domingo, 30 de junio de 2013

Monetización


www.ipcblog.es

Leo que el programa de Quantitative Easing puesto en marcha por la Reserva Federal norteamericana, y los préstamos a bajo interés del BCE a bancos de la eurozona, constituyen una monetización de deuda que puede conducir a una importante tasa de inflación.

Vamos a ver. La montaña de billetes ficticios (deuda) que nos va, seguro, a conducir tarde o temprano, no a la inflación, sino a la hiperinflación, ya existe. Se creó a partir de los años 70 (primera crisis del petróleo) en una temeraria huida hacia delante, que se intensificó en los noventa y, especialmente, a partir del nuevo siglo. Supone unas quince veces el PIB planetario, y es una espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas, con o sin monetización (evitar monetizarla reduciría, es cierto, el efecto inflacionario, pero generaría otro aún más indeseable, la quiebra corporativa mundial).

www.periodistadigital.com

Están monetizando porque no les queda otra, para que no se le vean las vergüenzas al sistema financiero de casino occidental. Lo hacen para tapar huecos, para atender a los pagos del día a día. Monetizan lo menos que pueden, pero no tienen más remedio que seguir un ritmo que no imponen las autoridades monetarias, sino los vencimientos de las propias obligaciones monetizadas, pues el primer impago, el primer “there’s no cash” aceleraría la desconfianza y nos pondría al borde de la catástrofe (véase LehmanBrothers). Y, no nos engañemos, no dejarán de hacerlo, por la cuenta que les trae, y por mucho que diga otra cosa el Sr. Bernanke.

No hay inflación, todavía, porque el dinero, el monetizado y el por monetizar, temeroso, aún no circula. La inflación no sólo requiere de creación física o virtual de dinero, sino de la salida en tromba de éste a adquirir bienes y servicios (velocidad de circulación). Refugiado en paraísos fiscales, conserva nominalmente su valor, y no tiene prisa por salir a escena, con el riesgo de ser detectado por los agentes económicos y las autoridades con competencias tributarias (aunque éstas últimas no actúan igual con los grandes tiburones que con el ciudadano corriente, bien lo sabemos).

top10.znoticias.com

El problema no es la monetización, sino hasta donde vamos a seguir representando una obra de teatro que, como el Hamlet de Shakespeare, sabemos que va a acabar con el escenario lleno de cadáveres. O quiebra, o hiperinflación que conduce igualmente a la quiebra. No hay salida. Nuevamente no es un problema económico, sino de disponibilidad de recursos, y por eso muchos economistas no lo entienden. Y algunos, que lo entienden, callan, o hablan a medias (ver artículo, Santiago Niño Becerra).

De momento la tragedia en varios actos nos aprovecha a todos (aunque ya hemos explicado que a unos más que a otros). Pero en cuanto apriete el descenso de la curvade Hubbert, y se vea claro que la montaña de efectivo no vale ni el 6 por ciento de su valor facial, el Príncipe de Dinamarca sacará su espada y no dejará bicho viviente sobre la tarima enmoquetada, tras lo cual podrá bajar el telón.

Saludos,

Calícrates

viernes, 28 de junio de 2013

Transparencia



www.tff.gob.mx

Leí en El Confidencial, un meritorio artículo de José Luis González Quirós, publicado el 16 de junio de 2013, y titulado “En una Kakania transparente” (Kakania es el nombre que le puso Robert Musil a un sistema agotado), que proponía un símil muy curioso en relación a la transparencia que prometen los poderes públicos, como cortina de humo para tapar sus vergüenzas.

Es como si a alguien con nulos conocimientos de informática, salvo los habituales nivel usuario, le abrieran la CPU de su ordenador y le dijeran: “adelante, adelante, mire usted lo que quiera, somos transparentes”. Evidentemente tal ejercicio de cinismo, al supuesto beneficiario le sería absolutamente inútil, porque sólo vería un montón de cables y circuitos impresos y no tendría absolutamente ninguna opción de hacerse una idea del estado de su equipo, salvo que tuviera a su lado un experto que le informara.

Pero estos expertos no están ni se les espera, y si alguna vez aparece alguno bienintencionado, dispuesto a darnos cumplida información de la podredumbre, obsolescencia y abandono que presentan las conexiones y componentes electrónicos revisados, pues se le compra, o se alquila otro que le contradiga, para armar lío, y darle bombo a través de los medios de desinformación afines, también comprados, que terminarán de confundir al ciudadano de a pie, que acabará por quedarse más confundido de lo que estaba antes del “sano ejercicio de transparencia”.

Entonces saldrá quien diga que más vale dejar las cosas importantes a los que saben y, lampedusianamente, todo habrá cambiado para seguir exactamente igual, con el poder y la información en manos de los de siempre.

www.gizig.com


No basta con tener acceso a ciertos datos, hacen falta medios y aptitud para interpretarlos. Como no es suficiente con saber abrir el capot de un coche con el motor humeante. Hay que tener herramientas y conocimientos técnicos para efectuar la reparación, o al menos identificar la avería. Un ejemplo. En este y otros blogs sobre la misma materia, cada uno desde su particular idiosincrasia y punto de vista, hemos explicado los auténticos motivos de esta crisis, y las causas por las que ésta no acabará nunca. Pues bien el noventa y ocho por ciento de nuestros conciudadanos continúa desinformado, pensando que ha vivido por encima de sus posibilidades, o que lo han hechos los políticos (esto último sí que es verdad, pero no altera el resultado), y que con un par de apaños todo se arreglará y volveremos a vivir como antes. Como consecuencia de lo cual continúan tomando decisiones absurdas, como por ejemplo no desprenderse a cualquier precio de sus propiedades inmobiliarias vacías, invendibles, inalquilables y sobrecargadas de impuestos, porque piensan que estamos ante una crisis más, como la de los 70 o los 90.

blog.nuestroclima.com

Han abierto el capot, han visto humo saliendo del árbol de levas, han encendido la televisión y les han hablado de la prima de riesgo, de la necesidad de ser competitivos, de la poda de duplicidades en la administración pública y de otras memeces. Y sin embargo basta con ver la cotización del petróleo, por encima de los cien dólares, pese al desplome de las economías occidentales, que supone un drástico recorte de la demanda energética, y ha ocasionado que haya países (Grecia) que en el último año hayan disminuido su consumo de gasóleo en un ¡75 %!, para darnos cuenta de donde está el problema de verdad.

