martes, 29 de octubre de 2013

Un caso real



www.taringa.net

La huelga petrolera de Venezuela, entre diciembre de 2002 y enero de 2003. Bueno, para algunos más que huelga “sabotaje petrolero”, un salvaje paro patronal que habría tenido como objetivo derrocar al gobierno de Hugo Chávez, promovido desde el exterior por los de siempre (Usamérica) y apoyada en el interior por sus lacayos de la central empresarial Fedecámaras, los directivos y trabajadores de alto nivel de la empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA), los partidos de la desleal oposición, aglutinados en la coalición Coordinadora Democrática, y otros “elementos subversivos”.

Carezco de datos suficientes, por lo que no entraré a analizar la cuestión desde el punto de vista político, aunque las andanzas de la inteligencia americana por esas tierras, y su interés por el control del país y de la producción petrolífera venezolana (confirmado por el “golpe de estado” que había tenido lugar pocos meses antes) me hacen temer lo peor. Me centraré, en todo caso, en analizar las consecuencias para la población del desabastecimiento de combustibles que tuvo lugar en tales fechas, como consecuencia de la paralización de las actividades petroleras, basándome en el testimonio de Vladimir, un joven venezolano que vivió de primera mano la experiencia de lo que significa que un país se quede sin petróleo. Examinaremos las diferentes etapas del camino hacia el infierno que, salvando la cadencia de tiempos, nos pueden ofrecer interesantes indicios sobre el inquietante futuro que nos espera.

FASE I.- Al principio, no pasa nada...

Durante los primeros tres días de la huelga, la vida cotidiana seguía desarrollándose como de costumbre. La gente iba al trabajo, hacía sus compras, paseaba, veía la televisión,… como si nada estuviese ocurriendo, como si la cuestión no fuera con ellos. Sin embargo el miércoles por la tarde (el conflicto había empezado el lunes) se empezaban a notar colas en las estaciones de servicio para cargar combustible que, en ocasiones llegaban a los 200 metros, y que a todos parecían eternas, por la sencilla razón de que no podían sospechar lo que les esperaba. Al fin y al cabo el protagonista de los hechos vivía en Maracaibo, la capital petrolera de Suramérica, y no tenía idea de lo que era un corte de suministro de carburante, ni de sus efectos.

Como añadido personal diré que, a nivel global, esta es la fase en que nos encontramos ahora. Algo ha ocurrido (ocurrió en el año 2006, el cenit de producción de petróleo convencional) y notamos que las cosas no se desarrollan como de costumbre. Existen algunos problemas que creemos pasajeros (crisis, paro, problemas financieros, restricción del crédito, recortes,…) pero no nos hacemos cargo de lo serio de la situación, y no tenemos remota idea de lo que realmente nos espera, porque si la tuviéramos actuaríamos de forma muy diferente.

FASE II.- Las cosas se complican...

El viernes 6 de diciembre (han pasado cuatro días desde el comienzo del paro), la situación había empeorado, por el anuncio de que la marina mercante se unía a la huelga. Para entonces las colas en las estaciones de servicio alcanzaban los dos kilómetros de distancia en las principales ciudades, mientras que los pueblos pequeños sencillamente se quedaron sin carburante, pues el gobierno desviaba el combustible hacia los grandes núcleos de población, para evitar disturbios y saqueos, política que funciono hasta que la situación se hizo mas grave (y que nos ofrece un importante indicio de cómo se distribuirán las menguantes reservas energéticas en una situación de emergencia).

El día 15 de diciembre las colas para cargar combustible, tanto en Caracas como en Maracaibo, y lo mismo en el resto del país, alcanzaban cifras record de 20 Km. Pero esto no es lo peor. Empieza a empieza a ocurrir algo extraño. Ya no es que faltaran gasolina o diésel para los automóviles. Es que empezaban a escasear los productos alimenticios. La razón es muy sencilla. Al no haber combustible no había transporte ni, por tanto, producción, tanto de materias primas como de productos elaborados. Además, aunque la hubiera, no habría forma de trasladarla a los centros de distribución.

Vladimir nos narra sus increíbles peripecias en aquéllos lúgubres días: “recuerdo muy bien que mi padre y yo nos turnábamos para cargar combustible en la estación de servicio más cercana a nuestra casa. Yo llegaba temprano a eso de 7 de la mañana a donde estaba el auto en la cola, después de caminar 2 o 3 kilómetros, a relevar a mi padre que se había pasado toda la noche haciendo cola, y me informaba de la situación, que incluía generalmente atracos, o riñas por los primeros puestos en las colas”.

En efecto, pocos días antes de los que son objeto de narración un camión cisterna de 56 mil litros llegó a abastecer esa estación y fue asaltado por una pandilla de atracadores que mataron a dos de los escoltas del convoy y a tres soldados que custodiaban la bomba, todos los cuales estaban armados con fusiles ametralladores. Afortunadamente para los miles de personas que estaban haciendo cola, no pudieron llevarse el camión cisterna. Aunque como siempre llegaba el combustible y se empezaba a despachar la alegría era de corta duración, y se esfumaba cuando pasaban los primeros cien vehículos (automóviles, camiones, camionetas, autobuses,…) y consumían todo el combustible.

Lo peor, a tenor de la narración de Vladimir eran los devastadores efectos psicológicos de todo lo que venía sucediendo. Recuerda al mencionado que al mediodía sacaba un sándwich, para mitigar el hambre, y se preparaba emocionalmente para afrontar el resto del día. Muchas cosas le atormentan a uno mientras se encuentra en una situación así, haciendo cola durante horas metido en un automóvil, oyendo las noticias de la radio sobre el caos producto de la situación política, y con la incertidumbre de que los acontecimientos se pusieran fuera de control, y de que los bandos en pugna tomaran abiertamente el camino de la violencia armada, llevando la espiral infernal hasta las proximidades del abismo.

FASE III- La situación empeora aún más...

Durante la segunda y tercera semana de diciembre de 2002, la situación empeoró dramáticamente. Pasaron cinco días sin que llegara una gota de combustible, porque el gobierno desvió el poco que quedaba al transporte público (nuevo importante dato sobre las decisiones más previsibles en caso de escasez energética), por lo que la gente dejó abandonados sus vehículos y se fueron frustrados a casa, para hacerle frente a otro problema que había ido cobrando cada vez mayor importancia: la falta de alimentos y de gas para uso doméstico.

La mayoría de los venezolanos había hecho compras nerviosas durante los primeros días de la crisis, incluso antes del 2 de diciembre (día del comienzo oficial de la “huelga”. Pero a medida que se acercaba la primera semana de enero las despensas empezaban a bajar peligrosamente. Quienes tenían algo de dinero extra para capear la tormenta, habían conseguido productos que les permitían aguantar uno a dos semanas más, racionando el alimento hasta el extremo. Pero para las familias con pocos recursos, que necesitaban ingresos diarios para subsistir, pues no cuentan con reservas de ahorro, la situación había devenido crítica, por lo que se desató una oleada de saqueos masivos de comercios, para poder comer, especialmente en los “cinturones de miseria” que rodean las grandes urbes (Caracas tiene seis millones de habitantes). Sin embargo aquélla marejada salvaje, que dejó instalaciones comerciales destrozadas e incendios generalizados, no obtuvo prácticamente resultados, puesto que los almacenes y supermercados estaban vacíos, con lo que el hambre siguió su siniestro camino. Otro detalle importante, señal para navegantes. El gobierno y los medios de comunicación, pactaron censurar la información en relación con los asaltos, para “no incitar al saqueo”.

