962 la población mundial se ha duplicado; sin embargo, tenemos más comida que nunca. La curva de consumo de calorías per cápita en el mundo rico y en el pobre es directamente proporcional al crecimiento demográfico. No sólo el crecimiento parece no tener límites, sino que puede impulsar la búsqueda y la obtención de nuevos recursos, estrategias más eficaces, tecnologías más productivas e inocuas (que no es lo mismo que inicuas)”

“A pesar de lo que se opina en este libro, la humanidad tiene derecho a alcanzar su propia prosperidad (y ¡olé¡). La reedición de la obra no ofrece gran cantidad de material nuevo. Sigue navegando entre los mismos lugares comunes. Quizás haya actualizado algo su lenguaje, para arrojarse definitivamente en los brazos de la demagogia más exhibicionista (así, dales caña Jorge, mételos en el triturador de basura). Véanse, por ejemplo, algunas de las características de la "sociedad sostenible" en que a los autores les gustaría vivir: "Sostenibilidad, suficiencia, igualdad y belleza como máximos valores sociales"; "alguna manera de incentivar que las personas den lo mejor de sí mismas a la sociedad"; "dirigentes honrados, respetuosos, humildes” (no lo veo tan fuera de lugar, con lo está cayendo); "una economía que sirve al medio ambiente"; "razones para vivir y para pensar bien de nosotros mismos que no impliquen la acumulación de bienes materiales"…

La lista podría alargarse hasta agotar todas las existencias de suavizante del supermercado (en todo el occipital, y con sorna), pero tiene su cúspide melosa (si no utiliza esta palabra revienta, sólo le falta torticera, pero no sé la conocerá) en la lista de "instrumentos" de acción. Este arsenal intelectual y científico se compone de "visión, coordinación, verdad, aprendizaje y amor".

A este lenguaje insustancial y facilón se le pretende dotar de peso científico mediante dos estrategias que funcionan en paralelo (no van a ser divergentes, y menos convergentes, sin significación política alguna, pues entonces podríamos llegar a alguna conclusión). La primera es la referencia a los modelos de simulación informática como fuente de predicción del futuro. Modelos que, en ninguno de los casos en que se utilizan, desde el clima a las proyecciones sobre el mercado de valores, sirven más que de eso: de modelo estadístico, de herramienta de calibrado de hipótesis. El famoso programa World 3 usado por los autores no hace más que diseñar evoluciones futuras sobre las informaciones que se le dan, pero es capaz de arrojar conclusiones muy diferentes si se le nutre con otro tipo de variables (nos ha fastidiado, claro).

La segunda estrategia con que el libro pretende dotarse de seriedad científica (que sólo tiene el articulista) es el uso de constantes notas, referencias bibliográficas, gráficos, menciones a la autoridad de otras instituciones. Pero un cuidoso repaso a las mismas servirá al lector para darse cuenta del terrible peso que en ellas tienen las organizaciones ecologistas y las instituciones apriorísticamente afines a las tesis ecoalarmistas (es decir, izquierdosos descamisados con los que nadie en sus cabales casaría a su hija).

En definitiva, que vuelve a salir a la luz uno de los tratados que más daño han hecho a la concepción del mundo de varias generaciones, que más se ha manoseado para defender el anticapitalismo, la antiglobalización, el antiamericanismo, el antiprogreso, la anticiencia, la antitecnología… y todos esos "anti" tan queridos por los que dicen estar a favor de la naturaleza. Una obra que no debería causar sensación especial entre las nuevas generaciones de lectores, porque seguro que ellos sí son capaces de leer con espíritu crítico (¿escribiría este hombre para el NODO?, es que suena igual, solo le falta la referencia a la “unidad de destino en lo universal”).

Si así lo hacen, encontrarán que ni siquiera los propios autores parecen creerse lo que proponen. "A menudo nos preguntan si nuestras predicciones fueron acertadas. Conviene señalar que ése el lenguaje de los medios de comunicación, no el nuestro”. Bueno, pues ya que ellos se eximen de la responsabilidad de parecer fiables, será un medio de comunicación quien juzgue: ¡ni una, señores, no dieron ni una! (¡Santiago y cierra España!).

No me extraña que a esta gente de la derecha rancia le gusten los toros, porque primero reciben a porta gayola (es portugués no catalán, no preocuparse), luego trastean, más tarde clavan las banderillas, después sale el picador, por último entran a matar y no dejan morlaco vivo, sin necesidad de recurrir al estoque y descabello, ni siquiera, como decían Martes y Trece, al aceite de colza (se supone que desnaturalizado, si tal producto hubiera sido, de verdad, el causante del famoso “síndrome tóxico”, pero de esto hablaremos otro día).

