domingo, 28 de septiembre de 2014

Conferencia y coloquio



Fuente: ludeia.com

Os demostraré una vez más que el esfuerzo divulgador compulsivo y directo del peak oil no tiene ningún sentido, pues quienes son capaces de comprender no tardan en darse cuenta de cuál es el problema que afrontamos y buscan por sí mismos la información adecuada, mientras que con quienes no desean ser convencidos es inútil perder el tiempo.

Una modesta asociación de la que formo parte (de cuyo nombre no quiero acordarme), y que conoce de mis inquietudes energéticas, me encargó hace unos dos años una disertación sobre el particular, que constituye, con las debidas acotaciones, ni más ni menos que la entrada de este blog que lleva por título “Los límites del crecimiento”. El trabajo en cuestión suscitó reacciones enconadas, más en contra que a favor, con el aliciente intelectual de que suele participar en estas tertulias un geólogo que ha trabajado durante largo tiempo para una compañía petrolífera de extracción y refino (no va a hacer ganchillo el hombre).

Pues bien, creía solventado el tema, y ya no me refería demasiado a él para que no me llamaran pesado, y resulta que en agosto, mientras se hacía la planificación del año, me vuelven a pedir que haga lo que ellos denominan una “segunda aproximación” al tema. Las razones no me las facilitaron, pero son muy claras. La gente empieza a tener la mosca detrás de la oreja, después de tantos años de crisis que no se comporta como las anteriores y se resiste a finalizar, y entonces se acuerdan del tipo aquél, Calícrates, un jurista que se atreve a hacer ensayos sobre ingeniería de minas. ¿A ver si va a tener razón? Vamos a hacerle pasar por el “candelabro” una vez más para que se explique más a fondo, y si mete la “gamba” lo fulminamos y así nos vamos más tranquilos a casa.

Esta vez decidí no tener piedad y, conociendo las fuentes de ingresos de muchos de los participantes, casi todos funcionarios o pensionistas, determiné hacer más hincapié en lo económico, político y social que en lo puramente técnico, aunque claro, primero debía aclarar a que expedientes estaba recurriendo el BAU para seguir con sus trágalas y evitar la publicitación de nuestros apuros petrolíferos, lo que me obligó a una larga exposición inicial sobre lo que se puede esperar del fracking, a modo de introducción.

Para los que estáis habituados a leer sobre el tema lo que digo no es nada nuevo, pues se trata de una alocución dirigida a lo que podríamos denominar “público poco trasteado”. En relación a la fracturación hidráulica me ceñí todo lo que pude a dos posts de Antonio Turiel sobre el tema, de su blog The Oil Crash (el geólogo me preocupaba, y no quería poner de mi cosecha en un tema técnico que no domino, a costa de equivocarme y hacer perder credibilidad al resto de la exposición). En relación a la corrupción también soy deudor de Turiel, y de su famosa fábula del lago, así como de los chicos de Espía en el Congreso. La parte relativa a la deuda está muy influenciada por un artículo de Juan Carlos Barba en El Confidencial, y la cuestión de la ruptura territorial de otro del Coronel Amadeo Martínez Inglés en Canarias Semanal.

Empezaremos por el final. La alocución provocó aún más revuelo que la anterior. Las reacciones fueron desde la enmienda a la totalidad, con la contundente frase lapidaria “no estoy de acuerdo”, sin más argumentos, hasta la admisión parcial de mis argumentaciones quitando, eso sí, hierro “pesimista” (muy bien, un poquito de ruralismo pero que no me toquen el iPhone 6), pasando, como no, por la visión “happy flowers” de que dentro de nada todo será inteligente, hasta los edificios (a ver cuando toca que lo sean los bípedos), dentro del marco habitual de la utopía energética cientifista que no merece la pena ni intentar rebatir.

Cuando tomó la palabra el geólogo un sudor frío me recorrió las clavículas. Pues no os lo vais a creer, el más manso de todos. Después de reconocer lo meritorio de mi exposición técnica (toma ya) abogó por un nuevo sistema económico que debía tener premisas más humanistas. En cristiano, el problema existe, la solución no, y más vale que nos centremos en las personas porque lo que viene es muy gordo.

No os doy más la lata y os dejo conmigo mismo, a ver si os convenzo, pero será después de la publicidad, quiero decir, en el siguiente post, que si no éste quedará muy largo. Añadir únicamente que la alocución y el posterior debate fueron íntegramente el catalán, lengua que aprendí con treinta y tres años (número cabalístico), por lo que no debe ser tan difícil. Pero de todas formas, y por si el Ministro Wert se deja caer en estas páginas y me toma la matrícula, os facilitaré la versión castellana.

Saludos,

Calícrates

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