martes, 24 de junio de 2014

Apuntes



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Antes de tomarme un merecido descanso estival, tras más de un año posteando, a fin de decidir si debo reorientar el blog, o simplemente abandonarlo a su suerte, pues no considero conveniente decir mucho más de lo que he dicho, quería dejar algunos apuntes de economía elemental y geopolítica histórica sobre cuestiones básicas que me parece obligado aclarar para asegurarme de haber sido correctamente entendido.

- en ningún momento he dicho que el dinero sea un instrumento diabólico en sí mismo. De hecho puede llegar a ser algo sagrado, como lo era en la Edad Media, cuando vehiculaba “influencias” muy diferentes de las que incorpora en la actualidad. Pero desde luego tiene una enorme facilidad par envilecerse, y con toda seguridad tal es su triste condición en la actualidad (vil metal). La degeneración sobrevino a causa de la mercantilización de las relaciones sociales, de forma que se abandonaron los elementos cualitativos vinculados al numerario Tradicional (pactos, alianzas y bendiciones), para pasar a darse prioridad a lo positivamente cuantitativo, con lo que la calidad social quedó vinculada exclusivamente a la entidad puramente numérica del efectivo disponible, configurándose éste como medio de control social y compra de voluntades.

En realidad el dinero es un medio ocurrente para especializar las economías particulares y efectuar de forma coherente la distribución de recursos en sociedades complejas. Lo que pasa es que las economías, en su sentido original, que provoca su uso deberían ser aprovechadas por el colectivo social en su conjunto, y no por ciertos financieros elitistas cuyo único anhelo es esclavizarnos, corrompernos, vampirizarnos, y vivir a lo grande a costa nuestra. En definitiva el problema no es el dinero es sí, ni siquiera el medio que lo materializa, sino quién y cómo lo crea y determina su valor.

- tampoco he creído decir nunca que endeudarse en sí mismo sea un acto totalmente absurdo. Es más, me consta que en algunas ocasiones no lo es, concretamente cuando el apalancamiento es herramienta que sirve para adquirir bienes que son verdaderos activos, elementos patrimoniales de elevada rentabilidad y que permiten devolver sin agobios el capital y los réditos debidos. El problema es que este tipo de inversiones, en una sociedad desarrollada, cada vez son más escasas, y tienden a estar vinculadas a procedimientos de contratación pública (licitaciones), por lo que resultan acaparadas por determinados personajillos que tienen conocidos en las altas esferas de decisión política (capitalismo de amiguetes). En otro caso se basan en información privilegiada, debe evitarse la interferencia de terceros, y por tanto se tiende a gestionarlas en la más absoluta ocultación.

Lo que no tiene sentido en ningún caso es endeudarse para adquirir bienes improductivos, incluso aunque sean de primera necesidad, como viviendas, si están muy por encima de las posibilidades del adquirente. Y desde luego es tremendamente insensato endeudarse para comprar bienes perecederos y suntuarios. Teniendo en cuenta, por otra parte, que tampoco conviene encasillarse, pues las variables económicas cambian muy deprisa, especialmente en una sociedad sometida al estrés de la declinación, y lo que era un activo puede convertirse muy rápidamente en un oneroso pasivo.

- de ninguna manera he afirmado que los oligarcas, a los que a veces me refiero, sean personas públicas, de esas que aparecen de cuando en cuando en la televisión. Me consta que los que de verdad manejan el “cotarro” son sujetos absolutamente desconocidos del gran público. Los Draghis, Bernankes y compañía, incluidos los políticos más conocidos a cualquier nivel, incluso en la gestión de los asuntos públicos en grandes superpotencias, no son más que testaferros, de cuyas ambiciones se sirven los verdaderos gerifaltes para tener una pantalla y no ser vistos.

