lunes, 29 de abril de 2013

Fin de ciclo

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Llegados a la ondulante meseta del cenit de extracción petrolífera, es evidente que el futuro no se parecerá nada a lo que hemos vivido hasta ahora. O tal vez sí. Cada vez tendremos que arreglárnoslas con menos energía, de forma que de aquí a diez años dispondremos de la misma que nos era accesible en los años setenta. Y en diez años más, de la que estaba a nuestra disposición en los cincuenta. Pero claro, no partimos de las mismas bases fácticas. La caída por el denominado precipicio de Séneca, no puede tener nada que ver con la ascensión de la curva de Hubbert.

En definitiva, el tema que tratamos, a nadie se le puede escapar, tiene un fuerte componente escatológico. De hecho, la quiebra política, económica y social de nuestras sociedades post industriales se ha hecho tan evidente que resulta muy difícil ocultarla. Y a todo ello habría que añadir la debacle medioambiental que amenaza nuestra misma supervivencia como especie.

Tal vez deberíamos preguntarnos, como hace el escritor y periodista Israel Shamir, si los hombres poderosos responsables del envenenamiento del planeta entero se han vuelto locos de remate. Algunos pensadores contemporáneos han hecho un esfuerzo heroico para encontrar la causa de esta conducta irracional, y han estado a punto de lograrlo, con el concepto de codicia. Las multinacionales globales habrían planeado la destrucción de la naturaleza como medio de obligar al ser humano a depender de sustitutivos, comercializados, por supuesto, por ellas. Su diagnóstico es lúgubre, dice Shamir, pero no lo suficiente. En ocasiones se contempla el proceso sin que exista motivación de ganancia. Y es que debajo de la codicia está un fantasma mucho más antiguo y oscuro: la voluntad de dominación.

La destrucción de la naturaleza es precisa para poder esclavizar al hombre, desarraigándolo, al cortar sus vínculos territoriales, sociales y familiares. La guerra contra la Naturaleza, la Virgen Madre, es también la guerra contra el Espíritu. Se trata de arrojar la presencia de lo Sacro, lejos de nuestro mundo.

Los últimos acontecimientos de la historia humana, no pueden explicarse, concluye Shamir, de manera aceptable con causas meramente materiales y racionales. Más allá de los espectros, demasiado humanos, de las grandes multinacionales depredadoras, más allá de la codicia capitalizada, más allá incluso del paradigma de la dominación, el destructor mayor sin rostro comienza a dejarse ver sobre el planeta cautivo.

¿Qué va a ocurrir? Se trata de una pregunta peligrosa. El futuro es el ámbito propio de la Providencia. Conocerlo y dominarlo es, por tanto, Potestad Divina, vedada a la criatura, por lo que la adivinación predispone grandemente al desequilibrio psíquico. Sin embargo es relativamente fácil saber a grandes rasgos, de manera muy general y sin extraordinarias elucubraciones, lo que nos depara el porvenir. René Guénon, en su obra, Formas Tradicionales y Ciclos Cósmicos, afirma que el devenir humano no es lineal, sino que se mueve en círculos, los que no podrían cerrarse, pues de lo contrario existiría una repetición metafísicamente imposible, dibujando en definitiva una espiral, de forma que, agotadas las posibilidades de un ciclo histórico, se abriría de inmediato otro, sin solución de continuidad. Y lo que es más importante, entre los diferentes ciclos humanos existiría una cierta relación de analogía, de forma que podrían extraerse conclusiones de la comparación entre ellos, y deducir acontecimientos futuros de lo sucedido en épocas similares de ciclos anteriores. Siguiendo el criterio anteriormente indicado, utilizaremos el período histórico inmediatamente anterior al que vivimos actualmente para tratar de perfilar lo que nos aguarda, aproximándonos a curiosos acontecimientos que tuvieron lugar en la relativamente próxima antigüedad greco-romana.

Pero antes debo decir algo importante, que muchos sospechan, aunque pueda sonar extremadamente lúgubre. Cuando quienes gobiernan la frágil nave de la post modernidad ya no puedan ocultar lo que está ocurriendo, y no falta mucho, la alternativa será la guerra. Y el tiempo de las grandes guerras, será también el de los grandes capitanes. Muchos habrá, que asombrarán al mundo con sus hazañas. Pero debemos fijarnos básicamente en dos. ¿Por qué? Pues porque toda contienda, por larga que sea, suele acabar teniendo un único vencedor. Y también porque el poder necesita una mística. No puedes poner el pie en la pared y decir “aquí mando yo porque soy más alto y más guapo que vosotros”. Necesitas poesía, encarnar un ideal, constituirte en azote de infieles, algo así. Las técnicas son muchas. Citaré solo una, muy utilizada, a la que podríamos llamar “la exaltación del héroe desaparecido”. Consiste en mistificar a un personaje ya fallecido, a ser posible por la causa, y que, por tanto, ya no molesta, y erigirse en el continuador de su obra. No citaré ejemplos concretos por no politizar este post.

Lo dicho parece confirmado en los Textos Sagrados. Las profecías sobre los últimos tiempos giran, en efecto, en torno a dos personajes básicos: el Anticristo y el Profeta del Anticristo. El Apocalipsis, habla efectivamente de “dos Bestias”. Utilizo terminología cristiana dado el contexto social en que escribo, si bien el punto de vista no es excluyente. De hecho la escatología islámica se refiere al Anticristo con el nombre del Dajjal.

Del Anticristo sabemos algunas cosas:

- Su vida será lo más exterior posible, al límite de las posibilidades de lo humano. Dice el Evangelista que la primera bestia surge del mar, esto es, de lo más bajo, de lo maleable líquido inferior, del populacho. Será un militar y político de renombre. Su popularidad no tendrá límites, sus hazañas serán conocidas y comentadas por las masas, que le idolatrarán, creyéndole un elegido, destinado a acabar con sus penurias.

- Conocemos también la duración de su reinado: “toda la Tierra, maravillada, seguirá a la Bestia, y la adorará diciendo: ¿quién es semejante a la Bestia y quién podrá combatir contra ella? Le fue dada una boca que profería palabras arrogantes y blasfemias, y le fue dado el poder de hacerlo durante cuarenta y dos meses”.

- Finalmente el Anticristo será asesinado, “vi en una de sus cabezas como una herida de muerte”. Presumiblemente ello tendrá lugar como consecuencia de una conjura puesta en marcha por personas próximas a aquél, que recelarán del inmenso poder que habrá alcanzado.

¿Hubo alguien en el mundo greco-romano en quien concurriesen las circunstancias que hemos mencionado anteriormente?

En el año 69 a.C. un joven patricio romano llamado Cayo Julio César, elegido cuestor para la provincia de Hispania Ulterior, en el Templo de Hércules Gaditano (Herakleion),  situado en lo que actualmente es el Islote de Sancti Petri, tuvo un sueño que le predijo el dominio del mundo, después de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno, por haber cumplido treinta años sin haber alcanzado un éxito importante.

A su regreso a Roma, César prosiguió su carrera como abogado, hasta ser elegido edil curul en el año 65 a. C., el primer cargo del cursus honorum que desempeñaba dentro de Roma. Como tal, organizó los juegos más memorables que la ciudad hubiera contemplado hasta la fecha, empleando todo su ingenio para conseguirlo, llegando a desviar el curso del Tíber e inundar el circo para ofrecer una naumaquia (un combate entre barcos). Todo ello a cargo de su patrimonio personal. Acabó el año con deudas astronómicas, del orden de varios cientos de talentos de oro. No importaba. La inversión daría frutos a la larga. La plebe lo adoraba.

