jueves, 6 de febrero de 2014

Estupor



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Ha podido causar un cierto asombro el post anterior, La pregunta del millón, donde propugno favorecer tasas elevadas de inflación. Es evidente que quien redactó este otro post no puede creer que la inflación sea la solución de todos nuestros problemas. Pero ocurre que, si alguien ha entendido lo publicado en este blog y otros similares, LA SOLUCIÓN NO EXISTE, no al menos en el curso del presente sistema económico, y quien dice económico dice político e incluso social (tales categorías están más relacionados de lo que parece a primera vista).

Asumido lo anterior es evidente que, de mantenerse las actuales estructuras productivas (que lógicamente van a luchar por no desaparecer, pues favorecen a ciertos, digamos, estamentos) es preciso acudir a soluciones imaginativas, que supongan soluciones a corto plazo. En todas ellas hay que tener presente lo que sigue, si uno no quiere perderse en el hiperespacio:

- los intereses de los oligarcas, en su vertiente corporativa-pútrida, y su excrecencia político-corrupta, no son coincidentes con los del resto del personal.

- los intereses de los actuales trabajadores ocupados no son coincidentes, en general, con los de los desempleados y demás personas en riesgo o situación efectiva de exclusión social.

- ya lo he dicho en otro lugar, pero no está de más repetirlo, los intereses de las personas actualmente cotizantes (lo que incluye desempleados con prestación), y los de los pensionistas, son enérgicamente divergentes, más incluso que los correspondientes a los grupos incluidos en el apartado anterior, y a salvo la dicotomía expresada en el primero, para cuyo supuesto la falta de convergencia es absoluta.

También, cuando ofreces alguna solución, a veces lo haces por mostrar otros caminos, o por ver si alguien pica, porque como casi todo el mundo va cortito de economía (sobre todo los que pretenden saber), igual no se dan cuenta de las últimas consecuencias de las soluciones propugnadas. Y es que, en la batalla que libramos, tampoco está de más un poco de mala uva.

Lo explicaré más claramente. En estos momentos el Reino de España no puede plantearse relajar las tasas de inflación, por la sencilla razón de que no controla la moneda que utiliza, y además se encuentra intervenido de facto. Si pudiera hacerlo, es evidente que ver aumentar la inflación produciría una mejoría de las cifras de desempleo, a costa de los actualmente ocupados (a los que se diría que la inflación es del 10%, cuando en realidad sería del 35%, como en Argentina, y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios existentes serviría para financiar las nuevas contrataciones).

Sin embargo hay un problema. La inflación tiraría del consumo, pues todo el mundo querría sacarse de las manos activos monetarios que pierden valor, y por tanto también del PIB. Y sabemos que crecimiento es energía. Un país aislado y de poca envergadura, podría permitirse el experimento sin afectar mayormente a los mercados globales de materias primas. Pero si empezaran a crecer muchos al unísono, ¿qué pasaría? Pues que el tirón en la demanda afectaría enormemente al precio del petróleo, en franca crisis de oferta, que se iría a las nubes ocasionando…  más inflación, que sumada a la ya creada haría saltar el invento por los aires. Lo he acabado por decir claro porque, aunque los figurones que dicen gobernarnos saben poquito, sobre todo de economía, los que dirigen el cotarro de verdad sí que saben, y no van a picar.

En el mismo sentido, globos sonda y mal café, hay que examinar otro tema. Quienes conocemos el origen real de la crisis debemos mucho a quienes, con los conocimientos técnicos adecuados (geólogos, ingenieros, físicos,…) han demostrado, más allá de toda duda razonable, la insostenibilidad de la presente civilización petrolera.

Sin embargo, ya lo he dicho alguna vez, fueron los practicantes de tales disciplinas de “ciencias” los que nos han llevado a este callejón sin salida. Y por otra parte la actitud que yo denomino “cientifista”, adolece de un defecto congénito, de complicada superación: la pretensión de situarse en esa porción maravillosa de la bóveda celeste que se encuentra por encima del bien y del mal.

Se mantiene, por parte de algunos de tales sumos sacerdotes de la religión (falsa) del progreso, que las propuestas denominadas “de izquierdas” son del todo improcedentes, porque no cuestionan el sistema económico vigente.

Totalmente de acuerdo. Ciertamente los planteamientos “progresistas” adolecen de la misma miopía que los denominados “conservadores”, y sueñan con el crecimiento, que buscan por otros medios, porque no entienden en absoluto las causas reales de la crisis. Lo que pasa es que todo rábano tiene unas hojas, y conviene agarrar al tubérculo de la manera adecuada, en evitación de males mayores.

