martes, 30 de diciembre de 2014

Llega el Año Nuevo



Fuente: 1zoom.me

Sí, llega el Año Nuevo, y lo que tendrían que ser fechas de Paz, Amor y buenas intenciones se transforman, por mor de la última perrada legislativa del PP (menos mal que queda poco) en una carrera contrarreloj para adaptar los posts de este blog a la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. En realidad no hay mucho que cambiar, y con una interpretación coherente de la Ley incluso no tendría que cambiar nada, pero poca coherencia puede esperarse de los que han perpetrado tal rebuzno legislativo, y además conviene a uno no fiarse ni de su sombra,  y aún diré más, tu sombra (lo que de ti no ves) es de lo que menos te puedes fiar en este mundo. Con lo cual tendré que invertir en la tarea unas semanas, que estaré sin publicar.

Pero no quería despedir el año sin contaros una anécdota que puede explicaros, como la imagen que vale más que mil palabras, hacia qué sociedad vamos y en qué compañía. Diversos compromisos sociales me hicieron trasladarme a Madrid para Navidad, en el absolutamente insostenible AVE. Días antes me había telefoneado desde allí una pariente, que conoceremos con el nombre en clave de Pepa, muy preocupada por saber si había actuado correctamente en relación a ciertas inversiones que le había aconsejado su “gestor personal” en la entidad de crédito “La Caixa”.

Claro lo normal es primero preguntar y luego actuar. Pero ella lo hizo a la inversa, seducida por la labia feroz del empleado de la oficina bancaria. Cuando me dijo que había contratado un plan de pensiones, en el que ya había invertido ya tres mil euros, y se había comprometido a invertir cien euros más cada mes, y un PIAS (Plan Individual de Ahorro Sistemático) no me llevé las manos a la cabeza por la sencilla razón de que estaba sujetando el teléfono y por tanto no tenía posibilidad física de hacerlo. Aquí me encontré ante un reto personal. Por una parte puedes decirle que no sabes nada del tema, que eres jurista y solo te ocupas de temas económicos en la categoría de aficionado. Y es la solución que hubiera adoptado de no tratarse de una pariente muy cercana. Pero ocurre que me consta, dentro de la más absoluta certeza, que el negocio financiero no tiene futuro alguno, por la sencilla razón de que las finanzas no son otra cosa que la depredación mediante aparato (por no decir engaño e industria en sentido quijotesco) del crecimiento económico real de una sociedad, crecimiento que, como hemos explicado repetidamente desde estas páginas ya no es posible por los problemas que plantea la finitud del mundo físico. El hecho mismo de que se promocionen con tanto énfasis tales productos para vehicular el ahorro es de por sí significativo, ya que por sus características permiten a las entidades bancarias diferir sus obligaciones de desembolso a corto plazo (plan de pensiones), y en caso de no ser enteramente posible (PIAS) se consigue trasladar el riesgo a un producto que no es verdaderamente financiero, con lo que mejoran sus ratios teóricos de solvencia ante las autoridades monetarias.

En definitiva no es que yo opine, a título de teoría contrastable, que darle dinero a mansalva a esta gente y confiar en que te lo devuelvan dentro de treinta años en cómodos plazos es una grave estupidez, es que estoy absolutamente seguro de ello, y mentir a una pariente cercana, siquiera por la vía del soslayo y escurrimiento de bulto, no me parecía ético. Además, y aun siendo persona a la que no puedes hablar del peak oil, existe un problema técnico que incluso ella podría entender con facilidad, y que atañe a la naturaleza del producto contratado. Es evidente que en ambos casos la inversión no se encuentra garantizada por el Fondo de Garantía de Depósitos. Pero es que además el PIAS es en realidad un seguro (de vida y de pensión vitalicia) y aunque parezca más benévolo que el otro (pues es rescatable, en principio, en cualquier momento) pudiera ocurrir que fuera incluso más arriesgado, puesto que ni siquiera estás bajo el paraguas de solvencia de La Caixa (al que cada cual dará el valor que merezca) sino de su aseguradora VidaCaixa. Claro te contarán que la entidad bancaria nunca dejaría quebrar a su compañía de seguros, y esto te lo puedes creer o te lo puedes no creer. Yo, que he visto caer muchas torres, no me lo creo en absoluto. Y recordemos que en el ramo de las aseguradoras no existe mecanismo público de garantía alguno, puesto que el Consorcio de Compensación de Seguros, al menos en tales funciones, solo cubre determinadas prestaciones en relación a seguros de vehículos, dentro de las coberturas de contratación obligatoria y con una franquicia.

Ante los argumentos vistos, más específicos, alejados del problema general de los recursos planetarios, pues ella no entendería de ninguna manera que tal cuestión “ecológica” pudiera afectar a su plan de pensiones, conseguí que reaccionara en la dirección correcta. Le dije que hablaríamos en Madrid, y para calentar el tema le envié por e–mail un  artículo de Claudio Vargas titulado “Emplumados como pollos”, donde precisamente ofrecen al articulista un plan de pensiones de “La Caixa”.

