viernes, 10 de enero de 2014

Ciclo secular



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Examinemos este interesante artículo de Gail Tverberg en su blog Our Finite World, Diminishing Returns, Energy Return on Energy Invested, and Collapse. Intercalaré los parágrafos que me parecen más interesantes, en una traducción bastante libre con algunos comentarios, para luego hacer ciertas reflexiones.


“Sabemos que, históricamente, muchas economías que se han derrumbado a causa de los rendimientos decrecientes de la mano de obra humana... Por ejemplo, en una economía agrícola, la tierra disponible podía mantener a un número adecuado de campesinos, que garantizaban su óptima explotación. La incorporación de más braceros podía hacer aumentar algo la producción, pero no en la misma proporción que los anteriores trabajadores, por lo que sus salarios se fueron reduciendo”.

”Turchin y Nefedof (2009) en su estudio de los ciclos seculares llevaron el análisis de Tainter un paso más allá, analizando los datos económicos relativos a los colapsos históricos de ocho sociedades agrícolas que se desarrollaron desde el año 30 a.C. Esta imagen muestra mi resumen del patrón que describen.

ourfiniteworld.com

Típicamente, una civilización se desarrolló junto a un nuevo recurso que aumentó la disponibilidad de alimentos, como la limpieza de nuevas parcelas ganadas a los bosques, la irrigación,... Entonces la economía tiende a expandirse, por un período de algo más de un siglo, y la población crece hasta el límite de las posibilidades potenciales del nuevo recurso, fase durante la cual los salarios son altos.

Con el tiempo, la civilización alcanza un período de estanflación, que suele durar 50 o 60 años, cuando la población alcanza la capacidad de carga de la tierra, y los trabajadores adicionales ya no agregan proporcionalmente, como hemos visto, gran cosa a la producción. En el momento en esto sucede, los salarios de los trabajadores comunes tienden a estancarse o disminuir, de lo que resulta un incremento de la desigualdad salarial, la bajada general de las rentas del trabajo y la subida del precio de los alimentos. Para contrarrestar estos problemas, los servicios públicos se refuerzan paulatinamente, al igual que el volumen de deuda.

Y en última instancia, lo que conduce al colapso de la civilización es la incapacidad de los poderes públicos para recaudar suficientes impuestos a fin garantizar la subsistencia del creciente número de ciudadanos empobrecidos. Otros factores que juegan un papel importante son las guerras por los recursos, las dificultades para permitirse una dieta adecuada, que aumentan la incidencia de las plagas, la inestabilidad política y social, y los incumplimientos en la amortización de la deuda, que se traducen en crecientes dificultades financieras. Así las cosas las poblaciones tienden a reducirse, entre grandes convulsiones. Estos colapsos se producen a lo largo de un período de tiempo de crisis severa, por lo general de 20 a 50 años”.

El problema actual es que nuevamente han disminuido de forma creciente los rendimientos marginales. Los recursos que permitieron el crecimiento, en esta ocasión, fueron los combustibles fósiles, a partir del carbón, alrededor de 1800. La población del mundo creció desmesuradamente, debido al aumento de la producción de alimentos, y de las mejoras en la higiene. El período de estanflación se inició en la década de 1970, cuando nos encontramos por primera vez problemas en la producción de petróleo de EE.UU. (como predijo Hubbert), y subidas del precio del crudo. Además, en el caso presente, el decrecimiento productivo afecta ya no sólo al trabajo humano, sino también a las propias materias primas que constituyen el recurso básico, por la caída de la TRE. Ahora, la pregunta es si nos estamos acercando a la etapa de crisis, tal como se describe por Turchin y Nefedov”.

El comienzo de la civilización de los combustibles fósiles, es decir su utilización masiva hasta constituir la base energética de nuestra economía, se produjo sobre mediados el siglo XIX, lo que permite cuadrar el modelo de Turchin y Nefedof, en el sentido de que los años de crecimiento son algo más de cien. Por otra parte, y a pesar de las dificultades económicas que atravesamos, pienso, como la articulista, que todavía estamos en la fase de estanflación, aunque notando ya la aproximación del colapso, que se manifestará a través de dos variables a las que me he referido en otras ocasiones: inflación y escasez.

En efecto, la inflación desbocada, a cuyo vaticinio he dedicado varios posts, no debe tomarse como una profecía facilona que propongo para apuntarme el tanto si ocurre, o para decir, en caso contrario, que ha habido “ciertas externalidades e imprevistos” y que seguiremos informando.

