viernes, 13 de septiembre de 2013

Trampa saducea


nihilnovum.wordpress.com
Se trata de una pregunta capciosa, en la que, se conteste lo que se conteste, queda comprometido aquél al que es dirigida. Ante lo cual lo más sensato es no responder, aunque con ello también queda comprometida la credibilidad del encuestado. No hay salida. Hagas lo que hagas, estás frito.

¿Cómo se consigue configurar una pregunta de este tipo? Pues planteando incorrectamente el problema de fondo. De esta manera existe una posibilidad de escapar vivo de la celada. Replantear el problema. Así la pregunta se contesta sola, pues la aparente contradicción cesa.

Cuando le preguntan a Jesús si es lícito pagar el tributo al César, se pretende enfrentarlo o a los romanos, o a los nacionalistas judíos. Pero el interpelado replantea la cuestión. Pide la moneda con la que se paga el tributo (Él no la tiene). Y luego insinúa que los que se quejan de los impuestos romanos son los que tienen la culpa de resultar grabados por ellos. Si aceptas ciertas ventajas comerciales y políticas de una ocupación, es lógico que tengas que devolver parte de lo que obtienes. Sal del circuito del dinero romano, no lo uses, y entonces no tendrás que pagar por él. La cuestión se resuelve sola. Y además, de propina, una grave acusación velada de colaboracionismo recae sobre los que patrocinan la emboscada.

No caigamos en la trampa saducea del mantenimiento a ultranza de la sociedad industrial. Mientras lo hagamos, continuaremos en situación comprometida, pagando, además, un oneroso tributo a los que nos han conducido a un callejón sin salida. Hablemos, por fin, claro: el maquinismo nació con la energía barata, y no puede subsistir a medio plazo en modo alguno, ni siquiera residual. Lo digo porque eminentes peakoilers, que tienen una idea bastante acertada de la naturaleza de lo que estamos viviendo, y que ofrecen datos de gran relevancia para entender este singular momento histórico, luego se lanzan a dar soluciones ingenuas, basadas en el mantenimiento, si no del BAU que conocemos, de otro supuestamente sostenible e igualmente absurdo.

No basta con decrecer y utilizar energías renovables, que por su estructura y funcionamiento no son sino meras extensiones de la energía fósil. Hay que replantear la sociedad en la que vivimos en sus cimientos, y esto sí que va a ser doloroso, mucho más que dejar de utilizar el coche o de desenchufar el cargador de la consola cuando esta cargada. Y lo es porque afecta a la estructura misma de lo que creemos que somos, a nuestro sistema de referencias.

¿Cuál es nuestra base vital? Muchos habitamos en ciudades grandes y medianas, que producen de todo, desde servicios financieros, coches de lujo o salvación a la carta a través de sectas con atractivo marketing social, pero que tienen que ser provistas de lo esencial, el agua y el alimento, desde zonas rurales, y no solamente del área geográfica de que se trate, sino de otras situadas muchas más lejos, incluso en otros continentes.

Algunos afortunados tendrán empleos por cuenta propia o ajena, que no les producen, en la mayor parte de los casos, satisfacción personal alguna, puesto que no constituyen una verdadera “vocación” (en el verdadero sentido de la palabra), y quienes los ejercen lo hacen sólo por dinero, bueno y por poder decir a los amigos y a la familia que soy “tal” y que hago “esto”, que me siento útil a mi sociedad inútil, que pago las facturas, y salgo de casa todos los días laborables a la misma hora, lo que me permite no pensar en lo absurdo de mi existencia.

Sois, tal vez, funcionarios, lo que lo sean, que habéis aprobado una oposición, y os consideráis por ello más listos que vuestros semejantes, y además más seguros, puesto que tenéis un sueldo de por vida, sin daros cuenta de que lo importante es la disponibilidad de recursos, de forma que, ahondado en las sucesivas crisis que vendrán, esa administración pública que os proporciona vuestro maravilloso empleo no podrá pagaros (lo que os pondrá en la tesitura de seguir realizando vuestras funciones a cambio de nada o no acudir a trabajar, con la consiguiente expulsión del cuerpo correspondiente), o peor aún, os abonará el salario en moneda hiperinflacionada, de forma que aunque nominalmente suponga un montante incluso superior a lo que habitualmente cobrabais (sobre lo que tendréis que pagar impuestos progresivos), realmente no os llegará ni para pagar los gastos de desplazamiento a vuestros pomposos puestos de trabajo.