- Cuarenta y dos meses, sí, exactamente el lapso temporal entre la batalla de Farsalia, agosto del 48, donde derrota al último triunviro, y se hace, de facto, con el control absoluto del mundo mediterráneo, hasta el 15 de marzo del 44, las fechas no pueden ser exactas pues regía otro calendario, pero sí válidas por aproximación.

- Eran los idus, de dicho mes, y un grupo de senadores, convocó a César para leerle una petición, escrita por ellos, con el fin de devolver el poder efectivo al Senado. Marco Antonio, que había tenido noticias difusas de la posibilidad del complot, temiendo lo peor, corrió al foro e intentó detener a César antes de que entrara en la reunión. Pero era demasiado tarde.

Los conspiradores introdujeron a César en el Teatro de Pompeyo, donde se reunía la curia, y lo condujeron a una habitación anexa al pórtico este, donde le entregaron la petición. Cuando el dictador la comenzó a leer, Tulio Cimber que había hecho la entrega, tiró de su túnica, provocando que César le espetara furiosamente: “Ista quidem vis est?”. ¿Qué clase de violencia es esta? No debe olvidarse que César por ser Pontifex Maximus, era jurídicamente intocable. En ese momento, Servilio Casca, sacando una daga, le asestó un corte en el cuello.

Pero ¿qué se está diciendo? ¿Que una personalidad de tanta influencia en la historia de la humanidad, Julio César, pudo ejercer el papel del Anticristo en el ciclo precedente? ¿Dónde están las pruebas? ¿Dónde su marca? Recordemos que el número de la bestia es el 666.

En el verano del año 47 a.C. César abandonó Egipto y marchó por Siria, Cilicia y Capadocia para enfrentarse a Farnaces II, rey del Ponto. La batalla tomo lugar cerca del poblado fortificado de Zela. Los pónticos abandonaron sus posiciones defensivas y lanzaron un ataque sorpresa contra las posiciones romanas, dispuestas en una colina cercana. La acción fue inesperada ya que se abandonó toda lógica al renunciar Farnaces a una sólida posición defensiva y atacar a los romanos ubicados en altura. El asalto logró, por su sorpresa, un éxito inicial. Pero inmediatamente César tomó la iniciativa, expulso a los pónticos de su campamento y empujando al enemigo colina abajo, en completo desorden, le propinó una derrota total. La campaña contra Farnaces apenas duró cinco días, fue tan rápida y contundente que Plutarco menciona que César, para anunciarla al Senado, empleo sólo tres palabras.

Entre los días 21 de septiembre y 2 de octubre del 46 a. C., César celebró sus victorias en Roma. Nunca antes se habían visto celebraciones de tal magnitud y duración. Además recompensó ampliamente a sus tropas, y entregó a cada legionario cinco mil denarios (el equivalente a lo que ganarían en los 16 años de servicio obligatorio), a cada centurión, diez mil, y a cada tribuno o prefecto, veinte mil denarios, asignándoles también terrenos, aunque no cercanos a Roma, para no despojar a nadie y establecer así colonias romanas en territorios recientemente conquistados. Distribuyó al pueblo diez modios de trigo por cabeza y otras tantas libras de aceite, con trescientos sestercios, en cumplimiento de una antigua promesa que había hecho, a los cuales agregó cien más por la demora. El desfile triunfal de la batalla contra Farnaces II contaba con una carroza que portaba como lema aquéllas tres palabras misteriosas con las que César había anunciado su victoria: “veni, vidi, vici”. Unamos las letras exteriores, periféricas, de cada una de ellas. VI, VI, VI. En numeración romana 666 (se trata de un número solar que pudiera tener diversos sentidos, como de hecho tiene siempre todo simbolismo. En cualquier caso, parece claro que alguien próximo a César, que conocía su papel histórico, debió sugerirle dicho lema, para que, quien pudiera verlo, supiera del auténtico significado del sublime espectáculo que presenciaba).

Tras el elogio fúnebre de Antonio en el foro, el cuerpo de César debía ser llevado fuera de la ciudad para su incineración (estaba prohibido incinerarse en el pomerium). Sin embargo, el pueblo romano enloqueció. Una marea humana se abalanzó sobre el estrado donde sehallaba el cuerpo de César, clamando venganza y la muerte de los asesinos. En ese momento, dos antiguos legionarios de César llegaron ante el estrado con antorchas y le prendieron fuergo. La multitud, en una ola de frenesí colectivo, se abalanzó sobre las tribunas de los oradores, los puestos del mercado, y todo lo que había de madera en el foro, que fue utilizado para alimentar la improvisada pira. Las mujeres echaron al fuego sus joyas, y las bulas de oro de sus hijos, los músicos sus costosos trajes e instrumentos, los veteranos sus condecoraciones. En plena noche, una estrella fugaz cruzó el firmamento, y los supersticiosos romanos gritaron que era el alma de César, que ascendía a los cielos, pues había sido admitido entre los dioses.

Vayamos con el Profeta del Anticristo. La segunda Bestia, dice el Evangelista, surgirá de la tierra, elemento más estable, práctico y duradero. En el año 46 a. C., quien entonces era conocido como Cayo Octavio Turino quiso unirse a las tropas de su tío abuelo, Julio César, en Hispania, pero cayó enfermo y no pudo viajar. Una vez recuperado, navegó hacia el frente, pero naufragó. Tras alcanzar la costa, cruzó territorio hostil antes de llegar al campamento de César, lo que impresionó a éste de manera considerable. Marco Veleyo Patérculo reporta que, después de aquella proeza, César permitió que su joven sobrino compartiera su carroza, y al regresar a Roma, depositó discretamente un nuevo testamento con las vestales.

La segunda Bestia, continua el Apocalipsis, ejerce todo el poder de la primera, cuya llaga mortal había sido curada y hace que la tierra y sus habitantes la adoren. La idea de la “sanación” de la herida no se refiere a una curación milagrosa, o a una resurrección del Anticristo. La herida sana porque, después un breve período en que parece que la obra entera del Anticristo va a periclitar y morir con él, el Falso Profeta la salva y hace que recobre vigor.

Se nos dirá que en los tiempos que tratamos no existía escasez de recursos, a salvo el exceso de aprovechamiento forestal en zonas aledañas a las ciudades, o la expansión de la conquista a territorios de escasa producción de cereal. El planeta era entonces ubérrimo y escasamente poblado. Pero esto sólo es cierto en parte. Concurrían graves dificultades de asignación de dichos recursos. El problema era el oro, y en menor medida la plata, necesarios en las transacciones comerciales, y para la adquisición de la mano de obra humana, esclava o arrendada, y animal precisa para la explotación agrícola. La importación de objetos de lujo procedentes de oriente, especialmente de seda importada de China, constituía una sangría permanente de circulante que comprometía la estabilidad económica del Estado desde el siglo II a. C., durante el último periodo republicano, que conoció las guerras serviles, así como graves conflictos internos, políticos y sociales, que acabaron dando lugar a reformas institucionales, al surgimiento del principado y, finalmente, de la estructura imperial. Basta ver las barbaridades medioambientales que perpetraron en la comarca leonesa de El Bierzo (Las Médulas), para darnos cuenta de hasta donde llegó la desesperación de los ingenieros romanos. Devastación que, por cierto, recuerda la actual explotación de las arenas bituminosas en  Canadá, para la obtención de petróleo. La Arabia Saudita de entonces era Egipto, que por diversas razones, cuya explicación excede del ámbito de este post, había acumulado grandes reservas de capital. César solucionó el problema utilizando parte del tesoro de los Lágidas (dinastía egipcia) que le cedió la siempre complaciente Cleopatra, por motivos de estricto interés político. Augusto simplemente robándolo, y haciendo de Egipto, nominalmente una provincia más, parte de su patrimonio personal, lo que permitía su saqueo permanente, y le garantizaba unas rentas permanentes y saneadas.

