lunes, 30 de septiembre de 2013

Edad Media



www.escuelapedia.com

Como continuación del post publicado bajo el título “Divulgar el mensaje”, intentaré explicar de forma sumaria la diferencia entre las edades medias y las que podríamos llamar edades racionalistas. Es complicado. Exigiría de consideraciones “técnicas” (en disciplinas muy distintas de las que actualmente llevan ese nombre), que excederían con mucho el tema del presente blog. Resumiremos. Las edades medias consideran a nuestro mundo un lugar de tránsito, que no conviene amueblar muy recargadamente. ¿Pondrías tu mejor sillón un pasillo, que es un lugar de paso donde no vas a estar mucho tiempo, y que cumple mejor su función cuanto más despejado se encuentre?

Una consecuencia de ello, entre otras, es la ausencia de la obsesión racionalista por la conservación de la vida, y por tanto el prácticamente nulo desarrollo de la medicina mecánica. He visto decir que la condición humana es mísera, y que unas fiebres, en cualquier momento podían llevarte a la tumba, lo que es cierto, y así se asumía por el pensamiento medieval. Esto confirma lo dicho anteriormente, en el sentido de que se vivía de otra forma, y por tanto con mucha más valentía y vitalidad, al saber que no había garantías, y que cada día podía ser el último. Puede parecer cruel, pero ¿cuál es nuestro principal problema en el mundo moderno? Sí, el exceso de población, que conforme a las consideraciones anteriores quedaba resuelto en el mundo medieval de una forma natural, y no como, presumo, se va a resolver en el nuestro, por la fuerza de los hechos.

También suponía la falta de estimación de las riquezas. Incluso quienes las poseían, reyes y nobles, consideraban como su principal misión distribuirla convenientemente en beneficio de todos (leer especialmente Las mil y una noches), y no atesorarla para especular (esto es, tenían una concepción correcta del dinero como simple medio de cambio, y símbolo de la riqueza, que debía circular y no generar interés).

Por otra parte, en dicha época se configuraba la sociedad en forma de pirámide estratificada no en clases, sino en auténticas castas, no totalmente impermeables, aunque el tránsito de una a otra era realmente difícil (requería unas cualificaciones personales muy superiores a la media), y la consideración de que cada grupo social, nobleza, clero, artesanos y siervos tenían una función social específica (de ahí el rechazo absoluto de los nobles al comercio, propio de burgueses artesanos, y al trabajo manual, que correspondía a los siervos). Esto, aun pudiendo parecer también injusto, sobre todo para quien nacía siervo, hay que ponerlo en relación, recordémoslo siempre, con lo dicho más arriba. Esta existencia es provisional, creo que es claro, todos vamos a morir, nadie quedará aquí, y si creemos que después hay algo más, pues las cosas pueden variar mucho, y lo que cuenta no es lo que hayas sido, sino como has cumplido en el lugar que te fue asignado, y no elegiste.

La civilización europea medieval era, en suma, una sociedad constituida conforme al orden, con una estructura curiosamente compatible con la única dividida en castas que existe actualmente, la hindú, en la que los brahmanes constituyen el equivalente del clero, los kshatriyas de la nobleza guerrera, los vaishas de los artesanos comerciantes, y los sudras de los siervos. Hubo un tiempo en que todas las civilizaciones sobre la tierra se constituyeron de este modo, existiendo relaciones entre ellas “por arriba”, de brahmanes y en especial kshatrillas (de ahí los extraños tratos cordiales de los guerreros cruzados, singularmente Ricardo Corazón del León, el nuevo Ulises, con la nobleza sarracena, encarnada en el personaje histórico de Saladino). De esta manera los contactos entre las diferentes civilizaciones eran mucho más armónicos y, aunque había combates y guerras, se regían por una reglas de estricta caballerosidad (los últimos caballeros combatieron en el aire, durante la primera guerra mundial), y estaban involucrados en ellos quienes hacían de la milicia su oficio, su modo de vida (hoy diríamos profesionales), y no levas forzosas provenientes de otras castas.

Se me objetará que un tiempo así no podía generar auténtica felicidad a los hombres. Pero creo quienes vivieron en estos tiempos fueron mucho más felices que nosotros. Se trata de diferenciar la felicidad del bienestar o el placer. La felicidad es el concepto real, y el placer un sucedáneo. La felicidad puede ser independiente de las condiciones físicas, incluso de las muy dolorosas, mediante un mecanismo psíquico que no es realmente sugestión, sino aceptación realista de lo que la vida te da. Si vais a un país del tercer mundo observad una cosa: las sonrisas de sus habitantes, pobres de solemnidad, especialmente de los niños. Tal vez el budismo tiene razón cuando dice que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento (el padecimiento psicológico derivado del dolor) sí lo es. En fin me he extendido más de lo que quería en un tema muy complicado, y que sé me ocasionará, ya lo ha hecho, severas críticas.

Pues bien al hilo de lo dicho me adentraré en un curioso debate que ha surgido recientemente en el ámbito de la blogosfera sobre la posibilidad de que las renovables puedan suministrar toda la energía que necesitamos. Y aquí hay que decir que es evidente que las energías renovables pueden sostener una sociedad civilizada, y así lo hicieron durante las edades medias, e incluso durante la edad racionalista greco romana. Lo que el viento, la luz solar, el agua, y la biomasa nunca podrán jamás hacer es sostener la absurda y megalomaníaca civilización industrial que tenemos entre manos (o más bien sobre nuestras costillas). Una vez más, y como ya analizamos en otro post, el tema se presta a discusión porque está mal planteado. Tenemos que partir del tipo de sociedad que queremos, y una vez concretado es cuando hay que empezar a dilucidar cuales serán sus fuentes de energía. De todas formas pienso que quienes hablan de energías renovables está pensando en el completo mantenimiento de la BAU, en cuyo caso es evidente que van bastante errados, y habría que dar la razón a los que opinan que las energías “limpias” no son otra cosa que una extensión de los derivados del petróleo, lo que he defendido reiteradamente en diversos posts. ¿De donde sale la energía para diseñar, construir, extraer materiales y disponer sobre el terreno un aerogenerador? ¿Cómo se ubicarán y mantendrán en sus empinadas atalayas? ¿Mediante camiones eléctricos? Otro tanto hay que decir de las células fotovoltaicas, cuya fabricación y limpieza es tan intensiva en recursos fósiles que se llega a dudar que produzcan energía neta. En definitiva, la solución de la discusión, planteada en estos términos, debe cerrarse con una victoria inapelable de los no creyentes en las renovables.

Si los combustibles fósiles han empezado, o están próximos a comenzar su declinación es evidente que la civilización humana pasará por una etapa estacionaria, para después decrecer. Pero cuidado decrecer es decrecer, en todo, no solamente en Ipads, neveras, lavavajillas y autobuses construidos, o en la de yogures, chorizos (de verdad no los del mundo de la política), y chuletones consumidos. Estoy hablando de una reducción drástica de la población. De hecho la forma más plausible a través de la cual dicho decrecimiento es posible será mediante la eliminación de potenciales consumidores, vía segura para destruir demanda de bienes y servicios. Ello puede ocurrir por hambrunas o plagas, y también, creo que va a ser el horizonte más probable, mediante guerras terribles. O lógicamente, por todo lo visto a la vez, puesto que cada una de las variables conduce inexorablemente a la otra. No será una gran sorpresa. Este macabro juego hace tiempo que empezó en el tercer mundo.

