jueves, 22 de mayo de 2014

Un mitin de campaña



www.korfbal.cat


Aunque no soy militante del PSC, y tengo cierta alergia a lo que se podría denominar “ideología computerizada”, un buen amigo me invita a acudir con él a un mitin del partido en Barcelona. No tengo mucho que perder, y puede ser una experiencia interesante, así que me apunto.

El pabellón Vall d’Hebron se encuentra lleno hasta la bandera con mucha gente de pie, aunque es cierto que no es muy grande, pues le calculo un aforo de unas 3.000 personas. Imagino que dados los chuzos que están cayendo no se han atrevido a ir a un lugar más grande (Palau Sant Jordi), por temor a no llenarlo, salvo que las razones sean otras, lo que se me escapa.

Impresionante el alcaldable Jaume Collboni, que da la bienvenida a los ilustres visitantes, especialmente al Primer Ministro de Francia, Manuel Valls, que por lo visto nació y creció no solo en Barcelona, sino concretamente en el distrito en que nos encontramos Horta-Ginardó. También, claro, a Felipe González, que desde el primer momento concita, casi dieciocho años después de dejar su cargo, gran admiración. “Felipe sempre tan senzill”, escucho decir a mi lado. Le adoran.

Gran discurso de una joven promesa del socialismo catalán, Javi López, que con tan solo 28 años hace un discurso muy ideológico y concienzudamente preparado, aunque se le nota que está recién salido de la factoría de oratoria socialista, tanto en los gestos medidos y estereotipados, como en alguna coletilla: “mireu”. De todas formas, bueno es seguir inicialmente los manuales, hasta que interiorizas las técnicas más básicas, la esencia del ilusionismo de masas, y puedes volar solo.

Curiosamente la que debería ser la estrella de la reunión, Elena Valenciano, hace una intervención muy de oficio, algo plana, y no mucho más allá de lo que se esperaba de ella. Puede ser que sea siempre así, no la había visto antes en vivo, o que a estas alturas de campaña esté un tanto cansada.

Magnífica la intervención del candidato a presidir la comisión Schulz, con un castellano meritorio y certero, y grandes dotes para captarse a un público extranjero, siempre más difícil que el de tu propio país, con gestos populistas como quitarse la chaqueta y la corbata.

Pero lo más impresionante viene después, ya que no todos los días escucha uno a todo un Primer Ministro de Francia expresarse tan correctamente en catalán y en castellano, y curiosamente mejor en catalán que en castellano. Tras una adecuada presentación eleva poco a poco el tono, es el visitante de mayor rango de la reunión y quiere hacerlo valer. Es algo así como “es increíble que alguien como yo, con un nombre y un apellido tan marcadamente foráneos, pueda llegar a ser Jefe del Gobierno de la República Francesa. Pero así es Francia”. Claro, esto lo dice en francés y de cara a la galería (debe estar conectada en directo la televisión gala) con lo que la peña no se entera, pero le parece estupendo y aplaude a rabiar.

Luego claro Felipe, siempre brillante e intimista, cercano, tiene muchas cosas que contar, pero curiosamente nos habla de Vd., como un abuelo que se dirige a sus nietos, y que a pesar del calor humano que desprende desea mantener la distancia que le dan sus galones y sus sienes plateadas.

Mis conclusiones, a pesar de todo lo dicho, no pueden ser más funestas. En el constante repiqueteo de la necesidad de acudir a votar y de que son muy diferentes de los “peperos”, se nota que están preocupados, pues con la crisis, que ya dura muchos años, la desafección ciudadana en relación a la política y los partidos tradicionales avanza imparable y, digámoslo todo, esto es una profesión, para los que están subidos al carro, así que, si la abstención llega a determinados límites el sistema quedará desacreditado, y peligra seriamente el negocio.

Pero existe otro peligro aún mayor, que la atomización del espectro político llegue a ser tan grande que se vean obligados a enseñar las cartas y que, gobernando en alguna forma de coalición con el PP, aunque sea bajo la presidencia de una personalidad independiente, quede claro que los dos partidos dinásticos dominantes son, siempre han sido, las dos caras de una misma moneda, como un Jano bifronte cuyo único objetivo es el mantenimiento del régimen surgido de la transición, hoy totalmente agotado e incapaz de enfrentar los tremendos retos económicos y energéticos que nos aguardan.