Vayamos a las conclusiones. Es evidente que la penuria petrolera dará lugar a una crisis sin fin, y al fantasma de la escasez que afectará primero, ya lo hace, a las regiones globales económicamente más deprimidas, pero que no tardará en alcanzar lo que llamamos el “mundo desarrollado”. Como el “modo de vida americano” no puede de ninguna manera verse afectado por ésta ni por ninguna otra circunstancia (Busyness as usual), se formará una estructura supranacional, integrada por lo que hoy se considera el primer mundo, que tendrá poco que ver con lo que conocemos actualmente, y cuya misión fundamental será mantener a ultranza la base económica y social de Occidente, mediante el expolio, ya no disimulado, sino abierto y descarado del resto del planeta. El esbozo de tal estructura política, que incluirá grandes guerras de depredación petrolífera, afectando lógicamente a los lugares donde existe este petróleo, esto es, la cuenca del Caspio y Medio Oriente, será sin duda la obra del Anticristo. Parecerá, por muy breve tiempo, que las privaciones hubieran acabado. Un cierto período de estabilidad, muy corto, seguirá a las guerras de rapiña, y producirá una fugaz ilusión de vuelta a la abundancia. Pero todo será una ilusión.

Después de la muerte del Anticristo se pasará a una fase diferente. Tras un nuevo período de inestabilidad, el Falso Profeta culminará la obra de su predecesor, y pondrá bases más sólidas a lo que su idealizado predecesor no pudo culminar. De todas maneras, la única forma de mantener el nuevo orden institucional será recurrir a un férreo control social, de manera que “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, recibirán una marca en la mano derecha y en la frente”. Esto no quiere decir que se vayan a imponer microchips, como se comenta en páginas web psicodélicas, entre otras elucubraciones. El texto es simbólico y así debe entenderse. La mano derecha es el principio de la acción, y la frente el del pensamiento. El sistema condicionará totalmente nuestra existencia, ¿no lo hace ya?, de forma que aceptemos un cierto modo de vida adecuado a la disponibilidad declinante de recursos. Ello afectará a la distribución de éstos, de forma que “ninguno pueda comprar o vender si no ha sido marcado con el nombre de la Bestia”, esto es, que se impondrá la redefinición la masa monetaria, lo que implicará, con toda probabilidad, la desaparición del dinero metálico.

De esta manera Occidente intentará mantener su estabilidad y supremacía durante el tiempo que le sea posible y, suponemos, con grandes dificultades, puesto que ahora se encontrará a la defensiva, rodeado de un mundo hambriento y saqueado que intentará una y otra vez el asalto a la fortaleza del cada vez más exiguo y aislado mundo “civilizado”.

Recordemos, en cualquier caso, que la función del Anticristo es única, y que quienes vendrán después no serán otra cosa que imitadores, más o menos exitosos. Ello incluye al Falso Profeta, que no será realmente el sucesor del Anticristo. No podría tener ninguno, al menos en la esfera pública. De hecho Augusto sólo fue el heredero testamentario, privado, de César. Cierto que éste le legó gran parte de su fortuna, las dos terceras partes de aquélla, lo que le concedió un poder financiero incomparable. Y le dio algo aún más valioso: su nombre, que ejercía una particular fascinación sobre sus antiguos veteranos. Como antaño, a la muerte del nuevo Augusto otros intentarán continuar su obra, y heredar su nombre, en condiciones cada vez más extremas, y en tiempos ya lo suficientemente lejanos como para que no merezcan siquiera nuestro interés.

Quisiera añadir un último párrafo que se aparta un poco del carácter que quiero dar al blog, pero que será de gran utilidad a quienes puedan entenderla. El error del Anticristo, y el de su Falso Profeta, consistirá en no comprender que, agotadas las posibilidades del ciclo, no hay salida a través de la tangente de la circunferencia. El 9, número que la simboliza, convierte en sí mismo todo lo que por él se multiplica (cualquier número multiplicado por nueve acaba sumando nueve). Tras el círculo más periférico, la vida exterior más notoria, el poder más absoluto, el desarrollo material más extraordinario, sólo existen las tinieblas exteriores. El único camino que permite salir de la trampa de la manifestación es el de retorno al Centro, al Origen, lo que requiere una disciplina totalmente diferente. Es por ello que, en otro orden de cosas, tras el triunfo aparente del Anticristo, solo podrá tener lugar un enderezamiento, que devolverá las cosas a su orden normal de forma súbita. Pero tal prodigio sólo podrá ser realizado por Aquél que manifestará, tanto en el campo del conocimiento, como en el de la acción, el doble poder, sacerdotal y real, conservado a través de las edades, en la integridad de su principio único por los detentadores ocultos de la Tradición Primordial (René Guénon, Aperçus sur l’Iniciation).

Saludos,

Calícrates

domingo, 28 de abril de 2013

La verdadera doctrina del shock

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La doctrina del Shock (The Shock Doctrine, 2009) es una película documental basada en el libro homónimo de la periodista e investigadora Naomi Klein, nos narra que en junio de 1951 representantes de agencias de inteligencia occidentales se reunieron en secreto con profesores universitarios de Montreal. Como resultado se financió una investigación sobre el aislamiento sensorial en la universidad de McGill. El aislamiento es una forma de producir una monotonía extrema, provoca una reducción de la capacidad crítica, nubla la mente, y el sujeto se queja de que ni siquiera puede fantasear (¿Os recuerda Guantánamo?). Los investigadores se dieron cuenta del arma tan potencialmente terrible que podía llegar a ser. Algunos abandonaron el proyecto. Pero éste siguió adelante bajo las órdenes del Jefe de Psiquiatría Ewen Cameron y con objetivos mucho más ambiciosos: borrar a los sometidos a tratamiento la mente, dejarla en blanco para reprogramarlos desde cero. Cameron combinaba el electroshock con las curas de sueño y la repetición de mensajes grabados. La CIA no tardó en poner en práctica los hallazgos de Cameron. Se buscaba un momento de máxima tensión o parálisis, en el cual el sujeto está mucho más abierto a la sugestión, mucho más dispuesto a obedecer que antes de sufrir el shock.

En la misma época de los experimentos de Montreal, y tal vez con conocimiento de aquéllos, un partidario de otro tipo de shock trabajaba no muy lejos de allí. Milton Friedman era profesor de economía de la universidad de Chicago. Creía que la terapia de shock económico impulsaría a las sociedades a aceptar un capitalismo más puro y desregulado. Para que nos demos cuenta de su increíble influencia política, especialmente a partir de la década de los ochenta, Klein explica en su libro que cuando Friedman cumplió 90 años, la Casa Blanca organizó una celebración en su honor y se pronunciaron discursos. El Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, que llegó a decir que el homenajeado era “la encarnación de una realidad, la de que las ideas tienen consecuencias”. Ya lo creo. Y bastante dramáticas para los que las experimentaron en sus carnes.

