viernes, 4 de abril de 2014

Cuestión previa


pansso.blogspot.com

Tenía preparado otro post para esta semana, pero un hecho puntual ha provocado que considere prioritario ocuparme, con carácter previo, de una cuestión que tiene cierta urgencia, y es conveniente tratar en caliente.

Hay un bloguero relevante en la cuestión que tratamos, a quien admiro profundamente, pero que a lo largo del último año ha entrado en una deriva que me atrevo a calificar de preocupante. Un post reciente es especialmente significativo en tal sentido, porque de forma solapada, tal vez ni él mismo es consciente, viene a propugnar una especie de dictadura de técnicos (científicos) que nos guíe en el tortuoso camino de la declinación energética, con el Libro de las Doce Tablas de los principios de la termodinámica en una mano y el cayado de Moisés en la otra, para que podamos cruzar el mar Rojo y alcanzar la Tierra Prometida.

Es cierto que el Congreso y el Senado están compuestos en sus dos terceras partes por profesionales del derecho, y eso, claro, en los laboratorios escuece. Pero tal cuestión no es de ahora, siempre ha sido así y así debe ser. Me explico. El poder ha estado tradicionalmente en manos de humanistas (cuando les han dejado los militares) por la sencilla razón de que su ejercicio atañe al ámbito de aplicación de tales disciplinas, pues supone una relación entre personas y no entre electrones, partículas subatómicas o corrosivos químicos. Además es lógico que las cámaras y comisiones permanentes legislativas estén integradas básicamente por juristas, pues en ellas se elaboran leyes y no ácido prúsico. La labor de los técnicos normalmente es subordinada, como asesores áulicos, pero la última palabra es y debe ser siempre de quienes ostenten responsabilidades públicas.

Es cierto que los políticos actuales son de una calidad ínfima. Pero el problema no proviene tampoco del hecho de que muchos sean juristas. Es consecuencia del defectuoso diseño constitucional (normal en una ley fundamental pactada entre el régimen anterior y la CIA), y también en parte de un defecto inherente al propio sistema democrático en todo aparato de producción capitalista, como es que evidentemente no se trata de un hombre un voto, sino un euro un voto, puesto que la puesta en escena electoral exige de importantes inversiones que no están al alcance de cualquiera. En fin, que dentro de los actuales parámetros los politicastros serían igual de corruptos si fueran todos Premios Nobel de Física.

No sé si preferir una dictadura de Democracia Nacional a otra del CSIC, entidad que, aparte de estar, desde su nacimiento, profundamente infiltrada por el opus dei, ha recibido muy importantes aportaciones públicas (hasta que se ha acabado la tela), y ha sido parte fundamental en la edificación del actual sistema industrialista y desarrollista, basado en el vehículo a motor e industrias intensivas en mano de obra barata y de escaso valor añadido, impulsada inicialmente por los ministros franquistas vinculados a la organización eclesial antes indicada, con sus “planes de desarrollo”, la que nos ha llevado al actual callejón sin salida, mucho más comprometido que el que afrontan Estados que optaron por otras bases económicas.

No basta, lo repito otra vez, con ver que nos estamos quedando cortos de combustible, nunca mejor dicho. Hay que estudiar qué sistema concreto nos ha llevado a tal situación, exigiendo insumos energéticos absolutamente inasumibles a largo plazo. Y tal sistema social no es otro que el industrialismo, que no ha sido específicamente desarrollado por humanistas, sino por esos relevantes técnicos, que en un momento dado se pusieron a “inventar”, por el sólo placer de hacerlo, y por la relevancia pública que les daban sus inventos, sin calibrar de una parte las consecuencias inmediatas de sus descubrimientos (es proverbial el caso del DDT), ni por otra si la sociedad a la que nos abocaban era sostenible en el tiempo y el espacio (y hace años que está claro que no lo es).

Es muy bonito decir, atención parroquianos “letrosos”: juristas, economistas, sociólogos... Estáis en un aprieto, y somos nosotros, los técnicos los que os avisamos, para ponernos la medallita una vez más. Señores ¿quién nos ha traído hasta aquí? Me recuerdan la gracieta de la ventosidad, cuando se decía que el que lo huele debajo lo tiene. Y eso en relación a los que ven el problema de que tratamos. No sé qué se puede decir de los que no lo ven o, por intereses de todo tipo, miran hacia otro lado.