Ocurre con los sabios de laboratorio que sus posiciones “lógicas” y no “ideológicas” serían fantásticas si pudiéramos trasladarnos todos al planeta Alderaan, para allí poner en marcha inmediatamente las propuestas decrecentistas y de sostenibilidad energética que los meritados tengan a bien esbozarnos en sus respectivas pizarras áulicas, con escuadra y cartabón. Pero la realidad tiene otra dinámica. Todos vivimos dentro de un tejido social determinado, incluso las eminencias científicas, y es poco probable que, justitos como estamos de recursos energéticos, podamos trasladar a nadie al espacio interplanetario.

En definitiva, tenemos que poner los pies en el suelo y caminar paso a paso, con soluciones ad hoc, algunas de las cuales no serán, desde luego, ideales, pero al menos nos permitirán avanzar en alguna dirección. Lo digo porque es evidente que las decisiones “lógicas” no se van a adoptar, al menos inicialmente, puesto que tienen un coste que no es asumible por los gestores de la cosa pública. Es entonces cuando entran en acción las estrategias, y un cierto maquiavelismo, para todo lo cual está claro que físicos e ingenieros no nos van a servir de mucho, salvo que tengan la bondad de desplazarse, con toda su intendencia, a una galaxia cercana, para no estorbar.

Hemos visto anteriormente cuales son los intereses divergentes. Ubicaros quienes estas líneas leéis donde corresponda. También hemos comprobado que los más explícitamente divergentes son los que mantienen las minorías dirigentes respecto del pueblo llano. Es del todo diáfano que el enemigo más temible son ellos, antes incluso que los trabajadores estables o las clases pasivas, que en definitiva forman parte del paquete de abajo. Existen páginas web que sugieren, incluso, que existen planes para hacer disminuir drásticamente la población. No entraré a discutir aquí la cuestión, pero no me parece improbable.

Es en este contexto cuando la izquierda, la de verdad y no los simulacros sin calorías que ofrece el sistema, puede ser de gran utilidad para tumbar o al menos asustar a nuestro enemigo más temible, sin perjuicio de que todo lo que se utiliza, desde este punto de vista, con posterioridad puede ser remitido al sumidero, sin agradecimiento de servicios prestados (usar y tirar, kleenex).

¿Servirán nuestros combativos agentes de la divine gauche para estos propósitos? Es complicado porque están muy desacreditados y apesebrados, por no decir comprados e infiltrados, que también.

Pero la idea, no es en absoluto descabellada, y además es vital, esto es, se ofrece al contraste en la realidad social existente fuera de los tubos de ensayo. Sea o no acertado el planteamiento, siempre puede modificarse su cumplimentación sobre la marcha. Y aunque cada vez que te mezclas en la lucha social corres el riesgo de ser utilizado, como hemos visto, seguro que lo dicho es más efectivo que quedarse en un púlpito sin hacer nada, salvo divulgar el mensaje.

Saludos,

Calícrates

2 comentarios:

  1. No se si lo he entendido bien. Lo lógico es que el sistema monetario se hunda en un abismo de hiperinflacción. ¿Hay alguna forma de evitarlo?
    En realidad sí. La inflacción solo es el ajuste natural del sistema a la riqueza disponible. En la antiguedad la moneda estaba en manos de la gente. En la actualidad la moneda está en manos de los bancos. Supongo que lo que pretendes decir es que la inflacción sería mas democrática que un genocidio planificado.
    Lo que pasa es que los que pretenden controlar el sistema pertenecen al sistema, y el bucle de retorno terminaría alcanzándolos. Si se hunde el barco podemos pensar que lo mas lógico, aunque inmoral, es hacer "lo que sea" para ser los últimos en ahogarnos. Pero si aceptamos la evolución, podríamos pensar que la moral es fruto de ella y una estrategia de supervivencia. Si el barco se hunde, la solidaridad es una estrategia mucho mas sensata que el sálvese quien pueda.
    Un saludo

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    1. Hola, he intentado demostrar que determinadas herramientas de política económica pueden conseguir resultados inesperados a corto plazo, como por ejemplo crear empleo y redistribuir las rentas del trabajo, las otras no se dejan, en favor de los actuales desempleados. Pero siempre tendremos encima nuestras cada vez más limitadas disponibilidades energéticas, que hacen de estos experimentos algo muy peligroso, razón por la que no se han puesto en marcha. En cualquier caso, como bien dices, nuestro destino ineludible es la hiperinflación, en el momento en que asome claramente la escasez. Pero ¿cuándo será esto? Es evidente que el objetivo de los que han diseñado las políticas que actualmente "disfrutamos" es retrasar al máximo tal escenario. Saludos.

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