martes, 31 de diciembre de 2013

Crónica judicial



derecho.laguia2000.com

Aunque parezca que la temática que abordaré no se corresponde con el objeto del blog, realmente tiene una relación muy íntima. En realidad la, digamos, “visibilidad” cada vez más evidente de la corrupción, y su cada vez más palpable impunidad, constituyen síntomas del colapso en cámara lenta de la sociedad en la que vivimos, consecuencia, como sabemos, de la crisis energética, madre de todas las que vienen detrás, una de ellas la crisis moral que, desgraciadamente, aún no ha dado más que sus primeros pasos.

Quería hablar del caso del juez Elpidio Silva y de los emails del ex presidente de Cajamadrid Miguel Blesa. Como siempre que leo la prensa sobre un tema que domino, me doy cuenta de la cantidad de tonterías que se escriben, unas por falta de información sobre el sumario, necesariamente reservado, otras por falta de formación jurídica en el informante, con la de profesionales del derecho que hay en paro ¡podíais contratar a alguien para asesoraros tíos!, y otras simplemente por falta de conocimiento de cómo funciona por dentro el aparato jurisdiccional. Esto último también puede arreglarse mediante el oportuno asesoramiento, pero es más íntimo. O sabes o no sabes, y si puedes revelar algo que has visto dentro, pues normalmente te callas, o lo manifiestas muy en privado, o simplemente lo insinúas, que es lo que voy a hacer a continuación.

La clave del asunto es de donde salieron los emails de Blesa que obran en las diligencias abiertas por la compra del City National Bank of Florida. El que se trate de una cuenta de correo corporativo no es óbice para que sea personal, siempre que se utilice conforme a las condiciones previamente establecidas por la empresa titular del servicio. Ocurre, además, que un juez de instrucción tiene medios para intervenir comunicaciones privadas, ver artículo 579 y concordantes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, cualquiera que sea el medio por el que se produzcan. Supongo que habréis oído hablar de las intervenciones telefónicas. Aunque es cierto que si tales pruebas se obtienen conculcando derechos fundamentales serían radicalmente nulas, y provocarían la nulidad de todas las que procedan de aquéllas (doctrina de los frutos del árbol envenenado). A lo que debo añadir que, aunque pueda discutirse su necesidad mediante rebuscadas interpretaciones del adefesio legislativo que constituye la vigente ley procesal penal, cuesta muy poco dictar un auto, teniendo en cuenta que, en un asunto como el que nos ocupa, te van a buscar las cosquillas hasta en los tobillos.

Se insinúa que Elpidio Silva ha actuado en busca de notoriedad. Pero quien conoce a los jueces de cerca sabe que este problema afecta a casi todos. No hay más que ver el desfile de modelitos en televisión de la juez Alaya, que conserva en su docta jurisdicción, desde hace meses, una causa que ha podido quitarse de encima repetidas veces, al existir, por lo visto, indicios suficientes para el procesamiento de aforados.

Ocurre que, incluso cuando buscas salir en la prensa y que se hable de ti, actúas con cabeza. No te juegas la carrera por ello. Puedes ser atrevido, pero no imprudente o loco. Por ello, y sin ver la causa, careciendo por tanto de elementos de juicio, me niego a creer que Silva, con muchos años de experiencia y número uno de su promoción, haya cometido la imprudencia de meter a alguien en prisión, dos veces, basándose en un medio de prueba obtenido de forma irregular, y por tanto claramente nulo.

A todo lo que hay que sumar el contenido de los emails, que muestran lo que todos sospechábamos, la absoluta colusión entre la dirigencia política y corporativa, y la corrupción rampante, repugnante y babosa en la que ambas flotan (pues es bien sabido que la mierda es menos pesada que el agua). Resulta especialmente interesante la fotografía de Blesa de cacería en Namibia con el consejero delegado de Martinsa Fadesa, pocos meses antes de instarse la suspensión de pagos de aquélla. Pero en definitiva, éste curioso documento, y todos los demás, no pasan de ser la confirmación gráfica del conocido principio de Calícrates.

Se trata, en efecto, de información sensible, que muestra las sucias cachas de la estructura del Estado, aunque aquí Silva peca de inocente. Puedes tirar de la manta todo lo que quieras. El sistema lo aguanta todo, porque, como sabes, hay algunos compañeros tuyos poco proclives a importunar al poder, dada la innegable existencia de cómodos cargos institucionales, que permiten vivir bien y no poner una sentencia más, que es muy pesado. Y además claro, todo es opinable. Basta ver lo de la doctrina Parot, que no analizaré aquí, pero que para el que sabe algo de derecho nunca fue otra cosa que una aberración jurídica, tanto en términos sustantivos como procesales. No se debe mezclar el derecho penal, que es lo que es, y se rige por varios principios esenciales, uno de ellos el de irretroactividad de lo no favorable, con los razonables deseos personales de justicia. Haber cambiado la ley antes.

El caso es que se ha producido, en sede del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, un fenómeno judicial paranormal: la rapidez. Se explica por la trascendencia pública del asunto, aunque puede que también por otros motivos. Los correos de Blesa obrantes en la causa contra él no pueden ser filtrados por funcionario alguno que haya conocido de aquélla por razón de su oficio, pues ello supondría la comisión de delitos muy graves (revelación de secretos, infidelidad en la custodia de documentos,…). Pero ¿que ocurriría si tales documentos formaran parte de otra causa, por ejemplo la que se sigue contra Silva, que requiriera, como ha hecho, tal documental como prueba, en el ejercicio de su derecho de defensa? Pensadlo un momento. Si la causa no ha sido declarada secreta las partes pueden disponer de sus medios de prueba.

Aquí se produce el milagro. Con enorme celeridad la Sala Civil y Penal del T.S.J.M. ha confirmado la resolución del instructor de la querella por la que se acuerda que no procede la incorporación a la causa contra el juez Silva de los referidos correos, por ser “irrelevantes” a los efectos del proceso. ¿Os parecen irrelevantes los documentos en base a los cuales se acordó la prisión de Blesa, cuando se ventilan las responsabilidades penales del juez que instruía el procedimiento por una presunta prevaricación? A mi tampoco. Tal vez la querella del Fiscal contra Silva, que supongo pasó el preceptivo visado, y tal vez la recomendación de su estudio por parte del superior jerárquico correspondiente, no estuvo suficientemente meditada.

En fin, he dicho más de lo que quería, a partir de aquí el que pueda que entienda.

Saludos,

Calícrates

PS: sin pretender la provocación, o la apología de ningún delito, pues es evidente que una cosa es la calificación penal de un hecho, y otra la moral, de lo contrario no tendría tan buena prensa Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, quería dar las gracias a quienes han permitido que conozcamos los correos remitidos por Miguel Blesa utilizando de forma indebida una cuenta de correo corporativo propiedad de Cajamadrid, quienesquiera que sean, de los que espero no hayan incurrido en responsabilidad criminal alguna, porque nos han hecho un gran favor a todos.

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