Pero los alimentos, además, requieren de preparación. El siguiente problema se suscitó en relación a cómo cocinarlos. Vladimir explica que Maracaibo tiene una red de gas de uso doméstico, pero hay zonas que no se encuentran cubiertas por aquélla, y lógicamente el servicio de distribución de gas en bombonas estaba interrumpido, por lo que se utilizaba carbón o leña a fin de poder consumir los alimentos perecederos, que requerían de refrigeración (pues los apagones se iban generalizando), así como para no echar mano de la comida enlatada, que se conservaba como oro en paño, como único recurso por si la situación se prolongaba.

FASE IV- Se cae el suministro eléctrico...

El suministro de energía eléctrica aguantó hasta la primera semana de enero (un mes desde el día D). Pero después llegó la oscuridad total a diversas regiones de Venezuela (veinticuatro horas al día sin electricidad, agárrame la mosca por el rabo), pues el gas escaseaba.

Sin embargo hubo estados afortunados, en concreto los que eran abastecidos por el complejo hidroeléctrico del Gurí, que estaba funcionando a su máxima capacidad y que, gracias a que el consumo había caído fuertemente debido a la inactividad del sector industrial y comercial, no tuvieron mayores problemas.

Esta situación de caos absoluto, para algunos más que para otros, se mantuvo durante las tres primeras semanas de enero. El gobierno, a la desesperada, empezó a comprar alimentos en el exterior (lo que pudo hacer por su sabia política de mantener bien provistas las arcas del Estado), distribuyéndolos racionados para mitigar el desabastecimiento.

FASE V- Algunos hacen negocio…

Mientras tanto el crimen organizado estaba sacando suculentos réditos del contrabando de alimentos y combustible desde Colombia y Brasil (generando a su vez desabastecimiento en las zonas fronterizas de los países mencionados) al cobrar la gasolina, que en Venezuela ha estado siempre subsidiada, casi cuatro veces más cara respecto de su precio normal.

Pero es que además los contrabandistas ya no estaban aceptando el Bolívar como moneda de pago, porque el Banco Central de Colombia y las autoridades comerciales locales brasileñas prohibieron las transacciones en esa moneda, debido a que había sufrido numerosas maxi-devaluaciones y no se sabía a ciencia cierta cual era su valor real.

Todo lo que narramos sucedía paralelamente a una guerra política sin cuartel por el control del gobierno central, que se libraba en las calles y en los campos petroleros, con un buen número de muertos y heridos, en medio de un caos indescriptible, que llego a su fin con el despido de 20.000 empleados de PDVSA (el 50% de la plantilla), el desmantelamiento de buena parte de la estructura industrial y comercial del país, y la aceptación por parte del Gobierno Nacional de un referéndum revocatorio, el cual se realizó el 15 de agosto de 2004, con resultados poco alentadores para la dirigencia imperial y sus secuaces.

Pero a pesar de la finalización del conflicto, la situación sobre el terreno continuaba igual. Seguían las colas kilométricas en las estaciones de servicio y establecimientos expendedores de contenedores de gas. Los apagones que continuaban. Esto era debido ya no a la falta de combustible sino al colapso del sistema (otro dato importante a tener en cuenta).

Los productos de primera necesidad, como los alimentos y medicinas, lentamente volvieron a los estantes de los comercios, pero tres o cuatro veces más caros que antes. Hubo de implantarse un control de cambio debido a que el dólar salto de 1600 a 1900 bolívares, para el cambio oficial, pero en la calle el dólar alcanzo los 3000, y hasta los 3500 bolívares. Afortunadamente el gobierno implementó un control de precios en los artículos de primera necesidad que permitió capear la situación sin que estallara una nueva revuelca en un país ya de por si dividido.

Acaba Vladimir su relato con estas palabras: “la situación se estabilizó después de dos meses, pero las secuelas repercuten hasta nuestros días, y no hay que ser un genio para darse cuenta que a medida de que la situación energética del mundo empiece a empeorar, dentro de algunos años, empezara a imperar la política de “sálvese quien pueda”, donde los que llevaremos la peor parte somos los que vivimos en países con recursos naturales debido a que seremos (ya lo estamos siendo y lo hemos sido), los blancos de la intriga internacional”.

Quedemos con los hitos de la sucesión de acontecimientos:

- desabastecimiento.
- desvío de recursos a los grandes centros urbanos.
- fuertes medidas de seguridad, que no detienen la violencia urbana.
- falta de alimentos.
- saqueos.
- censura previa y bloqueo informativo.
- apagones selectivos, que son totales en algunas regiones.
- contrabando y mercado negro.
- disturbios políticos en las calles.
- distribución centralizada y racionamiento.
- inflación y destrucción monetaria.
- control de precios y transacciones de divisas.

Evidentemente tratamos de un supuesto puntual de desabastecimiento, causado por una situación política muy concreta y difícilmente repetible, al menos en sus rasgos más específicos. Sin embargo la película de los hechos, al ralentí, en lugar de en un mes en cuarenta años (número cabalístico de la prueba y la tribulación) es perfectamente aplicable a la situación en que nos encontramos. Pero no lo sabemos porque se prefiere mantenernos a oscuras, para favorecer quién sabe que oscuros designios e intereses. O tal vez porque no estamos preparados para lo que se avecina, y viviremos más felices si nos lo encontramos cuando ya no tenga remedio.

Si no fuera por estos malditos whistlebloggers…

Saludos,

Calícrates

jueves, 24 de octubre de 2013

Blade Runner



academic.depauw.edu

Película de culto donde las haya. Un clásico moderno, con una increíble ambientación (el alma de todo buen largometraje), acción total en un período de tiempo limitado (su cuerpo) y un final sorpresivo (el Espíritu), las tres condiciones que hacen de un film una obra maestra. Observad que también concurren en otra película mítica: Casablanca.

Pero además de estas virtudes propiamente cinematográficas, Blade Runner plantea temas y preocupaciones que son muy propias del siglo XXI (donde transcurre hipotéticamente la acción, 2019) como la superpoblación (ciudades atestadas), la globalización (gran parte de la población de la futura Los Ángeles resultan ser asiáticos o provenir de lugares exóticos, por lo que se utiliza una lengua que es una mezcla de las más comúnmente habladas, interlingua), o el cambio climático (llueve constantemente, el cielo está siempre cubierto y es difícil ver el sol).

Pero sobre todo, Blade Runner, a través del particular ambiente detallado y original que rodea a los personajes, verdadero hito visual postmoderno, es una descripción bastante realista de un futuro en decadencia. El que nos espera. Y no es casual, creo, en el camino a esta decrepitud que se anuncia en cada secuencia del metraje, el que la película comience con una alusión muy clara a la energía, a través de varios estallidos llameantes que recuerdan las fumarolas de las explotaciones de petróleo o gas natural.

Recientemente se ha planteado una polémica en relación con el hecho de que el protagonista, Rick Deckard, pudiera ser en realidad un replicante, entrenado para dar caza a otros. Se basan los que defienden esta teoría en su obsesiva colección de fotografías, cierto brillo en sus ojos, y especialmente en el unicornio papirofléxico, que  implicaría que los más recónditos pliegues de su pensamiento son conocidos por sus compañeros de trabajo, sencillamente porque se trata de recuerdos y emociones que no son suyos, sino simples implantes.

ivanriosgascon.wordpress.com

Como siempre que se plantean este tipo de controversias ocurre un supuesto realmente complejo, insisto en que las cosas en el mundo real no son casi nunca simples y al alcance de “todo el mundo”. Resulta que quienes defienden tales teorías en el fondo están en lo cierto, pero sin embargo están equivocados, y de hecho demuestran que no entienden en absoluto el mensaje más profundo de esta obra maestra del celuloide.

En realidad, en un mundo como el que se muestra en la película, el que vivimos, todos somos replicantes. La vida misma se ha transformado en una trampa, de la que no sabemos como salir. La clave la facilita Edward James Olmos en una de las últimas escenas del film, una frase impresionante, probablemente no calibrada en sus últimas consecuencias incluso por sus propios creadores, que reza: “es una lástima que ella no pueda vivir, pero ¿quién vive?”.