Tan solo en algunas ocasiones, con motivo de pelotazos desmadrados e inocultables, investigaciones judiciales, que no suelen llegar a buen puerto, sobre estafas o fraudes gigantescos, o extraños indultos presidenciales de final de mandato, puede ocurrir, como cuando el ordenador se cuelga o el autobús de las once llega con diez minutos de retraso, esto es, por pura mala praxis o sorpresivas coincidencias, que la identidad de alguno de los verdaderos mandamases, y nunca de primer nivel, salga puntualmente a la luz pública, aunque en estos casos se imparten instrucciones inmediatamente a los bien asesorados “colaboradores” que controlan la prensa generalista para que inicien la habituales tácticas torticeras de desinformación, de forma que la flaca memoria colectiva olvide rápidamente ciertos nombres que nunca debieron llegar a los sucios oídos del gran público.

Es de hacer notar, por otra parte, que cuando ocurre el acontecimiento narrado en el párrafo anterior, una vez dejado transcurrir un tiempo prudencial necesario para que el tema salga de los estrechos focos de la atención pública, es posible que el interesado “fallezca”, por alguna causa de lo más vulgar. Tales “fallecimientos” pueden ser reales (sí, no os preocupéis, no son reptilianos inmortales) pero también pueden ser ficticios, cuando conviene dar al “interfecto” una nueva personalidad al estar la utilizada hasta entonces “quemada” por haber salido a la luz en cuestiones sensibles, posibilidad que me limito a apuntar, siendo este jardín de cómoda entrada pero complicada salida, por lo que no diré más, dejando el asunto a la consideración y posible investigación de lectores con iniciativa. Tampoco daré nombres, y aconsejo que no se haga, pues te expones a retratarte en los barridos aleatorios que se realizan en la red desde ciertos lugares, y a partir de determinadas claves.

Hace tiempo que investigo historia oculta, y he llegado a la conclusión de que las mismas dinastías, con algunos interregnos muy particulares, dominan el mundo civilizado desde hace más de cuatro mil años. El lugar más antiguo donde he detectado la presencia de tales linajes es en la antigua Babilonia, y por la simple razón de que es materialmente imposible ir más atrás, por las propias limitaciones técnicas que se imponen a la investigación histórica. Pero es seguro que provienen de tiempos mucho más lejanos. Uno de los lugares que llegaron a controlar, no inicialmente sino después de un largo, sangriento e insidioso proceso de infiltración, fue la antigua Roma. Y lo consiguieron, pasmaos, operando desde Cartago, ciudad donde existía un partido prorromano, algo no excesivamente publicitado por la historia oficial.

Un día en Pompeya me sorprendió un dibujo en la puerta de una antigua tienda de telas, donde se mostraba una pirámide que explicaba perfectamente la estructura jerárquica de la empresa. En el lugar más bajo, abriendo un lienzo, había dos esclavos rubios, probablemente galos, que se encargaban de las ventas directas al público. Pues bien, en lo alto de la pirámide, mirándote fijamente desde aquél grabado de casi dos mil años, había un varón de mediana edad con clarísimos rasgos fenicios, de piel oscura y ataviado con un gorro frigio rojo.

Es cierto que Roma venció a Cartago, pero sólo después de que la aristocracia romana autóctona hubiese sido masacrada por Aníbal en la batalla de Cannae. Es un hecho bastante desconocido que muchas familias nobles cartaginesas fueron admitidas en la clase dirigente romana. ¿Queréis saber el nombre de una de ellas? Pues la familia de César, que emparentó interesadamente con la estirpe Julia, de pura raza romana, para blanquear su linaje, pero que no eran oriundos de por allí. ¿De dónde venían? Una pista la tenemos en la fonética original de su nombre, Caesar, debe pronunciarse Kaisar, que al parecer en lengua babilónica significa elefante. Podríamos pensar ingenuamente que el gran Julio César ignoraba esta circunstancia y se atenía a sus raíces romanas. Pero dio instrucciones a los operarios de la ceca móvil con la que acuñaba el metal destinado a pagar a sus tropas en la Galia para que fabricaran monedas con un curioso diseño: un elefante que intentaba aplastar a una serpiente (sus enemigos en el Senado). Era una forma de hacer saber quién era y que pretendía, pues la impresión de rostros de personas vivas estaba prohibida en el período republicano.

