martes, 25 de febrero de 2014

Espejismos



cableatierra.blogspot.com

Sigo  a lo mío, haciendo futuribles, y advirtiendo, a los que sean capaces de realizar el esfuerzo intelectual que requiere la situación, de lo que nos reserva, a mi juicio, el porvenir. Decir, en primer término, que el esfuerzo  al que me refiero, más que dirigido a obtener algo, a añadir algún gadget adicional a nuestros caprichosos y desestructurados egos, que es a lo que estamos acostumbrados, debería tender a todo lo contrario: a despojarnos de ciertas ideas preconcebidas que, de forma sutil e interesada, nos han sido inculcadas desde la infancia, y que forman parte del “disco duro” de nuestra personalidad: el hombre siempre ha ido hacia adelante, el ingenio humano hace milagros, los pisos no bajarán nunca, etc…

Una de las circunstancias más peligrosas, que despistara a muchos, incluso a los mismos “elegidos”, como dicen las escrituras, (los dispongan de una estructura neurocortical que les haga capaces de comprender), es que el lento descenso que nos espera durante los próximos cuarenta años se encontrará trufado de períodos, crecientemente más cortos, pero innegables, en que la situación parecerá estabilizarse, e incluso tender a generar de nuevo un ligero crecimiento. Sobre estos oasis en el desierto, remansos de paz o, por caracterizarlos mejor, ojos del huracán donde luce el sol en medio de la eterna tormenta, hay que decir tres cosas:

- Serán producto de algún cambio geopolítico decisivo, léase mayormente guerras, o algún evento (catastrófico) que limite el consumo de derivados del petróleo en alguna región global de cierta extensión.

- Serán periodos económicos extraordinariamente temibles, puesto que los no convenientemente informados, o lo que es lo mismo, los que concedan, siquiera, el beneficio de la duda a los medios de control corporativo, tomarán decisiones económicas bastante desastrosas, que serán aprovechadas por quienes pretendan limpiar su cartera de activos, vendiendo a buen precio elementos patrimoniales que el declive energético hará tarde o temprano antieconómicos.

- Sobre todo, quienes lideren estos períodos, a causa de la desesperación creciente del pueblo llano, serán vistos como auténticos genios, seres semidivinos e incontestables, lo que aparte de generar la aparición de regímenes políticos cada vez más presidencialistas y autoritarios, cambiará de forma determinante la percepción psicológica de las masas sobre el carácter de las personas que detentan el poder.

Estoy hablando de la aceptación de una jerarquía visible, de que los seres humanos no son iguales y de que existen determinados “linajes”, por llamarlos de alguna manera, llamados al ejercicio del control y dirección social por decisión inapelable de la providencia. Hay que decir que estas “estructuras” de poder han existido siempre, si bien de forma invisible. Sin embargo para entonces se harán de nuevo evidentes, y no sólo eso, serán aceptadas de forma prácticamente unánime, hasta el punto de que quienes disientan del nuevo orden (mundial) serán proscritos y perseguidos como delincuentes peligrosos.

Otra cuestión será que la nueva estructura jerárquica de dirección política sea “legítima”, o que, por el contrario, quien aparezca en la cúpula de la urdimbre social supuestamente renovada sea, como decía Guénon, quien se ubique más cerca del fondo de los “abismos infernales”, esto es, que la jerarquía establecida sea en realidad “al revés”, en forma de pirámide invertida. Esto es lo que, a tenor de lo que la historia oficial cuenta de los locos coronados que usufructuaron la púrpura imperial romana, debió ocurrir en tiempos de la antigüedad clásica.

La vacuna más efectiva para no caer en las garras de la ilusión (maya) es tener absolutamente claro que los milagros no existen, que las leyes de la termodinámica no nos van a dar ningún respiro, y que el medio de control más efectivo que tiene el poder es no decirnos la verdad (o hacerlo de forma sesgada y a medias), para generarlos la falsa percepción de que decidimos libremente. El remedio infalible consiste en pensar, convencerse con argumentos sencillos y sensatos, sin estridencias, y repetirse cada mañana como un mantra que, digan lo que digan, EL PASADO YA NO VOLVERÁ. La trampa del sistema consistirá precisamente en hacernos creer que el “progreso”, tras de algunos traspiés sin importancia, recuperará su velocidad de crucero. Si lo hace, por poco tiempo, será gracias al “crédito”, esto es, a la credulidad infantil que poderosos medios de sugestión colectiva, no del todo publicitados, sepan o puedan inducir en las multitudes desesperadas.

