domingo, 5 de enero de 2014

El éxito que pagamos todos



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No sé si estáis al tanto de lo que de verdad está pasando en el asunto de Sacyr en Panamá. Supongo que no, porque nuevamente se ha decretado el cerrojazo informativo, al menos respecto a lo que realmente interesa del asunto, como siempre que el poder y sus aledaños enseñan las vergüenzas. Os adelanto que continúa la caída por la pendiente de la indignidad post picopetrolera. Todo vale y siempre pagamos los mismos.

Veréis. Hace cuatro largos años Sacyr Vallehermoso y sus socios se quedaron con el contrato de ampliación del Canal de Panamá mediante una oferta claramente temeraria. El Gobierno panameño, a través de la entidad pública que gestiona la infraestructura, estimó que el coste objetivo de la obra era de unos 3.500 millones de dólares (no se lo creen ni ellos, siempre se calcula a la baja para determinar en tal sentido las ofertas). Pues bien, Sacyr se adjudicó la obra por 3.118, mil millones menos de lo ofrecido por el siguiente contendiente en la puja y por debajo incluso de la base de la licitación.

Se trata una vez más de la estrategia que denomino “circuito de fórmula uno en Jerez de la Frontera”. Se acomete una inversión absolutamente desproporcionada, sin capital ni capacidad financiera para ello, pero eso sí, se sale en todos los titulares de prensa, y se hace abundante demagogia titulada ¡somos los mejores! (los que apadrinan la tropelía). Cuando ya está claro que aquello fue una barbaridad pues dices, como el ex alcalde Pedro Pacheco, que “ahí está el circuito”. Sí, para que lo paguen cuatro generaciones sucesivas, y para plantar patatas junto a los boxes y en los paddocks. Miseria para todos, por largo tiempo, para que algunos saquen pecho un par de años.

Atención porque que el tema afecta, y de que manera, a todos los contribuyentes de Españistán, ya suficientemente golpeados por sucesivas vueltas de tuerca fiscales (mirad la letra pequeña de los presupuestos para el 2014). Sacyr pretende tener un “aval del Estado español”. La jugada estaba clara. Gano el contrato por cuatro chavos, y el resto ya me lo pagarán los cándidos de los españoles. Tal aval no existe. Lo que sí se firmó es un seguro con CESCE (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación), entidad mayoritariamente pública. No he visto el contrato, pero es de cajón que el evento ocurrido, que Sacyr abandone las obras porque le resultan antieconómicas, no puede estar previsto en la póliza como riesgo cubierto, por la sencilla razón de que la legislación sobre seguros, en cualquier país del mundo, no puede permitir, como es lógico, bajo pena de nulidad, que la causación del siniestro dependa de la exclusiva voluntad del asegurado. De lo contrario doy de martillazos al coche, y con lo que me paguen me compro uno nuevo.

¡Ojo! Porque Panamá no pagará, no son tontos, y Sacyr tampoco, menos aún a tenor de lo visto. Lo ideal para los citados, y también para el Gobierno de la España invertebrada y anestesiada, deseoso de quitarse el “marrón” de en medio, es que el pato lo paguemos todos los españoles. ¿Resistirá el ejecutivo del PP las presiones de las exitosas multinacionales presuntamente españolas, deseosas de seguir haciendo negocios por el mundo con vuestro dinero? Mejor no contesto, porque me temo lo peor.

Y atentos para la próxima vez que os intenten promover el orgullo patrio a cuenta de los contratos de obra faraónicos obtenidos en el extranjero (al tanto con al AVE La Meca – Medina o viceversa). Que os digan primero lo que os va a costar la broma. Porque para que sólo ganen los ejecutivos de las mencionadas empresas, y la tapa de solomillo la paguemos los demás, pues prefiero que no les adjudiquen ni la dispensación de alpiste a las palomas de Hyde Park.

Nos merecemos otra dirigencia política y corporativa. La marca España, ni ninguna otra que pueda sustituirla, valen un duro en manos de estos incompetentes. Pero claro, no saldrán por las buenas.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. La marca España es solo una forma de silenciar a quienes sufren los peores mordiscos de esta crisis y convierte la complicidad en deber patriótico. No está pensada para engañar a los de fuera sino a los de dentro.
    Un saludo

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