Con las invasiones germánicas el tiempo los linajes meritados pasó momentáneamente por momentos de apuro. La nobleza germánica tenía un carácter muy diferente, y existen indicios de que conocía los tejemanejes de estos elementos. ¿Dónde se refugiaron? Si hay una historia que merece ser estudiada, y lo ha sido muy escasamente, es la de la antigua y muy Serenísima República de Venecia, origen de muchas cosas que hoy son lugar común en nuestras decadentes estructuras sociales contemporáneas, especialmente la mentalidad mercantilista y expoliadora. Claro que uno no puede ocultarse siempre en el mismo lugar sin ser descubierto, razón por la que en un momento dado varias potencias cristianas occidentales y el Papado (incluido el Reino de España, que luego volvería a oficiar de monaguillo de los venecianos en Lepanto), se aliaron para acabar con el nido de la serpiente en la Liga de Cambrai. Sin embargo, enfrentarse a un enemigo tan siniestro es siempre complicado. De hecho las arterías venecianas consiguieron dividir a los iniciales aliados para que terminaran luchando entre sí. Y al Papado, componedor principal de la revuelta, le reservaron el castigo más severo, que se inició con la instigación directa de la reforma protestante.

¡Esto es historia real!, la que os niegan todos los días en libros de texto y enciclopedias edulcoradas, sesgadas o directamente manipuladas. Después de los acontecimientos vistos, lo que se ocultaba en Venecia, cualquiera que sea el nombre y la estructura que se le suponga, decidió emigrar a otras latitudes: Ámsterdam y Londres. Muchos investigadores ambiciosos se han dado cuenta de que en la historia oficial hay algo que no cuadra, pero se obsesionan en exceso con un pueblo muy concreto, al que atribuyen toda clase de conspiraciones y tropelías: los judíos. Bien, hay que hacer notar que en Venecia existía un barrio judío con un nombre muy curioso, que después se ha hecho internacional con otros significados: Ghetto. Es posible que la filiación hebrea haya sido utilizada en ocasiones para encubrir otra cosa de naturaleza diferente, a espaldas de los propios judíos. Más que la historia del pueblo en su día elegido (y odiado por los babilonios), sería conveniente investigar las andanzas de una institución típicamente veneciana denominada el Consejo de los Diez, y su corolario británico, el Consejo Privado de Su Majestad, y también la historia de un personaje muy curioso, que presidió dicho Consejo durante mucho tiempo, y que fue el verdadero arquitecto de poderío inglés y de la política exterior de pérfida Albión, diseñando redes estratégicas que le sobreviven: Eduardo VII, hijo de la Reina Victoria, que contrariamente a lo que se piensa reinó mucho tiempo antes de hacerlo de forma efectiva, mientras su madre permanecía recluida en sus residencias reales llorando a su esposo. Tal vez así aprenderíamos algo acerca de una de las principales bazas operativas de la Inteligencia con mayúsculas: el sexo (era un depredador genital, y resulta también curioso el caso de la bailarina Mata Hari).

Os contaré una anécdota. Hace algunos años me fui a Londres. Subí al London Eye, y de repente, pararon la atracción, y dejaron libres varias cabinas, extremándose las medidas de seguridad, con paso obsesivo de escáneres móviles, para que subieran a la noria gigante una serie de personas que por supuesto no acataron el riguroso turno de entrada, y que actuaban con enorme desenvoltura, vestidas en ropa deportiva carísima, siendo objeto de una extraña actitud reverencial por parte de los empleados de servicio. Recuerdo como si fuera ayer la cara de uno de ellos, un varón de unos sesenta años con apariencia de británico bien criado, en impecable camisa a cuadros de marca, manejándose como si el mundo entero fuera de su usufructo personal y los demás fuéramos campesinos subarrendados. También observé que, mientras todos éramos escaneados hasta la náusea y debíamos abrir nuestras mochilas, ellos subían a la cabina unas maletas metálicas enormes, por supuesto no inspeccionadas en absoluto, que podían contener desde equipos de comunicación, hasta la colección completa de la saga de la Guerra de las Galaxias, o también champán y caviar fríos para amenizar la excursión. ¡Vaya Vd. a saber! ¿Los amos del mundo? Si se hubiera tratado de cualquier otro lugar hubiera dicho que no, que pudieran ser simples celebridades locales enteramente desconocidas por mí. Pero en Londres la cosa cambia, pues muchos de estos “pájaros” tienen allí su domicilio, o lujosas mansiones de segunda residencia. La City es el cerebro del mundo, por motivos que quizá conviniera estudiar, aunque nuevamente el tema es escabroso, y aconsejo hacerlo sin demasiada publicidad. Eso sí, prometo resultados impactantes.