Avanzando en el caos y en el colapso será primordial la seguridad, puesto que la razzia de rapiña, las bandas de cuatreros y el saqueo serán la norma. Habrá que ponerse bajo la protección de un señor de la guerra, porque si no la supervivencia se presenta muy complicada. Y luego, en tal escenario de escasez, lo primordial será la producción de comida. Habrá que dejar el marketing inmobiliario, los cursos de masaje y talasoterapia, o los seguros, y ocuparse en escardar cebollas. De hecho el alimento será lo único que podrás ofrecerle a quien, empuñando las armas, se dedique full-time a defender la comunidad de los intrusos…

No estamos hablando de mañana, quedan algunas décadas de lenta agonía de la aberración maquino-tecnológica, pero quien haya recorrido cuidadosamente todos los posibles escenarios hasta el final, sólo puede haber llegado a una solución neofeudalista (aparte la extinción de la humanidad, que no nos planteamos, y no precisamente porque sea totalmente imposible). Sin embargo, una nueva Edad Media no solamente requiere de las condiciones “materiales” para producirse, aunque éstas desde luego ayudarán bastante a su advenimiento. Hace falta algo más, que se deduce fácilmente de las circunstancias que motivaron la sociedad Tradicional europea del medioevo. Pero el análisis de este último y principal elemento, por motivos de estructuración del blog, así como para mantener el suspense, quedará reservado a un post ulterior.

Saludos,

Calícrates

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Todo va bien


simple.wikipedia.org

Hace ya más de cuatro décadas, el Club de Roma encargó al Instituto de Tecnología de Massachusetts un informe que publicado el año 1972, poco antes de la primera crisis del petróleo, con el título en inglés de “The Limits to Growth”. Fue redactado por un amplio equipo, con la colaboración de diecisiete profesionales de gran nivel, animados de un indescriptible ardor maltusiano, bajo la dirección de Donella Meadows, biofísica y científica ambiental, especializada en dinámica de sistemas.

Las conclusiones del informe fueron aterradoras. Si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantenía sin variación, alcanzaría los límites absolutos de crecimiento en el planeta durante los cien años siguientes.

El informe se basaba en la simulación realizada por el programa informático World3, creado por los propios autores del informe con el objetivo de recrear el aumento de la población, el crecimiento económico y el incremento de la huella ecológica de la población sobre la tierra en el inmediato futuro, con los datos disponibles en el momento de su elaboración.  La tesis principal del trabajo era que, «en un planeta limitado, las dinámicas de crecimiento exponencial (población y producto per cápita) no son sostenibles». Así, existirían una serie de límites específicos del crecimiento, como serían los recursos naturales no renovables, la tierra cultivable finita, y la capacidad del ecosistema para absorber la polución producto del quehacer humano, entre otros.

El programa informático World3, en diversas simulaciones dio como resultado una extralimitación en el uso de los recursos naturales y su progresivo agotamiento, seguido de un colapso brusco (por su propia definición) en la producción agrícola e industrial y posteriormente, y como consecuencia de todo ello, de un decrecimiento igualmente brusco de la población humana. Es por eso que los autores exponen como una posible solución a este colapso el «crecimiento cero» o «estado estacionario», deteniendo el crecimiento exponencial de la economía y la población, de modo que los recursos naturales que queden no sean mermados por el crecimiento económico, para que de esa forma puedan perdurar más en el tiempo.

En 1992, veinte años después de la publicación original, se actualizó y publicó una nueva versión del informe titulado “Más allá de los límites del crecimiento”, en la cual, con base en los datos recolectados desde entonces, se exponía que la humanidad ya había superado la capacidad de carga del planeta para sostener su población.

El 1 de junio de 2004 se publicó la versión actualizada e integral de las dos versiones anteriores, con el título “Los límites del crecimiento: 30 años después”. En 2012 se edita en francés el libro “Les limites à la croissance (dans un monde fini)”, última edición de Los límites del crecimiento. Aquí los autores disponen de datos fiables en numerosas áreas (el clima y la biosfera, en particular), según los cuáles ya estaríamos en los límites físicos previstos. Los autores no tienen ningún problema para mostrar, mediante el instrumento de la huella ecológica, que el crecimiento económico de los últimos cuarenta años es una danza en los bordes de un volcán que nos aboca una transición inevitable.

www.selba.org

El documento fue objeto desde que vio la luz, de numerosas críticas. En primer lugar por el indudable sesgo ideológico del organismo que lo encargó, como si la verdad dejara de serlo porque la diga quién lleva la camiseta de un equipo de fútbol que no es de nuestro agrado. Pero también su contenido ha sido duramente vapuleado.

Se ha llegado a decir que “recorrer minuciosamente la lista de errores, incoherencias y concesiones a la demagogia del primer libro requeriría mucho espacio” y que “bastaba decir que el concepto malthusiano de crecimiento exponencial de la población, eje central de la propuesta de los autores y del informe subsiguiente del Club de Roma, ha sido desmentido hasta la saciedad”, así como que “nadie parece acordarse de que, por ejemplo, el informe de 1972 advertía de que el planeta se quedaría sin reservas de petróleo en 1990. Las predicciones del Club de Roma tuvieron casi todas idéntico índice de fiabilidad”, se supone que cercano a cero o nulo, y además “la actualización publicada (cuando se publicó) no corrige estos errores, por supuesto. Es como si el tiempo no hubiera pasado por las páginas del estudio depositando algún pedacito de realidad. Porque, ¿qué ha ocurrido en estos 30 años que revisa la obra?”.

“Pues, sencillamente, que hemos experimentado un progreso gigantesco en todas las áreas de actividad humana: vivimos más, la longevidad se ha duplicado en sólo un siglo, la mortalidad infantil ha descendido drásticamente (de 1 de cada 5 niños en 1959 a 1 de cada 18 en 2001); el número absoluto de personas con carencias nutricionales severas ha descendido en tres décadas de un 35 a un 18%; en el Tercer Mundo cada vez hay más gente con acceso a la televisión o la nevera, los coches, los ordenadores o el vídeo”. Este aplastante maremagnum de acerbas censuras al informe del Instituto de Tecnología de Massachusetts fue recogido, como no, en el diario “Libertad Digital”, sección de crítica literaria, en un artículo firmado por Jorge Alcalde, e ilustrado, com il faut, con un significativo rostro captado en negativo, que lleva una máscara con la nariz del entrañable Pinocho.