¿Qué ha ocurrido? Que les han dado información sesgada y con ello se han quedado no en igual, sino en peor situación que antes de recibirla. Es mejor no saber, que saber a medias. Cualquier persona intuitiva sin ver un solo telediario, estando al cabo de la calle, se daría inmediatamente cuenta de que los gestores macroeconómicos están buscando la contracción del consumo y la deflación de activos, sibilina pero deliberadamente. Y la causa sólo puede estar en que saben que no disponemos de recursos para mantener el nivel de vida al que estábamos habituados, pero no pueden decirlo abiertamente para evitar el pánico y el colapso definitivo (que tarde o temprano llegará, sólo lo están retrasando, pero cuando llegue ellos estarán lejos, dando conferencias y cobrando sueldos vitalicios millonarios).

Saludos,

Calícrates

martes, 25 de junio de 2013

El principio de Calícrates

oriens.es

Estimados lectores, si habéis tenido la paciencia de seguirme hasta aquí, comprenderéis en toda su profundidad un axioma básico en el estudio de las estructuras sociales y su degeneración, que denominaremos, haciendo uso de un exacerbado narcisismo, como el Principio de Calícrates, que dice así: “toda sociedad organizada, conforme aumenta su complejidad, tiende a maximizar el beneficio de quienes constituyen su casta dirigente, en perjuicio de su base social”.

El meritado teorema, fruto de años de investigación, aunque no muchos porque la cosa estaba bastante clara, es aplicable a todo tipo de organizaciones humanas. Por supuesto a las  instituciones políticas, pero también, por poner un ejemplo entre otros, a las sociedades mercantiles. Hace algún tiempo, cuando cursaba mis estudios universitarios (y no hablo de antes de ayer, os aseguro que ha llovido mucho desde entonces), recuerdo que un profesor de economía política comentó en una de sus clases que desde los años setenta se venían analizando las decisiones de los directivos de las grandes corporaciones, y se observaba que no tenían como finalidad beneficiar a los accionistas, supuestos dueños de la empresa, sino favorecer las carreras profesionales y aumentar exponencialmente los emolumentos de los miembros de sus consejos de administración y otros cargos ejecutivos (esto es, de los propios directivos cuyas decisiones se analizaban).

¿Os acordáis de las stock options? Todo consiste en “crear valor”, aunque sea ficticio, y luego vincular las retribuciones de los que supuestamente lo crean a la ficción creada. El resultado es un gran negocio para los dirigentes corporativos, y la debacle para los demás.

cvc.cervantes.es

¿Por qué ocurren estas cosas? Pues porque la complejidad, y el aumento sustancial de tamaño de una comunidad o empresa, facilita el distanciamiento recíproco entre dirigentes y dirigidos. Vamos, que esto ya es tan grande que no sé quiénes son los que están ahí abajo, me parecen puntitos que se mueven (como en la película El tercer hombre), así que mientras no me pillen con las manos en la masa, pues para adelante, y los que no tienen mando en plaza a aguantar, pagar y molestar lo menos posible. Una sociedad cuanto más compleja, más corrupta. Nunca falla. El entramado civilizatorio-industrial occidental es extraordinariamente complejo, y por eso es extraordinariamente corrupto.

Pero volvamos a las sociedades mercantiles, cuyo desarrollo contribuyó enormemente al crecimiento económico de la edad moderna y la expansión de la cultura europea por el mundo, con sus pocas luces y sus muchas sombras. Nacieron en los Países Bajos, cuna del capitalismo supuestamente popular, aunque dudamos que ningún capitalismo haya tenido jamás tal carácter. Tenían como objetivo, sobre el papel, obtener capitales para operar en delicadas empresas de comercio con países lejanos. Falso. Las provincias neerlandesas eran repúblicas burguesas, en las que los comerciantes acaudalados ejercían, además, el control político. Estos prohombres disponían con creces del capital que necesitaban para sus inversiones. Lo que pasa es que deseaban limitar sus responsabilidades derivadas de aquéllas. Lo entenderemos con un ejemplo. Si un filibote volvía de una arriesgada travesía en las islas de las especias, pues había gran alegría, y pingües beneficios, que los “17 señores” (directores ejecutivos de la Compañía de Indias) distribuían como mejor les parecía, puesto que aun no habían nacido las auditorías, que si lo hubieran hecho aún habrían podido sisar más, “sin salvedades”, con la bendición de algún chupatintas bien elegido y mejor pagado.


Pero ¿y si la expedición no volvía? Había que asumir grandes pérdidas, e indemnizar a los familiares de los desaparecidos. Como emprendieras la operación por tu cuenta podía quedar gravemente afectado tu patrimonio. Solución: crear sociedades “populares” donde las viejecitas ahorradoras pudieran poner unos florines, con la promesa de ganancia segura. Si todo iba bien, al desinformado pequeño accionista se le daban las migajas. Pero si salía mal la responsabilidad de los verdaderos dueños del negocio estaba limitada a lo que habían aportado a la empresa, y sus haciendas a salvo. Esto se complementaba con operaciones de ingeniería financiera, a través de préstamos cruzados inexistentes entre los propios directivos y la sociedad, que les permitían cobrar antes que los demás accionistas, con elevados intereses, y además aparecer como grandes inversores sin poner un chavo. Por cierto que para esa misma época y en idéntico lugar, los Países Bajos, surgió la primera burbuja financiera moderna, la de los tulipanes, de la que puede que hablemos algún día. Es posible que no se trate precisamente de una coincidencia.

www.kalipedia.com
Los tiempos y las personas, lógicamente, han cambiado, pero las tácticas básicas siguen siendo las mismas. Basta con ver los telediarios todos los días: Bankia, Marsans, Pescanova, preferentes, privatización de ganancias y socialización de pérdidas,…

Las sociedades y demás entidades jurídicas, la personalidad ficticia concedida por la ley a ciertos colectivos humanos, han servido, con frecuencia, para amparar el fraude. Por eso los jurisconsultos romanos miraban a estas personas morales con una gran prevención. A día de hoy constituyen la herramienta fundamental de la defraudación y el expolio social. Especialmente, ya lo dijimos en un post anterior, las llamadas fundaciones.