Cuando alguien muestra ansiedad por el futuro post peak oil que nos aguarda, y me pregunta que hay que hacer le digo que una sola cosa, dolorosa y difícil, pero que una vez ejecutada solucionará todos los problemas de una vez: volver al mundo en que vivieron nuestros tatarabuelos, a vivir en pueblos pequeños y dedicarnos básicamente a producir comida. De esta manera se resuelve todo. Ya no necesitaremos dinero, puesto que el alimento, el agua y el techo que necesitamos, lo generaremos o lo intercambiaremos por lo que produzcamos. Tampoco pagaremos impuestos, puesto que nada y todo será realmente nuestro, y no existiendo registros ni catastros, no será posible embargarnos ni cobrarnos. Tendremos poco, pero necesitaremos menos. Y por otra parte, el mejor espectáculo no es el que ofrece la pantalla de televisión, el portátil o la tablet, sino un atardecer y su crepúsculo. Ocurre, sin embargo, que es más fácil decirlo que hacerlo.


Theodore John Kaczynski (Chicado, 22-5-42), también conocido con el sobrenombre de Unabomber, es un filósofo, matemático y neoludita, conocido por enviar cartas bomba, exigiendo la publicación de su conocido “manifiesto”, que llevaba por título “La sociedad industrial y su futuro”, firmado bajo el seudónimo Freedom Club, que finalmente apareció en las páginas del diario The New York Times, el 19 de septiembre de 1995, y que clama por una revolución mundial contra las consecuencias de la sociedad moderna, a la que denomina justamente “sistema tecno-industrial”.

Aunque evidentemente no podemos aprobar los métodos de un terrorista convicto y confeso, gran parte de su trabajo, especialmente el encabezamiento inicial de aquél, es perfectamente suscribible. Y la verdad es verdad, aunque la diga el porquero.

“La revolución industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países “avanzados”, pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el tercer mundo también el sufrimiento físico), y ha infringido un daño severo en el mundo natural… conducirá a un colapso social”.

En cuanto a lo que Unabomber denomina el “izquierdismo”, llegando a considerarlo una enfermedad mental, vamos a darle la vuelta a su argumentación. Es evidente que las fuerzas denominadas “progresistas” tienen un elemento corrosivo del orden jerárquico y civilizatorio. Pero ¿podemos considerar a la civilización industrial como una verdadera civilización? O más bien se trata de un sucedáneo insostenible, necesariamente de corta duración, surgido de la desviación derivada del pensamiento mecánico y analítico que caracteriza a nuestras ciencias experimentales. Entonces, si nos hallamos ante una tal aberración, ¿no serán bienvenidas las fuerzas que tienden a demolerla, aunque sea de modo inconsciente, así como absolutamente contraproducentes las que, llenas de “buen sentido”, tienden a perpetuar un estado de cosas demencial (conservándolo, conservative)?

En efecto, el credo de “izquierdas" al uso es también es maquinista y devoto del crecimiento exponencial, por lo tanto tampoco es la solución. Pero a veces para atacar el desorden tienes que recurrir a elementos que, aun descarriados e inconscientes permiten, gracias a su obra de zapa y derrumbe, poner al descubierto las vergüenzas del sistema. Esto puede parecer un poco cínico, pero en el fondo vivimos una guerra, y sabemos que en estos lances, como en los amorosos, casi todo vale a fin de avanzar en el único objetivo que puede traer la paz y a prosperidad a nuestro castigado planeta: lo reitero, la vuelta al orden verdadero (no a la falsa paz de los sepulcros franquista), la reconstitución de civilizaciones auténticas, de sociedades Tradicionales. Aunque en el fondo no importa. Hagamos lo que hagamos éstas constituirán, de cualquier manera, nuestro lejano futuro. Tiempo al tiempo.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. No existe fracaso de las energías renovables, existe el fracaso del sistema.
    Como bien resumía una frase del 15M:
    No es que seamos antisistema es que el sistema es antinosotros.
    Un saludo

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