miércoles, 6 de agosto de 2014

El nuevo dinero



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Max Keiser y Stacy Herbert dirigen un muy exitoso y ameno programa económico en RT, donde dan para el pelo a nuestros elitistas occidentales.

Distinguen entre el dinero listo y el dinero tonto, que opera con poca o ninguna información. Concluyen que uno y otro siguen tienen direcciones opuestas. El dinero listo deshace posiciones, a la vista del más que oscuro panorama económico que muestran los fundamentales reales, que no los de pega. El dinero tonto cree, a pies juntillas, el discurso de la recuperación y piensa que el mercado está barato.

Max y Stacy hablan desde la City londinense, un lugar muy apropiado, el corazón financiero de occidente. Allí se crea mucho circulante, más del que podéis imaginar. El dinero listo, el tonto y el mediopensionista. Pero añaden que hay otra forma de clasificar el dinero, relacionada también con la capacidad económica de sus detentadores. El que circula por abajo, y el que lo hace por arriba.

Una cosa dijeron que me impactó. El dinero que se crea actualmente no es el dinero de siempre, el de toda la vida. Es totalmente cierto. El dinero antes servía como medio de intercambio, medida y depósito de valor. El actual es una herramienta de racionamiento que tiene básicamente la función de limitar a amplias capas de la población el acceso a unos recursos cuya disponibilidad empieza a caer en picado. Así los que lo utilizarían para adquirir bienes y servicios acumulando demanda agregada, no lo tienen, y los que lo tienen, que son pocos y tienen limitada, por su propio número y definición, la capacidad de consumir bienes básicos, pues lo destinan a productos especulativos, a dar vueltas por los circuitos financieros de la usura para que no llegue a la economía real.

De esta manera existirían dos tipos de dinero: el destinado a comprar patatas, cada vez más difícil de obtener, y el financiero depredador, que pulula en el hiperespacio informático en busca de crecientes rendimientos.

Ambos son irreales. El primero por su escasez, y el segundo por su inanidad. El dinero ya no sirve como instrumento de intercambio, porque el que circula por abajo tiene tan poca entidad que apenas supone un hilo de liquidez para el consumo del día a día, y el que lo hace por arriba es tan solo una fantasía para cuadrar balances. Así quien tuviera flujos de liquidez para  comprarse un piso no puede hacerlo, porque no hay crédito. En cambio quien tiene dinero para permitirse adquirir cualquier capricho a la venta prefiere, a la vista de la atonía de la economía, dedicarlo a la ruleta del casino financiero,  y renuncia a inversiones realmente productivas, que por otra parte cada vez serán más escasas. El dinero actual tampoco es utilizable como medida o depósito de valor, puesto que no está nada claro lo que vale en realidad, y mucho menos aun lo que valdrá en un futuro próximo.

Sin embargo el dinero a día de hoy sí que es útil, siempre lo ha sido, para hacer la guerra económica o comercial. Por ejemplo para disparar a Rusia un misil de 37.000 millones a pagar a los especuladores de Yukos, o para poner contra las cuerdas a Argentina por sus veleidades con los BRICS, a través de unos misteriosos “fondos buitre”. Sí, lo que más abunda hoy en día en nuestros mercados de capital son los carroñeros.

A partir de ahora, cuando toquéis el dinero, sabed que a pesar de su formato y su textura tenéis entre manos un producto muy diferente al de antaño. Digamos mucho más etéreo, vacuo y frágil, mucho más artero. Pero la fiesta debe continuar, al menos mientras sea posible, por lo que procede seguir apretando la tecla, creando más y más dinero para tapar los agujeros de unas finanzas globalizadas totalmente divorciadas de la realidad económica y social.

Es el paradigma de los monetaristas, la falsa economía de Milton Friedman. Si dirigís la liquidez a los que lo van a dedicar a fruslerías podréis mantener la pirámide social (cada vez más ancha por abajo) en una sociedad abocada a decrecer por falta de recursos, siempre y cuando os apliquéis amañando los gráficos. De momento funciona. El problema es que el esquema visto está diseñado para una situación de decrecimiento moderado, pero que muy moderado. Cuando apriete la cuesta abajo, cuando se rompan los diques, cuando el falso dinero del circuito superior comience a anegar la agonizante economía del inferior, no valdrá ni este sistema, ni probablemente ningún otro. Pero entretanto Londres sigue creando dinero, cada vez más endeble, cada vez más inestable, cada vez más deleznable… Hagan juego.

Saludos,

Calícrates

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