En estas entidades ya ni siquiera hay personas físicas, o al menos testaferros con nombre y apellidos, que den la cara y que formen un cuerpo societario. Se trata de un patrimonio aportado con un fin, y además de carácter teóricamente “filantrópico”, por lo que sirven para todas las fechorías anteriormente expuestas al hablar de las corporaciones, y además ahorran toneladas de impuestos. Alguien me dijo una vez que todos los “piratas”, esto es, quienes tienen algo que ocultar o se han enriquecido de forma sospechosa, creaban fundaciones. No me gusta generalizar. Puede que alguno no tuviera suficiente asesoramiento fiscal. En todo caso, si mi interlocutor tenía razón, nos encontraríamos, tan sólo, ante un supuesto de hecho más a través del cual la sofisticación social sirve activamente para saquearnos, esto es, frente a una nueva manifestación del Principio de Calícrates.

Saludos,

Calícrates

jueves, 20 de junio de 2013

Adicciones



www.psicofarmacos.info

Nuestra sociedad moderna, adicta al petróleo, no es muy diferente de un consumidor de heroína, que piensa que controla su vicio, y que lo puede dejar cuando quiera.

Muchas veces hemos oído hablar del “mono” de los drogadictos, pero es difícil hacerse idea, si no se ha sufrido, del grado de malestar y dolor que comporta. Utilizaré los síntomas más comunes del síndrome de abstinencia a opiáceos, para dar una idea muy somera del tema. Se desarrollan como sigue, según la más subjetiva (no clínica) y completa descripción que he encontrado, traducida de un texto de Sky Martin:

“La abstinencia puede sentirse como si tuvieses un cuadro febril grave. Puedes sentir frío y tener escalofríos. Puede parecer que no puedes calentarte. O puedes tener demasiado calor y sudar continuamente. Puede que tengas dolores corporales y estés débil. Tus ojos lagrimean y tu nariz moquea constantemente. También puedes estornudar mucho. Estos síntomas pueden ser tan incómodos que algunos adictos sufren una recaída y vuelven a consumir.

Por otra parte tus piernas pueden doler mientras atraviesas las etapas de la abstinencia. Este dolor ha sido descrito como profundo e intenso. Tus piernas pueden estar inquietas. Puede que incluso tengas la necesidad de moverlas constantemente o patear. Caminar pequeñas distancias puede hacer que las sientas pesadas y te duelan aún más. También puede manifestarse dolor en los hombros, en otras articulaciones y en las caderas. Las piernas inquietas dificultan el sueño.

Durante la abstinencia, puede que no comas a causa del malestar estomacal. Es normal tener poco apetito. Incluso pensar en comida puede provocarte nauseas. Es común vomitar. Es importante mantenerse hidratado y nutrido mientras tu cuerpo se cura. Los opiáceos detienen tu tracto intestinal y, claro, durante la abstinencia ocurre lo opuesto. Tendrás calambres intestinales y diarrea severa.

Tus patrones de sueño también se verán afectados. Puede que tengas problemas para dormirte o para mantenerte dormido. Es normal despertarse muchas veces durante la noche. El sueño profundo es imposible. También puedes tener pesadillas vividas que serán muy perturbadoras. Los problemas para dormir suelen perder su intensidad dentro del plazo de una semana. Algunas personas encuentran que establecer una rutina que incluya un baño relajante de burbujas, una taza de té caliente y meditación antes de ir a la cama, puede ser de ayuda.

Atravesar la abstinencia puede ponerte ansioso o deprimirte. Cuando abusas de los opiáceos, tu cuerpo deja de producir endorfinas. Las endorfinas son unos neurotransmisores situados en el cerebro que inducen sensaciones agradables y euforia. Puede que pase un tiempo hasta que tu cuerpo cree endorfinas. Dependiendo de la gravedad de la adicción, la depresión puede durar meses o años. También es posible que tengas pensamientos repetitivos que sean molestos y perturbadores. Durante la abstinencia es mayor el riesgo de conductas autodestructivas”.

www.museo-oriental.com


También podemos describirlo como si se tratara de un frío informe médico.


“El síndrome de abstinencia de opiáceos se desarrolla como sigue:

1.Fase. - Lagrimeo, rinorrea (secreción nasal), bostezos, sudoración excesiva, escalofríos.

2.Fase. - Sobre las 24 horas, aparece la "carne de gallina" (cutis anserina), midriasis (dilatación de las pupilas), agitación, temblores, contracciones musculares, ramalazos de calor y frío, dolores en músculos y huesos, anorexia (disminución o perdida de apetito).

3.Fase. - Comprende desde las 25 a las 50 horas, intensificándose todos los síntomas de la 2ª fase, apareciendo además insomnio, nauseas, taquicardia, taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria), hipertensión.

4.Fase. - Se intensifican los síntomas de la 3ª fase apareciendo vómitos y diarrea, que producen una grave deshidratación y, a veces, pueden conducir al colapso orgánico y la muerte.

El cuadro suele aparecer entre las 8 y 12 horas desde la última administración del estupefaciente, alcanzando el clímax a los dos días y desapareciendo como máximo al cabo de una semana. Finalmente va remitiendo, aunque el recuerdo de la droga se suele mantener”.

www.monografias.com

En cualquier caso se trata de un trance difícil de olvidar y de superar (pocos consiguen deshabituarse). Traslademos estos efectos al “síndrome de abstinencia de combustibles fósiles” que como sociedad estamos condenados a padecer.