Pero dejemos terminar al señor Alcalde, que no se diga que no dejamos explayarse al oponente, al menos en estas páginas, con acotaciones entre paréntesis: “no quiere esto decir que el planeta esté exento de problemas, y que no sea imprescindible prestarles atención (menos mal). Pero un solo dato sería necesario para atacar la línea de flotación del libro: desde 1962 la población mundial se ha duplicado; sin embargo, tenemos más comida que nunca. La curva de consumo de calorías per cápita en el mundo rico y en el pobre es directamente proporcional al crecimiento demográfico. No sólo el crecimiento parece no tener límites, sino que puede impulsar la búsqueda y la obtención de nuevos recursos, estrategias más eficaces, tecnologías más productivas e inocuas (que no es lo mismo que inicuas)”

“A pesar de lo que se opina en este libro, la humanidad tiene derecho a alcanzar su propia prosperidad (y ¡olé¡). La reedición de la obra no ofrece gran cantidad de material nuevo. Sigue navegando entre los mismos lugares comunes. Quizás haya actualizado algo su lenguaje, para arrojarse definitivamente en los brazos de la demagogia más exhibicionista (así, dales caña Jorge, mételos en el triturador de basura). Véanse, por ejemplo, algunas de las características de la "sociedad sostenible" en que a los autores les gustaría vivir: "Sostenibilidad, suficiencia, igualdad y belleza como máximos valores sociales"; "alguna manera de incentivar que las personas den lo mejor de sí mismas a la sociedad"; "dirigentes honrados, respetuosos, humildes” (no lo veo tan fuera de lugar, con lo está cayendo); "una economía que sirve al medio ambiente"; "razones para vivir y para pensar bien de nosotros mismos que no impliquen la acumulación de bienes materiales"…

La lista podría alargarse hasta agotar todas las existencias de suavizante del supermercado (en todo el occipital, y con sorna), pero tiene su cúspide melosa (si no utiliza esta palabra revienta, sólo le falta torticera, pero no sé la conocerá) en la lista de "instrumentos" de acción. Este arsenal intelectual y científico se compone de "visión, coordinación, verdad, aprendizaje y amor".

A este lenguaje insustancial y facilón se le pretende dotar de peso científico mediante dos estrategias que funcionan en paralelo (no van a ser divergentes, y menos convergentes, sin significación política alguna, pues entonces podríamos llegar a alguna conclusión). La primera es la referencia a los modelos de simulación informática como fuente de predicción del futuro. Modelos que, en ninguno de los casos en que se utilizan, desde el clima a las proyecciones sobre el mercado de valores, sirven más que de eso: de modelo estadístico, de herramienta de calibrado de hipótesis. El famoso programa World 3 usado por los autores no hace más que diseñar evoluciones futuras sobre las informaciones que se le dan, pero es capaz de arrojar conclusiones muy diferentes si se le nutre con otro tipo de variables (nos ha fastidiado, claro).

La segunda estrategia con que el libro pretende dotarse de seriedad científica (que sólo tiene el articulista) es el uso de constantes notas, referencias bibliográficas, gráficos, menciones a la autoridad de otras instituciones. Pero un cuidoso repaso a las mismas servirá al lector para darse cuenta del terrible peso que en ellas tienen las organizaciones ecologistas y las instituciones apriorísticamente afines a las tesis ecoalarmistas (es decir, izquierdosos descamisados con los que nadie en sus cabales casaría a su hija).

En definitiva, que vuelve a salir a la luz uno de los tratados que más daño han hecho a la concepción del mundo de varias generaciones, que más se ha manoseado para defender el anticapitalismo, la antiglobalización, el antiamericanismo, el antiprogreso, la anticiencia, la antitecnología… y todos esos "anti" tan queridos por los que dicen estar a favor de la naturaleza. Una obra que no debería causar sensación especial entre las nuevas generaciones de lectores, porque seguro que ellos sí son capaces de leer con espíritu crítico (¿escribiría este hombre para el NODO?, es que suena igual, solo le falta la referencia a la “unidad de destino en lo universal”).

Si así lo hacen, encontrarán que ni siquiera los propios autores parecen creerse lo que proponen. "A menudo nos preguntan si nuestras predicciones fueron acertadas. Conviene señalar que ése el lenguaje de los medios de comunicación, no el nuestro”. Bueno, pues ya que ellos se eximen de la responsabilidad de parecer fiables, será un medio de comunicación quien juzgue: ¡ni una, señores, no dieron ni una! (¡Santiago y cierra España!).

No me extraña que a esta gente de la derecha rancia le gusten los toros, porque primero reciben a porta gayola (es portugués no catalán, no preocuparse), luego trastean, más tarde clavan las banderillas, después sale el picador, por último entran a matar y no dejan morlaco vivo, sin necesidad de recurrir al estoque y descabello, ni siquiera, como decían Martes y Trece, al aceite de colza (se supone que desnaturalizado, si tal producto hubiera sido, de verdad, el causante del famoso “síndrome tóxico”, pero de esto hablaremos otro día).

Pues bien siento disentir de las opiniones del ínclito Jorge Alcalde. Lo digo porque pese a ser un artículo antiguo, de 2006, dudo que el “conferenciante” haya cambiado de opinión, no va con su carácter. Debo, sin embargo manifestar que estoy agradecido, pues sus opiniones me servirán de elemento de contradicción para estructurar el post (según las tesis Hegelianas).

Sr. Alcalde, no se ha mirado el informe, porque de lo contrario no solamente no diría las cosas que dice, singularmente esa de que no ha dado una a derechas (nunca mejor dicho). Mírese el presente gráfico, si no le produce alergia.

fahrenheit2012.wordpress.com

Se trata de una comparación de las previsiones del informe con datos REALES, sí, no de reales de “royals” borbónicos, sino de reales de extraídos de esa realidad que a Vd. y a Libertad Digital tan poco les gusta.

El estudio que comentamos en ningún momento dice que, desde su elaboración, fueran a decaer sustancialmente, a medio plazo, las posibilidades de seguir acometiendo, con absoluta desvergüenza, el expolio y la depredación del planeta. Todo lo contrario. Observe como la línea prevista de evolución de los recursos no renovables sigue su curva descendente (está en inglés de la pérfida albión, pero se entiende), y las demás, correspondientes a los alimentos disponibles, evolución de la producción industrial y de servicios, polución y población siguen líneas ascendentes, hasta un momento, entre los años 2020 y 2030, en que se produce el colapso anunciado que, reitero lo dicho al inicio, se prevé ABRUPTO en caso de no detenerse el curso de los acontecimientos, que evidentemente no se ha detenido, por lo que nos encontramos, digan lo que digan los neoliberales de mentes esclarecidas y alicatadas hasta el techo, en este preciso momento, y precisamente por causa de ese imparable crecimiento implementado a pesar de los sensatos avisos contenidos en el informe estudiado, MUCHO MÁS CERCA DE LA CATÁSTROFE QUE EN LA DÉCADA DE LOS SETENTA, por la sencilla razón de que los Reaganomics, y la gente como el Sr. Alcalde, no nos han  permitido encarar el problema.

La cuenta es muy sencilla. Si las predicciones de ese entonces enlazan casi perfectamente con la situación actual, ello supone que la proyección contenida en el reporte tiene, al menos, EL DOBLE DE POSIBILIDADES DE CUMPLIRSE, al haber transcurrido más de la mitad del plazo considerado (la cita es del físico, Graham Turner, que publicó un análisis en la Smithsonian Magazine, titulado “Looking Back On the Limits of Grow”).

Para todos los opinantes en la línea de Jorge Alcalde, a ver si les queda claro: acelerando el ritmo de consumo de los recursos naturales y sociales (en pos de un “new dawn for América”, o de que aquello de que “en España empieza a amanecer”), no hemos hecho otra cosa que situarnos en peores condiciones, y más deprisa, al borde del precipicio. En definitiva, el pronóstico del Instituto Tecnológico de Massachusetts SIGUE TOTALMENTE VIGENTE, Y NOS ENCAMINAMOS A UNA CATÁSTROFE QUE YA ES INEVITABLE.

