miércoles, 2 de julio de 2014

Serpiente de verano



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A partir de ahora, con casi todo dicho en este y otros blogs relacionados, el que no sabe es porque no quiere, y lo que procede es tener los ojos bien abiertos para observar como la prensa pesebrista y los políticos de turno van tapando los síntomas evidentes de decrecimiento forzado en que nos encontramos inmersos por falta de recursos, que irá en aumento y nos colocará en una situación extremadamente delicada, casi diría de excepción y economía de guerra (también de ganancia para avezados pescadores en río revuelto), hacia la década de los años veinte de este siglo.

Me referiré para empezar a la reforma tributaria pepera, vendida como la panacea universal y como el cumplimiento definitivo de sus programas liberales, que desde hace tiempo plantean la consecución de la cuadratura del círculo, esto es, bajar impuestos y conseguir que el Estado recaude más para atender las necesidades de los ciudadanos. Evidentemente, viniendo de quienes viene, debía haber gato encerrado. Pero si te lo miras de cerca ya no es que te encuentres al inevitable felino, es que hay de todo, lagartos, rinocerontes, brontosaurios, diplodocus e incluso algún Tirannosaurus Rex.

Se trata, una vez más, de una subida de impuestos encubierta a las clases medias, para dar unas migajas a las rentas más desfavorecidas, pero que muy desfavorecidas, vamos, a un paso del hambre, y claro está, continuar bajando impuestos a los multimillonarios (ya se han explicado las razones), para que puedan seguir llenando sus depósitos de dinero, e incluso bañarse en ellos secándose con billetes de quinientos euros, como hacía el entrañable tío Gilito.

Un detalle, sin embargo, me ha emocionado, y me demuestra que Montoro, fino economista con enorme visión de futuro, espera, como quien estas líneas suscribe, un bastante próximo desenlace hiperinflacionario. Veréis. Una de las mayores bofetadas, y tiene mérito porque os aseguro que se reparten a diestro y siniestro, se las lleva la tributación de los incrementos de patrimonio derivados de la venta de viviendas. En efecto, la reforma elimina los porcentajes de abatimiento aplicables al valor de adquisición del inmueble, esto es, los coeficientes que sirven para compensar la inflación, y que lógicamente reducen el incremento de patrimonio sujeto a gravamen. La consecuencia, para quien conozca las verdaderas intenciones del gangoso, que no piensa en otra cosa, diga lo que diga, que en recaudar más y detraernos renta disponible, para disminuir el consumo y poder pagar la factura petrolera, es que espera las siguientes cosas (todas ellas):

- un escenario de inflación de dos dígitos, el ideal para saquear más y mejor a los futuros vendedores de vivienda usada, que tributarán sobre aumentos de patrimonio que no serán tales, sino simple ajuste de precios causado por la depreciación del valor real del dinero, lo que nunca se conseguirá del todo porque los datos macro sólo indican un progresivo e imparable deterioro del mercado inmobiliario.

- una futura y creciente falta de liquidez de los ciudadanos de a pie, que asfixiados por las subidas de precios de productos básicos y la caída del poder adquisitivo de sus magros salarios, se verán obligados a vender sus “activos” inmobiliarios al precio que sea, momento en que la garlopa del impuesto sobre la renta se presentará implacable para cobrar su creciente mordida, que prácticamente alcanzará la totalidad del beneficio real obtenido (y para el resto allí seguirá el impuesto municipal denominado “plusvalía” con tipos fijos independientes del precio de venta del inmueble y absolutamente desconectados de la realidad). Vamos una escabechina.

- los que entiendan algo de tributación, claro, no venderán. Pero también se equivocarán, porque los gastos fijos del inmueble no pararán de subir, pues o están ligados a la energía (suministros, saneamientos, basuras), o a las necesidades financieras de ayuntamientos en quiebra por la situación de crisis permanente que, como su propio nombre indica, no mejorarán, por lo que aquéllos tendrán que seguir chupando la sangre de quien todavía la tenga en las venas. Además, claro, hay que seguir pagando los emolumentos opíparos de los practicantes del juego de las puertas giratorias, verdadera causa de que el recibo de la luz de una vivienda con potencia media contratada alcance ya los cuarenta euros bimensuales antes de encender la primera bombilla. Y lo que te rondaré…

Consejo personal: hay que vender si se puede, aunque sea pasando por las horcas caudinas de Montoro. Los precios no volverán a subir en términos reales, ni tampoco nominales, y las termitas indicadas te drenarán todo el valor del piso en pocos años.

La expresión inglesa Real Estate viene del español, y no quiere decir que se trate de bienes reales, en el sentido de tangibles, sino de elementos patrimoniales pertenecientes a la Corona. Los inmuebles, por mucho que los tengamos inscritos en el Registro de la Propiedad a nuestro nombre, no son nuestros, son de los ayuntamientos, del Estado, de los poderes públicos. Nosotros, como mucho, estamos allí arrendados para protegernos del frío y las alimañas de cuatro o más patas. Las de dos, verdaderos dueños, sean los promotores que sirven al sistema alimentando la nómina de sujetos pasivos del IBI, las corporaciones municipales insaciables llenas de apesebrados, y las instituciones públicas competentes (o incompetentes) a todos los niveles, con muchos sueldos de conocidos por pagar, nos recordarán siempre, a modo de permanente acto interruptivo de la usucapión, quien se encuentra al frente. Y lo notarán, esta claro, nuestras carteras. En los tiempos que vienen, NO MERECE LA PENA TENER PATRIMONIOS INMOBILIARIOS URBANOS, salvo que sean extraordinariamente productivos y estén muy profesionalmente gestionados.

Pero las “buenas” noticias no acaban aquí. Una vez más, y como viene siendo habitual, han sacado este mes de junio 5.500 millones de euros del fondo de reserva para abonar la paga extraordinaria de los pensionistas. La herencia de Zapatero, por lo visto, también sirve para tapar agujeros, pero, claro, entonces no se menciona. A este ritmo el susodicho fondo, que iba a garantizar las presuntas pensiones futuras de quienes cotizamos ahora, se agotará el 2019, no falta tanto, y a partir de entonces todos, no sólo los jubilados, entraremos en zona de sombra. Como bajar las pensiones en términos reales es prácticamente un desiderátum, pues supongo que habrá que habilitar “líneas especiales de liquidez” para afrontar el pago, lo que apunta, una vez más, en dirección a “un lugar paradisiaco más allá de las montañas”,… con inflación desbocada.

¿Sabéis lo que es el oro? ¿Y la plata? Pues yo que vosotros, si podéis, iría cambiando esos papelotes que tenéis en la cartera por ambos metales.

Saludos,

Calícrates

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