Dicen que nos salvaremos todos o ninguno. Me permito reciamente dudar de semejante afirmación, sin duda bien intencionada, pero alejada fatalmente de la realidad. Se salvará quien pueda, normalmente pocos. Y los que se salven lo harán sin duda a costa de la inconsecuencia y falta de sentido crítico de sus conciudadanos, con lo cual tampoco podemos decir que tal selección sea del todo injusta.

No nos engañemos. Si la paciente operativa conjunta de los blogs que desde hace años explican las verdaderas causas de las crisis apenas ha calado en un 1 por ciento de la población, al menos aquí en Españistán, a qué desgañitarse divulgando el mensaje.

¿Estoy diciendo que engañemos a nuestros congéneres? En ningún momento. Sería contrario a mi carácter y formación. Expliquémosles, a quienes se dejen, la realidad de lo que está ocurriendo. Quien escribe lo ha hecho, en su círculo próximo, con resultados harto desalentadores.

No podemos hacer más. Así que si de repente aparece algún líder carismático, nos cuentan en la televisión que, tras singular combate, Al Qaeda ha sido derrotada aquí y allá, que repuntan las cifras amañadas de crecimiento del PIB, que todo sube, que es la recuperación definitiva, el momento de comprar un piso, acciones, derivados, fondos de pensiones o lo que sea, pues qué queréis que os diga, aprovechad la coyuntura, desprendeos a todo prisa de tal quincalla, e invertid en bienes no perecederos, realmente productivos, valiosos y energéticamente eficientes (ponedles vosotros los nombres), que os permitan sobrevivir al subsiguiente nuevo colapso que, si algo habéis entendido, tendréis claro que pronto llegará. Apostad sobre seguro que así estaréis imitando a los que os intentan engañar. Y no os compadezcáis de aquéllos a los que endoséis vuestros saldos, porque de nada sirve entonar música celestial a quien no tiene, ni tendrá, oídos para apreciarla.

Saludos,

Calícrates

martes, 18 de febrero de 2014

Caleidoscopio



www.taringa.net

La lectura del libro de David Ripoll, El Caleidoscopio, me ha hecho pensar. Normalmente siempre he partido de la base de que a la oligarquía financiero-industrial le interesa mantener intactos sus capitales (deudas a partir de dinero inventado) a fin de sacar el máximo rédito a sus activos. Desde este punto de vista siempre he previsto la llegada de la inflación masiva como una pérdida del control de la situación por parte de los amos del sistema económico. Y aunque efectivamente éste es inviable sin crecimiento, y el camino por el que discurre sólo puede conducir a la centrifugadora, me empiezo a cuestionar que los dueños del corral puedan permitirse “perder el control”, de forma que, a sabiendas de la inevitabilidad de la quiebra del sistema, se planteen causar deliberadamente el estallido, en el momento más favorable para sus intereses. Bien, sé que me ha salido un párrafo muy denso, procuraré explicarme.

Como explica Ripoll, la quiebra de un sistema monetario tiene tres fases esenciales:

- 1ª fase, deflación, en la teóricamente aún nos encontramos, aunque determinados costes vinculados a la energía ya están inflactando, basta ver la que se traen con el recibo de la electricidad. Durante esta fase, se detiene el crédito, y por la tanto la creación de dinero, con lo cual la actividad económica se contrae violentamente, cesa el crecimiento y comienza el calvario del desempleo. De esta forma se detrae la riqueza de los deudores, que son forzados a quebrar, con lo que los bancos se quedan con sus propiedades a precios de saldo (supongo que la lectura de la prensa diaria me exime de continuar glosando el tema). Pero no se vayan todavía, aún hay más.