Pues bien siento disentir de las opiniones del ínclito Jorge Alcalde. Lo digo porque pese a ser un artículo antiguo, de 2006, dudo que el “conferenciante” haya cambiado de opinión, no va con su carácter. Debo, sin embargo manifestar que estoy agradecido, pues sus opiniones me servirán de elemento de contradicción para estructurar el post (según las tesis Hegelianas).

Sr. Alcalde, no se ha mirado el informe, porque de lo contrario no solamente no diría las cosas que dice, singularmente esa de que no ha dado una a derechas (nunca mejor dicho). Mírese el presente gráfico, si no le produce alergia.

fahrenheit2012.wordpress.com

Se trata de una comparación de las previsiones del informe con datos REALES, sí, no de reales de “royals” borbónicos, sino de reales de extraídos de esa realidad que a Vd. y a Libertad Digital tan poco les gusta.

El estudio que comentamos en ningún momento dice que, desde su elaboración, fueran a decaer sustancialmente, a medio plazo, las posibilidades de seguir acometiendo, con absoluta desvergüenza, el expolio y la depredación del planeta. Todo lo contrario. Observe como la línea prevista de evolución de los recursos no renovables sigue su curva descendente (está en inglés de la pérfida albión, pero se entiende), y las demás, correspondientes a los alimentos disponibles, evolución de la producción industrial y de servicios, polución y población siguen líneas ascendentes, hasta un momento, entre los años 2020 y 2030, en que se produce el colapso anunciado que, reitero lo dicho al inicio, se prevé ABRUPTO en caso de no detenerse el curso de los acontecimientos, que evidentemente no se ha detenido, por lo que nos encontramos, digan lo que digan los neoliberales de mentes esclarecidas y alicatadas hasta el techo, en este preciso momento, y precisamente por causa de ese imparable crecimiento implementado a pesar de los sensatos avisos contenidos en el informe estudiado, MUCHO MÁS CERCA DE LA CATÁSTROFE QUE EN LA DÉCADA DE LOS SETENTA, por la sencilla razón de que los Reaganomics, y la gente como el Sr. Alcalde, no nos han  permitido encarar el problema.

La cuenta es muy sencilla. Si las predicciones de ese entonces enlazan casi perfectamente con la situación actual, ello supone que la proyección contenida en el reporte tiene, al menos, EL DOBLE DE POSIBILIDADES DE CUMPLIRSE, al haber transcurrido más de la mitad del plazo considerado (la cita es del físico, Graham Turner, que publicó un análisis en la Smithsonian Magazine, titulado “Looking Back On the Limits of Grow”).

Para todos los opinantes en la línea de Jorge Alcalde, a ver si les queda claro: acelerando el ritmo de consumo de los recursos naturales y sociales (en pos de un “new dawn for América”, o de que aquello de que “en España empieza a amanecer”), no hemos hecho otra cosa que situarnos en peores condiciones, y más deprisa, al borde del precipicio. En definitiva, el pronóstico del Instituto Tecnológico de Massachusetts SIGUE TOTALMENTE VIGENTE, Y NOS ENCAMINAMOS A UNA CATÁSTROFE QUE YA ES INEVITABLE.

¿Quiere una prueba Sr. Alcalde? A pesar de ser científicos, los profesionales que realizaron el informe que Vd. no se ha dignado leer se atrevieron a hacer proyecciones económicas (también las hizo M. K. Hubbert), enlazando una serie de modelos computacionales para analizar la información financiera de aquel tiempo, y obtuvieron como resultado que, en caso de que la sociedad mantuviera su tendencia de aumentar el volumen de consumo, el sistema financiero no aguantaría más y, paradójicamente, terminaría por consumirse a sí mismo. ¿Le suena a algo que esté ya sucediendo actualmente?

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. Alguien dijo que no conviene interpretar como maldad lo que solo es estupidez. Personalmente tengo mis dudas, porque hay grados de estupidez que solo pueden sostenerse como una elaborada y retorcida maraña de manipulaciones, mal hilvanadas, de acuerdo, pero con una evidente apuesta por el "antes muertos que sencillos" y la defensa de los privilegios de unos pocos.
    Lo peor de todo es que esta locura va mas allá de la explotación de la mayoría por parte de una minoría, lo que se está arrasando es el futuro de nuestros propios hijos, jóvenes y no tan jóvenes. Es el egoísmo llevado al paroxismo de aniquilar a nuestros propios genes.
    Un saludo

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