¿Quiere una prueba Sr. Alcalde? A pesar de ser científicos, los profesionales que realizaron el informe que Vd. no se ha dignado leer se atrevieron a hacer proyecciones económicas (también las hizo M. K. Hubbert), enlazando una serie de modelos computacionales para analizar la información financiera de aquel tiempo, y obtuvieron como resultado que, en caso de que la sociedad mantuviera su tendencia de aumentar el volumen de consumo, el sistema financiero no aguantaría más y, paradójicamente, terminaría por consumirse a sí mismo. ¿Le suena a algo que esté ya sucediendo actualmente?

Saludos,

Calícrates

domingo, 22 de septiembre de 2013

Barcos



foro.latabernadelpuerto.com

Vimos en el post Aviones, el tráfico aéreo. Vamos con el marítimo. Lo encontraréis aquí: www.marinetraffic.com

Los indicativos que aparecen en rojo son “tankers”, esto es barcos cisterna, casi todos petroleros. Ved como dependemos del suministro de crudo a través de enormes buques que requieren grandes inversiones, y que si no se encuentran en condiciones pueden ocasionar verdaderas catástrofes (véase Prestige), por lo que es aconsejable que vayan provistos de doble casco, para prevenir derrames.

Ocurre que la construcción de estos petroleros modernos, se encuentra prácticamente parada, en parte por la crisis, y en otra, como las grandes inversiones en proyectos de explotación petrolera, porque se sabe que cada vez habrá menos petróleo que producir y transportar.

¿Os imagináis que ocurriría si todos estos petroleros que proporcionan la energía necesaria para que continúe en movimiento esta aberrante sociedad industrial no pudieran llegar a su destino? Puede ser una guerra, un atentado terrorista, una huelga, o simplemente el agotamiento gradual del producto que transportan. Sería el fin. Decía Al Gore, sí el del cambio climático, que nuestra civilización era extremadamente poderosa. Me permito dudarlo. Y no sería el primero.

Mao Tze Tung pensaba que Occidente era un tigre de papel. Puede que se quedara corto. Occidente es humo con forma de tigre. El papel todavía es algo, endeble pero real. Nuestra sociedad es una mentira, pura inanidad. Por eso su caída por la pendiente puede ser mucho más rápida de lo que muchos piensan, pues se trata de una estructura gigantesca dependiente básicamente de un solo recurso, y que, por tanto, internamente está hueca.

¿Electrificación? Vamos a ver lo que hay que electrificar.

Utilizamos cerca de 500.000, sí, quinientos mil, productos derivados del crudo, entre ellos los fertilizantes y pesticidas esenciales para la agricultura, además de medicinas, plásticos, telas sintéticas, aislantes, ordenadores, teléfonos fijos y celulares, asfalto, pinturas, colas, disolventes, materiales de calafateado, antisépticos y hasta CDs, bolsas de basura, cortinas de baño, alfombras, esmaltes de uñas, detergentes, insecticidas, chicles, pelotas de golf,…

Automóviles, circulan por el mundo 722 millones, sólo en Usamérica 132 millones. Muchas baterías necesitaremos, y me gustaría saber de que materiales.

Camiones, sólo en los Estados Unidos 1,5 millones, evidentemente no electrificables, y de los que depende la distribución de bienes y servicios, entre aquéllos los alimentos.

Autobuses, también exclusivamente Estados Unidos 654.000. ¿Alguien ha oído hablar del autobús eléctrico?

Locomotoras, que en Estados Unidos son mayoritariamente diesel, y alcanzan las 26.000 unidades. Veamos lo que dice la revista “Tendencias ferroviarias” en un artículo titulado “La industria ferroviaria combate el encarecimiento del combustible”:

“Los incrementos en el precio de los combustibles como el diésel y otros han llevado a muchas compañías del sector ferroviario de América del Norte a centrar sus esfuerzos en el desarrollo de nuevos esquemas de trabajo, destinados a disminuir los gastos por consumo de combustible. De esta forma, se están integrando acciones de optimización tecnológica, capacitación del personal y asesorías de expertos, para hacer frente al segundo gasto en importancia que afronta la industria ferroviaria en Estados Unidos y Canadá.

Según un artículo publicado en el medio especializado Progressive Rail Roading, los costes en torno al consumo de combustible para los operadores ferroviarios de América del Norte seguirán en aumento a corto plazo. De esta forma, se han transformado en el segundo gasto en importancia para la industria, solamente superado por las inversiones en mano de obra.

Durante los últimos cinco años, los gastos de empresas como Norfolk Southern Railway se han duplicado, mientras que en el caso de CSX Transportation las erogaciones se han disparado en un 80% desde 2009. Por su parte, Kansas City Southern ha estimado que los costes de combustible han aumentado un 77% durante los últimos dos años.

¿Es posible mantener estos gastos bajo control, para seguir brindando un buen servicio sin sacrificar la rentabilidad del negocio? Para obtener una respuesta afirmativa a este problema, los directivos de las distintas empresas están implementando nuevas tecnologías, la compra de locomotoras más eficientes en términos de consumo de combustible, y el lanzamiento de programas de capacitación y de incentivos hacia los empleados, además de diseñar un enfoque más inteligente para la adquisición de combustible”.

Vamos que están desesperaditos, a pesar de que intentan darle al tema un toque optimista, por la vía titulada “la tecnología nos salvará”, muchas veces reeditada, y cuya futilidad ya hemos estudiado, así como por medio de la apelación al espíritu de empresa de los maquinistas, incentivado económicamente, tan dudoso como el anterior, pues mover un tren de varias toneladas requiere, por principio, de abundante energía, y poco será lo que puedan ahorrar, salvo que se afanen a empujar las locomotoras. Sigamos.

Flota mundial de aviones: 11.000 aeronaves de más de 100 pasajeros, todas ellas diseñadas para consumir diesel de aviación, aquí no hay tu tía.

Y ya que empezamos hablando de barcos, flota mercante mundial: 85.000 naves, tampoco electrificables, así como 1,2 millones de barcos de pesca por los mares del mundo.

Por si a alguno le quedan ganas de ser optimista, le diré que, por poner un ejemplo sencillo, que la construcción de una casa de tres plantas requiere del equivalente a 24.600 litros de gasolina, con lo que ya sabréis de donde procede el increíble descenso en el consumo de carburantes acaecido en el estado español (del estallido de la inexistente burbuja inmobiliaria).

En el planeta existen 55.000 ciudades de tamaño medio, que dependen intensamente de suministros de crudo para el bombeo y suministro de agua, eliminación de desechos cloacales, recolección y tratamiento de basura, mantenimiento de calles y parques, sistemas hospitalarios y de salud, cuerpos policiales y de bomberos, y defensa nacional (por tierra, mar o aire, que lo mismo da).

Ahora ya sabemos por donde empezarán, ya han empezado, las subidas de precio, los cortes de servicio y las restricciones.

La civilización industrial es como ese gigante bíblico del libro de Daniel, que narra el sueño profético de Nabucodonosor, llamado de los cinco imperios, que tenía los pies de barro cocido. Somos el quinto imperio. Los tristes tiempos que vivimos no tienen otro sello que el de la catástrofe, que será tanto más devastadora cuanto más nos empecinemos, como en el artículo ferroviario antes citado, en acabar las citas intentando ser optimistas (wishful thinking), pues en ese caso estaremos contribuyendo a que todo siga igual.

Saludos,

Calícrates

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cambio de tercio



eidico.wordpress.com

No se si os habéis dado cuenta, pero mi fino olfato de economista (que no soy) me indica que algo se está moviendo, por lo que conviene estar atento y posicionarse correctamente a fin de intentar evitar (el éxito no es seguro) perder hasta la camisa. Antes de entrar en harina me gustaría partir de una premisa que debería ser una obviedad, pero viendo como muchos se dejan llevar por la opinión de un gurú económico, una oferta pública de venta de acciones, o cualquier inversión ruinosa publicitada a bombo y platillo, pienso que puede no estar de más recordarlo.