Frente a todo lo cual, y esto es lo que desespera, parece que se ha instalado un conformismo pragmático, un “bueno, nos hemos despertado esta mañana y la cosa sigue tirando, así que pongamos el hombro, digamos lo que se tenga que decir, dentro de la corrección, y esperemos lo que venga sin salirnos ni un milímetro del guion”. Esta es la actitud más peligrosa de todas las posibles, pues nos conduce directamente al desastre, ya que implica necesariamente que sólo se reaccionará cuando sea demasiado tarde, lo cual es mucho más preocupante para el paquete de abajo, nosotros, que para los que son jaleados y mimados en estos mítines, que siempre tendrán más medios de capear el temporal que el pueblo llano.

Y lo digo por lo que lo digo. Es posible que al joven Xavi no le hayan explicado todavía las verdaderas razones de esta crisis, que por sus propios fundamentales no puede terminar nunca. Pero es del todo imposible que Manuel Valls y Felipe González no sepan lo que está pasando, el uno por su cargo, debe recibir mensualmente uno o varios informes confidenciales sobre nuestra apurada situación energética, y el otro por su experiencia, categoría y movilidad (por lo que cuenta él mismo está todo el día de la ceca a La Meca, de Alemania a Río de Janeiro y lo que vendrá, en reuniones de alto nivel, lo que supone hablar con mucha gente importante que maneja información de primera mano). Y sin embargo los dos citados fueron los que más hincapié hicieron en recuperar la senda del crecimiento, pese a que deben tener claro que tal manifestación voluntarista es un brindis al sol y una quimera. Salvo que hablen del crecimiento depredador, obtenido a base de hundir en el infierno a los países menos favorecidos que, aparte de tener también un límite, resulta extremadamente peligroso para la propia estabilidad social de los países saqueadores, y las vallas de Melilla ilustran cumplidamente lo que acabo de decir prácticamente todos los días.

Acabado el acto, y ya fuera del recinto, un amable parroquiano, con el que ya había dialogado antes, en lo más acendrado de la ética solidaria socialista, me ofrece la mitad de su bocadillo. Está claro que es en la base social donde se encuentran, y se encontrarán, los mejores detalles de humanidad. Y también de sabiduría. Mi contertulio me suelta, sin rodeos, que la situación laboral y económica no mejorará, y que sólo puede ir a peor. Hombre, uno de los míos, pienso. Claro que él echa la culpa al maquinismo, y dice que los equipos mecánicos le están quitando el trabajo a la gente. No va descaminado este hombre, y espero dedicar un post en el futuro a un curioso movimiento que surgió en la Inglaterra de la revolución industrial, el ludismo. Además ya he hablado del tema en clave económica. Sin embargo el problema va mucho más allá. Ojala las máquinas pudieran sustituirnos, pero no parcialmente sino en todas las actividades penosas y repetitivas, de forma que los humanos, en una suerte de paraíso nihilista, pudiéramos dedicarnos a la holganza creativa todo el día. En realidad las máquinas están apuntalando el sistema permitiendo mejorar la productividad, dada su notable eficiencia energética y económica respecto del trabajo humano directo. Aunque también esto tiene un principio y un final. Los automatismos mecánicos consumen igualmente energía y pronto continuar moviéndolos constituirá un auténtico rompecabezas.

Ya de vuelta a casa charlo con una persona jubilada, que ha trabajado muchos años en la construcción. Algo me dice, a tenor de su conversación, que puedo hablar francamente con él. Las personas que han vivido mucho, ciclos económicos muy diversos, deben darse cuenta mejor que otras de que está crisis no es como las demás. En efecto, cuando le digo que el problema es de recursos, especialmente energéticos, no me contradice en absoluto, e incluso asiente tristemente con la cabeza ante mis negros augurios.

Al filo de la medianoche llegamos a la imperial ciudad de Tárraco. Es hora de regresar al hogar a esperar que el fin de la campaña dé paso a nuevas realidades, y tal vez a diferentes discursos, una vez agotados los expedientes populistas motivados por el calendario. Pero me temo, que el día siguiente será como el anterior, hasta que llegue aquél que no se parecerá en absoluto a todos los que le precedieron. En todo caso, siempre quedará la esperanza.

Saludos,

Calícrates

No hay comentarios:

Publicar un comentario