Pues nadie. Todos somos autómatas, que vivimos en ciudades oscuras, alienadas, sometidas al control económico e ideológico de enormes corporaciones engendradoras de productos fuera de control (como la Tyrell), “pellejudos” pateando sucias calles atestadas de individuos que van a lo suyo, respirando aire tóxico y enrarecido entre columnas de vapor y humo en una noche perpetua, rodeados de luminosos rótulos orientales, publicidad desmesurada, y protegiéndonos de la lluvia con nuestros paraguas luminosos. Alzamos la mirada hacia un cielo siempre oscuro, y entre innumerables anuncios videográficos que nos incitan al uso del tabaco y los anticonceptivos, para intentar controlar el exceso de población, una voz electrónica desde un aeroplano nos sugiere huir hacia las colonias del “Off-World", el Mundo Exterior, donde supuestamente hay terrenos libres, aire puro y oportunidades de vida. Pero en el fondo, sabemos que nunca podremos alcanzar ese sueño utópico y salir del infierno que hemos creado, del pedazo de roca industrializada y mancillada llamada Tierra.

Ridley Scott no trata de contarnos una historia de androides. Para descubrir el mensaje real de la película hay que hacer un esfuerzo intelectual que probablemente supera las posibilidades del homo tecnologicus contemporáneo. Hay que desechar la letra y buscar el espíritu de lo que se plantea que, como suele ocurrir en el campo del verdadero conocimiento, se manifiesta como una paradoja. En efecto, en un retruécano imposible, quienes se han dado cuenta de que son replicantes, son acusados de serlo y perseguidos hasta la muerte (pese a que el expresado conocimiento los hace más humanos que los humanos). El líder de los Nexus 6, Roy Batty, el ángel caído, nos lo dice claramente: “yo he visto cosas que vosotros no creeríais”.

La consecuencia de ver la trampa del sistema es la liberación. Quien ha aceptado que el mundo, tal y como nos los vendieron desde niños, es una mentira, que esos hombres supuestamente honorables que salen pulcramente maquillados en televisión buscando nuestro voto para hacernos felices, son en realidad marionetas de algunos millonarios ocultos, de muy escasa honorabilidad, que han hecho fortuna gestionando o encubriendo negocios ilegales, especialmente el de la droga. Quien ha reconocido que la estructura económica moderna es un caballo desbocado, que cabalga sobre un planeta exhausto al borde de sus límites físicos. Quien ha interiorizado que el crecimiento exponencial sin límites es imposible en un mundo finito, y cuales son las inexorables consecuencias económicas, financieras, políticas y sociales que resultarán de todo ello. Ese ser excepcional es realmente libre. Libre de pensamiento, palabra y obra (incluso de omisión). Libre también de culpa, pues ¿qué responsabilidad puedes tener en la locura de un mundo que ya existía cuando tu llegaste? ¿Qué podrías hacer para reformar un sistema inviable, cuya equivocación se encuentra en sus mismas raíces? ¿Qué conducta puede exigirte una sociedad irreformable, salvo la que no está en tus manos, apretar el botón de “borrar todos los archivos” y volver a cargar el equipo con un nuevo programa operativo? Prácticamente ninguna. Sólo ver. Abrir los ojos con la mirada limpia de un niño, la de aquél que, en su inocencia, se atrevió a decir que el emperador estaba desnudo. Y sobre todo saber. Saber que no hay salida. Que tenemos implantado un chip de seguridad, de seguridad nuestra y del planeta entero, que limita, a Dios gracias, la existencia física y psicológica de la aberrante sociedad industrial. Entonces ya nada importa. Puedes asaltar naves en llamas más allá de Orión, o contemplar rayos C brillando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Te has convertido en un fugitivo.

www.philly.com

Los mantenedores de los blogs peakoilers y similares somos definitivamente replicantes. No se utiliza, en realidad, esta palabra, sino conspiranoicos, anticientíficos, catastrofistas, pesimistas o directamente malnacidos. Definitivamente debemos ser “retirados”, en este caso social, académica y cibernéticamente. Me sorprendo cada mañana de que determinados blogs con información realmente relevante sigan operativos. Debe ser porque las cosas todavía no han llegado a un punto crítico, donde tarde o temprano llegarán.

Como conozco en profundidad el modus operandi del enemigo, sospecho que en un momento determinado, que tal vez incluso haya llegado ya, se ofrezcan determinadas recompensas crematísticas a personas concienciadas y relevantes, para que cambien sutilmente su “línea editorial”. Debe tratarse de divulgadores del pico de producción del petróleo convencional realmente exitosos y muy conocidos, lo cual limita bastante el círculo de los posibles candidatos, incluso hasta número que puede ser contado con la palma de una mano. Todo lo cual manifiesto como aviso para navegantes en las condiciones de mar picada entre las que bogamos.

Mientras tanto, nuestra abigarrada pseudocivilización se entretiene en buscar culpables a una crisis que en realidad engloba varias a la vez, y a la que no acaba de verse una explicación racional, ni un presunto final (salvo en los cánticos de sirena de algunos think tanks, estos sí reconocidamente comprados, sobre que “llueve el dinero”, “hemos crecido un 0.1%” y “pronto seremos como Alemania”).

La realidad sigue siendo la que es, para quien quiera verla. Y como Harrison Ford agarrado a la viga metálica remachada, asomándose al abismo, nos retorcemos intentando encontrar un apoyo que nos permita eludir nuestro imponderable destino. Falta por ver cual será la mano que nos salvará definitivamente de caer en el vacío. Como en la película, puede que provenga de nuestro más cruel y temible enemigo. Pero esto lo contaré otro día.

Saludos,

Calícrates

martes, 22 de octubre de 2013

Políticas de igualdad



creandoutopias.net


Un documental de History Channel me ha llamado la atención. Trata sobre el Muro de Adriano, que los romanos construyeron en las Islas Británicas, y tiene una moraleja muy aleccionadora. Aparentemente la fortificación defensiva fue construida para defender los dominios romanos al sur de Gran Bretaña. Pero luego el mismo narrador te empieza a insinuar que la verdadera razón de los mandamases imperiales era otra.

En efecto, en una ciudad, en un territorio eminentemente urbano, densamente poblado, un muro puede tener cierto sentido defensivo. Pero en campo abierto es mucho más sencillo articular la defensa a través de fortalezas cada cierta distancia, unidas por carreteras con patrullas. Cuando te explican que para atravesar la muralla había que pagar impuestos empiezas a entender la verdadera razón de tamaña obra de ingeniería, absolutamente inútil, ya hemos dicho, en estricta estrategia defensiva militar (pensemos, además, que era sencillo bordear la muralla utilizando la ruta marítima).

Los pueblos de la antigua Britania al principio tampoco dudaron de las intenciones de sus conquistadores. Pero cuando tuvieron que empezar a “aflojar la mosca” para comerciar con los pueblos del norte, con los que siempre habían mantenido buenas relaciones, así como para acudir a dichos territorios, ricos en oro, plomo y hierro, se dieron cuenta de que el muro no iba contra nadie en particular, sino contra todos en general,  y empezaron a suspirar por ver a los romanos, y a su muro, bien lejos de la isla (por cierto que es curioso que las palabras inglesas wall y tax, provienen de los sustantivos romanos vallum y tasa).

Aprendamos una amarga lección. Las verdaderas razones del poder pueden no ser las aparentes. Incluso pueden ser muy distintas de las públicamente proclamadas. El discurso habitual sobre la crisis económica actual que, digan lo que digan, se inició con el pico de producción del petróleo convencional, sin perjuicio de los efectos posteriores (estallido de la burbuja inmobiliaria, crisis financieras, altos precios del crudo) que son perfectamente explicables a través de un examen complejo y laborioso (no todo puede ser sencillo) de la causa primera, sean absolutamente reales. Pero, como ya nos hemos explayado sobre tales temas, vamos con otro ejemplo de carácter muy diferente.