- 2ª fase, inflación, agotado el saqueo de los económicamente más débiles, esto es, los endeudados hasta las cachas y sus avalistas, rematados sus bienes inmuebles como consecuencia de subasta hipotecaria o proveniente de embargo, y llevadas al límite las posibilidades de embargar con provecho el resto de sus activos (vehículos, cuentas bancarias, acciones,..) y de sangrar sus exiguos sueldos, pensiones o prestaciones por desempleo, las tasas de morosidad suben al infinito, con lo cual el mantenimiento de la deuda como activo empieza a perder sentido, puesto que, como sabemos, lo que caracteriza a un activo es precisamente su capacidad de generar ingresos por encima de los gastos que ocasiona su tenencia, ya que de lo contrario pasa a ser un pasivo.

Así las cosas el sistema económico, absolutamente dependiente de crecimiento, y su mastín bancario, nacido para el saqueo e incapaz de parasitar a una sociedad abocada a decrecer, deben buscar una nueva presa, y sólo quedan los que aún disponen de liquidez, esto es, los ahorradores. Desde este punto de vista puede que la fase inflacionaria no sea realmente resultado de una “pérdida del control”, como he dicho, sino una operación deliberada, dirigida a arruinar a los que todavía resisten, limitar al máximo el poder adquisitivo de los salarios (de los que aún trabajan) y depredar los restos salvados del naufragio antes de hacer sonar el bombo y los platillos.

En este sentido ya he advertido en algún otro post de la extraña prisa que hay por aprobar cierta normativa comunitaria que convierte a los depositantes en simples acreedores de los bancos, en caso de concurso, para el cercano año 2016. Y recordemos, por otra parte, que una de las consecuencias inmediatas de la declaración de concurso es la prohibición de la compensación de créditos, salvo en ciertas circunstancias tasadas. Lo digo porque puede ocurrir que haya quien tenga pendiente una deuda hipotecaria y al mismo tiempo sea titular de un depósito importante (lo que a veces ocurre). Se quedará sin sus ahorros, pasando a ser un acreedor más de la masa activa, a cobrar en el lugar que le corresponda, y tendrá que seguir pagando cuotas hipotecarias. Lo que oís. ¿A que son más malos aún de lo que parece? Y para los partidarios del colchón bancario (me refiero al de guardar la tela no a los mecanismos para salvar bancos a costa nuestra), que sepan que los billetes físicos guardados bajo la cama perderán su valor igual de rápido que sus equivalentes digitales.

- 3ª fase, colapso del sistema monetario. La moneda originaria no puede cumplir ya sus funciones como dinero, esto es, depósito y medida de valor, así como medio de intercambio. Es, por tanto abandonada, recurriéndose a patrones de trueque ad hoc, a nuevas monedas locales, y especialmente a minerales y metales preciosos. En estas condiciones ya sólo quien ha podido acopiar bienes valiosos en sí mismos, y especialmente oro y plata, tendrá capacidad económica, por lo que ya sabemos lo que están haciendo los que dirigen el operativo relatado.

Por otra parte, la hiperinflación habrá llevado a las deudas a su mínima expresión, lo que favorece algo a los deudores, aunque poco porque de todas maneras no habrían podido pagarlas, pero también, y sobre todo, una vez más, a los bancos, pues liquidado el apalancamiento precedente pueden recomenzar un nuevo ciclo de crédito (eso si nos dejamos volver a embaucar, y siempre dentro de las condiciones que resulten de la quiebra del sistema, sobre las que tan sólo podemos especular).

Lo que no debemos olvidar a la hora de imaginar escenarios futuros, es que en este caso la imposibilidad de continuar creciendo es estructural, proviene del agotamiento de los recursos, especialmente energéticos, por lo que no cabe esperar una “vuelta a la normalidad”, ya imposible, sino una transformación absoluta de nuestro sistema civilizatorio (excrecencia del económico), absolutamente insoslayable, aunque lo importante no es tanto ser consciente de su carácter ineludible, como conocer su dirección, y especialmente sus tiempos, que quien escribe ignora.

