martes, 23 de diciembre de 2014

Protocolos

pinake.wordpress.com


He dudado mucho antes de publicar este post, que guardo de hace tiempo en el cajón cibernético, y que apenas roza la temática esencial del blog, concretamente su sesgo milenarista. Pero, especialmente en estas señaladas fechas, el vértice el año, la cabra tira al monte, y así surge de nuevo mi insondable enfoque “esotérico” de ciertas cuestiones, eso sí, después de haber demostrado que soy capaz de acometer posts de un contenido mucho más “racional”, lo que desde mi punto de vista no quiere decir otra cosa que más previsible y anodino.

Finalmente me he decidido porque puede que haya quien, después de la sorpresa inicial sobre lo que va a leer, sea capaz de penetrar la esencia del post y descubrir que hay una oscuridad que supera la oscuridad, una necedad que traspasa los límites de la más contundente estulticia, un velo de color negro más negro que el negro, pues está escrito que la verdadera sabiduría se oculta siempre entre los faldones de la ignorancia, la idiocia y la superstición para pasar desapercibida a los ojos de los incautos. Esto podría llevar a meditar sobre el verdadero papel de ciertos “juglares”, “bufones” o “saltimbanquis” de la Edad Media occidental (no de todos desde luego, ni de la mayor parte). Pero hay otros disfraces más impenetrables…

Los extremos se tocan, y la oscuridad del caos, las “tinieblas inferiores”, constituyen el símbolo natural de las “tinieblas superiores”, como el “no actuar”, en su sentido Taoísta, es verdaderamente la plenitud de la actividad, y como el silencio contiene en sí mismo todos los sonidos. Se dice de los malâmatiyah de la Tradición islámica ocultan sus dones espirituales bajo la apariencia de una sonora vulgaridad, a veces en extremo grosera (de malâmah, culpa), y que los falsos mâhadjîb (de majnûn, loco) lo hacen bajo la máscara tenebrosa de la locura. Es por ello que en el campo en que nos zambullimos hay muchos locos sí, y otros locos que parecen más locos que los locos, porque son locos voluntarios,… de puro cuerdos.

Dicho lo cual, entremos en harina. Uno de los textos “proféticos” más polémicos y estudiados, que tanto ha dado que hablar, los Protocolos de los Sabios de Sión, merece un examen especial, a la luz de los interesantes tiempos escatológicos a que nos aboca la imposibilidad de continuar saqueando el planeta, ya solo mantenida por los locos, esta vez en su conceptuación convencional, y por ciertos economistas.

En primer lugar hay que decir que ninguna organización “secreta”, que ciertamente existen, y menos aún en el grado que dicen tener los firmantes del documento, se dejaría “chupar” semejante volumen de información. Las razones de tal afirmación no son fáciles de explicar, y no quiero dar a entender que tengo conocimiento directo de ello, lo que supondría, por mi parte, una presunción bastante inaceptable. Pero de todas formas voy a tratar de exponerlo de manera un tanto intuitiva.

Las organizaciones aludidas, bien sean auténticamente iniciáticas, pseudoiniciáticas, o directamente contrainiciáticas (los mismos métodos, se olvida frecuentemente, pueden utilizarse con objetivos muy diversos) tienen una estructura de “cebolla”, de forma que sólo quienes acceden a los círculos más, digamos, “internos” son capaces de tener conciencia de la verdadera naturaleza y finalidad de la institución. Llegar “dentro”, esto es, arriba, supone atravesar una serie de filtros, sutiles o no, que garantizan la fidelidad y obediencia del candidato. En definitiva puede filtrarse material “reservado” correspondiente a estados iniciales y relativamente “periféricos” de la organización, pero muy difícilmente el correspondiente a los grados más profundos de la estructura orgánica, y de ninguna manera el que atañe a la cúpula o vértice de la pirámide institucional.

Además las distintas teorías, todas ellas algo fantasiosas y noveladas, en relación al descubrimiento de los famosos “Protocolos”, abonan igualmente la hipótesis de la filtración interesada. Sí, amables lectores, investigadores de lo desconocido: los Protocolos de los Sabios de Sion son falsos.

A partir de aquí el pensamiento lineal de muchos les llevará a equivocarse sin remedio, que en definitiva es de lo que se trata, de alejar al observador superficial de las fuentes fidedignas. En efecto, probada la falsedad del documento el corolario facilón es concluir que todo lo que en él se expone no constituye sino una larga sarta de excentricidades, mentiras y patrañas de lo más mendaz. Aquí comienzan los problemas.