Sin embargo Milton Friedman no podía creer seriamente en el mercado libre, y menos en la capacidad de gestión de las megacorporaciones privadas. Cualquiera que conozca el funcionamiento interno de las grandes multinacionales sabe que la clase dirigente corporativa puede llegar a ser incluso más corrupta e ineficiente que la política. Por no decir que la una no es sino el reverso de la otra. Los fines y objetivos de Friedman, y en general de los economistas de la Escuela de Chicago, eran muy otros.

Resulta evidente que el sistema de libre mercado es claramente disfuncional, especialmente a la hora de calibrar situaciones a medio, y no digamos a largo plazo (pensemos en las actuales extrañas oscilaciones del precio del petróleo). Pero es que además, parte de la base de que todos los actores que acuden al mercado tienen el mismo peso. ¡Como si un broker internacional que controle e invierta capitales de fondos de pensiones por cientos de millones de dólares tuviera la misma capacidad de influir en el mercado que una viejecita que ha ahorrado trescientos euros! Digámoslo claramente. El libre mercado esta hecho a medida a los depredadores comerciales o financieros, que por eso lo predican.

El libre mercado sólo funcionaría correctamente en una situación ideal. Pensemos en una población de reducidas dimensiones donde hubiera tres panaderías, y cada uno de los panaderos dispusiera de establecimientos de muy similar estructura comercial, así como del mismo músculo financiero. Entonces los precios del pan serían los correctos, justos para el consumidor y para los productores, y el mercado estaría perfectamente autorregulado. Pero estas situaciones ideales no se han dado nunca, ni se darán jamás. Pensemos que uno de los panaderos en cuestión recibiera un suplemento de capital (adquiriera una herencia, le tocara la lotería, etc…), y no anduviera sobrado de escrúpulos. Podría ocurrírsele empezar a vender sus productos a precio de coste, con el fin de hacer quebrar a sus competidores y quedarse a largo plazo con el monopolio del pan en el poblado. Para luego, claro, volver a subir los precios. Esto puede parecer ciencia ficción, o un cuento de Dickens, pero es lo que ocurre diariamente a gran escala en nuestros mercados globalizados. Si alguien te habla de las bondades del libre mercado, o es un ignorante o es un manlintencionado. Cabe también la posibilidad de que se trate de un joven estudiante de económicas, muy entusiasmando por su reciente descubrimiento de Adam Smith, esto es, un teórico sin contacto alguno con la realidad, con lo que bien pudiera ser incluido en la primera categoría. No. Milton Friedman era un gran economista, con vasta experiencia, y no podía creer en estas sandeces. ¿Cuáles eran los verdaderos objetivos de la Escuela de Chicago? ¿Qué buscaban o que querían prevenir?

Vayamos más lejos y entremos en lo políticamente aún más incorrecto. Lo visto en relación al libre mercado ¿no le ocurre igualmente a nuestro deslumbrante sistema partitocrático? ¿Premia verdaderamente la integridad intelectual o la demagogia más ramplona? Vamos a los hechos. En 1979 el Presidente americano James Carter dio el discurso más importante de su presidencia, con el asesoramiento del díscolo Secretario de Energía, James Schlesinger. Alertó a los americanos sobre la excesiva dependencia del país del petróleo, e hizo entrever la necesidad de un cambio radical de política energética, con sacrificios para los ciudadanos. ¿Cuál fue el resultado? ¿Fue sacado a hombros del ruedo por sus alborozados conciudadanos? No. Fue noqueado sin piedad por un vaquero californiano, actor de segunda fila, que probablemente no escribió jamás ni uno solo de sus discursos, y que interpretaba ante el atril con la misma falta de convicción que en la gran pantalla, pero que prometió un nuevo amanecer para América. Seamos honestos. Independientemente de nuestras ideas políticas, que por otra parte no son sino trampas que nos pone el sistema para favorecer la estabulación mental, ante el inevitable declive energético, que afectará dramáticamente a nuestro nivel de vida, si concurriera electoralmente alguien que nos expusiera francamente la necesidad de sacrificios, frente a algún trilero que nos hablase de un nuevo despegue camino del infinito, de la vuelta al crecimiento económico, gracias a la fusión caliente o fría, el motor de agua, o la ayuda de tecnología extraterrestre. ¿A quien votaríamos? Tomémonos unos segundos antes de contestar.

Es la hora de decir abiertamente que el sistema de libre mercado, y la democracia representativa tienen disfunciones por el mismo motivo: alientan el cortoplacismo. Friedman era una persona de gran inteligencia, y no creía ni en lo uno ni en lo otro. Incluso creo que creía aún menos en lo segundo que en lo primero. Pronto lo comprobaremos.

Según el evangelio Friedmanita la economía del libre mercado era indisociable de la libertad y la democracia. Se tiende a pensar que el primer experimento Miltoniano se produjo con los Reaganomics y la política Thatcheriana. Pero, como con escalofriante eficacia demuestra “The Shock Doctrine” esto no es cierto. El primer lugar del mundo que sirvió de tubo de ensayo a los Chicago Boys fue Chile, bajo la dictadura de Augusto Pinochet, y en el marco de una férrea dictadura militar. El plan económico miltoniano, denunció Orlando Letelier, Ministro de Exteriores del último gobierno de Allende, se impuso por medio de miles de asesinatos, el establecimiento de campos de concentración por todo el país y el encarcelamiento de más de 100.000 personas en tres años. Friedman reconoció la importancia del “experimento” chileno y, para mayor escarnio, el año del asesinato de Letelier se le concedió el Premio Nobel de economía. Pero aquello no era más que el principio. El 24 de marzo de 1976 un golpe militar derrocó al gobierno de Isabel Perón en Argentina. Los cachorros de la Escuela de Chicago accedieron inmediatamente a puestos económicos relevantes en el gobierno militar, y aprovecharon la oportunidad para introducir importantes reformas económicas y sociales. Un año después del golpe los sueldos habían perdido el cuarenta por ciento de su valor, se cerraban fábricas y la pobreza se disparó. Como en Chile hubo que aterrorizar a la población para que aceptara estas medidas económicas. Se empezó por hacer desaparecer personas, con secuestros perpetrados a plena la luz del día. Los métodos de los militares argentinos, como los de los chilenos, habían sido aprendidos en la Escuela de las Américas, dirigida por militares norteamericanos. Eran técnicas básicas de tortura: desnudar a la víctima, herirla con objetos punzantes, romperles extremidades, marcarla a fuego,… y se emplearon no solo con soldados o terroristas sino contra estudiantes, sindicalistas y todo aquél que se opusiera a la política de libre mercado del régimen. Argentina llevó su régimen de terror un paso más lejos que Chile. Entre los desaparecidos había cientos de mujeres a quienes permitieron dar a luz antes de asesinarlas. La elección de estos dos países citados para iniciar los ensayos probablemente no fue casual. Eran estados con grandes recursos y potencialidad económica.

