jueves, 24 de octubre de 2013

Blade Runner



academic.depauw.edu

Película de culto donde las haya. Un clásico moderno, con una increíble ambientación (el alma de todo buen largometraje), acción total en un período de tiempo limitado (su cuerpo) y un final sorpresivo (el Espíritu), las tres condiciones que hacen de un film una obra maestra. Observad que también concurren en otra película mítica: Casablanca.

Pero además de estas virtudes propiamente cinematográficas, Blade Runner plantea temas y preocupaciones que son muy propias del siglo XXI (donde transcurre hipotéticamente la acción, 2019) como la superpoblación (ciudades atestadas), la globalización (gran parte de la población de la futura Los Ángeles resultan ser asiáticos o provenir de lugares exóticos, por lo que se utiliza una lengua que es una mezcla de las más comúnmente habladas, interlingua), o el cambio climático (llueve constantemente, el cielo está siempre cubierto y es difícil ver el sol).

Pero sobre todo, Blade Runner, a través del particular ambiente detallado y original que rodea a los personajes, verdadero hito visual postmoderno, es una descripción bastante realista de un futuro en decadencia. El que nos espera. Y no es casual, creo, en el camino a esta decrepitud que se anuncia en cada secuencia del metraje, el que la película comience con una alusión muy clara a la energía, a través de varios estallidos llameantes que recuerdan las fumarolas de las explotaciones de petróleo o gas natural.

Recientemente se ha planteado una polémica en relación con el hecho de que el protagonista, Rick Deckard, pudiera ser en realidad un replicante, entrenado para dar caza a otros. Se basan los que defienden esta teoría en su obsesiva colección de fotografías, cierto brillo en sus ojos, y especialmente en el unicornio papirofléxico, que  implicaría que los más recónditos pliegues de su pensamiento son conocidos por sus compañeros de trabajo, sencillamente porque se trata de recuerdos y emociones que no son suyos, sino simples implantes.

ivanriosgascon.wordpress.com

Como siempre que se plantean este tipo de controversias ocurre un supuesto realmente complejo, insisto en que las cosas en el mundo real no son casi nunca simples y al alcance de “todo el mundo”. Resulta que quienes defienden tales teorías en el fondo están en lo cierto, pero sin embargo están equivocados, y de hecho demuestran que no entienden en absoluto el mensaje más profundo de esta obra maestra del celuloide.

En realidad, en un mundo como el que se muestra en la película, el que vivimos, todos somos replicantes. La vida misma se ha transformado en una trampa, de la que no sabemos como salir. La clave la facilita Edward James Olmos en una de las últimas escenas del film, una frase impresionante, probablemente no calibrada en sus últimas consecuencias incluso por sus propios creadores, que reza: “es una lástima que ella no pueda vivir, pero ¿quién vive?”.

Pues nadie. Todos somos autómatas, que vivimos en ciudades oscuras, alienadas, sometidas al control económico e ideológico de enormes corporaciones engendradoras de productos fuera de control (como la Tyrell), “pellejudos” pateando sucias calles atestadas de individuos que van a lo suyo, respirando aire tóxico y enrarecido entre columnas de vapor y humo en una noche perpetua, rodeados de luminosos rótulos orientales, publicidad desmesurada, y protegiéndonos de la lluvia con nuestros paraguas luminosos. Alzamos la mirada hacia un cielo siempre oscuro, y entre innumerables anuncios videográficos que nos incitan al uso del tabaco y los anticonceptivos, para intentar controlar el exceso de población, una voz electrónica desde un aeroplano nos sugiere huir hacia las colonias del “Off-World", el Mundo Exterior, donde supuestamente hay terrenos libres, aire puro y oportunidades de vida. Pero en el fondo, sabemos que nunca podremos alcanzar ese sueño utópico y salir del infierno que hemos creado, del pedazo de roca industrializada y mancillada llamada Tierra.

Ridley Scott no trata de contarnos una historia de androides. Para descubrir el mensaje real de la película hay que hacer un esfuerzo intelectual que probablemente supera las posibilidades del homo tecnologicus contemporáneo. Hay que desechar la letra y buscar el espíritu de lo que se plantea que, como suele ocurrir en el campo del verdadero conocimiento, se manifiesta como una paradoja. En efecto, en un retruécano imposible, quienes se han dado cuenta de que son replicantes, son acusados de serlo y perseguidos hasta la muerte (pese a que el expresado conocimiento los hace más humanos que los humanos). El líder de los Nexus 6, Roy Batty, el ángel caído, nos lo dice claramente: “yo he visto cosas que vosotros no creeríais”.

