martes, 5 de agosto de 2014

Pensar en curva


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Oigo a algún que otro “enterado”, con ganas de hacerse el interesante, que la averiguación de la fortuna de los Pujol en el extranjero es “una operación de inteligencia”. Me da la risa. Lo dicen quienes no ven una ni aunque les salga del retrete mordiéndoles el lugar donde la espalda pierde su casto nombre. Sin duda tal operación existió, por lo demás facilona y rutinaria, concretamente cuando Felipe González no tuvo arrestos para meterlo en la cárcel por lo de Banca Catalana (los fiscales, siento decíroslo, con la ley, al menos la española, en la mano son de todo menos independientes, por definición y estructura orgánica). Ahora hay otra cosa: una voluntad política de filtrar lo que hace mucho tiempo que era público y notorio (al menos aquí en Cataluña), por lo demás patosa, como todas las que salen de la factoría Rajoy-Arriola, pues a estas alturas de la película hasta el tonto del pueblo sabe por qué sale todo esto precisamente ahora.

En realidad la familia Pujol forma parte de una operación de inteligencia por definición, y desde sus orígenes. El régimen franquista con voluntad torticera de apertura “democrática” (para seguir viviendo a vuestra costa) tenía dos problemas: Cataluña y la ocultación de las bestialidades alevosas que cometieron en los años treinta (bendecidas, no lo olvidemos nunca, por la Iglesia) debidamente edulcoradas bajo el cuento de hadas de la “cruzada”.

Pues bien para lo primero tenían a Pujol y compañía. Para lo segundo recibieron la bendición “sorpresa” de ETA, que les permitió poner una pantalla de “violencia izquierdista” para taparse las vergüenzas antes indicadas. Como soy de buscarle al gato más pies de lo normal (lo más adecuado para acertar) pues hace tiempo que me dio por sospechar que el surgimiento de la susodicha banda terrorista, que tan bien vino en los cambiadores de chaqueta de la transición, puede que no fuera del todo una coincidencia. Recordad siempre que en el mundo de la inteligencia lo inverosímil es siempre lo más razonable para mimetizar adecuadamente los operativos en ejecución. Y por si alguien me dice que conoció personas concienciadas de la necesidad de la lucha armada, os diré que los agentes inconscientes son siempre los que dan mejores resultados. No todo es perfectamente manejable en la sombra, y desde luego pudo haber facciones o individuos que escaparan de control. Lo importante es observar quien inspira y favorece el nacimiento de determinados movimientos sociales, y quien se beneficia a largo plazo de su acción.

Otro argumento importante que abona mi teoría, y que ha sido incluso objeto de análisis público, son las dudas que se suscitan acerca de que la organización indicada tuviera, en su momento, la infraestructura adecuada para perpetrar un atentado tan complejo como el que costó la vida a Luis Carrero, personaje que empezaba a resultar molesto en ciertos estamentos del régimen. Pero el indicio más revelador en relación a la hipótesis que planteo es la utilización permanente, hasta la náusea y desde luego mucho más allá de lo justo y razonable, que hacen algunos dirigentes del PP de ETA, incluso ahora que lleva tres años prácticamente desaparecida en combate.

Todo lo dicho, tenga razón o no en mis sospechas, no obsta para enjuiciar duramente los actos criminales realizados, y apoyar el resarcimiento material y moral de las víctimas, aunque debo decir que me gustaría observar esta misma empatía respecto de miles de represaliados por los escuadrones de la muerte franquistas que todavía se pudren en cunetas, o fueron trasladados a Cuelgamuros sin el consentimiento de sus familias para tapar las meritadas atrocidades (¿recordáis lo que os dije que preocupaba al Franquito?).

En la misma línea, la familia Pujol (y Convergencia como partido) tal vez nunca fueron sino una gentileza de los servicios de inteligencia del franquismo. Agotados los beneficios de la operación se debe proceder a su demolición controlada con barrenos. Nada nuevo en el mundo de la construcción. Pero, como digo, muy inconveniente. A tenor de lo visto resulta que puede que no sólo nos robaran desde Madrid directamente, también es posible que lo hicieran (presuntamente) los agentes del Estado infiltrados entre nosotros, incluso con mando en plaza (hubo quien les votó hasta con los antebrazos creyéndose más catalán que nadie, ¡qué vergüenza!). Conviene estar muy atento, porque a veces al enemigo lo tienes encima del cogote.

La verdad produce una luz tan diáfana que obnubila a los que llevan demasiado tiempo a oscuras. Muchos se escandalizan, por ejemplo, cuando afirmo que Napoleón Bonaparte fue toda su vida un agente inglés. La primera reacción no puede ser sino de incredulidad y rechazo. Hemos sido entrenados para pensar linealmente, y nos han vendido otro discurso. Sin embargo las cosas no pueden ser más que como son, y hay que decir que fueron muy bien concebidas, pues cumplieron con los objetivos que en su día les fueron asignados (la destrucción de Francia como potencia hegemónica y el desangramiento de toda Europa, salvo la pérfida Albión, en luchas fratricidas). Solo un dato. Fijaos como la diplomacia vencedora de las guerras napoleónicas, básicamente la rusa y la austriaca (Metternich), sabedoras de donde se encontraban las factorías que diseñaron al “ogro corso”, lo que buscaron no fue aislar a Francia sino a Inglaterra, que reaccionó utilizando a sus sempiternos agentes en Cádiz (Gibraltar) para promover una revolución liberal en España (el punto más débil) que debió ser aplastada por la Santa Alianza (los Cien Mil hijos de San Luis). Esto pretende ser sólo un atisbo de realidad, una rendija que deja ver algo de luz. Puede ser útil a algunos. Quien coge el hilo de una sola trama detecta inmediatamente todas los demás. Y quien ha visto la trampa en el juego no está obligado a continuar jugando, aunque tampoco es ético que estropee la partida a los demás jugadores convencidos, que no tienen capacidad para discernir (silencio).

Para entender la realidad hay que pensar en curva. El pensamiento lineal no vale. Lo dicho es especialmente cierto en los tiempos que nos tocará vivir, pues el agotamiento de los recursos globales nos aboca a una dictadura “democrática” donde muy pocos tendrán el privilegio de permanecer despiertos. Sólo espero que a partir de ahora cuando os pongáis delante de un telediario o abráis prensa corporativa (ejercicio de alto riesgo que no recomiendo) seáis conscientes de las contraindicaciones, y también de que cualquier cosa de la que os intenten convencer, necesariamente tiene que ser una media verdad, o directamente (Pujol, salvador de Cataluña) una mentira.

Saludos,

Calícrates

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