Utilizaremos para describir las diferentes etapas del proceso, las tesis de Dimitri Orlov sobre las cinco fases que abarca un colapso civilizatorio a saber:

Fase uno: colapso financiero. Los bancos y compañías tienen problemas para hacer frente a sus deudas y acaban en bancarrota. Rescates bancarios, con cargo a presupuestos, para simular que la pirámide de deudas puede sobrevivir en una sociedad sin crecimiento. Recortes (lagrimales activos y moqueo persistente, sensaciones alternativas de frío y calor intensos). El paro crece exponencialmente, aunque aparecen políticos que nos prometen tener la fórmula para devolvernos el crecimiento y el empleo (delirios alucinatorios, piernas inquietas).

Fase dos: colapso del comercio. Incapaz de pagar sus deudas a nivel individual, corporativo y estatal, el país colapsante entra en absoluta bancarrota. Los demás países interrumpen sus tratos con él. Manifestaciones, huelgas generales y protestas en las calles (contracciones musculares, dolores en músculos y huesos, perdida de apetito).

Fase tres: colapso político. La situación se deteriora, los servicios se interrumpen y las infraestructuras no pueden ser reparadas. El Estado se derrumba. La población se organiza a su manera, a espaldas de aquél, formando comunidades de todo tipo, desde las asamblearias hasta las comandadas por un señor de la guerra (insomnio, nauseas, taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria).

Fase cuatro: colapso social. Las comunidades antes vistas ya no son capaces de ayudar a los individuos en sus necesidades cotidianas, como el acceso al agua y los alimentos, así que se disgregan. La única unidad que persiste es la familia, entendida de forma extensa como clan familiar (vómitos, diarrea, grave deshidratación).

Fase cinco: colapso cultural. En la última fase del derrumbe, la escasez de recursos y la dureza de las condiciones hacen que la situación se convierta en un "sálvese quien pueda" y los individuos compitan todos contra todos, produciéndose incluso casos de canibalismo. Llegados a este punto la especie puede subsistir en pequeños grupúsculos aislados o extinguirse (pensamientos autodestructivos, colapso orgánico).

A la vista de los dolorosos padecimientos que conlleva la abstinencia de la sustancia adictiva, lo más probable es la recaída del drogodependiente, pero claro, siempre que la droga vuelva a estar disponible y pueda pagarla. También puede recurrirse a sustitutivos (metadona), cuyo equivalente en nuestro caso serían los biocombustibles, el aprovechamiento de las arenas asfálticas, pizarras y esquistos bituminosos, gas natural licuado, petróleo extrapesado y otra pacotilla pseudopetrolífera. El problema de estos sucedáneos estriba también en la disponibilidad, y en su eficacia como sustitutivos, que puede plantear muchas dificultades. Es más fácil conseguir metadona a un heroinómano que proporcionar de forma sostenida a una sociedad industrializada las ingentes cantidades de energía, en forma de combustibles líquidos de alta densidad energética, que precisa, los cuales, además, han de proporcionar una Tasa de Retorno Energético aceptable para mantener la dinámica civilizatoria (como mínimo entre 5 y 10 unidades de energía obtenida por cada una invertida).

geodinamics.blogspot.com

Naturalmente, la cuestión básica, una vez determinados los síntomas, y el orden correlativo en que se manifestarán (algunos ya los tenemos encima), es concretar con que intensidad y, sobre todo, a que velocidad se irán sucediendo. Es un problema de plazos. Todo ello depende, como es lógico del período durante el cual se ha estado consumiendo la sustancia adictiva. No es lo mismo haber estado enganchado ocho meses que diez años. Y conviene advertir que nuestra adicción a los combustibles fósiles y a la energía barata consta documentada como de muy larga trayectoria (por lo menos cien años), lo que complicará bastante el cuadro clínico del enfermo, y con toda seguridad acabará con la muerte del paciente (la quiebra absoluta de la sociedad industrial).

Saludos,

Calícrates

viernes, 14 de junio de 2013

¿Otra guerra civil?



www.lecturalia.com

Me introduzco en terreno resbaladizo. Nadie ha examinado la guerra civil española conforme a los parámetros que a mi me parecen más correctos, y acordes con los criterios que se propone estudiar este blog: recursos y conspiración (pues como ya hemos explicado, haberlas hay las, como las meigas).

La población española, a causa de la neutralidad del Estado durante la Gran Guerra, el progreso económico, los avances en medicina curativa y preventiva, así como de los procedimientos de higiene privada y pública, creció desmesuradamente entre principios de siglo y los años treinta (en casi cinco millones de habitantes), lo que produjo dificultades de suministro de alimentos, sobre todo en las zonas rurales. El problema era especialmente grave en Andalucía, por la utilización de enormes dehesas fértiles para la cría del toro bravo. Coincido con los que piensan que el rechazo del toro, como espectáculo, esconde un cierto resquemor a España. Y no solamente por motivos simbólicos, sino porque, como hemos dicho, el mencionado animal es responsable, si bien involuntario, del hambre de muchos españoles. Claro, que los empresarios taurinos de entonces y, en general, los amantes de la lidia, quizá fueran responsables más voluntarios. Es sabido que durante la guerra casi todos los toreros eran del bando nacional, y los picadores, banderilleros y otros subalternos, republicanos.

es.paperblog.com
Los acontecimientos que tuvieron lugar en España en los años treinta, desde el punto de vista de la estricta racionalidad política, no tuvieron mucho sentido. En primer lugar la marcha del rey, que no resulta creíble, salvo que tuviera algún propósito ulterior, u obedeciese a un plan a más largo plazo que, como explicaremos enseguida, probablemente se cumplió en casi todas sus previsiones (Franco no permitió algunas de las finales, al menos en los plazos inicialmente establecidos).

Alfonso XIII no tenía ninguna razón real (nunca mejor dicho) para marcharse, salvo que quisiera quedar al margen de algo que hace tiempo estaba ya planificado pormenorizadamente, y exigiera su desaparición temporal de la vida pública, a fin de no salpicarse, ni él mismo ni la institución que representaba, de los torrentes de sangre que se iban a verter en nombre del país al que su dinastía aspira a pastorear indefinidamente.