A principios de los ochenta Friednamitas declarados asumieron el control de los gobiernos británico y norteamericano. Sus métodos, claro está, no fueron los mismos que los aplicados en Latinoamérica. Pero entonces ocurrió algo que nos puede dar luz sobre los verdaderos objetivos de la Escuela de Chicago. A lo largo de dicha década la U.R.S.S. colapsó económicamente. Su enorme burocracia obsoleta, la ineficiente asignación de recursos, y especialmente el escaso rigor en política monetaria, acompañado como es lógico de la imposición de un sistema de precios tasados, condujeron a la escasez y al estraperlo. Aparte, como ya se ha indicado en algún post, de que maniobras comerciales de ciertas potencias extranjeras expulsaron a los soviéticos del mercado del petróleo, que constituía su principal fuente de divisas, lo que aceleró la catástrofe. Se formaban largas colas ante tiendas de comestibles (otchered), y los mostradores estaban prácticamente vacíos, para desesperación de los pacientes compradores. A pesar de lo cual la implosión del estado soviético se condujo desde arriba, sin explosiones sociales notorias, como consecuencia del rígido esquema autoritario del régimen. Imaginémonos una situación así en un país de Occidente. La rabia y la desesperación serían tan absolutas que podría pasar cualquier cosa. Aquí es donde entra Milton Friedman, y este es el motivo por el que centró el interés de las élites dirigentes desde los años ochenta, sí, desde el momento en que empezaron a tener conciencia de las consecuencias de un futuro escaso de energía.

Ante una situación de falta de recursos lo lógico, quiero decir, lo impepinable, es consumir menos. Esto se puede conseguir de dos maneras. Mostrando de forma poco inteligente que el dinero con que pagas los salarios es puro papel mojado, vía soviética, o dándole valor mediante una política monetaria restrictiva, esto es, haciendo más costosa su obtención, por ejemplo bajando salarios, suprimiendo pagas extraordinarias o no revalorizando pensiones. ¿Nos suena? Observemos que el resultado es el mismo, el consumo desciende. Pero la percepción psicológica de las masas es completamente diferente.

Entendámoslo con un ejemplo práctico. Faltan recursos. Llegamos a una tienda y hay una cola de media calle. Después de dos horas de espera conseguimos acceder al establecimiento y en el mostrador sólo queda una manzana pasada. ¿Cuál creen que sería la reacción de las multitudes en un poco disciplinado país occidental ante una situación así? Examinemos un segundo supuesto. El hito de partida es el mismo. Faltan recursos energéticos y por ende todos los demás. Sólo tenemos cuatrocientos euros para pasar el mes, porque se nos ha acabado la prestación de paro, y a duras penas cobramos el subsidio. Pero llegamos a un supermercado y… todo es maravilloso, cestas rebosantes de frutas, carnes, pescados envasados bajo luces que realzan su frescura. Aunque de hecho sólo nos llega el presupuesto para una caja de galletas. Conclusión: soy un inútil. No he sabido reciclarme laboralmente, no tengo suficiente movilidad laboral, debería haber aceptado aquel trabajo de picapedrero que me ofrecían en Indonesia. Yo soy el culpable. El Miltonismo es un sistema de control de masas, ante una situación de escasez que se viene previendo desde los años setenta, y que hoy llama a nuestras puertas. Su obsesión privatizadora es secundaria, resultado del componente inflacionario (destructor de valor monetario) que, consideran, tiene la gestión pública de servicios considerados por ellos no esenciales (casi todos) en una fase recesiva (previsión del peak oil) y no en una preocupación por la calidad de aquéllos. Las políticas neoliberales nunca han buscado realmente el crecimiento económico, por saber de antemano que éste, a la larga, era insostenible.

El monetarismo a ultranza, la regla o disciplina monetaria, es la única verdad de las doctrinas Miltonianas. Todo lo demás es relleno falso, excipiente para tragar mejor la medicina y que no resulte tan amarga. Las teorías de Friedman, las de verdad y no las de cartón piedra de camuflaje, fueron promovidas como respuesta a las convulsiones sociales que produciría la futura e inevitable escasez energética. Por eso gozaron de especial aceptación durante el periodo Reagan-Thatcher, esto es, después de la defenestración política de Carter y de optarse sin empaques por el mantenimiento a cualquier precio del BAU, aun a pesar de conocerse de antemano el desenlace del largometraje. Pero el sistema debía ser puesto a punto. Requería ensayos y ajustes, a través del método de prueba y error, para encontrarse perfectamente operativo cuando debiera ser aplicado por pura necesidad. El medio: la terapia del shock. La provocación artificial del conflicto y la experimentación de lo que podría hacerse para parar el primer golpe cuando asomase la penuria petrolera. En principio podemos pensar que, en efecto, es útil evitar o mitigar el caos que se cierne sobre nosotros. O tal vez no. ¿A quien beneficia que no se desencadene la anarquía y la sublevación social? Podríamos pensar que a todos. Pero ¿a todos por igual? No, a algunos más que a otros.

La teoría Miltoniana, a pesar de sus declamaciones en favor del capitalismo popular, especialmente en su aplicativo thatcheriano, muy influido también por el “orden espontáneo” de Friedrich Hayek, es básicamente una doctrina elitista. Fue promovida, mimada y aplicada por las oligarquías político-corporativas, para la defensa de sus intereses en lo inmediato, y ante las crisis por venir. Por esto mismo consta, como el célebre bajo relieve de Notre Dame de Paris, de un libro abierto y otro cerrado, esto es, de una formulación pública para la ilustración o más bien la desinformación de las masas, y de una agenda oculta, reservada a los iniciados en el culto Friednamita, sus futuros beneficiarios.

¿De verdad creemos que nuestra clase dirigente (corporativa y política, insisto son lo mismo) no conocen de hace largo tiempo la situación a la que nos dirigimos? Recuerdo que hace ya lustros, por una carambola no fácil de explicar, tuve acceso a cierta documentación de una persona de esas que acceden a los aeropuertos a través de la zona Vips. Se trataba de unos dossieres, elaborados por una empresa especializada, de la que nunca había oído hablar. Me quedé embobado leyendo. En un tono asertivo, no como artículo de opinión, te explicaba el cómo, cuándo y porqué de la situación política de aquél entonces, los verdaderos motivos de ciertas decisiones, y lo que con toda certeza ocurriría en el próximo futuro, con la contundencia no ya de una previsión, sino de una auténtica profecía autocumplida. Quitémonos la venda de los ojos. Quienes se mueven en ciertos niveles, lo saben todo. Y multitud de informaciones no alcanzan nunca las páginas de los diarios. Y eso que, presumo, sus directores son suscriptores de publicaciones como la que aquél día, puntualmente, llegó a mis manos.

Milton Friedman, sus excelentemente pagados apóstoles y discípulos, sus think tanks de apoyo, y la prensa económica comprada de saldo, no son otra cosa que las fuerzas de choque de la plutocracia internacional. Ellos son los primeros interesados en el mantenimiento a cualquier precio de un atisbo de orden social, porque son los que más tienen que perder de su destrucción. ¿Qué tiene esta pseudoaristocracia planetaria postmoderna? Esencialmente liquidez, dinero, invertido en paraísos fiscales. El mantenimiento del valor de sus activos monetarios es el pilar de su supremacía económica y social.

Es cierto que los elitistas tienen otros activos. Obras de arte, joyas y metales preciosos, acciones de empresas que no valdrán nada en caso de colapso económico, así como propiedades inmobiliarias. También redes clientelares, bastante soberbia y un inmenso desprecio por lo que califican como “la masa sucia”, esto es, todos nosotros. Pero nada de esto se come. Sus propiedad rústicas pueden producir alimento, pero alguien tendrá que cultivarlas. Siempre necesitarán mano de obra semiesclava. Y por mucha “seguridad privada” que contraten para defender sus lechugas tras vallas electrificadas saben que las masas enfurecidas y hambrientas arrasarán con todo lo que se les ponga por delante. Por todo lo cual es muy probable que la apuesta a largo plazo no les salga bien. Y ellos lo saben. El monetarismo Friedmaniano no es más que una primera trinchera. Luego tendrán que recurrir a otros métodos más contundentes.