Porque esta es otra. Se habla de los técnicos como si todos fueran San Francisco de Asís: insobornables, incorruptibles, independientes y siempre objetivos. El que tal sea el caso, estoy seguro, del bloguero al que me refiero, no quiere decir, evidentemente, que esto sea siempre así. Es más, me consta que no lo es. He visto deponer en juicio a muchos peritos técnicos, y con dinero por delante siempre encontrabas a uno para defender tus posiciones procesales, por muy aberrantes que fueran. Los científicos (o técnicos) también tienen necesidades prosaicas: comen, llevan al colegio a sus hijos, pagan hipotecas... Además, su actividad depende básicamente de subvenciones (cuando no de patrocinios que es peor), y éstas se conceden a proyectos que interesan al sistema, que no va a regar de millones investigaciones cuyas premisas de partida no se adecúen a sus intereses. Ya me he explicado sobre el particular al hablar del cambio climático.

Seamos claros. Regalos, invitaciones a conferencias en el extranjero, promesas de contratación o promoción profesional,… afectan igualmente a nuestros eminentes científicos, que no deben estar hechos de una pasta diferente a los demás mortales. Esto es especialmente preocupante en el campo de la medicina. Una vez, hace mucho tiempo, fui a ver a una amiga que trabajaba de médico en un hospital público. Me sorprendió observar que se podía distinguir a los médicos de otro personal sanitario, cosa difícil porque todos llevan batas blancas, por el hecho de que los facultativos portaban una libreta de uso profesional en el bolsillo superior, diseñada de forma que sobresaliera ligeramente y pudiera verse la propaganda de los laboratorios farmacéuticos que habían proporcionado tal material. Supongo que no hace falta decir mucho más.

Todos somos necesarios. Todos tenemos algo que aportar. Estoy seguro de que la nueva sociedad en la que nos tocará vivir necesitará tal vez más a los psicólogos infantiles y a los humildes jardineros que a los doctores en ciencias exactas.

Aunque los hechos sean hechos, nadie lo duda, la forma de encararlos y solventar los problemas que ocasionan en el día a día es muy variada. El que una sociedad tenga que vivir con un déficit energético anual creciente no evita que se tengan que tomar decisiones no técnicas sobre el reparto de la energía aún disponible. Y tales decisiones, de carácter político y trascendencia social, sea o no del agrado de los técnicos, serán siempre tomadas por humanistas.

Saludos,

Calícrates

1 comentario:

  1. En realidad los "técnicos" de mayor peso en el gobierno y en la política son los economistas, de hecho en Europa estamos asistiendo a gobiernos tecnócratas, que por ser quien es la economía, se pueden permitir el lujo de no dar una en el clavo y seguir prescribiendo recetas y placebos para un mal que no entienden, no quieren entender o no quieren que la gente entienda.
    Otra cuestión que no tengo clara, es cómo elegir ciencias o letras en una carrera universitaria puede determinar nuestro humanismo. En mi opinión, lo que en un principio pueda parecer una proclama contra el absolutismo científico, y que suscribo en buena parte, al final termina pareciendo otra cosa. Exceso de vehemencia, pudiera ser.
    Últimamente no veo el humanismo en nuestros gobernantes de letras sino mas bien la desfachatez.
    Me parece una vía muerta convertir lo que debería ser una complementariedad de conocimientos en una retahíla de reproches sobre qué nos ha traído hasta aquí si las ciencias o las letras. En mi opinión puede resumirse en una palabra: la estupidez.
    No es la termodinámica la ejecutora de nuestros sueños de grandeza, sino la insensatez. La termodinámica representa los pilares del edificio de la Naturaleza, su constitución, el sostén sobre el cual podemos construir nuestra vida. No hay mas castigo que el fracaso para quien emprende la tarea de desafiarlas y ese desafío parte de la misma biblia, del Génesis "Creced y multiplicaos..."
    No es tiempo de idealizaciones pretéritas o futuras, sino de no errar sin obtener el beneficio de la lección aprendida. Lo cierto es que en el futuro no podremos crecer en lo que tenemos, pero nada nos impide crecer en lo que somos.
    Un saludo

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