martes, 15 de octubre de 2013

El colapso del dólar



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Peter Schiff, presidente de Euro Pacific Capital, y prestigioso analista de Wall Street, uno de los pocos que lograron anticipar las turbulencias financieras de 2007 (crisis subprime) y de 2008 (quiebras bancarias), sigue insistiendo en que lo peor de la crisis aún está por llegar, como buen discípulo de la Escuela Austríaca de economía, que también inspira estas páginas, y que defiende, entre otras muchas cosas, que es imposible mantener el equilibrio entre la deflación y la hiperinflación.

Las bajadas de tipos de interés en Usamérica, hasta el 0%, y la compra masiva de deuda pública norteamericana por parte de la Reserva Federal le inducen a creer que existe una amenaza de elevada inflación a medio plazo, tal y como ya se ha estudiado en algún otro post (ver “Cambio de tercio”).

Además, la llegada de una espiral inflacionista hundiría aún más el precio de los bonos, con lo que la Reserva Federal tendría así un nuevo incentivo para incrementar la adquisición de deuda en un desesperado intento por evitar el derrumbe de las letras del Tesoro. De hecho, para evitar un aumento de los tipos de interés, la Reserva Federal debería adquirir todo tipo de deuda (estatal, empresarial, municipal, etc…).

De llegar a producirse esta situación, la inflación actual (la real, los datos oficiales de IPC son pura ficción) terminará convirtiéndose en hiperinflación, con lo que “nuestra moneda perderá todo valor y la economía se arruinará”. Para evitar esta “pesadilla”, la Reserva Federal debería “salir del mercado de bonos antes de que sea demasiado tarde y dejar que los precios caigan hasta que empiecen a ser atractivos para los inversores”.

Para ello, añade, “el rendimiento de los bonos tendrían que alcanzar los dos dígitos” (el valor del bono es inverso al tipo de interés que paga, actualmente la rentabilidad de los bonos USA ha subido algo desde mínimos históricos, pero está muy lejos de la cifra indicada), con lo que el estallido de la burbuja de la deuda pública (otra más) supondrá “tipos de interés mucho más altos”, y el aumento del coste crediticio disparará la morosidad y las quiebras, encareciendo la financiación del propio gobierno federal, que podría, advierte Schiff, necesitar ser rescatado.

Será “la madre de todos los rescates”, y Usamérica quedará entonces en manos de sus acreedores extranjeros. Si no están dispuestos a admitir aplazamientos o quitas “la única opción será el impago (default)”.

Pero no todo es política monetaria. También existe un problema de asignación de recursos. En un curioso video titulado “El inevitable colapso del dólar” Schiff hace uso de la parábola para ilustrarnos sobre como funciona de verdad la economía global. Un grupo de náufragos habría llegado a una isla. Eran siete asiáticos y un norteamericano. Tuvieron que dividirse las tareas. Un asiático se encargó de pescar, otro de cazar, otro de recoger leña para el fuego. Al norteamericano se le asignó la tarea de comer. Así que al final de día se juntaban todos y preparaban un festín. El americano se sentaba y se lo comía casi todo, pero dejaba unas migajas a los asiáticos, para que el proceso pudiera repetirse al día siguiente, de forma que pudieran pasar todo el día recolectando y preparando la comida del norteamericano. Un economista moderno vería la situación como sigue: el americano es el motor de la economía de la isla. Pero si nos ponemos a analizar fríamente la situación, veremos que lo que conviene a los asiáticos es ponerlo en una chalupa y lanzarlo de patitas al ancho mar (puede que haya a quién se le ocurra alguna solución más drástica). Así la vida de todos mejoraría ostensiblemente. Tendrían más comida, y tal vez no habrían de estar todo el día pescando y cazando, por lo que tendrían tiempo para echarse un rato en la playa y disfrutar de la vida.

La historia no es tan irreal como pudiera parecer, especialmente desde el punto de vista energético, el principal hilo conductor de este trabajo. En efecto, y por poner un ejemplo entre otros, Usamérica consume la mitad de la gasolina que se produce en el mundo, por lo cual el resto de los países deben conformarse con la mitad restante.

Schiff indica que los norteamericanos, más pronto que tarde, tendrán que parar de gastar y empezar a ahorrar, detener su consumo desaforado y empezar a producir. Pero ¿es esto posible? Dicha transición, como ya se ha explicado, implica una notable recesión, y nadie la quiere, así que todos intentan aplazar la solución, ganar tiempo, pero de esta manera lo que consiguen asegurar es que la recesión futura será mucho más severa. Nadie puede escapar de su sombra. En condiciones normales el colapso del dólar, inevitable, implicará que los americanos deberán perder poder adquisitivo, y los principales beneficiarios de lo que dejen de consumir estarán en Asia (como en el relato). Pero las cosas puede que no resulten tan sencillas. Usamérica tiene la fuerza militar, y la capacidad de poner en marcha la rueda de la convulsión total, para apuntalar su desacreditada divisa. Sí, la única opción de los americanos para no perder su posición privilegiada, es la guerra. ¿Entendéis ahora lo que ya hemos vivido, y lo que nos espera?

El dólar es la Sexta Flota. Es la capacidad de asegurar militarmente el suministro de petróleo del Golfo Pérsico (y otros lugares secundarios) a Occidente. Sólo aquí radica su verdadero valor. De hecho, el americano no está todo el día vagabundeando por la selva, sino que recorre la isla con una escopeta de cañones recortados, en prevención de cualquier amenaza para sí mismo y sus esclavos asiáticos. En este sentido podríamos estar tentados de opinar que el americano sí hace algo. Se ocupa de la seguridad de la isla. Pero es que hay un problema. La isla está desierta, y no existe amenaza exterior. De hecho si apareciera algún navío, la situación no podría mantenerse, pues existiría la posibilidad de que todos fueran rescatados.

Lo que hace el americano es asegurarse, con las armas en la mano, de que todo sigue igual, y de que sus siervos asiáticos trabajan sin descanso, y le aseguran su opípara cena diaria. Pero un serio obstáculo se asoma por el horizonte. Negros nubarrones. Siete personas en una isla tan pequeña son demasiados. El combustible y el alimento empiezan a escasear. ¿Cómo terminará la historia? Os mantendré informados, parece que el final puede ser interesante y sorpresivo.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. El problema de la guerra en una época de agotamiento de recursos es que la propia guerra produce una escalada de mas agotamiento, además de la destrucción asociada a la misma.
    Un saludo

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