sábado, 3 de mayo de 2014

Crónica de un viaje (III)



www.arteguias.com

Es Sábado Santo, o de Gloria. Dídac y su mujer, una polaca alta, espigada y rubia a la que conoceremos por el estrictamente imaginario nombre de Natacha, me llevan a bendecir comida y huevos de Pascua a la entrada de una iglesia cercana. Un enorme cartelón anuncia la turbo beatificación de Juan Pablo II, que por cierto en aquel momento me era desconocida, junto con su foto y un rótulo que me traduce solícito Dídac, y que por lo visto reza “no tengas miedo de ser santo”. Un escalofrío me recorre la espina dorsal. Aparte el indudable sabor opusiano de la frasecita, me da una impresión parecida a como si dijera “atrévase Vd. a ser Abogado del Estado”.

Han convertido la religión en unas oposiciones. Todo consiste en “esforzarse”, “actuar” y sobre todo “adelantar a los demás”, estar siempre en el “candelabro” que decía aquélla. ¿Dónde quedó el desprendimiento personal, la atención a los que sufren y a los desheredados, la meditación sobre los arcanos insondables del Misterio? No, no, por favor, todo eso era muy complicado. Además por ese camino se nos puede colar algún descamisado. Vd. vístase bien, obtenga cargos bien remunerados, pise fuerte donde y como le ordenen, gane un buen dinero, y no se preocupe que en la otra vida le colocaremos también por delante de todos estos perroflautas. Si fuera tan fácil milenios de cultura religiosa, de fe y observancia devocional, tan imbricada en el acontecer humano, no tendrían mucho sentido. Transponer egos colosales a la vida ultraterrena puede que sea un gran negocio, pero desde luego no es verdadera espiritualidad.

La figura de Juan Pablo II es omnipresente en Polonia. En menos de una semana vi hasta tres estatuas suyas, uno de ellas en una mina a más de cien metros de profundidad, aunque debe de haber muchas más. Comprendo que la sufrida Polonia, tantas veces sojuzgada por sus poderosos vecinos, necesite símbolos con los que identificar su renacida identidad como nación. Sin embargo tal vez le convendría elegirlos mejor. Reconozco que nunca me fue simpático, el nuevo santo. Frente a sus retratos tengo la misma impresión que con los de otro reciente beatificado, Escrivá de Balaguer, Josemaría. Me parece que ambos se están riendo de mí y del mundo entero desde el otro lado del marco de sus fotografías.

En relación a Juan Pablo II, se rumorearon durante largo tiempo sus relaciones con ciertas organizaciones de inteligencia occidental, rumores abonados por la extraña muerte de su predecesor, que quería seguir la estela de Pablo VI, a quien impostó poniéndose su nombre. Tales digamos “conexiones”, más habituales entre personajes públicos de lo que pensamos, fueron probablemente la causa del atentado que sufrió, al parecer a manos  de la inteligencia búlgara (tiene sentido, suelen emplearse los servicios de organizaciones hermanas para esta clase de trabajos tan sumamente sucios).

De vuelta desde la iglesia, en una barriada tranquila y coqueta, vemos una casa de una sola planta superior, con un jardín pequeño; vamos lo que llamaríamos aquí en Cataluña una torre, y en Madrid un chalet. Al parecer Natacha estuvo interesada en adquirirla, pero cuando se enteró del precio se le quitó la idea de la cabeza. Un millón de zlotys. Doscientos treinta mil euros. En Polonia esto es incluso más dinero que aquí. Una verdadera barbaridad. Además, por lo visto, por dentro el inmueble en cuestión no valía nada; estaba para reformar. Pues bien, a pesar de todo lo dicho el meritado casoplón se vendió, presumiblemente por un precio cercano al inicialmente exigido. Utilizo esta anécdota para ilustrar hacia donde se dirigen los polacos, un lugar que aquí en Españistán ya hemos visitado. Algunos ya me habrán cogido.

Dije en el post anterior que existía un factor macroeconómico que impedía que en España tuviéramos los datos de empleo de Polonia, aun bajando sueldos a la altura de las rodillas. Se trata de que por estos lares, burbuja mediante, estamos endeudados hasta el cuello, mientras que los polacos, recién salidos de las sombras del telón de acero, pacen pobres pero honrados en amplias praderas, y están en vías de que les pongan el dogal al cuello, esto es, tienen aún capacidad de endeudamiento. Carteles de todo tipo, casetas de colores brillantes y amables ejecutivos con chaqueta y corbata que ofrecen financiación a la medida de cada bolsillo, nos hacen temer lo peor en cuanto el futuro a medio plazo de los polacos. Y claro, éstos, novatos en las lides del capitalismo, y un vez más en manos de economistas que sirven a las finanzas internacionales (lobos con pieles de oveja) no son conscientes de la bomba de relojería que tienen entre manos. El verdadero objetivo de toda ciencia que se precie, no solo la economía, debería ser la correcta interpretación de los signos que nos ofrece la realidad. Pero claro, esto sería un torpedo en la línea de flotación de nuestros oligarcas, así que no lo esperéis, salvo en algún blog marginal y fácilmente ninguneable.

Hay otro motivo por el que se permite a los polacos crecer hasta con cifras de dos dígitos, hecho por cierto rigurosamente ocultado por la mayoría de los medios de difusión generalista corporativa (¿alguien ha oído hablar en un telediario de lo bien que, de momento, les va a los polacos?). Polonia ha sido incluida in extremis (ingreso en la OTAN y la UE) en aquella porción del mundo digamos “salvable” cuando las cosas se pongan muy feas. Por ello los ignotos cerebros pensantes han determinado que en el plazo más breve posible debe dotarse de una serie de infraestructuras básicas que en este momento presentan grandes deficiencias (aeropuertos, líneas férreas, carreteras y autovías, centros comerciales,…), y que se encuentran (doy fe de ello) en ejecución o recientemente inaugurados. Todo lo cual me lleva a pensar que la planificación globalista planetaria descuenta ya la necesidad de un sistema de provisión centralizada. Aunque por supuesto no publicaran esta información en vuestro periódico favorito.

¿Cuándo se acabará el festejo? Pues muy pronto. Las velas ya empiezan a humear. Concretamente lo que tarde en reventar la burbuja inmobiliaria en ciernes, que por ahora sólo ha comenzado. La clave está en la entrada de Polonia en la eurozona. Los polacos, gente lista y desconfiada, han tomado nota de las desgracias de los países del sur, y se resisten a caer en la celada. Pero sus bazas no son muchas. La productividad polaca es alta, pero hay otros lugares donde se produce aún más y por mucho menos. Además el zloty es una divisa frágil, y la factura energética terminará por hacerles entrar en razón. Pronto escucharéis que Polonia ha vivido por encima de sus posibilidades. Desengañaos, no hay petróleo para tantos fuegos de artificio. Continuará…

Saludos,

Calícrates

No hay comentarios:

Publicar un comentario