Hemos llegado al final del camino Friedmanita. Al momento de la verdad. La actual crisis, que como sabemos no terminará nunca, ya no es una terapia, un experimento. Es el shock real que esperaban desde hace décadas los eminentes economistas de la Escuela de Chicago, y la verdadera razón por la que despreciaban las teorías keynesianas (desde este punto de vista, tal vez con cierto conocimiento de causa). El decrecimiento de nuestras disponibilidades energéticas, hace ya imposible el crecimiento económico, necesario para mantener en pié el BAU. ¿Cuánto tiempo mantendrán las “ideas dinámicas” del profeta de los elitistas a raya a las masas? Depende de varios factores. Es sabido que para cocer viva una rana hay que meterla en agua fría, e ir subiendo la temperatura poco a poco. Pues bién, eso es lo que están haciendo con todos nosotros. Saben que no hay salida, y sólo piensan en como retrasar lo más posible el derrumbamiento final. De momento los fogones están al mínimo. Pero no nos engañemos. Todo irá a peor. Y tarde o temprano se verán obligados a abrir la espita. La ignorancia es nuestro mayor enemigo. Y no cabe peor muestra de incompetencia que la de quien se deja cocinar en agua hirviendo, pudiendo desde el principio salvarse con solo dar un buen salto. Eso sí, al vacío.


Saludos,

Calícrates

sábado, 27 de abril de 2013

Los límites del crecimiento

www.vistoenlared.org
No fueron los créditos concedidos a ninjas insolventes, ni la burbuja inmobiliaria, que probablemente fue consentida para poder dar explicaciones simplistas a lo que se veía venir, ni siquiera el que nuestra pútrida casta política haya robado por encima de nuestras posibilidades. Todas estas cosas siempre habían ocurrido, sin llevarnos al remolino sin fondo en el que nos encontramos. Ha sido la llegada del cénit de produción de petróleo la que ha puesto a la economía mundial contra las cuerdas. Esto ocurrió en la primavera boreal del año 2006. Desde entonces, la producción mundial de petróleo se ha mantenido en torno a unos 84 millones de barriles diarios, y no ha podido crecer más. Pues bien, a pesar de las múltiples señales de alarma proporcionadas por geólogos y técnicos, que demuestran con evidencia empírica irrebatible la dramática escasez de energía que nos espera, con todas sus consecuencias no lineales, algunas de las cuales empezamos a experimentar, en forma de crisis de la que no se ve, ni se verá, el fondo, las masas populares siguen desconectadas de la preocupante realidad que las rodea.

Primera aproximación ingenua al problema: dejaré de coger el coche. El petróleo, en general los combustibles fósiles, están en relación con todo lo que consumimos. El petróleo es el transporte, es evidente, y éste está subiendo de forma notable. Pero también es el saneamiento, la distribución de agua corriente, la recogida de basuras. Os sugiero que comparéis los recibos de estos servicios en vuestros respectivos municipios, con los de años pasados. Pero, es que hay más. El petróleo es la comida. Durante los años sesenta se dio un paso que muy pronto nos llevará al hambre global: la industrialización de la generación de alimentos. Hasta ese momento, las plantas sintetizaban las calorías del sol, de forma que los seres humanos podían utilizarlas, directamente, o a través de los animales cuyos productos consumíamos. La llamada revolución verde, con el uso masivo de maquinaria (gasóleo), fertilizantes (gas natural), pesticidas (petróleo), transporte a largas distancias (combustibles líquidos), y envasado (plásticos) ha llevado al absurdo de que cada caloría que consumimos a través de los alimentos ha requerido de entre siete y diez de combustibles fósiles. Ninguna civilización habría sobrevivido muchos años con este esquema, y nosotros tampoco lo haremos. Os dejo un solo dato: sin combustibles fósiles este planeta no puede alimentar a más de ochocientos millones de personas. Somos siete mil millones. Lo que va a suceder, lo dejo a vuestro sano criterio.

Pero es que además el petróleo es el dinero que manejamos. Aquí la cuestión es más compleja, pero no me resisto a explicarla. Sólo el 3 % del numerario en circulación es dinero real, strong money, esto es, billetes y monedas. El resto es deuda, que crean los bancos a través del crédito, concedido, evidentemente, contra el pago de intereses, esto es, de nuevo dinero que se creará en el futuro, lo que presupone el crecimiento. Pues bien, por cada punto de crecimiento económico aumenta en tres puntos porcentuales el consumo de energía. Si no va a haber energía, tampoco habrá crecimiento, así que los créditos no se van a poder pagar, con lo cual los bancos no tienen incentivos para concederlos y así es como hemos llegado a la actual deflación de activos (no energéticos) en que nos encontramos, que ha motivado la creciente reducción de ingresos fiscales y un marasmo de recortes que sólo ha comenzado.

Segunda aproximación ingenua al problema: hay fuentes de energía alternativas. No dedicaré mucho tiempo a hablar de la nuclear, que es una broma pesada. A la fusión siempre le quedan cincuenta años para estar a punto, lo que te da a sospechar que las gigantescas inversiones en aras a su viabilidad no tienen otro objetivo que garantizar los salarios de los eminentes científicos que trabajan en el proyecto. Pero es que los datos relativos a la fisión no son más halagüeños. Si pensamos que algunos residuos de estas centrales tienen que estar refrigerados durante décadas para que su temperatura no pase de los cuatrocientos grados, debemos plantearnos si en el proceso se obtiene realmente alguna cantidad apreciable de energía neta. Nos tememos que las centrales nucleares no tienen como función generar energía, sino producir plutonio con fines de destrucción humana.

Mucho más interés tienen otras fuentes de energía, especialmente la solar y la eólica. Pero se encuentran sometidas a la irregularidad del clima, y no están en condiciones de proporcionar, por sí solas, los insumos energéticos, siempre crecientes, que exige nuestra sociedad industrial. Su puesta en marcha definitiva requiere de minerales raros que, como su propio nombre indica, son escasos, por lo que el modelo no es escalable. Además, sólo producen electricidad, por lo que no sirven para mover nuestro ingente parque mundial de automóviles, aeronaves y barcos. Sí, alguien me hablará del coche eléctrico. Se trata, en efecto, de una de las bazas más ingeniosas que tiene el sistema para mantenernos contentos y distraídos. Es otro cuento chino. ¿De dónde va a salir la electricidad para mover los automóviles que ahora utilizan gasolina o gasoil, si con el consumo actual la red eléctrica ya se encuentra en apuros por falta de inversiones? ¿De dónde saldrá el litio, material también escaso, para tantos millones de baterías? ¿Que se van a descubrir otras que serán más eficientes y utilizarán nuevos materiales? Primero, que lo veamos, y segundo, si estos materiales aún no se han descubierto es que deben ser más todavía más raros que el litio y, por tanto, aún más escasos. Tenemos que tener siempre presente que dada la situación en que nos encontramos, cabalgando un tigre desbocado, no basta con que sea concebible una tecnología, ésta ha de ser escalable, esto es, extensible en el tiempo y el espacio.