Algunas instituciones internacionales han adoptado políticas muy activas, por no decir agresivas, para favorecer la igualdad de sexos en el ámbito laboral.

Así la igualdad entre mujeres y hombres es un principio jurídico universal reconocido en diversos textos internacionales sobre derechos humanos, entre los que destaca la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1979, y ratificada por el todavía Reino de España en 1983. En este mismo ámbito procede evocar los “avances” introducidos por las conferencias mundiales monográficas, como la de Nairobi de 1985 y Beijing de 1995.

La igualdad es, asimismo, un principio fundamental en la Unión Europea, pues desde la entrada en vigor del Tratado de Ámsterdam. La eliminación de las desigualdades entre hombre y mujeres es un objetivo que debe integrarse en todas las políticas y acciones de la Unión y de sus miembros.

Al amparo en el antiguo artículo 111 del Tratado de Roma, se ha desarrollado un acervo comunitario sobre igualdad de sexos de gran amplitud e importante calado, a cuya adecuada transposición se dirige, en buena medida, la LO 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, que incorpora al ordenamiento español dos directivas en materia de igualdad de trato:

- Directiva 2002/73/CE, de reforma de la Directiva 76/207/CEE, relativa a la aplicación del principio de igualdad de trato entre hombres y mujeres en lo que se refiere al acceso al empleo, a la formación y a la promoción profesionales, así como a las condiciones de trabajo.

- Directiva 2004/113/CE, sobre aplicación del principio de igualdad de trato entre hombres y mujeres en el acceso a bienes y servicios y su suministro.

Y como soy mal pensado empecé a meditar sobre el asunto. ¿Cómo es que la igualdad de sexos en el ámbito laboral obsesiona tanto a nuestros dirigentes internacionales? Podríamos pensar que los desahogados que pueblan estos conciliábulos de “mamoneo” transnacional, hotel de cinco estrellas, mesa y mantel con adornos florales, bien pagados, mejor comidos y bebidos, poco susceptibles de ser tomados como modelo, salvo de ostentación de un tren de vida glamoroso e insostenible, han tenido un momento de debilidad, y en un alarde de filantropía y buenos sentimientos están de verdad especialmente preocupados por nuestras mujeres. Nuevamente es un espejismo. Como siempre, dar a los susodichos el beneficio de la duda es una actividad de alto riesgo, que suele acabar en amarga desilusión. Ahora entenderemos qué es lo que realmente buscan.

La tasa de fecundidad de una mujer trabajadora por cuenta propia o ajena se encuentra en el 1,2. Esto es, que cada mujer que trabaja fuera de casa tiene de media 1,2 hijos durante toda su vida fértil. Entendámonos, no es que se pueda tener un 0,2 de un hijo, se trata de un cociente de aproximación sobre los datos totales, resultado de dividir el número de hijos que tienen en total las mujeres con actividad laboral entre el número total de aquéllas. Las datos son globales, aunque, es evidente, varían de un país a otro, y resultan muy reveladores, puesto que conviene recordar que la cifra de reposición no se encuentra en uno, sino en dos, esto es, una mujer debe dar a luz, para que la población se mantenga al menos estable, dos hijos, uno por ella y al menos otro por el varón, que lógicamente no puede alumbrar.

Pues bien, la tasa de fecundidad en mujeres que no trabajan fuera del hogar ronda el 3,7 (en algunos países que por su estructura social la mujer prácticamente no trabaja prácticamente nunca fuera del hogar supera el 6).

Con tales estadísticas sobre la mesa, los verdaderos motivos de nuestras “caritativas” instituciones “pesebre” en el ámbito internacional resultan diáfanas. No es que les motive el bienestar, el desarrollo como personas y la realización profesional de nuestras féminas (estimar que uno se desarrolla en muchos trabajos estresantes y esclavos que ofrece el mercado es un sarcasmo). Lo que ocurre es que no saben que hacer para que paren de tener hijos. Y la razón se encuentra, una vez más, en la insuficiencia de recursos, especialmente energéticos, y por ende alimentarios, para mantener la creciente población humana del planeta.

La pantomima de las políticas de igualdad nos muestra como la dirigencia global hace tiempo que da crédito a los oscuros vaticinios del clérigo y erudito británico Thomas Malthus (que se limitó a plagiar al tratadista veneciano Giammaria Ortes). También nos enseña que los susodichos nunca dirán la verdad hasta que sea demasiado tarde, y recurrirán, mientras puedan, a remedios indirectos con señuelos sentimentaloides irrebatibles (a ver quien es el guapo que dice alguna cosa contra la igualdad de sexos), para mantenernos en ayunas sobre lo que realmente está ocurriendo y, especialmente, sobre lo que puede llegar a ocurrir. Porque información es poder, y ellos quieren el “dominio del espectro total”. Así las cosas, obtener y transmitir datos que no deben ser públicos es un acto revolucionario. Pero no basta con eso, hay que pasar a la acción, cada uno dentro de sus posibilidades. Sólo así dejaremos de ser un rebaño, conducido por impresentables pastores a quién sabe que oscuro despeñadero.

Saludos,

Calícrates

viernes, 18 de octubre de 2013

Economía de suma cero



bloglemu.blogspot.com

Hace unos días leí una declaraciones, no recuerdo de quién porque he perdido la referencia, que aparentaban ser anodinas, y que sin embargo, para el que sabe leer entre líneas y tiene conocimientos de economía (que se adquieren utilizando la sana intuición y absteniéndose rigurosamente de leer páginas salmón), son sumamente inquietantes. Decían algo así: “ya no podemos crecer basándonos en el endeudamiento público”.

Insisto en que aparentemente tales manifestaciones pueden resultar sensatas y llenas de buen sentido (de hecho lo son). Hemos de ser austeros. No podemos gastar más de lo que ingresamos. Nos pondremos a dieta para controlar los michelines de la deuda, que se reducirá a límites tolerables, y todos viviremos felices. Pero al que sabe de qué va la cosa le dicen algo muy diferente. ¿Por qué ahora no y antes sí? ¿Qué ha cambiado? Los lectores habituales de los blogs peakoilers deberían tener la respuesta.

El sistema de expansión a base de deuda ha tocado fondo porque hemos entrado, a causa de las decrecientes disponibilidades energéticas, en una economía de suma cero, y sólo se puede crecer si se generan, a través de la actividad económica, recursos o divisas que permitan adquirir crudo en los mercados internacionales, condición sine qua non para mantener el crecimiento.

A ver si lo entendemos. Cuando había petróleo para todos, y crecía su producción, pues podías endeudarte, y el mercado te facilitaba el crédito con perspectiva de cobrarse los intereses sobre la riqueza generada en crecimientos futuros (la deuda adelanta PIB aún no existente), regados por la inagotable energía barata de que disfrutábamos. El estado podía “cebar la bomba”, en expresión de Keynes, crear escuelas, hospitales, juzgados, carreteras, lo que inundaba el mercado de liquidez, engrasando eficazmente el sistema, y alimentando el crecimiento económico.

Pero ahora las perspectivas son otras. Los combustibles fósiles aún se producen en abundancia (y también una ingente pacotilla con TRE extraordinariamente bajas), pero la producción se estanca o declina ligeramente, y la energía neta disponible también disminuye, con lo que el aumento exponencial de tarta ya no está asegurado (o mejor dicho, es seguro que no volverá más), por lo que el país que se extralimite en sus gastos corrientes o de inversión lo pagará caro, y corre el riesgo de que se le cierren los mercados de crédito. Eso sin contar con los intereses por deudas ya contraídos, que pesan como una losa sobre las cuentas públicas.