La Segunda República fue una trampa que nos tendieron a todos, y en la que caímos. Fue una maniobra arriesgada, pues pudo salirles mal. Se trataba, ya que no había funcionado la relativamente blanda dictadura del general Primo de Rivera, pues de hacerlo un poco más a lo bravo, a través de un régimen verdaderamente brutal. Pero para ello, y mientras se realizaba la necesaria limpieza de elementos indeseables, la corona debía quedar al margen, porque si no resultaría manchada de sangre y desacreditada para siempre. Así que Alfonso XIII se fue.

En efecto, el exilio real, que no abdicación ni renuncia formal a la corona, resulta extremadamente sospechoso, porque las fuerzas monárquicas habían perdido, efectivamente, las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 en casi todas capitales de provincia, menos asequibles al pucherazo, pero no en las zonas rurales, ni tampoco en número total de concejales. Además, está la forma de marcharse, prácticamente sólo, en coche hasta Cartagena, dejando que su familia lo hiciera en tren… Está claro que se trata de la escenificación del “exilio” dorado (y presumido como breve) del monarca.

Si de verdad hubiera tenido lugar una revolución, y sus hijos hubieran estado en peligro ¿los habría dejado en Madrid mientras él conducía personalmente su vehículo para tomar el barco? Fue puro teatro. Entretanto, y aquí está lo importante, presumo que dejaba poderes verbales a varios generales, uno de los cuales era Sanjurjo, ignoro quienes eran los demás, aunque creo que inicialmente ninguno de ellos era Franco, para que se sublevaran en el momento oportuno. Lo insinúa claramente en su “carta de despedida”: “hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten”. Pero prefirió dejarlo para luego.

pressura.blogspot.com
Una vez establecida la República se trató de desestabilizarla por todos los medios. El que tenga dos dedos de frente sabe que las quemas de iglesias, supuestamente organizadas en disturbios anticlericales, fueron perpetradas en realidad por agentes monárquicos. Ya lo insinuaba el mismo Azaña, que decía que estos alborotos tenían “olor a chamusquina”.

De todas formas, ya dijimos, el plan pudo salirles mal. De hecho la República tuvo un momento de estabilidad, con la alternancia en el poder y los gobiernos radical-cedistas, que pudieron llegar a consolidarla. Lo que pasa es que la izquierda cayó repetidamente en las trampas adecuadamente colocadas por los provocadores, que no permitieron ni un momento de respiro al nuevo régimen, lo que incluyó operaciones de infiltración y sabotaje, todavía no desveladas, que darían una visión mucho mas amplia de este período histórico.

Seamos claros. A la República se la quiso convulsa, y se la convulsionó de propósito, para luego poder contar el cuento de hadas de que estábamos a punto de caer en manos del comunismo. Un ejemplo. Paul Preston narra en su libro “El holocausto español” que cuando se busco, para fusilarlos claro, a los anarquistas y comunistas más violentos, en Granada, se tuvo que desistir del intento, porque casi todos eran agitadores falangistas.

Tenemos que tener presente que las masas son extraordinariamente manejables e impresionables, y que con los medios oportunos son conducibles a prácticamente cualquier sitio. La razón reside en el ser individual, y la colectividad sólo puede entender argumentaciones muy simples, las que se encuentran en el nivel de sus elementos inferiores, pero en cambio tiene una gran capacidad para ser exaltada con fantasmagorías emocionales. Por eso se dice que el líder debe abstenerse de silogismos complicados, e ir directamente al bajo vientre, donde residen los instintos atávicos por todos entendibles: nos atacan, se quieren llevar a nuestras mujeres y nuestras haciendas, es una conspiración internacional con innumerables ramificaciones, etc…

nonnullus.blogspot.com
Los artífices de la conspiración (insisto, haberlas hay las, y en este caso está clarísimo que la hubo) sabían que la única fuerza armada capaz de meter en cintura a todo el país eran las tropas que operaban en Marruecos, el llamado “ejército de África”. Por dos razones. Primero, porque estaban parcialmente formadas por mercenarios extranjeros, ávidos de botín, y que no harían mohines a la hora de matar españoles, porque no los sentían como compatriotas. En segundo lugar porque constituían el único cuerpo de ejército con experiencia directa en combate y, por cierto, en una guerra colonial especialmente sanguinaria, que confirió a los mandos que en ellas sirvieron un temperamento brutal y un absoluto desprecio por la vida humana. Eran los africanistas, entre los que era muy popular el general Franco, por algunos detalles de supuesto heroísmo mostrado en combate que, por lo visto, le ocasionaron alguna secuela física. Lo cierto es que era uno más entre otros, y con el mismo menosprecio enfermizo por sus semejantes. No dudo en fusilar incluso a un primo hermano suyo en Melilla, por no sumarse al golpe militar.

Un aspecto de estos avatares históricos muy poco estudiado es la permanente hostilidad de Gran Bretaña hacia la República, que se explica, entre otros muy diversos motivos, porque el destronado rey estaba casado con una inglesa, nieta de la reina Victoria. ¿Quién facilita a Franco el avión para sacarlo de Canarias? Pues un personaje misterioso, llamado Hugh Pollard, que después de la guerra ingresaría en el MI6 (ya antes debía ser activo colaborador, puesto que estas organizaciones nunca confían misiones arriesgadas, que pueden fracasar, a agentes consagrados, sino a lo que podíamos llamar “postulantes”, que luego son recompensados, como en el caso de Pollard, con la admisión oficial).

Resulta aleccionador, para los que piensan que las conspiraciones son cosa de deficientes, leer las peripecias de la mencionada expedición, tal como las narra Ángel Viñas en su libro “La conspiración del General Franco”, desde Londres a Gran Canaria, pasando por Burdeos, donde llovía copiosamente, los picos de Europa y Portugal, donde incluso tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso, y que incluyó la compañía de dos jóvenes inglesas de “tapadera”, una de ellas hija del propio Pollard, para que todo pareciera un viaje turístico iniciativa de unos play boys sexagenarios. Sí, ya lo he dicho en algún post, soy conspiranoico, y a mucha honra. Quien escarba un poco en la historia oficial sólo puede ver como nos llevan del bozal, como al ganado, y casi siempre al matadero.