La consecuencia de ver la trampa del sistema es la liberación. Quien ha aceptado que el mundo, tal y como nos los vendieron desde niños, es una mentira, que esos hombres supuestamente honorables que salen pulcramente maquillados en televisión buscando nuestro voto para hacernos felices, son en realidad marionetas de algunos millonarios ocultos, de muy escasa honorabilidad, que han hecho fortuna gestionando o encubriendo negocios ilegales, especialmente el de la droga. Quien ha reconocido que la estructura económica moderna es un caballo desbocado, que cabalga sobre un planeta exhausto al borde de sus límites físicos. Quien ha interiorizado que el crecimiento exponencial sin límites es imposible en un mundo finito, y cuales son las inexorables consecuencias económicas, financieras, políticas y sociales que resultarán de todo ello. Ese ser excepcional es realmente libre. Libre de pensamiento, palabra y obra (incluso de omisión). Libre también de culpa, pues ¿qué responsabilidad puedes tener en la locura de un mundo que ya existía cuando tu llegaste? ¿Qué podrías hacer para reformar un sistema inviable, cuya equivocación se encuentra en sus mismas raíces? ¿Qué conducta puede exigirte una sociedad irreformable, salvo la que no está en tus manos, apretar el botón de “borrar todos los archivos” y volver a cargar el equipo con un nuevo programa operativo? Prácticamente ninguna. Sólo ver. Abrir los ojos con la mirada limpia de un niño, la de aquél que, en su inocencia, se atrevió a decir que el emperador estaba desnudo. Y sobre todo saber. Saber que no hay salida. Que tenemos implantado un chip de seguridad, de seguridad nuestra y del planeta entero, que limita, a Dios gracias, la existencia física y psicológica de la aberrante sociedad industrial. Entonces ya nada importa. Puedes asaltar naves en llamas más allá de Orión, o contemplar rayos C brillando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Te has convertido en un fugitivo.

www.philly.com

Los mantenedores de los blogs peakoilers y similares somos definitivamente replicantes. No se utiliza, en realidad, esta palabra, sino conspiranoicos, anticientíficos, catastrofistas, pesimistas o directamente malnacidos. Definitivamente debemos ser “retirados”, en este caso social, académica y cibernéticamente. Me sorprendo cada mañana de que determinados blogs con información realmente relevante sigan operativos. Debe ser porque las cosas todavía no han llegado a un punto crítico, donde tarde o temprano llegarán.

Como conozco en profundidad el modus operandi del enemigo, sospecho que en un momento determinado, que tal vez incluso haya llegado ya, se ofrezcan determinadas recompensas crematísticas a personas concienciadas y relevantes, para que cambien sutilmente su “línea editorial”. Debe tratarse de divulgadores del pico de producción del petróleo convencional realmente exitosos y muy conocidos, lo cual limita bastante el círculo de los posibles candidatos, incluso hasta número que puede ser contado con la palma de una mano. Todo lo cual manifiesto como aviso para navegantes en las condiciones de mar picada entre las que bogamos.

Mientras tanto, nuestra abigarrada pseudocivilización se entretiene en buscar culpables a una crisis que en realidad engloba varias a la vez, y a la que no acaba de verse una explicación racional, ni un presunto final (salvo en los cánticos de sirena de algunos think tanks, estos sí reconocidamente comprados, sobre que “llueve el dinero”, “hemos crecido un 0.1%” y “pronto seremos como Alemania”).

La realidad sigue siendo la que es, para quien quiera verla. Y como Harrison Ford agarrado a la viga metálica remachada, asomándose al abismo, nos retorcemos intentando encontrar un apoyo que nos permita eludir nuestro imponderable destino. Falta por ver cual será la mano que nos salvará definitivamente de caer en el vacío. Como en la película, puede que provenga de nuestro más cruel y temible enemigo. Pero esto lo contaré otro día.

Saludos,

Calícrates

3 comentarios:

  1. Los titulares de los medios de comunicación son para dar vergüenza, pero claro, para eso hay que tenerla.
    La tremenda concentración de la riqueza en tan pocas manos tiene por sí misma la capacidad para colapsar un sistema de libre mercado. La economía se convierte en un circo de EuroVegas y tierras para que los señoritos las dediquen a la caza, mientras la exclusión social acerca la hambruna. Los pobres ya no cuentan para el mercado pues carecen de dinero para comprar los alimentos y la agricultura paradójicamente decae por "falta de demanda".
    Un saludo

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  2. Me identifico plenamente con la frase "Libre de pensamiento, palabra y obra (incluso de omisión). Libre también de culpa". Aunque también reconozco, que a duras penas compensa la tragedia de considerarse un paria de la sociedad. La soledad de la libertad en un mundo de esclavos.

    Muchas gracias.

    RoCa

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  3. Muy correcto el artículo. En cuanto a la posibilidad de que Deckard sea un replicante o no, más importante que la respuesta es simplemente el tener la opción de pensarlo. Quiero decir, el cine nos tiene mal acostumbrados a lecturas únicas, sin embargo lo enriquecedor es el juego de la multiplicidad de sentidos.

    www.criticaindependiente.com

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