Analizando fríamente el texto, sin prejuicios, te das cuenta de que el 80 % de lo que en él se expone ya se ha cumplido, y de forma absolutamente milimétrica. Son particularmente impactantes las profecías sobre el control del oro (su posesión llegó a ser ilegal en EEUU), las relativas a la degeneración de la educación, la corrupción rampante, y especialmente la referida a la utilización del deporte profesional con vistas a la idiotización absoluta de las masas, particulares que no requieren más prueba de cargo que poner cinco minutos la televisión.

Pues bien, si el 80 % de un documento con pretensiones de prefiguración del futuro inmediato se han cumplido escrupulosamente, las reglas de la más elemental estadística nos indican que es altamente probable que el 20 % restante, la parte probablemente más problemática, también se cumpla. Quien escribe, por su parte, está completamente seguro de ello, y a explicarlo dedicó un post bastante elaborado, extenso e incomprendido (Fin de Ciclo).

Queda, sin embargo, por aclarar una cosa, puesto que los Protocolos han sido tildados, con razón o sin ella, de ser un texto antisemita. Centrarse en “los judíos”, en su concepción más estricta, como parece desprenderse de la literalidad del texto, es perderse una vez más en esa “selva oscura” de la que hablaba Dante Alighieri. Lo he dicho en alguna otra ocasión: la máscara hebrea es una de las que utiliza la misteriosa “fuerza” que dirige al Occidente “post renacentista” (el de las supuestas “luces”) hacia su seguro destino, pero no es la única, ni desde luego, y esto es lo que importa, la más definitiva e “interna”, en los términos antes explicados. Como ya he dicho en alguna ocasión los judíos también están siendo  manipulados, y serán abandonados a su suerte cuando sus servicios pasen a ser prescindibles. Mis largas conversaciones con buenos amigos de religión hebrea, bien sea en versión original o conversa, me han demostrado su inconsciencia absoluta sobre el verdadero significado de los acontecimientos en curso en esta época preapocalíptica, salvo que hayan disimulado muy bien, lo que considero poco probable dada mi cercanía con ellos, y me han confirmado que se está jugando con su orgullo nacional, racial o religioso para emplearlos en la preparación del espectáculo final que nos aguarda, sin duda el más sublime, que cerrará el Ciclo.

Pero sigue quedando en el tintero una pregunta, antes solo esbozada. ¿Cómo puede algo falso contener tan clara visión del porvenir? Pues bien, a veces pasa. Todo depende de la intención de quien elabora el documento, de sus fines últimos. Pensadlo bien. Si se hubiera filtrado un texto claro y objetivo, advirtiéndonos de los preparativos en curso, de la sociedad industrializada, deshumanizada y alienada por ideologías espurias que nos aguardaba, la que con el dudoso objetivo de la persecución del hedonismo total (que tan poco tiene que ver con la verdadera felicidad) nos iba a conducir a la reconstrucción de una pirámide social (por lo demás invertida) y a la esclavización más absoluta que se haya conocido en toda la historia de la humanidad, pues sencillamente nadie se hubiera dignado prestar atención a tales vaticinios, absolutamente increíbles para la mentalidad común.

Sin embargo si se presenta la cuestión como una misteriosa conspiración, adornada de un amplio aparato escénico, con ribetes novelescos y misteriosos, animada por un pueblo sempiternamente sospechoso de conjura (de ahí el elemento hebraico) y que tiene como finalidad la dominación mundial, pues los resultados están a la vista: más de cien años interesando a todos los lunáticos (en su sentido más literal) que en el mundo han sido, quienes inconscientemente, a través de sus fantasiosas y reiteradas interpretaciones del documento, mantienen su recuerdo, a fin de que quienes en el futuro aún pudieran tener los ojos bien abiertos supieran interpretar con cierta profundidad la extraña etapa del devenir histórico que vivimos, y saber a ciencia cierta hacia donde nos conduce.

No sé a vosotros, pero a mi los Protocolos de los Sabios de Sion me llenan de esperanza. Su misteriosa redacción, todavía sumida en las sombras más impenetrables, su invaluable contenido y su magistral filtración, que han coadyuvado en su permanente actualidad, me demuestran cabalmente que en algún lugar de este atribulado mundo post picopetrolero (que pudiera parecer un caso perdido) hay Quién vela por los que todavía saben leer, o al menos deletrear, los misteriosos símbolos que en líneas rectas, pero con renglones torcidos, contienen las páginas doradas del Libro de la Vida.

A todos los que, como reza la parafernalia legislativa, podáis leer y comprender os deseo fuerza, Inteligencia y perseverancia para desbrozar el camino que conduce a tal Lugar y Tiempo Maravillosos, al Templo Secreto donde los Elegidos serán capaces de alumbrar una nueva Era. La Era Post Crisis.

Saludos,

Calícrates

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