Cuando existe lo que se dice un “chollo”, uno de verdad no de refrito, lo saben muy pocos, y se aprovechan menos. Es la base de la inversión sobre información privilegiada. Hay una prueba del nueve en todo esto. Lo que se ofrece masivamente nunca será un gran negocio. ¿Creéis de verdad que si las acciones de una empresa van a tener una subida brutal, por algún hecho concreto, quien lo sepa va a salir en la televisión en horario de máxima audiencia para decíroslo? Aconsejo a los incautos, que son mayoría, ver repetidas veces la película de Wall Street para saber como pegan sus pelotazos los escualos del parqué. Lo dice Michael Douglas: “yo apuesto sobre seguro”, y “toda batalla es ganada antes de ser librada”. Quien tenga oídos que oiga. Y si os ofrecen acciones de Bankia, porque va a ser un banco enorme, y todos sabemos que de la fusión de multitud de entidades de crédito quebradas sólo puede surgir una muy solvente, pues comprad, comprad, que se acaban… Realmente no hacen falta los asesores financieros. Basta con el sentido común, que por otra parte es el menos común de los sentidos.

Pero a lo que voy. Insisto. ¿No notáis nada raro? No claro, aún no lo ha anunciado George Soros, o Ana Patricia Botín. Si esperáis a éstos hablen llegaréis siempre demasiado tarde. Recordadlo: quién sabe calla, e incluso desinforma. Acordaos de los promotores, constructores y arquitectos (los que se lo llevaban crudo), que anunciaban el año 2006 que no había burbuja inmobiliaria. Observad los siguientes datos:

- bajada ostensible de la prima de riesgo, provocada básicamente por el humo que hecha la manivela de la impresora de Mario Draghi, aunque también porque estaba claro que Alemania no podía financiarse con tipos de interés negativos, pues está tan quebrada como los demás.

- detención parcial del desmesurado ritmo de recortes, lo que no quiere decir que se haya parado del todo la máquina trituradora. Simplemente la menor compulsión de las autoridades monetarias para la contención del déficit permite el relajo, lo que está siendo aprovechado por un gobierno que bajaba por una auténtica montaña rusa en cuanto a índices de aprobación de su gestión. De todas formas sabemos que el crecimiento no volverá, salvo de forma puntual y escuálida, y nuestra impagable deuda genera cada vez más intereses, también impagables, con lo cual los aparatos de tortura no tardarán en ponerse de nuevo en marcha, con un cadencia más lenta, pero segura e imparable.

- y sobre todo, proyecto de reforma del sistema de pensiones. Es la clave de bóveda de porqué se aproxima un cambio de ciclo económico (y no precisamente para que vuelva el crecimiento). Se han retratado, como no podía ser menos, puesto que el recorte directo de un 10 por ciento de las prestaciones por pensión contributiva, que era lo único que a corto plazo podía salvar el sistema, no va a producirse, puesto que era evidente que tal decisión era suicida en términos electorales. En cambio han ideado un curioso sofisma. Las pensiones subirán siempre como mínimo un 0,25%, pero cuando vuelvan los años buenos, y el sistema tenga superávit, podrán subir mucho más, e incluso compensar la subida del coste de la vida. Los que leemos blogs sobre los verdaderos motivos de la crisis inmediatamente adivinamos el engaño. Quien hace propuesta legislativa tan artera sabe que los años buenos no van a volver, que el déficit es estructural y que ha venido para quedarse, porque la actividad económica no va a repuntar, y enseguida empezarán a jubilarse los numerosos y temidos baby boomers.

¿A dónde voy con todo esto? Pues a que han tirado la toalla, y puesto que los recortes y las subidas de impuestos no dan para más (no hay opciones de seguir deflactando) han resuelto confiarlo todo a la creación bajo cuerda de dinero fresco, intentando ocultar la jugada para que el efectivo pierda a corto plazo el menor valor posible, y cuando ya no se pueda jugar más al ratón y al gato, atención, aceptan definitivamente que la única salida es la inflación desbocada. Y no estoy hablando de dentro de cien años, sino como mucho de los próximos cinco ejercicios fiscales, tal vez incluso antes, aunque es arriesgado predecirlo.

He dicho, y puede que me quede corto, que la única forma de continuar pagando pensiones es que éstas bajen un mínimo de un diez por ciento, esto es, casi lo mismo que han bajado los salarios de los funcionarios públicos. Y de hecho es la capacidad adquisitiva que pronto perderán, y voy a demostrarlo. Pensad que los problemas de tesorería de la caja de la Seguridad Social quedan claros cada vez que hay que abonar la paga extraordinaria, como en el caso de las administraciones públicas (especialmente la Generalitat de Catalunya). La razón es muy clara, el sistema tiene ingresos menguantes pero dotados de cierta estabilidad que proporciona la inercia. Sin embargo, como es de cajón, la llegada de un abono extraordinario los descuadra. Por eso, en el caso de las pensiones, tienen que tirar en junio y en diciembre del fondo de reserva (que por cierto, como ya he comentado en otro post, garantizaría las pensiones de los actuales trabajadores activos, que ya está claro que no existirán).

Haceos la siguiente cuenta. La inflación “oficial” actual se sitúa en alrededor del dos por ciento. No se la cree ni Pepito Grillo. El índice de precios al consumo es un cuento que se obtiene de una cesta de productos seleccionados con muy mala índole, y que además luego se “pondera”. Para que os hagáis una idea el alcohol y el tabaco entran dentro de la canasta mentada, y han subido bastante, pero con la “ponderación” apenas se considera que tienen un peso del 2,82% en el gasto familiar, con lo que todo queda suavizado y en agua de borrajas. Es evidente que no nos podemos fiar de las cifras del gobierno. Ni aquí ni en ninguna parte (pensad en Argentina, donde creo que la cosa ya es de traca). La inflación real en el estado español ronda el ocho por ciento. Si la electricidad, implicada como es lógico en todo tipo de actividades domésticas e industriales ha subido un reconocido 71% en un década (otras fuentes no gubernamentales estiman que la subida fue 105%), pues veréis que la cuenta queda bastante clara.

Pues bien, el año que viene empezará a aplicarse la nueva ley y ¡oh sorpresa! el ejercicio no será bueno, habrá déficit. Subida al canto del 0,25% para engañar a los que no saben sumar y hacer demagogia titulada “nunca bajaremos las pensiones”, a lo que habría que añadir, “en cifras nominales”. En términos reales, con la inflación también real, la bajada será del 7,75% (en datos de este año, el que viene será peor). Si a todo lo visto añadimos la pérdida resultante de la falta de revalorización de los años pasados, pues redondeando, el 10% antes indicado. Y esto para salvar los muebles el 2014. Ya veremos lo que se inventan el 2015, que pinta bastos aún más gordos.