Aquí en Españistán momentáneamente la caída en picado ha bajado algo el ritmo, en parte porque este verano hemos depredado (cual tiburones hambrientos) el turismo que se dirigía a los países del norte de África y Oriente Medio, “bendecidos” por sus correspondientes primaveras árabes, que se encuentran, por tanto, con menos energía a su disposición y al borde del colapso (y así lo que a corto plazo es una ventaja competitiva irá generando una bomba de tiempo que más pronto que tarde nos explotará en la cara). Aunque Juan Carlos Barba opina que ni siquiera las exportaciones, o las exportaciones invisibles que suponen los ingresos por gasto turístico son los verdaderos motivos de la deceleración de la tortura económica, sino la liquidez proveniente del rescate bancario. Y es muy posible que sea así a tenor de los gráficos.

En cualquier caso, a pesar de la favorable coyuntura los recortes no paran, aunque han bajado un tanto el ritmo. Y nuestra bien pagada clase (o mejor estirpe) dirigente local sigue sin explicar lo que realmente pasa, instalados en sobrevivir en el día a día, rezando a mentón caído por que se mantenga la desconexión absoluta de las masas en relación a las verdaderas causas del desaguisado, por la sencilla razón de que saben que lo peor está por venir y sólo quienes manejan las riendas deben estar al tanto y poder precaverse de las consecuencias. La jugada no puede salir más redonda. ¿Qué importa que unos cuantos locos hablen en blogs que nadie lee? ¿Alguien conoce a Richard Heinberg, a John Michael Greer o a Pedro Prieto?

Claro, algo de información tiene que fugarse por las rendijas, pero lo tenemos controlado. Diremos que se trata de izquierdistas antisistema, elementos peligrosos que tienen envidia de la excelente salud de nuestra “democracia” corporativa. Y mientras nos seguiremos poniendo salarios de vértigo desde los consejos de administración que controlamos, comprando oro y tierras, por lo que pueda venir, y desprendiéndonos de acciones de sociedades industriales, comerciales y financieras que sabemos que pronto no valdrán nada, endosándoselas a ingenuos que creen que la recuperación está a la vuelta de la esquina.

Hay quien dice que esto del fin del mundo es muy aburrido porque va muy lento. Pero recordemos que el proceso de caída no tiene nada que ver con el de ascenso, y repentinamente sobrevendrán bruscas rupturas de nivel, que no se podrán ocultar. Y de nada servirá estar vigilantes, porque no habrá señal ni aviso previo. Estáis avisados.

Saludos,

Calícrates

martes, 15 de octubre de 2013

El colapso del dólar



carvedstonequest. blogspot.com

Peter Schiff, presidente de Euro Pacific Capital, y prestigioso analista de Wall Street, uno de los pocos que lograron anticipar las turbulencias financieras de 2007 (crisis subprime) y de 2008 (quiebras bancarias), sigue insistiendo en que lo peor de la crisis aún está por llegar, como buen discípulo de la Escuela Austríaca de economía, que también inspira estas páginas, y que defiende, entre otras muchas cosas, que es imposible mantener el equilibrio entre la deflación y la hiperinflación.

Las bajadas de tipos de interés en Usamérica, hasta el 0%, y la compra masiva de deuda pública norteamericana por parte de la Reserva Federal le inducen a creer que existe una amenaza de elevada inflación a medio plazo, tal y como ya se ha estudiado en algún otro post (ver “Cambio de tercio”).

Además, la llegada de una espiral inflacionista hundiría aún más el precio de los bonos, con lo que la Reserva Federal tendría así un nuevo incentivo para incrementar la adquisición de deuda en un desesperado intento por evitar el derrumbe de las letras del Tesoro. De hecho, para evitar un aumento de los tipos de interés, la Reserva Federal debería adquirir todo tipo de deuda (estatal, empresarial, municipal, etc…).

De llegar a producirse esta situación, la inflación actual (la real, los datos oficiales de IPC son pura ficción) terminará convirtiéndose en hiperinflación, con lo que “nuestra moneda perderá todo valor y la economía se arruinará”. Para evitar esta “pesadilla”, la Reserva Federal debería “salir del mercado de bonos antes de que sea demasiado tarde y dejar que los precios caigan hasta que empiecen a ser atractivos para los inversores”.

Para ello, añade, “el rendimiento de los bonos tendrían que alcanzar los dos dígitos” (el valor del bono es inverso al tipo de interés que paga, actualmente la rentabilidad de los bonos USA ha subido algo desde mínimos históricos, pero está muy lejos de la cifra indicada), con lo que el estallido de la burbuja de la deuda pública (otra más) supondrá “tipos de interés mucho más altos”, y el aumento del coste crediticio disparará la morosidad y las quiebras, encareciendo la financiación del propio gobierno federal, que podría, advierte Schiff, necesitar ser rescatado.

Será “la madre de todos los rescates”, y Usamérica quedará entonces en manos de sus acreedores extranjeros. Si no están dispuestos a admitir aplazamientos o quitas “la única opción será el impago (default)”.

Pero no todo es política monetaria. También existe un problema de asignación de recursos. En un curioso video titulado “El inevitable colapso del dólar” Schiff hace uso de la parábola para ilustrarnos sobre como funciona de verdad la economía global. Un grupo de náufragos habría llegado a una isla. Eran siete asiáticos y un norteamericano. Tuvieron que dividirse las tareas. Un asiático se encargó de pescar, otro de cazar, otro de recoger leña para el fuego. Al norteamericano se le asignó la tarea de comer. Así que al final de día se juntaban todos y preparaban un festín. El americano se sentaba y se lo comía casi todo, pero dejaba unas migajas a los asiáticos, para que el proceso pudiera repetirse al día siguiente, de forma que pudieran pasar todo el día recolectando y preparando la comida del norteamericano. Un economista moderno vería la situación como sigue: el americano es el motor de la economía de la isla. Pero si nos ponemos a analizar fríamente la situación, veremos que lo que conviene a los asiáticos es ponerlo en una chalupa y lanzarlo de patitas al ancho mar (puede que haya a quién se le ocurra alguna solución más drástica). Así la vida de todos mejoraría ostensiblemente. Tendrían más comida, y tal vez no habrían de estar todo el día pescando y cazando, por lo que tendrían tiempo para echarse un rato en la playa y disfrutar de la vida.

La historia no es tan irreal como pudiera parecer, especialmente desde el punto de vista energético, el principal hilo conductor de este trabajo. En efecto, y por poner un ejemplo entre otros, Usamérica consume la mitad de la gasolina que se produce en el mundo, por lo cual el resto de los países deben conformarse con la mitad restante.

Schiff indica que los norteamericanos, más pronto que tarde, tendrán que parar de gastar y empezar a ahorrar, detener su consumo desaforado y empezar a producir. Pero ¿es esto posible? Dicha transición, como ya se ha explicado, implica una notable recesión, y nadie la quiere, así que todos intentan aplazar la solución, ganar tiempo, pero de esta manera lo que consiguen asegurar es que la recesión futura será mucho más severa. Nadie puede escapar de su sombra. En condiciones normales el colapso del dólar, inevitable, implicará que los americanos deberán perder poder adquisitivo, y los principales beneficiarios de lo que dejen de consumir estarán en Asia (como en el relato). Pero las cosas puede que no resulten tan sencillas. Usamérica tiene la fuerza militar, y la capacidad de poner en marcha la rueda de la convulsión total, para apuntalar su desacreditada divisa. Sí, la única opción de los americanos para no perder su posición privilegiada, es la guerra. ¿Entendéis ahora lo que ya hemos vivido, y lo que nos espera?