Digo lo anterior porque en el pasado se han producido situaciones de colapso inflacionario de manera, digamos, artificial, por coyunturas económicas o políticas, dirigidas a hacer caer un régimen o a colocar en el poder a algún fantoche previamente adiestrado en secreto. A ver si algún día me atrevo a contar quien era Adolfo Hitler (recomiendo el minuto 46 del documental enlazado) y quien le encargó la misión de destruir Alemania. Pero esta vez la situación es diferente. No se trata de un experimento o una operación de inteligencia. No hay salida, y quien pretenda volver al pasado será arrastrado por la corriente. Estáis avisados.

Saludos,

Calícrates

jueves, 13 de febrero de 2014

Emergentes



www.imagenespedia.com

Ya decía Niño Becerra que no le cuadraba aquello de los países “emergentes”, pues que no se veía muy claro de dónde emergían, y que bien pudiera ocurrir que su “emergencia” inicial acabara dando lugar posteriormente a “emergencias” de otra clase y sentido.

Las supuestas excelencias económicas de los “emergentes” no se referían a la creación de un tejido productivo, propio de los países del primer mundo (se supone que emergían prácticamente de la nada y se acercaban al susodicho). En realidad basaban su crecimiento, y por tanto la posibilidad de adquirir derivados del petróleo a precios más altos, del simple y llano hecho de que exportaban materias primas.

¿En qué dirección? Pues básicamente hacia China, verdadera fábrica del mundo. Pero ocurre que el imperio del sol naciente, afectado por el continuo descenso del consumo a lo largo y ancho del planeta, a causa de una crisis misteriosa que no se acaba, digan lo que digan, y cuyo origen casi nadie acierta a explicar, empieza a funcionar al ralentí, y cuando el coloso económico se resfría, los “emergentes” que le proveen se cogen una pulmonía triple.

Todo lo cual puede producir, ya está produciendo, un efecto inesperado, como es que los capitales retornen a los países industrializados, a la vista de que la “emergencia” de ciertos estados grandes y bien provistos por la naturaleza ha resultado ser una burbuja más, de forma que las cosas vuelvan, poco a poco, a su cauce.

A todo ello puede ayudar otro hecho, que cada día está más cerca. Me refiero a que la deslocalización, a causa de los elevados costes del transporte, deje de ser rentable, no en todos los casos pero sí en muchos, y numerosas industrias retornen al primer mundo, a fin de continuar explotando la mano de obra importada y esclava de siempre (no nos hagamos ilusiones, no pueden funcionar de otra manera), pero más cerca de donde se encuentran los principales centros de consumo.

De seguir los acontecimientos el curso que vengo barruntando, nuestro vapuleado euro puede resucitar, e incluso venirnos muy bien, a pesar de las muchas palabrotas que hemos proferido contra él. No hay más que ver lo ocurrido en la última semana.

La divisa europea se apreció un 1,5% frente al rand sudafricano, y en lo que va de año se ha revalorizado hasta un 5,4% frente a dicha moneda. Otra divisa en mínimos es el rublo, que ha caído con fuerza y se deja un 1,6%, hasta los 48,07 rublos.

En relación al real brasileño, el euro escaló un 0,7%, hasta los 3,32 reales, cerca de los máximos del año. En lo que va de 2014, se ha revalorizado un 2,5% frente el real.

La moneda única, unificada y polivalente, se ha apreciado otro 1,3%, frente a la divisa turca, hasta las 3,02 liras, y no sube más a causa de los malabarismos del Banco de Turquía que elevó del 7,75% a nada menos que el 12% los tipos de las operaciones de financiación a un día, en un intento desesperado de parar una hemorragia que llevó, el pasado enero, a que se necesitaran hasta 3,27 liras para adquirir un euro.

Y eso sin hablar de Argentina.

Se trata de otro cambio de tercio, de los muchos que veremos, un continuo vaivén en el que, definitivamente, la risa irá por barrios, hasta que se nos corte a todos de golpe.

Pero que nadie lance las campanas al vuelo. Se sobrevivirá mejor, aunque no por mucho tiempo, en los territorios con una divisa teóricamente fuerte, pero el pasado ya no volverá, porque se pueden imprimir euros, pero no barriles de petróleo.

Saludos,

Calícrates