En definitiva, pronto veremos dispararse la inflación (la ficticia, y mucho más la verdadera). La solución es desprenderse del dinero líquido, pero claro, hacia inversiones que por sus retornos resulten justificadas. La vivienda, salvo excepciones muy puntuales, ya hemos visto que no lo es, ni lo será. Os hablaría de acciones de empresas energéticas (petróleo) y alimentarias (lo único que la gente no hará será dejar de comer), si sus dirigentes corporativos fueran de fiar que, como ya hemos explicado reiteradamente, no lo son. Así que tampoco. Pensad en semillas aptas para el consumo (lentejas, garbazos, habas, todo crudo), aceites vegetales, vinagres, condimentos duraderos (sal, especias), alimentos en conserva, frutos secos envasados al vacío, accesorios electrónicos, tuberías de PVC, recambios, bombillas, apliques, metales (cables, clavos, tornillos, herramientas). Y sobre todo, oro y plata, suban lo que suban y bajen lo que bajen. Para los atrevidos comprarse un terreno rural y empezar a aficionarse a la agricultura ecológica. Mucha suerte.

Saludos,

Calícrates

domingo, 15 de septiembre de 2013

Distopía

fluzeandoando.blogspot.com
En ruta hacia los aciagos días de escasez que nos esperan en las futuras décadas, la única manera de mantener un remedo de orden social, esto es, de que los cratópatas que nos gobiernan conserven sus poltronas (pues el caos no es excesivamente gobernable ni permite el mantenimiento de “altos cargos”) es establecer algún tipo de estructura de severo control social. Aunque ya se ha avanzado mucho por dicho camino. El hecho de hacernos habitar insalubres ciudades desconectadas de los ciclos naturales, así como de la actividad de generación del imprescindible alimento (hoy casi totalmente industrializada), no fue sino un primer hito del sendero hacia la esclavización. También la promoción de grandes “ejes de comunicación” (o de desinformación masiva), con empleo de alta tecnología, tiene idéntica finalidad, aunque la red está suponiendo algunas dificultades, por lo que pronto será puesta en la cruceta.

El objetivo, como imaginaba la imprescindible obra de “ficción” de George Orwell1984”, es generar una pirámide con la casta político - financiera allá arriba, sin bajar su tren de vida, servida por una formidable aparato burocrático a su servicio, convirtiendo a los ciudadanos corrientes y molientes en “proles”, manteniendo con respiración asistida la civilización industrial, no en nuestro beneficio, sino en el de los propios elitistas, justo cuando a los pozos de petróleo se les empiece a ver el tenebroso fondo.

El mundo de Orwell se compone del omnipresente Gran Hermano, un partido único (para el caso también pudieran ser dos, que digan cosas un tanto diferentes pero a la hora de la verdad sean dóciles al establishment financiero) escindido en dos niveles, uno más próximo a la cúpula dirigente (inner party) y otro más más numeroso pero inferior, más cercano a la vida de la plebe, que permite dotar de personal laboral a las instituciones de represión y manipulación (outer party). Aquí se acaba el diseño jerárquico, realmente simple y efectivo, que tiene por base a los proletarios (denominados coloquialmente “proles”). También existe una ideología del régimen, el Ingsoc (que puede ser cualquiera de las que nos venden en la pequeña pantalla, socialdemocracia, liberalismo, que más da), y un enemigo por antonomasia, el astuto Goldstein (personaje inspirado por Troski), que a su vez dirige una supuesta organización contraria al sistema, “la hermandad”, respecto de la que Orwell sugiere que no es sino una simulación, como su propio líder, para favorecer la cohesión interior).

Cada uno de los grupos sociales indicados es totalmente hermético, por lo que podríamos decir que estamos ante un sistema de castas, que promueve, como no podía ser de otra manera, la idiotización de los proletarios, meros consumidores de cerveza y televisión, eliminando a los posibles líderes que pudieran surgir entre ellos.

Desde el punto de vista organizativo la sociedad que anticipamos tendrá, como en la novela, cuatro pilares básicos:

- Ministerio de la verdad: desinformación.
- Ministerio del amor: represión y control social.
- Ministerio de la paz, dedicado a prolongar la guerra, a fin de evitar la sublevación interior, mediante la creación de un enemigo exterior.
- Ministerio de la abundancia, para mantener a la población en permanente situación de subsistencia, consecuencia de la imposibilidad del crecimiento económico por la escasez energética.

Hasta aquí todo parece claro, pero nos falta la necesaria experimentación. Me preguntaba si en algún lugar del mundo y de la historia, en un país o nación concreto, o al menos sobre un grupo humano más o menos numeroso, se habrían puesto en acción los principios de Orwell. Tendía a pensar que no, hasta que empecé a estudiar una curiosa corporación de derecho canónico, nacida en tierras hispanas, actualmente constituida como prelatura personal del Papado, y que tiene un nombre más largo, pero es conocida popularmente como el opus dei. A través de las páginas de opuslibros.org me tropecé, punto por punto, con los métodos orwellianos, y debo decir que, aunque se trató de un descubrimiento personal, posteriormente observé que se me había adelantado un ex numerario inglés de nombre John Roche que textualmente manifiesta, en su valiente testimonio, que “el opus dei es como el mundo de Orwell, donde se emplea mucho el doble sentido, y el engaño interno y externo”. Veamos, en efecto, las similitudes.

- el Gran Hermano, que ya sabemos quien es, y con él han subido a los altares, para nuestra desgracia, la desvergüenza, la intransigencia e incluso la penalmente reprochable coacción (no lo digo yo, lo dice él). Aunque puede que sean buenas noticias para la prelatura, no lo son en absoluto para la Iglesia Católica como institución.

- el doblepensar, ver la realidad tal como es y, al mismo tiempo, como desea que la veas la organización, optando inmediatamente (tiene que ser en décimas de segundo, si no existe diálogo interno, murmuración y crítica), por la correcta. Así el opus te dice que vas a vivir una vida plena, luego te da lo que te da (una paliza de trabajo interno, otro tanto externo de “santificación de tu vida profesional” y “apostolado”, anulación de la capacidad de análisis, favorecida por la incomunicación exterior derivada de la censura prestablecida “por tu bien”, prácticas de “tortura” individual obligatorias,…), y tú inmediatamente debes decidir que sí, que tu vida es plena.

- control social: doble, a través de la charla fraterna (con tu director espiritual seglar al que cuentas tu vida social, con la obligación de una confidencia), y la confesión (con el sacerdote que se te asigne). De ambas se hacen detallados informes que se guardan en el centro y se envían a las oficinas centrales de Roma. El secreto de confesión se salva (suponemos) porque antes de confesarte el cura te interroga sin la estola puesta (sobre materia de confesiones anteriores), con lo que el Sacramento aún no ha comenzado, y es libre de mercadear con tu intimidad. Reconozco que el sistema está muy bien pensado, y es incluso mucho más eficiente que el puramente tecnológico que propone Orwell en su novela. Es prácticamente imposible colarles un engaño sistemático, tanto más cuanto el “santo” Josemaria opina que si te dejas algo por decir en la confidencia “tienes un secreto con el diablo”. Hace falta mala leche y pillería en abundancia (santas) para engendrar semejante desafuero, que tiene en una persona de mínima conciencia la efectividad de un estilete recién afilado.

