domingo, 23 de marzo de 2014

La profecía



www.batiburrillo.net

2030. No sé porque motivo esta fecha me asalta constantemente. Y como veo, a tenor de las estadísticas de los dos últimos posts, que el hacer futuribles tiene gancho, pues vuelvo a ello. Además así aprovecho para dar un buen baño “de letras” a los que tengan la paciencia de seguirme, que con tanto pastel de cifras y gráficos que se ha perpetrado últimamente en la blogosfera peakoiler, a cual más angustioso, nos conviene un ligero cambio de tercio.

Para la concreción de los períodos históricos existe un método (no apto para científicos) llamado de la “determinación del centro”. Me explicaré con un ejemplo. Determinadas concepciones digamos “esotéricas” estiman, ya lo he explicado en alguna ocasión, que el desenvolvimiento humano se mueve en círculos, que determinan períodos de diversa duración, para la caracterización de los algunos de los cuales, los más decisivos, es necesaria la identificación del Millenium.

No, no se trata de un nuevo juego de ordenador, sino de la innegable evidencia de ciertos épocas en las cuales el pensamiento humano se estabiliza, y se vuelve digamos más interno, a fin de configurar un nuevo ciclo de manifestación, que posteriormente se externalizará dando lugar a una civilización “racionalista” (esto es, expoliadora de los recursos de su medio y absolutamente inviable a largo plazo). Si os interesáis por la comparativa histórica observareis que es frecuente, tanto entre Profetas verdaderos como entre lunáticos inspirados, anunciar un tiempo nuevo (Sanctum Regnum) que debe durar Mil Años (Milenarismo).

Vayamos al último de tales Milenios. Es nuestra Edad Media. Existen varios procedimientos para establecer el período temporal al que se refiere. Para la historia que podría denominarse oficial, la “Gran Noche” comienza con la deposición del último Emperador Romano en Occidente (476 a.C.) y termina con la caída de Constantinopla (1.453 d. C). Observemos que, en efecto, transcurren casi exactamente mil años. Sin embargo existen tesis discrepantes al respecto, que consideran que es más ajustado estimar que la nueva dispensación inició su andadura con la Era de los Mártires (282 d. C), hasta el fin de los Abasíes, del Reino de San Luis, y del imperio cristiano de Etiopía (1.260-1.270 d. C.), o  desde la creación de Bizancio (330 a. C.), hasta la peste negra (1.338-1.350 d. C). Y estas últimas hipótesis me parecen más acertadas. ¿Por qué motivo? Pues porque en ellas el Corazón del Reino, se encuentra mucho más centrado en relación con la periferia. ¿Y cuál es ese momento central, que determina, por indexación, los límites del Millenium? Pues el Reino de Carlomagno (768-814 d. C), periodo histórico en que se produjo la “ruptura de nivel” que dio lugar a algo completamente nuevo, constituyendo, por otra parte, la referencia de lo que había de venir después. El renacimiento carolingio es el Corazón el Sanctum Regnum, que permite delimitar el Millenium cristiano medieval.

Sé que estas consideraciones pueden resultar un tanto tediosas, para quien no está habituado a esta forma de pensar, pero pronto veréis adónde voy. El método de centrado del ciclo es aplicable a cualquier período histórico, y actúa en una doble dirección. Permite deducir los límites de la manifestación del ciclo, y también calcular donde se encuentra su centro, al que se dirige y del que parte en la fase de externalización, una vez conocidos sus contornos visibles.

En relación a la vigente crisis post pico petrolera, es relativamente sencillo fijar los límites precisos de su desenvolvimiento. Nadie en sus cabales, ni los cornucopianos más recalcitrantes, ni siquiera la AIE consideran que los combustibles fósiles nos vayan a dar juego más allá del año 2050. Claro que piensan que “se descubrirá algo nuevo”, lo que tal vez sea mucho pensar. Pero resulta evidente que la fecha citada las cartas estarán echadas, y por tanto el mundo físico, económico y energético no tendrán, para entonces, absolutamente nada que ver con lo que contemplamos hoy.

También es fácilmente identificable el inicio de la manifestación de los síntomas de agotamiento del sistema, que coinciden con los de la misteriosa crisis que padecemos, y que, en aras a la simplificación, fijaremos en el año 2010. Pues bien, el centro del ciclo menor que vivimos, entre 2010 y 2050, se sitúa, por pura aritmética simple, en los alrededores del año 2030. Y hay que tener en cuenta que si el centro de un período constructivo y de positiva transformación constituye un remanso de estabilidad y fuerza vital, el de uno de deconstrucción es, lógicamente, opuesto, enormemente conflictivo y convulso, pues se habrá llegado a un punto en que ya no se podrán dejar de tomar decisiones largamente postergadas, ya que los paliativos se habrán agotado, como los mismos recursos que constituyen la base del sistema productivo, por lo que se tendrán que atajar los grandes males con contundentes remedios.

Ferdinand Ossendowski, en su libro Bestias, hombres y dioses, narra la famosa “Profecía del Rey del Mundo”, datada en el año 1891. Aquí ya no se trata, evidentemente, de la aplicación del método histórico, ni de nada parecido, y por lo tanto el valor que se pueda dar al texto queda a la libre discrecionalidad del consumidor:

“Dentro de cincuenta años (1941) no habrá más que tres grandes reinos nuevos que vivirán felices durante setenta y un años (2012). En seguida vendrán dieciocho años de guerras y cataclismos. Luego los pueblos de Agharti saldrán de sus cavernas subterráneas y aparecerán en la superficie de la tierra”.

1891 + 50 + 71 + 18 = 2030

Y por si alguien me objeta que el año 2012 no ha empezado ninguna guerra, que repase otra vez la prensa con amplio criterio, pues es posible que las guerras actuales no sean como las de antes, al haber sido planificadas de otra manera (siempre se cocinan, es evidente, en algún sitio). Aunque de todas formas no debe perder la fe, porque puede que pronto las vea mucho más “clásicas”.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. Mientras no seamos excesivamente precisos no será demasiado difícil acertar en las profecías sobre el futuro que nos espera. De todas maneras sería bueno hacer algo más que esperar a que llegue la tormenta.
    Un saludo

    ResponderEliminar