www.elpais.com
Luego está el propio desarrollo de la guerra. Se producen una serie de muertes, en extraños accidentes de aviación, que no son otra cosa que asesinatos premeditados. Y no todos, creo, perpetrados por el bando sublevado. Primero el de Sanjurjo, en un sospechoso aterrizaje forzoso, con un piloto, supuesto héroe de la causa, que al parecer no pudo controlar el aparato al despegar en Estoril, pero que después de la guerra fue curiosamente expulsado del ejército del aire y tuvo que marchar al exilio. Quien sepa y pueda leer entre líneas que lo haga. Luego el de Mola, que tiene un presunto accidente poco después de una dura conversación telefónica con Franco, cuando se dirigía a Burgos para parlamentar con él, por lo visto exigiendo ser nombrado Jefe de Gobierno, si Franco iba a ser Jefe del Estado, error de alevín que le costó la vida. Ya en aquellos días se rumoreaba que le habían puesto azúcar en el depósito de combustible. Hubo un accidente más, el de Juan de la Cierva, el inventor del autogiro. Fue en un vuelo comercial, en lo que parece un percance en toda regla. No me fío. De la Cierva era uno de los que conspiraban en Londres contra la República, y ayudó también a la contratación del Dragon Rapide. Aquí tengo menos datos, pero al que ya se le ha puesto la nariz larga todo le huele a rancio. Y es que los servicios de inteligencia de la República, pese a su bisoñez, dieron muestras de una gran eficacia, dado el permanente estado de alerta en que se movía la nueva estructura de Estado.

Después el desarrollo de la propia guerra. Azaña y otros dirigentes republicanos creían tener la situación controlada porque el ejército no podía sublevarse, pues se trataba de unidades acuarteladas que no merecían el nombre de fuerza armada. Todas menos una, ya hemos dicho, los regulares de Marruecos, tropas mercenarias brutales con amplia experiencia de combate. Pero estaban confinadas en África. ¿Cómo dieron el salto a la península? Con la ayuda, que el gobierno legítimo no debía esperar, de la aviación alemana e italiana. A aquellas tropas sanguinarias, la “columna de la muerte” del entonces teniente coronel Yagüe, que para escarnio de todos nosotros aún tiene una importante calle en Madrid, ya como general por supuesto, nada se les podía resistir. La guerra habrían podido ganarla en cuatro meses, a lo sumo. Sin embargo Franco tomó dos sorprendentes decisiones: dejar de lado Madrid, y ralentizar la guerra.

La primera decisión era lógica. La toma de Madrid hubiera desencadenado movimientos secesionistas en Cataluña y el País Vasco. Además, quien controlaba la capital era considerado, a efectos de relaciones internacionales, por muchos países, el gobierno legítimo, que por tanto debería abstenerse de atrocidades, salvo a través de “incontrolados”, y el objetivo de los sublevados era seguir cometiéndolas abiertamente como ahora veremos. La segunda decisión está relacionada con lo anterior. Ralentizar la guerra permitía ir de pueblo en pueblo, escarmentando, asesinando y fusilando, después de gravísimas torturas, que incluían dar a beber aceite de ricino a los detenidos, rapar al cero a las mujeres y violarlas. A ello se dedicaban varias unidades de campaña que incluían a jurídicos militares, para dar apariencia de legalidad a aquellas purgas masivas. Así, y entregando mujeres republicanas a unidades moras para que las violaran hasta matarlas, fue como operaba la regeneración de las fuerzas sublevadas para con su querida España.

lamemoriaviva.wordpress.com
Estos individuos tan carentes de escrúpulos, por decirlo finamente, que encima ganaron y expoliaron los patrimonios ganados honradamente por los perdedores, no amaban realmente a España, sino a las medallitas que tenían con sus colores, ganadas en una guerra colonial repugnante. Y querían algunas más. No sé si el peor de todos era Yagüe, en cualquier caso eran todos muy parecidos. Que decir de Queipo de Llano, o de quien era conocido en la Academia de Infantería de Toledo como “Franquito”, que se acabó llevando los máximos oropeles, y que fue nunca otra cosa que un agente de la oligarquía estatal (como quiera que se imagine), elegido para darnos nuestro merecido y luego dejar paso de nuevo a la dinastía reinante por derecho presuntamente divino. Lo que pasa es que se dio cuenta, no era listo pero sí astuto, de que si se apartaba antes de tiempo iban a utilizarlo como cabeza de turco, cosa que hicieron cuando falleció, así que decidió morir con las botas puestas.

¿Para qué cuento todas estas cosas, exponiéndome a que a partir de ahora me empiecen a aullar los lobos? Pues porque la maniobra puede volver a repetirse.

Si las cosas llegan al punto de un estallido social se pueden tomar, de principio, dos resoluciones: reprimir brutalmente, cargando con el descrédito social que ello supone, o intentar resistir haciendo concesiones (como los otros Borbones de la Revolución Francesa) sabiendo que tarde o temprano la marea se te va a llevar por delante. Pero hay una tercera, ya se ha explicado. Proceder a una hábil retirada táctica, permitiendo un régimen débil y debidamente saboteado desde dentro, para luego tocar a rebato a los fieles que has dejado en el país, permitiendo que se ensañen, y cargando sobre ellos la responsabilidad de sus brutalidades para, pasado un tiempo, hacerte llevar de vuelta al trono como el pacificador (así era conocido Alfonso XII), cuando en realidad puede que seas el que ha urdido en la sombra el asesinato y la ruina de miles de españoles. Gabriel Jackson cuenta en su obra “La República Española y la Guerra Civil” que Alfonso XIII entregó a los golpistas del 36 nada más y nada menos que diez millones de dólares, cifra fabulosa ahora y mucho más en aquél entonces, que salieron de los ochenta y cinco que había conseguido transferir al extranjero, dinero que no está claro que fuera enteramente suyo, ni que tuviera derecho a sacar del país (sí, el abuelito del actual monarca, el que quería con su marcha evitar una cruel guerra fratricida, fue uno de los principales financiadores de la carnicería).

guerracivilespana.wordpress.com
Si se consigue hacer caer un régimen, o lo parece, hay que actuar con audacia (ver “El Principe” de Maquiavelo), y no se puede uno andar con zarandajas o permitirse el lujo de tener piedad, como la tuvieron los bienintencionados dirigentes republicanos que llegaron a devolver sus joyas, dentro de los correspondientes estuches, a la dinastía exiliada. Otro tanto hicieron tras la “sanjurjada”. Estaba claro que dar un escarmiento ejemplarizante y fusilar a Sanjurjo, condenado a muerte en juicio sumadísimo, podría haber hecho meditar a futuros aspirantes a la sublevación y salvar la República. Pero adujeron que eso le convertiría en un mártir. Eran débiles, no estaban a la altura de los tiempos que les tocó vivir. Mirad a ver si Franco o Yagüe tuvieron reparos en hacer mártires a millares. No es obligatorio dedicarse a la alta política, y si llegado el momento piensas que, ante determinadas decisiones, te van a temblar las manos, mejor que te quedes en tu casa haciendo punto de cruz.