Nada más lejos de la realidad. Afirmo tajantemente, sin temor alguno a equivocarme, que la hiperinflación llegará seguro. El problema es saber cuando. Intentaré explicarme con un símil. Imaginaos que os lanzan en paracaídas sobre una región desconocida del planeta, con diez latas de conservas, tres cantimploras de agua, un cepillo de dientes y un paquete de aspirinas. Llegáis a tierra, recogéis la lona y os disponéis a sobrevivir. Hace un día radiante. Incluso antes de buscar alimento y agua, no se trata de necesidades perentorias porque disponéis de raciones para tres días, lo que tenéis que encontrar es un refugio, o al menos un lugar resguardado donde poder ubicar el saco de dormir, porque es seguro que tarde o temprano llegará la noche. Las revoluciones cósmicas así lo imponen, porque lo único que tenéis claro es que estáis en el planeta Tierra. E incluso si estuvierais en otro astro sideral la cuestión sería igual, y sólo variaría el momento, por la diversa velocidad de giro sobre el propio eje. ¿Cuándo llegará la oscuridad? Pues no lo sabéis. Depende de la hora del día, la latitud, la longitud, la estación. Pero es evidente que tarde o temprano oscurecerá.

El caso que propongo es muy básico, y de fácil resolución. La posición del sol nos permite deducir con bastante aproximación cuando llegará el ocaso. Lo que quiero es que entendáis el fondo de lo que explico. Hay fenómenos que pueden llegar a darse o que es muy posible que sucedan. Pero hay otros que son totalmente seguros.

El magnífico artículo examinado, como el sol en lo alto del cielo, da una pista muy clara sobre la llegada del crepúsculo. Si el momento de la estanflación, para nuestra sociedad industrial, comenzó alrededor de 1970, y dura entre cincuenta y sesenta años, pues haced las cuentas. Luego viene la caída y la crisis, la real, no la precrisis en la que nos encontramos. Esta crisis total, que debe durar entre 20 y 50 años, se manifiesta en términos macroeconómicos, entre otros factores, por la rampante inflación. Ya lo vimos en su contexto histórico, por los titánicos esfuerzos del poder de entonces para detener lo imparable (edicto de precios máximos de Diocleciano). En otro lugar explicamos la naturaleza del dinero, y su carácter de símbolo de la riqueza, dependiente de la productividad de cada sociedad y momento histórico, de la que resultará la medida de su valor.

Poned en el plato un billete de 500 euros y mirad a ver si seríais capaces de coméroslo. Luego id a un supermercado y observad la cantidad de alimento que podéis adquirir con él, pues, de momento, hay abundantes existencias. Lo que nos lleva al concepto, también estudiado, de la velocidad de circulación, y de cómo es el incremento de ésta, que puede estar provocado por muchos motivos, uno de los más dolorosos la escasez, el que lleva al estallido final de la inflación. Y es precisamente la escasez, que no siempre está motivada por la falta de recursos, sino de medios para su aprovechamiento rentable en términos energéticos, la que convierte la simple inflación de costes en hiperinflación, que destruye el sistema monetario, a falta de una eliminación de capital circulante que es políticamente muy costosa, y virtualmente imposible, pues supondría el adelantamiento del colapso total, al agravar la acuciante falta de medios por parte de los poderes públicos (impuestos) para mantener los servicios básicos y sus propias estructuras.

Así pues, inflación ¿tal vez?, no. Inflación insoslayable, ¿para cuando? De hecho todas las medidas anticrisis no se basan en otra cosa que en intentar retrasar el momento fatal (evitar que la estanflación, incluso en forma de crisis de crecimiento, no se transforme en crisis total, en inflación galopante). A costa, claro, de recesión y paro (falta de liquidez en las masas trabajadoras que hunde el consumo y mantiene los precios). Sin embargo estas medidas tienen sus límites. Una vez en la calle el último funcionario interino o trabajador temporal, a los que quedan es muy difícil y costoso echarlos, o bajarles el sueldo. Y las pensiones hay que seguir pagándolas. ¿Entendéis ahora la necesidad de sucesivas reformas laborales y del sistema de prestaciones a las clases pasivas? Los parados no importan. Tarde o temprano dejan de cobrar.

Además, el dinero ficticio ya creado, especialmente desde el comienzo de la fase de estanflación se encuentra en alguna parte, quieto y a la expectativa, básicamente en paraísos fiscales. Hay más de los que parece, incluso algunos legalizados y en el patio trasero de casa (sicavs). De ahí las continuas burbujas inmobiliarias y de otros bienes. Y por eso algunos países ya están empezando a perder la batalla.

En Europa y en Estados Unidos, de momento, la cosa está controlada. También tienen más medios para conseguirlo, especialmente en Usamérica, dado el carácter de divisa de reserva internacional del dólar. Pero las autoridades monetarias saben que son como el ejército de Napoleón en Waterloo. Conocen su destino, y sólo aspiran a estar lejos, y forrados (no precisamente de moneditas y papelotes, sino de riqueza real, oro, plata, abastos,…) cuando llegue el momento fatal.

De todas formas, el que apenas tiene para llegar a fin de mes, poco puede hacer.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. Está claro que la inflacción galopante y destructiva llegará tarde o temprano cuando la masa monetaria deje de representar de forma mas o menos aproximada a la riqueza real. ¿Cuanto valdrán nuestros vehículos cuando no tengamos combustible para ponerlos en marcha? Pero el problema mas acuciante es el paro desmedido que nos corroe, a pesar de que tan solo sea el síntoma de que el sistema productivo se está desmoronando.
    Un saludo

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