El dólar es la Sexta Flota. Es la capacidad de asegurar militarmente el suministro de petróleo del Golfo Pérsico (y otros lugares secundarios) a Occidente. Sólo aquí radica su verdadero valor. De hecho, el americano no está todo el día vagabundeando por la selva, sino que recorre la isla con una escopeta de cañones recortados, en prevención de cualquier amenaza para sí mismo y sus esclavos asiáticos. En este sentido podríamos estar tentados de opinar que el americano sí hace algo. Se ocupa de la seguridad de la isla. Pero es que hay un problema. La isla está desierta, y no existe amenaza exterior. De hecho si apareciera algún navío, la situación no podría mantenerse, pues existiría la posibilidad de que todos fueran rescatados.

Lo que hace el americano es asegurarse, con las armas en la mano, de que todo sigue igual, y de que sus siervos asiáticos trabajan sin descanso, y le aseguran su opípara cena diaria. Pero un serio obstáculo se asoma por el horizonte. Negros nubarrones. Siete personas en una isla tan pequeña son demasiados. El combustible y el alimento empiezan a escasear. ¿Cómo terminará la historia? Os mantendré informados, parece que el final puede ser interesante y sorpresivo.

Saludos,

Calícrates

jueves, 10 de octubre de 2013

Velocidad de circulación



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No, este post no va, a pesar del título, sobre la última ocurrencia del Gobierno de la marca España (ya da miedo leer el BOE, o interesarse por proyectos legislativos), que prevé aumentar la velocidad permitida a turismos, en algunos tramos de autopistas, hasta los 130 km/h. La verdad es que los precios del carburante, y la edad de nuestro parque móvil están para estas alegrías y para mucho más (es broma, claro). Pero bueno, supongo que se trata de darle más gusto al cuerpo (¡todavía!) a los escasos poseedores de Mercedes clase C, que disponen de liquidez para dedicarse a tirar el precioso combustible, que pronto nos hará más falta que nunca.

Como digo no se trata de esto, sino de examinar un concepto económico básico, que tiene una influencia determinante en el desencadenamiento de un período inflacionario. Dos variables son necesarias para que nos encontremos sumergidos en tal eventualidad económica:

1.- aumento de la oferta de dinero (de la masa monetaria en circulación).
2.- incremento de la velocidad de circulación de aquél.

La velocidad de circulación del dinero es el promedio de la frecuencia con la que una unidad monetaria se gasta en nuevos bienes y servicios producidos en el país en un período específico de tiempo.

En la práctica, los intentos de medir la velocidad del dinero son generalmente indirectos:

Vt = nT / M

donde Vt es la velocidad del dinero para todas las transacciones, nT es el valor nominal de las transacciones globales, y M es la cantidad total de dinero en circulación.

Si, por ejemplo, en una economía muy pequeña, un agricultor y un mecánico, con tan sólo una oferta de dinero de $ 50, compran nuevos bienes y servicios entre sí en sólo tres operaciones en el transcurso de un año como sigue:

  • El agricultor gasta $ 50 en la reparación del tractor.
  • El mecánico compra $ 40 de maíz del agricultor.
  • El mecánico gasta $ 10 en otros productos del granjero.

Observamos que 100 dólares cambiaron de manos en el transcurso de un año, a pesar de que sólo hay 50 dólares en circulación en esta pequeña economía. Ese nivel de 100 dólares es posible porque cada dólar se gasta en nuevos bienes y servicios un promedio de dos veces al año, es decir, que la velocidad era 2/año. Hay que tener en cuenta que si el agricultor compra un tractor usado al mecánico o le hace un regalo al mecánico, estas operaciones no entran en el numerador de la velocidad, ya que la operación no sería parte del producto interno bruto de esta pequeña economía.

Las expectativas de inflación también afectan a la velocidad de circulación, pues aceleran la demanda de productos y servicios. Mientras que la perspectiva de bajadas consiguen el efecto contrario. Por eso es tan dañina la deflación, pues si esperamos que una mercancía baje demoramos su adquisición, ocasionando un desplome de la demanda agregada y, por ende, de la actividad económica.

Para los keynesianos, la hipótesis de los economistas neoclásicos sobre que la velocidad de circulación del dinero es constante era poco realista, lo que viciaba de raíz la proposición básica del monetarismo, según la cual un aumento de la oferta monetaria (M3), una vez financiado el crecimiento del producto, entrañaba necesariamente un aumento del nivel de precios.

En cambio supuestos estudios empíricos de Milton Friedman (ver post “La verdadera doctrina del shock”), principal exponente del monetarismo, al parecer mostraban que la velocidad de circulación sí es constante, o al menos predecible a corto plazo y, por tanto, cabía concluir que todo cambio en la cantidad de dinero tendría influencia sustancial en el resto de las variables macroeconómicas, entre ellas la velocidad de circulación, lo que, a tenor de lo que presenciamos actualmente, no deja de ser otra tontería más de la Escuela de Chicago.

¿Cómo es posible que aumente la masa monetaria y no lo haga la velocidad de circulación del dinero? Pues porque tal eventualidad es perfectamente concebible y lógica, y porque, una vez más, Keynes tenía razón, pues era honesto, mientras que Friedman, marioneta de las élites pútridas, testaferro empleado para confundirnos de cara a los terribles tiempos que nos esperan, faltaba a la verdad deliberadamente. En efecto, hay que tener en cuenta, y se entiende sin haber estudiado economía en Harvard, que el dinero que se utiliza para gastos corrientes circula mucho más rápido que el que se dedica al ahorro. Por tanto, si los individuos de una colectividad deciden ahorrar menos y consumir más, la velocidad de circulación tenderá a aumentar.

Esto tiene otra consecuencia inesperada. Los pobres, que dedican casi toda su renta al consumo (porque no tienen más), son tremendamente inflacionarios (por eso a Friedman no le gustaban). Dicho de otra forma: poner dinero en manos de los ricos permite generar dinero a espuertas con escasas perspectivas de inflación. Y esto es lo que está pasando ahora y por eso sucesivas quantitative easing y barras libres de liquidez con intereses de risa del BCE no están teniendo consecuencias inflacionarias, por la sencilla razón de que ese dinero se emplea en tapar agujeros de los bancos que provocaron con sus políticas temerarias de préstamos la pasada burbuja, en pagar intereses al ingente dinero proveniente de tráficos ilícitos a cobijo en paraísos fiscales y, claro, también en remunerar a los miembros de los Consejos de Administración de las entidades financieras que nos han llevado a la ruina. Todo va bien. De momento.

Hemos de precavernos exhaustivamente contra pensamientos del tipo de que la hiperinflación es imposible porque “ahora no existe”, o porque "nunca se ha producido en el Estado donde vivo". Estas son las actitudes nihilistas que buscan provocarnos los continuadores de Milton Friedman (que suelen conseguirlo por la labor inestimable de sus medios de desinformación masiva), y en general quienes pretenden cogernos las espaldas, económicamente hablando, una vez más.

En pleno auge de los precios inmobiliarios leí una entrevista al alcalde del municipio de la Costa Dorada donde en aquél momento residía, no muy lejos de mi domicilio actual, a quien tenía por persona decente (entonces), que manifestaba textualmente “no hay burbuja”. Luego sí que la hubo, y además me enteré de que el citado individuo, que era arquitecto técnico, tenía importantes intereses en cierta sociedad de tasación que fue una de las principales responsables de la demencial subida estratosférica de los inmuebles, y que curiosamente estaba fuertemente participada por cierta caja de ahorros muy conocida aquí en Cataluña, que aprovechando la tesitura pudo colocar sus préstamos hipotecarios cada vez más inflados y fuera de la realidad. ¡Y seguro que algún malpensado cree que ambas honradas mercantiles actuaron de consuno para desplumar a diestro y siniestro! Alucinante. Me sorprende vivamente, habla el jurista, que a nadie se le haya ocurrido, en lugar de protestar airadamente, lo que por cierto esta justificado, empezar a poner querellas masivas por estafa.