Los tiempos más duros, y los durísimos están por venir. Tenemos que evitar caer en la misma trampa en la que cayeron nuestros abuelos en los años treinta, esto es, que se nos vaya el rey una temporada de vacaciones, para que aquí nos ajusten las cuentas otra vez, y encima se enriquezcan con su hazaña, amarren cargos, y quieran ser tenidos por libertadores de las esencias patrias frente al comunismo, o cualquier otra francachela que puedan inventarse. No es fácil que vuelva a ocurrir. Los tiempos son otros. Ya no hay tropas coloniales, ni generales africanistas. Pero conviene no fiarse. El enemigo caciquil es pérfido y poderoso. Antes de tomar el poder con manos endebles, es mejor que se lo queden un rato más sus sempiternos detentadores, para que terminen de mancharse las suyas de sangre y no tengan excusa para decir que vienen otra vez a salvar a España, por encima de nuestras haciendas y de nuestros cadáveres.

Saludos,

Calícrates

martes, 11 de junio de 2013

Conspiraciones


www.anundis.com

Antes de continuar con el objeto del presente blog, que consiste en pergeñar los rasgos fundamentales de la sociedad que nos espera cuando resulte ya muy evidente el colapso petrolero, me gustaría abordar una cuestión colateral.

Cuando hablo con otras personas de las cuestiones que trato en el blog me suelen decir que tengo una visión demasiado conspirativa de la realidad. Esto es, que soy un “conspiranoico”, término acuñado específicamente para reducir a la categoría de deficientes mentales a dos tipos de personas:

- los que verdaderamente los son.
- los que saben demasiado, y deben ser ridiculizados y silenciados.

Es cierto que muchas de las supuestas conspiraciones que circulan por la red, (chemtrails, reptilianos, annunakis, etc.) son un auténtico desvarío. Sin embargo, cualquier persona formada sabe que las conspiraciones son el pan nuestro de cada día. Si las encargadas de la limpieza de nuestro lugar de trabajo conspiran mientras se toman un bocadillo a la hora del almuerzo, ¿qué no harán en lugares donde están en juego mucho más dinero y muchísimo más poder?

felixcasanova.blogspot.com

Quien te diga que no existen las conspiraciones, o es un desinformado o es un conspirador. La clave de la actuación encubierta no es la astucia sino el secreto. Por eso hay que ridiculizar a quien se ha apercibido de la trama.

Las conspiraciones están muy ligadas a la actuación de los Servicios de Inteligencia, e Instituciones Auxiliares, que en realidad ocultan a los verdaderos directores de la obra de teatro que siempre a sido el escenario de la historia mundial.

La Inteligencia se ha practicado en todas la épocas, pero básicamente es un descubrimiento helenístico, muy desarrollado posteriormente por los romanos. En el mundo moderno, la Inteligencia es especialmente un producto de marca inglesa. ¿Por qué? Pues porque la Inteligencia es como el vino, requiere tiempo, para crear redes de contactos que se van heredando de una generación a otra. Y los servicios secretos ingleses son los más antiguos de Europa. Tienen su origen en los tiempos de Isabel I, allá por el final del siglo XVI, en que Inglaterra, entonces potencia de segundo orden, se encontraba acosada, y estuvo a punto de ser arrollada por el Imperio Ibérico de los Austrias, por lo que tuvo que adoptar determinaciones drásticas para defenderse en todos los terrenos, y uno de los más adecuados es, lógicamente, el contraespionaje.

Lo primero que tenemos que saber es que los servicios de inteligencia sirven básicamente para delinquir, esto es, para hacer cosas que, si fueran realizadas por personas normales, darían lugar a responsabilidades penales. De lo contrario bastaría la policía secreta, mucho más barata y menos comprometida. Lo que estoy diciendo es que el mundo de la Inteligencia es bastante sucio. Para limpiarlo el MI6 (otra vez ingleses, ¿veis?) patrocina las películas de James Bond, a fin de dar una visión glamorosa en relación una actividad que tiene mucho de tedioso y cochino, cuando no de repugnante y brutal. No pueden ocultar, ni quieren, por ejemplo, que el indicado personaje tiene “licencia para matar”, lo que por mucho que sea al servicio de intereses supuestamente superiores, y en relación a malvados de película, no deja de ser un crimen.

La Inteligencia se llama así porque, esto es importante, no actúa de forma lineal. Quiero decir, por ejemplo, que no siempre se trata de ayudar a tus amigos y dificultar las operaciones de los enemigos. Esto sería demasiado simple. A veces puede ser al contrario. Por ejemplo masacrar a tus amigos, para poder echarle la culpa y satanizar a tus enemigos. Y a partir de aquí todas las posibles combinaciones que se os puedan ocurrir. Recomiendo al que quiera saber más del tema la lectura de la obra Contrainsurgencia, proinsurgencia y antiterrorismo en los 80. El arte de la guerra de baja intensidad, de Michael Klare y Peter Kornbluh. Allí descubriréis porque absolutamente todas las organizaciones terroristas del planeta están infiltradas por los principales servicios de inteligencia y, a veces, han sido directamente creadas por éstos.