Tercera aproximación ingenua al problema: la tecnología nos salvará. Esta vez no, porque aunque el ingenio humano ha podido salvar muchos obstáculos periféricos que asediaban nuestras vidas, el problema se encuentra ahora en el corazón del sistema. Es la propia tecnología la que consume energía. Se nos dirá que se han ido creando ingenios que realizaban las mismas funciones con un consumo mucho menor de energía. Esto es cierto, pero conduce a la llamada “paradoja de Jevons” o efecto rebote, por el que a medida que aumenta la eficiencia de un recurso, aumenta también el uso de dicho recurso, con lo que disminuye el gasto instantáneo y aumenta el global. De lo cual resulta que la introducción de sistemas de ahorro energético conducen a aumentar el volumen total de energía consumida.

Cuarta aproximación ingenua al problema: cuando empiece a faltar petróleo, subirá mucho su precio y habrá nuevos incentivos para extraerlo y comercializarlo. Aquí hay que hablar de un concepto técnico un tanto extraño a los profanos, pero fácil de comprender: la TRE, tasa de retorno energético. Para extraer petróleo, hace falta petróleo. Al inicio de la era industrial tal tasa era de 1:100. En los años sesenta pasó a ser 1:50. Actualmente la media es de 1:10. Se está extrayendo petróleo en los lugares más inconcebibles, lo cual es caro en términos económicos y energéticos. ¿No me creéis? ¿Os acordáis de la explosión, en el Golfo de Méjico, de la plataforma Deepwater Horizon? Os han dicho muchas cosas sobre ella, puesto que no pudieron ocultarla. Pero han evitado dar excesiva publicidad al hecho de que se encontraba operando sobre un manto de agua de kilómetro y medio, y perforando a cuatro kilómetros de profundidad del lecho marino. Tal vez lleguéis, como yo, a la conclusión de que ¡están desesperados! Pero a lo que íbamos. La tasa de retorno energético irá descendiendo, y cuando llegue a 1:1, esto es, cuando se necesite un barril de petróleo para extraer otro, sea cual sea el valor dinerario de ese petróleo, podemos estar seguros de que no saldrá del subsuelo. El problema es geológico, no económico, y por eso los economistas no lo entienden. Nunca se debió basar una civilización en un recurso no renovable, pero la tentación era demasiado fuerte.

Quinta aproximación ingenua al problema: si todo esto fuera cierto, ya nos lo habría contado Pedro Piqueras en el telediario. No. Nunca hablarán. Dejarán que algunas páginas web dedicadas a conspiranoicos aventen el tema, pero no permitirán jamás que éste tenga publicidad abierta en medios corporativos. Como dice Antonio Turiel, científico titular del Institut del Mar de Barcelona, la información de la que tratamos es pública, pero no está publicitada. ¿Por qué? Pues básicamente porque existe un axioma en relación a la comunicación con las masas, que dice que nunca se debe plantear a éstas un problema para el que no hay solución. Razones: hay muchas, la más básica es que el pánico de las muchedumbres es muy difícilmente controlable. Pero hay algunas otras. El reconocimiento del problema haría variar las relaciones estratégicas de poder a escala planetaria, dando singulares bazas a países en los que sólo se piensa como vacas lecheras: Venezuela, Arabia Saudita, Irán. Energía es potencia militar. Pensemos que un tanque consume un litro de gasóleo por kilómetro, y que todo el arsenal militar de las grandes potencias requiere de ingentes cantidades de energía para operar, y ello sin contar con su mantenimiento. Antes de reconocer el problema recurrirán a cualquier cosa. Por ejemplo a decirnos que hay escasez de petróleo por culpa de unos señores con turbantes, muy malos. Todo ello aderezado con los consabidos clichés demoníacos atribuidos al Islam, gentileza de la invisible pero muy evidente labor de intoxicación de diversos servicios de inteligencia, y que llenan las cabezas huecas de numerosos habitantes de Occidente. Me temo que la provocación permanente a Irán va por este camino. Y es que estamos en un juego de suma cero, y sólo existe una manera de volver, muy puntualmente, a la senda del crecimiento: expoliando a través de la guerra.

Bien, queridos lectores, pertenecéis ahora al selecto club de personas que saben que ¡no hay salida! ¿Qué vais a hacer con esta información? Por si halaga vuestra vanidad os diré que la compartís con los inquilinos de todas las cancillerías y jefaturas de Estado del planeta, que disponen sobre sus mesas, o en una discreta librería adyacente, de dossieres con el rótulo “confidencial” que dicen, con muchas cifras y gráficos de colores, lo que os estoy contando y mucho más.

Sólo sobreviviremos en una sociedad muy diferente de la actual. Pero la transformación requeriría de enormes sacrificios, que la gran mayoría de la población no aceptará voluntariamente, con lo que nos dirigimos a un estado totalitario o al caos. Y este es el verdadero origen de la actual crisis, y la explicación de porqué ésta no acabará nunca.

Richard Heinberg, profesor y divulgador californiano, una eminencia en el tema del pico petrolero, nos propone cuatro posibles escenarios. El primero se denomina BAU (busyness as usual), esperad tranquilos, que volverá el crecimiento y todo será como en el año 2003. Lamentablemente esta estrategia no es sostenible, ni siquiera a corto plazo. Y la confirmación más visible de ello es que nos encontramos, especialmente en los países del sur de Europa, en la segunda fase: simplificación mediante austeridad. Se intenta ocultar el problema energético forzándonos a decrecer. ¿Cómo? Pues por ejemplo bajándonos los salarios, subiéndonos las retenciones del I.R.P.F., o haciéndonos pagar más por los medicamentos, a fin claro está de racionalizar el gasto farmacéutico. ¿Os suena alguna canción de éstas? Al disponer de menos renta gastamos menos en lujos, no nos vamos de vacaciones, no cogemos el coche, esto es, consumimos menos energía. Sin embargo, una sociedad en decrecimiento es una sociedad crispada, con muchas personas perdiendo sus empleos, teniendo que reducir su nivel de vida o luchando por sobrevivir. Además, una economía menguante implica menos ingresos fiscales, por lo que un recorte prepara ya el camino del siguiente. La única forma de romper esta dinámica siniestra sería volver a crecer pero, como hemos dicho, tal perspectiva es sólo una quimera.

Cuando parece que ya nos falta el suelo bajo los pies Heinberg nos advierte. Existen dos soluciones más: primera, “provisión centralizada de productos básicos”. Esto es, el Estado canaliza los bienes de primera necesidad, obligando a los productores a vendérselos a un precio fijado, para después ponerlos a disposición de las necesidades de la colectividad. Estoy viendo ya caras sonrientes. Estamos ante un utópico del socialismo real. No. Estamos ante lo que se hizo aquí en España durante la posguerra, y también en otros países de Europa después de la segunda guerra mundial. Es algo muy común, y sobradamente conocido. Estoy hablando de cartillas de racionamiento. Primero para los combustibles, y luego para casi todo lo demás. Quienes hayan vivido una situación así sabrán de los problemas de este sistema de distribución de recursos. El productor no tiene ningún incentivo para vender al Estado a precio de risa, por lo que se reserva parte de su producción para venderla ilegalmente a quien pueda pagarla. Es el denominado “estraperlo”, que tarde o temprano desencadena la escasez. Hay de todo, pero para quien puede pagarlo fuera del circuito oficial de distribución. Es por lo que, a la larga, esta solución sólo puede sobrevivir bajo una tremenda represión. Estoy diciendo que la provisión centralizada sólo estará garantizada, durante un período prolongado, en un estado policíaco. Esta es la opción preferida de las élites globalistas (Bilderberg, Round Table, Comité de los Trescientos), que verían poco menoscabado su poder omnímodo, y completamente sometidas a las masas, que dependerían totalmente de distribuciones de alimentos y otros productos, al modo de los repartos multitudinarios de trigo del mundo romano. Sin embargo, esta opción no sería sostenible a largo plazo, pues la producción, alejada del incentivo económico, y cada vez más escasa de combustibles, iría descendiendo en picado, y las resistencias a un estado de cosas que haría las delicias de Aldous Huxley aumentarían exponencialmente, llevando al sistema, puntualmente, de nuevo al borde del colapso.