- sobre el cambio climático, en ningún momento he dudado de que las actividades industriales están teniendo un efecto importante sobre el clima. Es demasiado obvio que algo está pasando, y el planeta se está defendiendo de la agresión física e incluso psíquica que está sufriendo. Mi cuestionamiento del tema se refiere a su relevancia. Tengo dudas de que éste sea el problema más grave al que nos enfrentamos, aunque desde luego puede agravar otros más perentorios. Con lo que nos espera, si es que alguien me ha seguido hasta aquí y ha entendido el fondo de lo que expongo, ¿es realmente importante si la temperatura global sube uno o tres grados en los próximos cien años? Aparte de que, ya lo he apuntado, dudo de las buenas intenciones de algunos de los que advierten del cambio climático, que puede no ser más que otra de las máscaras que sirvan para solapar las causas reales de nuestras tribulaciones: la mentalidad cientifista y su corolario, la fe a ultranza en el crecimiento exponencial, físico y financiero (dependen mutuamente uno del otro), que pese a lo que muchos creen, algunos ya lo empiezan a sospechar, están mucho más relacionadas de lo que parece.

- conectando con lo anterior se encuentra mí, aparentemente extraña, oposición a que se divulgue el mensaje sobre el verdadero origen de los problemas económicos que padecemos. Alguien me podrá objetar ¿y para que abre Vd. un blog? Bueno a veces hay que devolver lo que has recibido, en forma de conocimientos económicos, jurídicos o de otra índole, que pueden ser relevantes y que algunas personas a las que debo mucha información pueden no haberse planteado, por los prejuicios inherentes a su formación específica. Es evidente que lo que ocurre, y lo que va a suceder, no forma parte de una casualidad maléfica, sino que tiene su lugar en el “economía” del universo visible. La razón por la que considero poco conveniente la difusión generalizada de determinados conocimientos es mucho más prosaica. Aparte de la absoluta imposibilidad de llegar a las masas adoctrinadas desde diarios generalistas y operaciones encubiertas prácticamente continuas “de manual” (¿no os parece muy extraño este individuo que reventó a Pablo Iglesias una conferencia reciente en el Ritz, para que no se hablara de otra cosa sino de que lo acusan de bolivariano?), resulta que el hecho de que el respetable sepa demasiado sobre lo que tenemos entre manos puede aumentar el desorden global y, por tanto, las dificultades de los que tienen los ojos bien abiertos. Como suena. La salvación colectiva, es una imposibilidad física y metafísica. De todas formas, os insisto, no hay cuidado alguno. Ya puedes postear a diario, las masas seguirán siempre en las cercanías de Babia. Felipe González, aquí sí digo un nombre, el de uno de los delegados generales para la península ibérica y Latinoamérica de los de siempre, está permanentemente al quite para acusar a quien orina fuera del tiesto de ser financiado desde Venezuela. Y algo debe saber del particular el amigo del trilateralista Carlos Andrés Pérez. Siempre digo que el que no ve es porque no quiere, pero quieren tan pocos que es absurdo perder el tiempo con los demás.

En fin, permaneced, los que sepáis, debidamente ceñidos, y con la lámpara (de la atención) encendida y bien provista. Nos esperan tiempos interesantes, que aunque parezca paradójico pueden ser extraordinariamente fructíferos para quién sepa aprovecharlos. Entretanto, que tengáis un buen verano boreal.

Saludos,

Calícrates

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