- sanción organizativa (policía del pensamiento) a través de otro impresionante descubrimiento psíquico - sociológico como es la llamada “corrección fraterna”, reproche a quemarropa, con alevosía y premeditación, al que sólo se puede responder con una sonrisa. Ello convierte literalmente a todo miembro de la organización en policía secreta activa. Se concibe como un instrumento realmente sancionador y no meramente ascético, aunque para cubrir el expediente se le otorgan efectos secundarios también de dicha naturaleza. El elemento esencial, sumamente astuto, de la corrección es que debe ser autorizada por tu director espiritual (la jerarquía) lo que permite dirigir la coerción hacia las personas a las que los directores quieren escarmentar, eludiendo a los que tienen un comportamiento conforme al “buen espíritu” de la institución, o lo simulan. Te da el pensar que, aunque parece que la iniciativa de la corrección proviene de algún asociado que espontáneamente advierte la falta, en realidad deben ser los propios jerifaltes los que, en determinadas ocasiones, probablemente casi todas, dirigen las correcciones hacia donde interesa.

El problema que Orwell no vio, y que resulta claramente del resultado de la aplicación de los métodos opusianos, es que el constante embuste a ti mismo y a los demás termina provocando pequeñas heridas psíquicas, que al final se convierten en una importante úlcera mental. En efecto, de las demoledoras entradas de la página web que analizamos resulta que la obra está llena de enfermos psiquiátricos, con un enorme consumo de fármacos (para perseverar) y frecuentes visitas a médicos especialistas (por supuesto de la obra) que silencian la situación.

De todo ello debemos de deducir que la futura sociedad orweliana verá incrementarse exponencialmente el consumo de psicofármacos, cuando no directamente de drogas alucinógenas (ver también “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley), cuyo comercio será controlado, lógicamente, por los propios prebostes del sistema, que cerrarán así el círculo de su beneficio personal. La actualmente disparada prescripción de ansiolíticos y antidepresivos, incrementada por la crisis, será un juego de niños en comparación con lo que nos espera.

Otra cosa importante ocurrirá en esta nueva sociedad superficialmente dichosa y tenazmente manipulada, y nuevamente es la prelatura la que nos indica el “camino”. Tenemos la idea de que del opus dei no te dejan irte, o te ponen todas las dificultades posibles para ello, en el ejercicio de la santa coerción. Esto puede ser cierto respecto de la llamada “clase de tropa” que aún está por exprimir y no conviene que se marche antes de tiempo. Pero existen otros supuestos, mucho más ocultos, en que es el propio opus dei el que necesita que te vayas, y si no te echa por las bravas.

Ocurre que la prelatura personal diseñada por el Sr. Escriba, luego Escrivá de Balaguer (uno que sí quería ser catalán, al menos de apellido), como cualquier comunidad orweliana, es una perfecta pirámide, orientada al interés de los que ocupan su cúpula. Pero una estructura de este tipo tiene un problema. Cuanto más subes, menos sitio queda. Por lo cual, como en las empresas comerciales de gestión “moderna” (el opus no es otra cosa), solo hay dos vías posibles de desplazamiento interno: hacia arriba o hacia fuera (esto también me dijeron, lógicamente hace ya tiempo, que ocurría en la extinta Arthur Andersen, Arturo para los amigos, y debe ser práctica común en estas sociedades tipo “americano”).

En definitiva, puede haber un momento en que tengas que irte, sencillamente porque la organización ya no te necesita, pues ya no hay sitio para ti, y no saben dónde ubicarte. En este contexto debe leerse la espeluznante experiencia de Maria del Carmen Tapia, recogida en su libro “Tras el Umbral”. Entiendo que la mencionada, aun tocada por su imborrable experiencia en la obra, todavía no se ha dado cuenta, presumo, de que fue objeto de una estrategia “avanzada” de gestión de recursos humanos, y que su via crucis en dirección a la calle estaba pergeñado desde que culminó su trabajo como directora regional en Venezuela. Nunca hubo para ella otra salida que la que tuvo, ya decidida antes de que tomara el avión para ver al “padre”, en un viaje de ida sin vuelta. Lo que pasa es que no basta con decirle a una persona “vete”, después de que ha dedicado muchos años a la empresa, pues conoce muchos secretos internos de aquélla. Hay que machacarla psicológicamente, para sacarla de sus casillas y hacerla pasar por loca (psiquiatras otra vez), o amedrentarla (con algo así como “tenemos cosas que sabemos de ti que sería mejor que no trascendieran, por lo que te conviene discreción”), exactamente lo que hicieron en el caso al que me refiero.

Hay que pensar, sin embargo, que al salir del opus existe una sociedad para acogerte, donde podrás sanar de las múltiples heridas que tus andanzas en pos de la “santidad” (del acrecentamiento del ego en otro nivel que llamaríamos pseudoespiritual) te han inflingido. Como muy bien se deduce de la novela futurista que motivó inicialmente el post, en la sociedad orwelliana por venir la pirámide será la única comunidad posible para sus adherentes, por lo cual la expulsión de la estructura jerárquica sólo será posible en dirección a la eliminación psíquica (manicomio) o física, pues por pura seguridad del sistema a quien deja el “partido” (el aparato de control y sus secretos) no se le puede permitir que se vaya a comadrear con los “proles”. Eso sí, antes de su “partida” el sujeto en cuestión debe ser “reprogramado”, como ejemplo para sus iguales de que siempre hay “comprensión” para los refractarios, que vuelven “agradecidos” para prestar su testimonio de “amor al Gran Hermano”, antes de desaparecer misteriosamente. Por todo lo visto, en la futura sociedad distópica que nos espera, será poco conveniente iniciar la ascensión en la carrera de méritos, pues entonces tienes muchas más posibilidades de caer en el entredicho, con graves consecuencias. Diríamos que será más seguro gatear en el llano (ser un “prole”), que intentar escalar altas cumbres con peligro de caída por la escarpada pendiente. De todas formas es poco probable que la ubicación definitiva en el esquema social quede a criterio del interesado.

Es evidente que el opus dei no ha podido llevar la imitación de la realidad imaginada por Orwell hasta los extremos que mencionamos, y precisamente por esta razón se encuentra en graves aprietos. Los fugados y damnificados son multitud, y además ha surgido una herramienta que San Josemaría, a pesar de sus enormes recursos, no pudo prever: internet.  Los “exiliados” cuentan con múltiples páginas donde exponer sus lacerantes experiencias, poniendo en guardia a futuras posibles víctimas, y dejando en evidencia el andamiaje sobre el que se sustenta la “milagrosa” expansión e influencia de la institución.

Ahora saldrá el correoso jurista. Sabiendo que las asociaciones que persigan fines o utilicen medios tipificados como delito son ilegales (ex. art. 22.2 CE), el destino del opus dei debería estar muy claro. Pero dudo que lo veamos, porque “poderoso caballero es don dinero” (además dicen que un tercio de la carrera judicial está copado por esta secta), y porque resultará extremadamente difícil poner en dificultades a la organización que más se parece a la sociedad en la que, más pronto que tarde, nos va a tocar vivir.

Saludos,

Calícrates

viernes, 13 de septiembre de 2013

Trampa saducea


nihilnovum.wordpress.com
Se trata de una pregunta capciosa, en la que, se conteste lo que se conteste, queda comprometido aquél al que es dirigida. Ante lo cual lo más sensato es no responder, aunque con ello también queda comprometida la credibilidad del encuestado. No hay salida. Hagas lo que hagas, estás frito.

¿Cómo se consigue configurar una pregunta de este tipo? Pues planteando incorrectamente el problema de fondo. De esta manera existe una posibilidad de escapar vivo de la celada. Replantear el problema. Así la pregunta se contesta sola, pues la aparente contradicción cesa.