Es por eso que la única solución sostenible en el tiempo es la llamada por Heinberg “provisión local de necesidades básicas”. De hecho, todas las anteriores no son otra cosa que largos rodeos que conducen a ella. Se trataría de generar una economía local, que consuma productos locales, y sólo excepcionalmente los que provengan de lugares más alejados. Implicaría la creación de comunidades pequeñas, familias y vecinos unidos, apoyándose unos a otros, dedicados básicamente a la producción de alimentos y otros bienes básicos. Cultivar huertos, criar pollos, reutilizar, compartir y, también, defender lo que se tiene de personas ajenas a la comunidad, que vagarían en bandas organizadas dedicados al saqueo, lo que exigiría la creación de fuerzas de seguridad también locales. En definitiva, estoy hablando el retorno a una nueva Edad Feudal. ¿Me creéis un visionario? Pues estoy seguro de que éste es el único escenario viable a muy largo plazo.

Recordad que existen dos países que, de forma limitada, a causa de la caída de la antigua U.R.S.S. que les proveía de combustible, pasaron una situación parecida a la que os describo: corte brusco del suministro petrolero. Son Cuba y Corea del Norte. Cuba lo pasó muy mal, pero sobrevivió básicamente gracias a su clima tropical, que permite abundantes cosechas de alimentos. Pensemos que nuestra configuración climática se asemeja mucha más a la de Corea del Norte, los resultados de cuya hambruna generalizada aún no se conocen, dado el carácter hermético de su régimen político.


Saludos,

Calícrates

viernes, 26 de abril de 2013

Presentación

www.gutenberg.org
Llevamos siete años de crisis sin fondo, el día que escribo estas líneas. El mismo en que el gobierno de la marca España (que ha pasado a ser sólo una marca, no hay nada detrás) nos anuncia que asume que el paro no bajará del 25 % hasta el 2016. Se trata de un año como cualquier otro. El caso es poner alguna fecha, a ser posible una en la que quienes hacen el anuncio tienen la fundada sospecha de que ya no gobernarán, y por lo tanto no habrá a quien dirigir el reproche de la posible inexactitud. Pero afinemos el oído. Escuchemos bien. En realidad quieren decir que no tienen ni idea de que hacer con el desempleo, ni con los desempleados, que muchas personas hemos pasado a ser prescindibles, que no conviene que generemos PIB,… pero no acaban de explicar por qué.

Desde que comenzó esta crisis, allá por el año 2008, me di cuenta de que no se trataba de un entorno recesivo más, como otros del pasado. Llevaba tiempo estudiando en Internet las vulnerabilidades de nuestra sociedad post moderna, y esperaba un estallido de estas características. Finalmente ocurrió. Pero nos siguen teniendo en penumbra. ¿Qué es lo que realmente está ocurriendo? ¿Por qué razón esta vez es diferente? ¿Cuál es la causa de que a este pozo no se le vea fondo?

La razón es muy simple, y te produce pena, y también cierta angustia, observar como mucha gente no lo entiende, porque no se lo explican correctamente (algunos) o porque realmente no tienen posibilidad de llegar a entenderlo (los más) debido a la educación que han recibido desde la edad escolar. Escuchas por la calle, en la radio, la televisión, en los medios de desinformación que pronto volveremos a crecer y todo se solucionará, los pisos volverán a subir, las empresas volverán a contratar, y volveremos al mundo de Alicia y sus maravillas, si es que alguna vez nuestra pseudo civilización industrial nos llevó a ese lugar de ensueño. Y, sin embargo, incluso a los ilusos más recalcitrantes, se les nota que al final les queda un punto de duda. Incluso ellos sospechan que nos están ocultando algo.

A nuestra alta clase política extractiva también se le ve el plumero. Cuando hablan los primeros ministros, presidentes de República bananera o chocolatera, (monarcas no porque se bastan con naderías y lugares comunes, y si lo tienen todo bien escrito), presidentes del gobierno, ministros de economía, hacienda o de ambas cosas a la vez, notas que no te lo están contando todo, que saben lo que ocurre, pero no pueden hablar, sonríen, están interpretando su papel en la tragicomedia, y sólo saben decirte que hay que ser austeros, que tenemos que pagar nuestras deudas, que algún día saldrá el sol,… Están preocupados, es verdad, pero no por las razones que pensamos. Nosotros, pueblo llano, les damos igual. Ocurre que, claro, con tanta gente pasando necesidad, ya no se puede robar como antes. Además, si no se construye un piso ¿para quién vamos a recalificar? Y si no se pueden acometer grandes infraestructuras, ¿quién va a pagarnos jugosas comisiones? Es una guarrada, la verdad.

Estimados lectores, estamos en crisis porque nuestro planeta finito ya no da más de sí. Esta crisis no se acabará nunca porque ya no tenemos recursos, especialmente energéticos, para continuar creciendo, y sin crecimiento nuestro sistema político, económico, financiero, corporativo y social, no puede subsistir. Es más, pronto ni siquiera podremos sostener nuestros actuales niveles de consumo (el crecimiento 0, valga la contradicción) y nos veremos obligados a decrecer globalmente. Este será el momento en que los desequilibrios de nuestro sistema global hagan inconciliables los intereses de los países productores e importadores de materias primas esenciales, con consecuencias tan catastróficas que nos harán pensar que los primeros años de la crisis fueron una época de prosperidad. Es simplemente esto. Y la información está ahí, basta con ubicar en google las palabras clave, por ejemplo “pico”, “petróleo”, “planeta finito”, “recursos”, “crisis”, “guerras”, “caos”, por poner un ejemplo. Muchas páginas web, algunas tildadas de conspiranoicas, aunque cada vez menos, explican con mayor o menor detalle lo que está ocurriendo. Especialmente, en castellano, ésta:


Se trata de la página personal de Antonio Turiel, científico titular del Institut de Ciències del Mar de Barcelona, que pertenece al área de Recursos Naturales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Desde el punto de vista estrictamente técnico es un magnífico punto de referencia en relación al problema real que encaramos. Además remite a otras que facilitan información sobre el tema, en varios idiomas. Este blog no tiene en absoluto la pretensión de hacerle la competencia, nos sería imposible hacer sombra a un trabajo tan formidable, sino de complementar, desde el punto de vista económico y social, sus planteamientos. Quiero, en definitiva, hacer futurología, y esbozar, dentro de nuestras limitadas posibilidades, los rasgos definitorios de la nueva sociedad que estamos necesariamente abocados a crear, porque  la presente, les digan lo que les digan los bustos parlantes que saldrán en pantalla los próximos telediarios, no tiene ningún futuro.

Saludos,

Calícrates

P.S., el blog que cito tuvo la gentileza de publicarme un trabajo titulado Peak Oil y la doctrina del shock, el 30 de enero de 2013, lo que me dio la idea de crear mi propia página.