jueves, 18 de diciembre de 2014

2015, año de transición

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Ya lo he dicho muchas veces. La dinámica en la que está instalada la sociedad industrial, sobre todo en su vertiente financiero especulativa, no posibilita otro final de partida que el colapso. Como expuse en el post anterior creo, dentro de mis limitadas posibilidades (no soy vidente), que el año del desencadenamiento de la tormenta será el 2017. Los motivos son muy variados, pero fundamentalmente tres:

- la llegada al poder en EEUU de un presidente republicano, con una agenda, ya programada, muy agresiva y apretada (los candidatos no deciden nada en realidad, son actores que mueven los labios), pues el tiempo apremia y ya no se puede jugar más a caerle bien al mundo con una mano (que para eso pusieron un Presidente “colored”), mientras haces las fechorías con la otra.

- regresión ya indisimulable de la producción de los pozos de petróleo convencionales, que apenas proveerán, para entonces, unos sesenta millones de barriles diarios, volumen notoriamente insuficiente para las necesidades de consumo mundiales.

- ya no explosión, sino agotamiento absoluto de la burbuja del fracking.

Aquí en Españistan, a todo lo anterior, se añadirán los crecientes problemas de liquidez de la Tesorería General de la Seguridad Social, pues los sablazos al fondo de reserva son cada vez más exagerados, consecuencia del creciente número de jubilados (se está jubilando gente de sesenta años que correrían con vosotros la San Silvestre vallecana y os darían para el pelo, con expectativas de vivir cuarenta años más, casi tanto como la vida laboral de muchos de ellos, esto no se sujeta ya ni con dos palos y una caña).

He dicho también repetidas veces que el sistema nunca revelará la verdadera causa de nuestras dificultades, con lo cual, y ante lo insobornable de la realidad, al ser imposible revertirla, hará falta disimularla, con todos los apaños de la Señorita Peppis. ¿Cómo lo harán? Con algo tan fuerte, que no pueda pasar desapercibido, y que produzca los mismos efectos de marasmo económico y social que ocasionaría la evidencia de haberse llegado a los límites que el mundo físico impone a la civilización depredatoria del petróleo. Sí, estimados todos, estoy hablando de una guerra. Pero no una guerra más, de esas que salen todos los días en el telediario, consecuencia de revoluciones (pagadas) de colores, revueltas (subvencionadas) por el precio del pan, o la aparición de ejércitos (financiados) fantasma del fundamentalismo de Mickey Mouse, que, pese a, supuestamente, cortar cabezas día sí y día no a víctimas occidentales (que afrontan el martirio con una pasmosa tranquilidad) resulta que siempre acaban haciendo lo que más conviene a los halcones de Washington (léase Londres que es donde se manda de verdad).

Los mismos medios nacionales e internacionales que nos vendieron la patraña asesina de las armas de destrucción masiva de Irak (desde que comenzó el conflicto han muerto casi un millón y medio de iraquíes) nos volverán a contar lo que toque, y nadie moverá un dedo. Sí, algunos, incluso muchos, sabremos que todo es mentira, pero no podremos hacer nada más que comentarlo en una tertulia junto al café de la sobremesa, o aventarlo en páginas web que no leerá casi nadie. El diálogo público estará dominado por políticos marionetas que dirán lo que sea procedente, y no habrá nada más que hablar. Ni siquiera les importa que no les creamos en absoluto, claro, ¡eso son tonterías que dicen en algún blog!…

Todo indica que el establishment norteamericano está preparando algo muy gordo, y que solo la necesidad de Obama de no manchar in extremis su anodina presidencia está retrasando lo inevitable. Otra cosa es que les salga bien, y los últimos fiascos no parecen ir en esta dirección. Se trataría una guerra nunca vista, una auténtica tercera guerra mundial. Los objetivos: Rusia y China. Los cómplices convidados de piedra: la sedicente Unión Europea y Japón.

Sería una guerra unilateral, cuyo pretexto pudiera ser Ucrania. De momento, por un sospechoso consenso de los dos partidos, supuestamente adversarios, el Congreso de los EEUU aprobó el pasado día 4 de diciembre la Resolución 758, que autoriza al Presidente a adoptar medidas más agresivas de sanción y de aislamiento contra Rusia, a proveer de armas y otras ayudas al gobierno de Ucrania y a fortalecer la presencia militar norteamericana en los países vecinos de la Federación Rusa. La provocación permanente al Kremlin incluye tres factores: sanciones para debilitar la economía rusa, instalación de un gobierno satélite en Kiev y guerra masiva de propaganda. Todo ello constituye, de facto, una nueva guerra fría, en la que, al contrario que en la anterior, no se descarta, al menos a priori, la posibilidad de un conflicto total, esto es, de una guerra nuclear. Esta es, ni más ni menos, la hoja de ruta del nuevo Presidente republicano, del que todavía no se sabe ni el nombre, pero que ya tiene los deberes impresos en DIN A4, color y por las dos caras.

Entretanto 2015, sí, que remedio, habrá que pasar por el tedio de este año que directamente será más de lo mismo, idéntico tostón aburrido del último lustro. Más mentiras, más crisis, más vaivenes del precio del petróleo, más chorradas sobre que las renovables nos van a sacar de todo, en fin, más "buenismo" ingenuo en nuestras divididas filas, frente a unas élites planetarias corruptas que son capaces de cualquier cosa con tal de mantener el estatus quo imperante, que les favorece.

Bueno, aquí en el todavía Reino de España sí que puede ocurrir algo. Parece que alguien que sabe derecho en el entorno de la Moncloa (Rajoy no es, desde luego) ha acabado por comprender que no se pueden dejar las elecciones para enero de 2016, como nuestro insoslayable Presidente, por lo visto, pretendía, después de barajar incluso adelantarlas drásticamente. Que tuviera la absurda intención primeramente meritada demuestra algo grandioso: ha tirado la toalla y sabe que su tiempo ha pasado ya (aunque cacaree otra cosa), por eso intenta apurar los últimos puros sentado en la poltrona. ¿Y después? Bueno, dicen las malas lenguas, entrenadas, eso sí, en la oratoria parlamentaria, que el pacto entre Sorayita y Pdr Snchz, si salen las cuentas (y espero que no salgan), es cosa hecha, con Felipe González de padrino. Sin embargo, mira que cosas, el componedor parece que ha obtenido la nacionalidad colombiana y hace las maletas para su nuevo país, que como todos sabemos es conocido por cualquier cosa menos por los narcos y sus millones recién salidos de la tintorería. También se van los Aznar, José Mari y Anita Botella, rumbo, al parecer a Nueva York. Demasiadas aves migratorias bien informadas emprendiendo el vuelo. ¿Qué es lo que va a pasar? Pues lo de siempre (bostezo). Seguiremos informando.

Saludos,

Calícrates



1 comentario:

  1. Parece que el apagón informativo de las leyes mordaza y de propiedad intelectual se inaugura con el nuevo año.
    Lo de la guerra contra China y Rusia es mas que previsible. ¿Qué mejor manera de no pagar las deudas que enemistarte con tus acreedores?

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