NO OS FIEIS NI DE VUESTRA SOMBRA. Ha quedado meridianamente claro que muchas personas, por dinero, son capaces de prácticamente cualquier cosa. Sólo les detiene el código penal, y la posibilidad de dar con sus huesos en la cárcel. Y a algunos ni eso, porque piensan que son invulnerables. Y la verdad es que repasando el historial procesal de alguno de ellos, puede que lo sean.

He visto a algún economista de los que saben, que los hay, opinar que nuestro moderno sistema financiero “avanzado” evita una inflación elevada aunque se cree una gran cantidad de dinero físico. Esto es verdad, aunque conviene explicar bien porqué. En parte ya lo hemos hecho, dando cuenta de las verdaderas razones del execrable “Money for the rich” de Margaret Thatcher. Pero hay más. Hemos visto que dinero es deuda, y si los bancos no prestan, porque saben que el crecimiento no volverá (salvo en algún trimestre con datos raquíticos) y los prestamos no podrán ser devueltos, pues no se crea efectivo ficticio a través del multiplicador bancario, y la masa monetaria decrece, por mucho dinero electrónico y de papel que se genere, y que ya hemos dicho donde acaba.

Pero hay un dato mucho más importante contra el desencadenamiento, de momento, de altas tasas de inflación. Las actuales perspectivas de recortes, paro y deflación (aunque el dato de IPC no se lo cree nadie, ver post “Cambio de tercio”) desincentivan el consumo, y por tanto la velocidad de circulación del dinero, un dato, ya vimos, aún más importante que la masa monetaria para generar inflación.

Hasta aquí todo correcto, pero ¿qué pasa con las montañas de dinero que obran ocultas en los exóticos parajes opacos al fisco? ¿Y con los miles de millones de dinero ficticio creado en el pasado, que no pueden desaparecer porque obran en el balance de los bancos? ¿Y los derivados (dinero de diseño sobre efectivo ficticio) creados jugando con la ingeniería financiera? ¿Y las deudas endosadas a países expoliados por sus corruptas minorías dirigentes, que no tienen otro objetivo que permitir su saqueo y esclavización? Todo esto no puede desaparecer como por encanto. Caería el fundamento mismo de la economía parasitaria mundial.

De todas formas hay un detonante de la velocidad de circulación del dinero, que ni siquiera los economistas de mérito (que insisto existen) pueden prever, porque no entienden el peak oil, con lo que nunca habrán vivido algo como lo que nos espera. Se trata de la ESCASEZ. Y que no me digan que esto también es ciencia ficción. El mundo ha estado dos veces en alerta alimentaria los últimos cinco años. Otra cosa es que en el primer mundo no nos hayamos enterado.

De hecho tal inflación, proveniente de los crecientes costes de la energía, ya existe, pero está debidamente ocultada por las increíbles estadísticas oficiales, incremento de tipos en impuestos y tasas, explicaciones variopintas de la impresionante subida de la luz, privatizaciones de servicios esenciales y, por supuesto, por la manipulación permanente del IPC. Pero el dato esencial es psicológico.

Oigo a los que tienen dinero, que son más de los que parece, “en cuanto asome la inflación hago tal gasto, o acometo tal inversión” (aumento la velocidad de circulación de mis activos monetarios). El problema es que todo el mundo dice lo mismo, todos aguardan lo inevitable, por lo que, cuando llegue, la riada será mucho más alta que las precedentes, y nos cogerá con los calcetines tendidos.

Entretanto, los supermercados están llenos, las grandes superficies comerciales también, las tiendas que no han cerrado otro tanto, el carburante surge regularmente de los surtidores, y el dinero mantiene relativamente su valor, por lo que, los que tienen, todavía esperan, sin dejarse inquietar por las rebajas sobre stocks invendibles, las gangas que intentan animar al inasequible comprador y las continuas bajadas de precios de los inmuebles.

Sin embargo, el dinero no es otra cosa que un medio de cambio de mercancías o servicios, y cuando la disponibilidad de aquéllos se reduzca significativamente, pues tendrá que salir disparado a procurárselos. Concretamente será la falta de productos de uso cotidiano, y los de primera necesidad, la que creará expectativas de subidas de precios, y entonces será cuando empiece a salir en tromba la montaña de papel mojado que es el dinero fiat. Es pura intuición, pero planteároslo con un caso práctico ideal. ¿Qué haríais si tras recorrer cinco panaderías volvéis a casa con las manos vacías, y alguien en una esquina os ofrece una barra por cuatro euros? No hace falta estar un minuto en una facultad de económicas (o empresariales) para saberlo.

Otra cosa es saber cuando se va a producir esta falta de productos básicos. Pero sabemos es el petróleo el que ha hecho posible nuestro insostenible ritmo de vida, y que el cenit de producción de esta materia prima ya ha sido sobrepasado, así que la falta de bienes y servicios esenciales es sólo es cuestión de tiempo. De hecho en muchos países del tercer mundo, hemos dicho, es ya una realidad vivida a diario (ver post “Egipto”). En los países “desarrollados”, de momento, la disminución de las disponibilidades energéticas ha causado, causa, crisis, recortes, paro, desesperación, pero no escasez. Aunque conviene no confiarse. El agua de un río podrá dar muchas vueltas, pero siempre acabará en el mar. Además, retrasar lo inevitable, a quién tiene conciencia de que lo es, sólo le alarga la agonía. Claro que siempre queda el recurso de continuar desinformados. ¡Siga la fiesta!

Saludos,

Calícrates

sábado, 5 de octubre de 2013

El excremento del diablo



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Probablemente quienes iniciaron la explotación y utilización masiva del “aceite de piedra” debieron pensar que hacían un gran servicio a la humanidad. Sin embargo en realidad hacían caer sobre el “mundo del hombre” un pesado yugo, una auténtica maldición, condenándonos al más cruel de los destinos, el crecimiento desmesurado abocado al más temible precipicio, a la frustración de la más peor de las quimeras, en definitiva a algo parecido al engorde del animal cebado para el día del gran sacrificio.

Me dirán que en el entretanto no nos ha ido tan mal, que hemos tenido Ipads, hemos viajado a destinos exóticos, hemos degustado alimentos exquisitos traídos a nuestras rebosantes mesas desde el otro confín del mundo. También, y para nuestra definitiva alienación, nos hemos cansado de contemplar el mágico televisor, portador de todas las imágenes posibles y aún imaginables. Pero no es esto. El primer axioma de la planificación social es la sostenibilidad de lo planificado. ¿De que te sirve correr mucho para luego caer exhausto? ¿Para que pensar en explorar galaxias si luego no tienes para comer? ¿Porqué permitir una oleada de prosperidad a corto plazo para luego sumir en la ruina a las generaciones futuras?

Me acercaré al elemento básico de nuestra cultura del consumo, el petróleo, justamente denominado en su día por el diplomático venezolano Juan Pablo Pérez Alfonso “el excremento del diablo”, desde una perspectiva abiertamente simbólica (que ya he ensayado en algún post anterior), muy diferente de la forma de pensar lineal a la que estamos acostumbrados, que podría sugerir que existen metodologías muy diferentes de las que se emplean corrientemente en nuestros círculos académicos oficiales, escuelas técnicas superiores y facultades de ciencias exactas y naturales. Me basaré para ello en el artículo publicado en la Revista Símbolos, bajo el título El simbolismo del petróleo.