www.tecnocosas.es

Además existen muchos tipos de agentes de inteligencia. La labor básica, captación de información del enemigo, es probablemente la más prosaica.  Hay otras funciones más relevantes. Como proporcionar información falsa a otros servicios de inteligencia, lo que hará que el país contrincante adopte estrategias equivocadas o, mucho más importante, infiltrar la jerarquía institucional del enemigo, hasta muy altos cargos, de forma que funcionarios investidos de autoridad del Estado adversario empiecen a tomar decisiones absurdas que te benefician descaradamente (esto ha ocurrido en Europa al menos dos veces, y afectando a la más alta magistratura de una nación, siempre a favor de intereses ingleses, pero de ello hablaremos, tal vez, otro día). Otra función elemental es la de evitar la infiltración de agentes del enemigo en tus filas. Hay agentes denominados deshonestos (captados en organizaciones criminales), de confusión, de provocación, durmientes, imaginarios,… Y luego hay agentes denominados, “alimentadores de cuchara”, que haciéndose pasar por periodistas o divulgadores proporcionan abiertamente información reservada que, en un momento concreto, interesa ser publicitada.

Uno de estos alimentadores de cuchara me ha enseñado mucho. Se llama Daniel Estulin. Las agencias para las que presumiblemente trabaja, o ha trabajado, tendrán sus cosas ocultas, pero saben mucho de los trapos sucios de “los nuestros”, esto es, de los servicios de inteligencia occidentales. No es que te puedas creer todo, la función de un agente de este tipo es proporcionar información verdadera hasta el punto de hacerse creíble, y luego empezar a divulgar otras historias menos reales. Pero muchas de las cosas que dice encajan.

Saludos,

Calícrates

viernes, 7 de junio de 2013

Decrecimiento



elimperdible.ec

Tenemos pocos datos sobre como funcionará una sociedad en constante decrecimiento, en la que, nos guste o no, tendremos que vivir de ahora en adelante. Me agrada comparar nuestra época a la de la decadencia romana, pero tal vez la comparación no sea del todo exacta, y no precisamente a nuestro favor, sino en contra nuestra. Los antiguos romanos no dependían enteramente de un recurso caro, escaso, no renovable y que hubiera iniciado su agotamiento, como ocurre hoy en día con el petróleo.

De todas formas, y salvadas las distancias, diré que nos esperan básicamente cinco cosas:

- precarización económica creciente, manifestada en unas tasas de desempleo en constante ascenso. Aquí la comparación con el mundo antiguo no puede ser completa, puesto que su sistema productivo era esclavista. No es que ahora no lo sea, pero adopta formas mucho más sutiles. No existe la esclavitud como institución jurídica, aunque la reciente catástrofe de Bangladesh nos ilustra de que sí existe como realidad social. De todas formas, podemos concretar un cierto paralelismo de nuestro ejército de parados con las masas desocupadas, alimentadas a expensas del estado que existían en las urbes del mundo romano, especialmente en la propia metrópoli, en Roma.

lapalabrainquieta.blogspot.com

- depredación fiscal, auténtica asfixia impositiva, que tiene por objeto, como ya hemos explicado en otros post, disminuir nuestra renta disponible, para que consumamos menos, porque cada vez habrá menos que consumir, así como dotar de medios financieros a las crecientes necesidades de control del aparato de represión estatal. Los propietarios romanos llegaron a abandonar sus propiedades, a fin de atajar la sangría económica que les suponía la tremenda presión tributaria.

- estricto y cada vez más abusivo control social, que se verá facilitado por el uso de la informática y las comunicaciones por red de celdas, sin cables. Aquí tenemos que referirnos a la muy poco conocida labor de la policía secreta, omnipresente en la Roma imperial, que tenía por objeto apuntalar el siempre tambaleante poder estatal (deriva autoritaria), y garantizar la recaudación impositiva (depredación fiscal, ya vista).

- guerras por recursos, como las que tuvieron lugar en el mundo romano, básicamente desde la campaña de las Galias (iniciada por Julio César, que tuvo como objetivo volver a proveer Roma de esclavos, que eran escasos desde las masacres de las guerras serviles, especialmente la motivada por la rebelión del tracio Espartaco) hasta las conquistas de Dacia (donde había ricas minas de oro) y Mesopotamia, por Trajano. Esta última expedición militar tuvo más motivos “simbólicos” que propiamente de expoliación, lo cual también puede dar mucho que pensar de cara a nuestro próximo futuro. La minoría autocrática romana tenía un fuerte componente, poco estudiado, de origen fenicio-caldeo (como la actual lo tiene hebreo), que estaba obsesionado con la conquista de la ciudad de Babilonia (de ahí las constantes guerras absurdas contra los partos).

laromapedia.com

- inflación, lo pongo al final, porque de hecho será el último jinete del Apocalipsis en manifestarse, pues como ya hemos explicado las clases dirigentes no permitirán que se haga evidente hasta que no hayan invertido sus ingentes fortunas en bienes tangibles. Será el último, pero también el azote más brutal, y su aparición supondrá la agudización de las tendencias depresivas (precipicio de Séneca). Los antecedentes en el mundo romano, especialmente a partir del emperador Caracalla, en relación a la alteración y pérdida de valor de la moneda, no pueden ser más ilustrativas.

Cada uno de estos flagelos, algunos de los cuales son ya una realidad en nuestras vidas, y otros lo serán pronto, será objeto de un post aparte, a fin de desarrollar las comparaciones con el mundo clásico, y dar una visión de lo que puede ocurrir, de forma muy general.

Algunos bien pensantes estiman que se puede decrecer “apaciblemente”, esto es, en situación de paz social y global. Ya he explicado por qué creo que no va a poder ser así. Ya vimos en el post “Lechugas en la terraza” que quienes nos gobiernan (abiertamente o en la sombra) se resistirán a la pérdida de poder que puede resultar de una sociedad más simple, radicada en estructuras de base más local. Pero es que, además, somos criaturas de una cultura económica basada en la “competitividad” y, por tanto, profundamente insolidaria, lo que nos induce un auténtico bloqueo a la hora de desarrollar los adecuados mecanismos de cooperación social que necesitamos a fin de fraguar la necesaria y conveniente “transición pacífica”, por lo que los cambios necesarios deberán producirse “manu militari”.

Saludos,

Calícrates