Cuando le preguntan a Jesús si es lícito pagar el tributo al César, se pretende enfrentarlo o a los romanos, o a los nacionalistas judíos. Pero el interpelado replantea la cuestión. Pide la moneda con la que se paga el tributo (Él no la tiene). Y luego insinúa que los que se quejan de los impuestos romanos son los que tienen la culpa de resultar grabados por ellos. Si aceptas ciertas ventajas comerciales y políticas de una ocupación, es lógico que tengas que devolver parte de lo que obtienes. Sal del circuito del dinero romano, no lo uses, y entonces no tendrás que pagar por él. La cuestión se resuelve sola. Y además, de propina, una grave acusación velada de colaboracionismo recae sobre los que patrocinan la emboscada.

No caigamos en la trampa saducea del mantenimiento a ultranza de la sociedad industrial. Mientras lo hagamos, continuaremos en situación comprometida, pagando, además, un oneroso tributo a los que nos han conducido a un callejón sin salida. Hablemos, por fin, claro: el maquinismo nació con la energía barata, y no puede subsistir a medio plazo en modo alguno, ni siquiera residual. Lo digo porque eminentes peakoilers, que tienen una idea bastante acertada de la naturaleza de lo que estamos viviendo, y que ofrecen datos de gran relevancia para entender este singular momento histórico, luego se lanzan a dar soluciones ingenuas, basadas en el mantenimiento, si no del BAU que conocemos, de otro supuestamente sostenible e igualmente absurdo.

No basta con decrecer y utilizar energías renovables, que por su estructura y funcionamiento no son sino meras extensiones de la energía fósil. Hay que replantear la sociedad en la que vivimos en sus cimientos, y esto sí que va a ser doloroso, mucho más que dejar de utilizar el coche o de desenchufar el cargador de la consola cuando esta cargada. Y lo es porque afecta a la estructura misma de lo que creemos que somos, a nuestro sistema de referencias.

¿Cuál es nuestra base vital? Muchos habitamos en ciudades grandes y medianas, que producen de todo, desde servicios financieros, coches de lujo o salvación a la carta a través de sectas con atractivo marketing social, pero que tienen que ser provistas de lo esencial, el agua y el alimento, desde zonas rurales, y no solamente del área geográfica de que se trate, sino de otras situadas muchas más lejos, incluso en otros continentes.

Algunos afortunados tendrán empleos por cuenta propia o ajena, que no les producen, en la mayor parte de los casos, satisfacción personal alguna, puesto que no constituyen una verdadera “vocación” (en el verdadero sentido de la palabra), y quienes los ejercen lo hacen sólo por dinero, bueno y por poder decir a los amigos y a la familia que soy “tal” y que hago “esto”, que me siento útil a mi sociedad inútil, que pago las facturas, y salgo de casa todos los días laborables a la misma hora, lo que me permite no pensar en lo absurdo de mi existencia.

Sois, tal vez, funcionarios, lo que lo sean, que habéis aprobado una oposición, y os consideráis por ello más listos que vuestros semejantes, y además más seguros, puesto que tenéis un sueldo de por vida, sin daros cuenta de que lo importante es la disponibilidad de recursos, de forma que, ahondado en las sucesivas crisis que vendrán, esa administración pública que os proporciona vuestro maravilloso empleo no podrá pagaros (lo que os pondrá en la tesitura de seguir realizando vuestras funciones a cambio de nada o no acudir a trabajar, con la consiguiente expulsión del cuerpo correspondiente), o peor aún, os abonará el salario en moneda hiperinflacionada, de forma que aunque nominalmente suponga un montante incluso superior a lo que habitualmente cobrabais (sobre lo que tendréis que pagar impuestos progresivos), realmente no os llegará ni para pagar los gastos de desplazamiento a vuestros pomposos puestos de trabajo.

Cuando alguien muestra ansiedad por el futuro post peak oil que nos aguarda, y me pregunta que hay que hacer le digo que una sola cosa, dolorosa y difícil, pero que una vez ejecutada solucionará todos los problemas de una vez: volver al mundo en que vivieron nuestros tatarabuelos, a vivir en pueblos pequeños y dedicarnos básicamente a producir comida. De esta manera se resuelve todo. Ya no necesitaremos dinero, puesto que el alimento, el agua y el techo que necesitamos, lo generaremos o lo intercambiaremos por lo que produzcamos. Tampoco pagaremos impuestos, puesto que nada y todo será realmente nuestro, y no existiendo registros ni catastros, no será posible embargarnos ni cobrarnos. Tendremos poco, pero necesitaremos menos. Y por otra parte, el mejor espectáculo no es el que ofrece la pantalla de televisión, el portátil o la tablet, sino un atardecer y su crepúsculo. Ocurre, sin embargo, que es más fácil decirlo que hacerlo.


Theodore John Kaczynski (Chicado, 22-5-42), también conocido con el sobrenombre de Unabomber, es un filósofo, matemático y neoludita, conocido por enviar cartas bomba, exigiendo la publicación de su conocido “manifiesto”, que llevaba por título “La sociedad industrial y su futuro”, firmado bajo el seudónimo Freedom Club, que finalmente apareció en las páginas del diario The New York Times, el 19 de septiembre de 1995, y que clama por una revolución mundial contra las consecuencias de la sociedad moderna, a la que denomina justamente “sistema tecno-industrial”.

Aunque evidentemente no podemos aprobar los métodos de un terrorista convicto y confeso, gran parte de su trabajo, especialmente el encabezamiento inicial de aquél, es perfectamente suscribible. Y la verdad es verdad, aunque la diga el porquero.

“La revolución industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países “avanzados”, pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el tercer mundo también el sufrimiento físico), y ha infringido un daño severo en el mundo natural… conducirá a un colapso social”.

En cuanto a lo que Unabomber denomina el “izquierdismo”, llegando a considerarlo una enfermedad mental, vamos a darle la vuelta a su argumentación. Es evidente que las fuerzas denominadas “progresistas” tienen un elemento corrosivo del orden jerárquico y civilizatorio. Pero ¿podemos considerar a la civilización industrial como una verdadera civilización? O más bien se trata de un sucedáneo insostenible, necesariamente de corta duración, surgido de la desviación derivada del pensamiento mecánico y analítico que caracteriza a nuestras ciencias experimentales. Entonces, si nos hallamos ante una tal aberración, ¿no serán bienvenidas las fuerzas que tienden a demolerla, aunque sea de modo inconsciente, así como absolutamente contraproducentes las que, llenas de “buen sentido”, tienden a perpetuar un estado de cosas demencial (conservándolo, conservative)?

En efecto, el credo de “izquierdas" al uso es también es maquinista y devoto del crecimiento exponencial, por lo tanto tampoco es la solución. Pero a veces para atacar el desorden tienes que recurrir a elementos que, aun descarriados e inconscientes permiten, gracias a su obra de zapa y derrumbe, poner al descubierto las vergüenzas del sistema. Esto puede parecer un poco cínico, pero en el fondo vivimos una guerra, y sabemos que en estos lances, como en los amorosos, casi todo vale a fin de avanzar en el único objetivo que puede traer la paz y a prosperidad a nuestro castigado planeta: lo reitero, la vuelta al orden verdadero (no a la falsa paz de los sepulcros franquista), la reconstitución de civilizaciones auténticas, de sociedades Tradicionales. Aunque en el fondo no importa. Hagamos lo que hagamos éstas constituirán, de cualquier manera, nuestro lejano futuro. Tiempo al tiempo.

Saludos,

Calícrates