Es muy significativo que la principal fuente de energía de la sociedad moderna sea una substancia subterránea, producto de la descomposición orgánica de residuos vegetales y animales, el aceite de piedra, el aqua infernalis medieval

Y decimos significativo porque, en otro orden de cosas mucho más trascendente, el de las ideas y los valores, ocurre un fenómeno parecido. Lo que se ha venido en llamar la evolución del pensamiento, o el progreso científico, no es, en el fondo, sino la vulgarización de una serie de tendencias que en las antiguas sociedades Tradicionales estaban escrupulosamente delimitadas, cuando no completamente erradicadas. Son proverbiales los conocimientos matemáticos, astronómicos y geométricos del mundo musulmán del medioevo, y la importancia de su cultura, nodriza en este campo de la occidental. Sin embargo, el desarrollo de las posibilidades y aplicaciones prácticas que tales conocimientos suponían nunca pasó del orden teórico, a causa de la consciente prescripción de las de las leyes y doctrinas islámicas. En cualquier civilización Tradicional la manipulación de materiales del mundo subterráneo, no sólo el petróleo, también la fundición de metales, siempre ha sido objeto de un especial y consagrado tratamiento, solo ejercido, además, por las castas sacerdotales (ver los antiguos Kuretes, los Kabires y Dáctilos). Se sabe que el primer hierro que se utilizó no era de mina, sino meteórico, caído del cielo, y que mucho más tarde se optó por extraerlo de la tierra. Los indígenas americanos se servían igualmente en exclusiva del hierro celeste.

Estas proscripciones provenían de la constatación de que al mundo subterráneo le es inherente, desde el punto de vista simbólico, un sentido tenebroso, que se manifiesta también en la cualidad de los materiales que de él proceden. El simple hecho de encontrarse bajo nuestros pies, en lugar diametralmente opuesto al cielo y a su bóveda estrellada, lo define y ubica simbólicamente en el orden universal, dándole un valor propio, que presupone un determinado papel en relación al ser humano y su mundo.

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Las entrañas telúricas encierran un potencial de energías de dicha índole, es decir subhumano e infrahumano, que el hombre arcaico mantenía a raya a través de la fuerza eficiente de los ritos y los símbolos. La propia utilización del petróleo y sus derivados no constituía en la antigüedad, por descontado, una dependencia vital. Tampoco se realizaba un consumo exhaustivo de aquéllos, sino puntual y perfectamente tasado, en función de aplicaciones perfectamente inocuas e incluso consagradas.

Así se mantenía la armonía universal en el plano de lo humano, una de las funciones del Hombre Verdadero, del hombre tradicional. Pero el prohombre moderno, que es en realidad un hombre caído, ha desechado tan sabias precauciones, en su ciego afán consumista y depredador.

El petróleo es un líquido viscoso, un óleo, que como tal es a la vez ígneo, y por tanto almacén de luz y vida. No podría ser de otro modo, puesto que toda energía, aun la más telúrica y subterránea, tiene en última instancia su origen en el Sol, es decir: en la Luz y en el Espíritu.

El aceite de piedra tuvo antiguamente, hemos visto, un carácter y consideración marcados precisamente por su carácter inferior, y su origen mineral. Ahora bien, esta misma naturaleza de "agua infernal" es la que ha permitido canalizar su energía o potencia hacia la creación de un mundo artificial e inhumano, el de los motores y las máquinas, pues él es el alimento que los anima y dota de la falsa vida que manifiestan. De este modo, quebrantado el entredicho que pesaba sobre el pestilente y venenoso líquido, destructor de vida en los reinos naturales superiores (vegetal y animal), el hombre ha llegado a crear un sofisticado mundo mecánico, pseudo-animado, y ha creado una poderosa ilusión de movimiento y velocidad en el plano físico que no deja de ser, por inferior, la más evanescente y peligrosa de las posibilidades incluidas en el ciclo, como claramente podemos verificar por la comprobación empírica del agotamiento de sus reservas, que ya vislumbramos, y las crisis económico-políticas a que su escasez está dando lugar, por mucho de que los medios de comunicación corporativos nos mantengan racionada la información sobre el particular.

Es de observar la densidad del material de que tratamos, su ya mencionada procedencia de la degradación material de elementos muertos o desechos, su asimilación a la simbólica del color negro, y por ende su relación con el origen nocturno y acuoso, con la medianoche, la inmanifestación, así como su dualidad, por del retorno al mencionado estado mediante un proceso de combustión o derretimiento de estructuras, que bien podría compararse con el ocaso y fin de una civilización. 

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También debe destacarse su antigüedad, que lo vincula con los orígenes remotos donde se encuentran todas las posibilidades de manifestación, incluso las más inferiores, y su eclosión como factor imprescindible de la existencia actual hace apenas unas décadas, lo que pone en relación el principio y el final de un ciclo, punto éste en el que se manifiesta su fatal energía, una entidad destructiva impuesta al hombre por el hombre mismo, invocada como una falsa deidad llamada progreso (con un culto oficial a cargo de sus sumos sacerdotes, como dice John Michael Greer), reflejo de la ignorancia, la alienación, la dependencia y la impotencia de la humanidad contemporánea, que no ha podido crear ninguna alternativa de cambio a la servidumbre que aún le profesa, ni lógicamente podrá, puesto que la civilización moderna es producto directo de su potencia energética, y dejará de existir cuando aquélla falte.

Sí, los hombres de la Edad Media conocían muy bien el petróleo, el acqua infernalis, y también las "influencias" nefastas que eran producto de su uso y manipulación desmesurados. Pero tales advertencias fueron desoídas, ya lo he dicho, por los que diseñaron el modelo de civilización que estamos padeciendo, que como todos sabemos encuentra su principal sustento en sus múltiples derivados. Gasolina, carburantes, productos sintéticos, medicinas, plásticos,… forman parte esencial de nuestro entorno cotidiano, y sus efectos polucionantes no son sino una consecuencia nefasta más, inherente a su naturaleza inferior y maligna.

Las influencias del mundo subterráneo han, pues, brotado al exterior, y han provocado efectos verdaderamente destructivos y caóticos. Es de destacar la mutua influencia entre la energía mineral y el hierro, otro elemento subterráneo ligado al planeta de la guerra y de la destrucción (Marte). Los combustibles fósiles sirven para fundir y dar forma al acero, el que a su vez permite descubrir nuevos depósitos de aceite mineral, así como depredar y mancillar a la Madre Tierra, en una búsqueda febril de nuevos recursos, impuesta por un sistema económico dependiente del crecimiento exponencial, hasta la completa extenuación del mundo físico.

¿Acaso no estamos viviendo, junto con toda la naturaleza en su conjunto, esos efectos? La depredación y destrucción planetaria ¿no se verifican a través del metal, del hierro, el cobre, el plomo, el aluminio, el uranio empobrecido?, y mediante ingenios infernales, portaaeronaves, cazabombarderos,  retroexcavadoras, compactadoras, bulldozers, camiones y grúas gigantes, lanzamisiles, tanques, morteros,…

Los "símbolos" ligados al petróleo, y este mismo componente, no expresan evidentemente nada que se refiera a un orden superior, sino netamente inferior, es decir infernal (inferior = infer-nus). Es, pues, un simbolismo claramente "invertido". Veamos un ejemplo. ¿Por qué se denomina "oro negro" al petróleo? Una primera lectura nos diría que ese apelativo le viene dado por un valor económico (el petro-dólar) que lo hace semejante al valor del oro. Pero el oro es un metal que en todas las culturas tradicionales ha sido asociado al sol, el que a su vez ha sido considerado como el símbolo por excelencia del Dios creador (el Apolo griego), donador de la vida y del orden universal.

Es de observar que cualquier deidad celeste y luminosa también tiene una contrapartida infernal y oscura, es decir un reflejo invertido, su sombra. En el caso de la deidad que el sol simboliza, ese aspecto sombrío recibe en la tradición judeo-cristiana el nombre de Samael o Satán, el Adversario. Esta entidad es la que simboliza precisamente el «oro negro» del petróleo, de lo que se deduce que éste podría ser considerado como un "vehículo" que sirve de «soporte» para la manifestación de aquélla, para que factible el despliegue de su labor disolvente y disgregadora, la que por cierto cumple una función específica dentro del final del ciclo que estamos viviendo.

Saludos,

Calícrates