Llegado a la todavía capital de la todavía España Pepa pasó al contrataque, apoyada por otro pariente que argumentaba que los planes de pensiones se encontraban recomendados por algún experto que peroraba en… las manos a los mandos del aparato por favor, Intereconomia. Ni siquiera me paré a preguntar de quién procedía la inconsecuencia. Dejando aparte mi perjuicio ideológico respecto a la citada cadena, es evidente que si se hubiera tratado de un medio de comunicación en mejor situación económica, esto es, menos obligado a titular a golpe de talonario, pues igual me hubiera parado a estudiar los argumentos en contrario. Tratándose de quien se trataba no merecía la pena perder ni un solo segundo en la cuestión.

No iba a convertir aquello en una guerra. Simplemente quería que Pepa conociera mi opinión sobre el tema y luego que hiciera lo que creyese conveniente, pues todos somos ya mayorcitos. Tan solo pretendía descargar mi conciencia de la debacle financiera que sabía que le esperaba a largo plazo. Pero he aquí que la providencia había dispuesto que mi victoria fuera total. Y para ello hizo intervenir a un “allegado” de Pepa (tan allegado que mantuvo con ella una intermitente relación sentimental). Sobre la mencionada persona, que conoceremos con el nombre técnico de Agapito, concurre la especial circunstancia de que trabaja en Bankia (de momento, ha soslayado varias veces la calle), y anteriormente en la finiquitada Cajamadrid. No sé si Pepa pretendía darme una lección, encontrar fuerzas para continuar con su insensata inversión o simplemente informarse un poco más. En cualquier caso el tiro no le pudo salir más por la culata.

Yo estaba tranquilo, pues nada me venía en el lance, ya lo he explicado. Lo único que tenía que hacer era evitar que el empleado de banca cayera en la argumentación tendenciosa de Pepa y hablara claro, pues estaba en “familia”. Y vaya si lo hizo. En cuanto pude hacer las preguntas adecuadas soltó un “estamos quebrados” que dio gusto oírlo. Y no se refería solo, a mi entender, a la rescatadísima empresa para la que trabaja, sino a toda la industria bancaria en general. Entonces Pepa intentó de nuevo liar la cuestión, y tuve que hacerle la pregunta clave. “¿Agapito, meterías tu dinero en un plan de pensiones o en un PIAS?”. Su rápida contestación “NO” cayó como una erupción volcánica sobre la atmósfera densa de la sala en que nos encontrábamos, y como un jarro de agua fría sobre la intrépida inversora Pepa, que inmediatamente empezó a recriminarle con el consabido “¿y por qué no me lo dices antes…?, cuestiones de pareja en la que ninguna persona sensata debe entrometerse.

Pero faltaba la guinda del pastel. Agapito vino a decir, no recuerdo las palabras exactas, que todo aquello lo decía allí, en la intimidad, pero que evidentemente no lo repetiría delante de extraños, y menos aún en su sucursal. La verdad es que la explicación sobraba, pero no sé por qué me encantó oírla de sus labios.

Pero la cosa no había terminado. Pepa, es evidente, siguiendo el guion de cualquier película que se precie, debía entonces decir aquello de “entonces ¿dónde meto mi dinero?”. Aquí temí ir demasiado lejos y que Agapito me rebatiese. Pero me arriesgué. Opiné que había que comprar oro en piezas pequeñas, que sirvieran para obtener liquidez en tramos cortos y en cualquier momento, y guardarlo todo en casa, en una trampilla en el suelo con una llave simple, por si lo localiza la asistenta (las cajas fuertes no me parecen solución fiable, pues su instalación deja rastro en relaciones de clientes que no se sabe dónde pueden acabar). Añadí que sabía que existían máquinas que expedían oro desde diez euros (no sé dónde lo había leído, de momento no me he lanzado a tal inversión). Agapito no solamente no me contradijo sino que indicó que tales “máquinas” eran en realidad cajeros.

Realmente hay una amarga moraleja en toda esta historia. Cuando llueva lo que tiene que llover mucha gente, con menos suerte que mi pariente Pepa, no solo van a quedar con los calzoncillos (en su caso bragas) en la mano, sino que encima se les va a poner una cara de Pepito Grillo que no van a poder con ella. Otra cosa son las penurias que pasarán después, que probablemente serán menos divertidas.

Quedan unos pocos ejercicios fiscales, no muchos, y el tiempo de los despistados, los “expertos” y los cuentos de hadas habrá finalizado. Es el momento de actuar, y de dejar a los crédulos que se regodeen en su ignorancia. No se puede salvar a todo el mundo.

Entretanto, Feliz Año a todos.

Saludos,

Calícrates

martes, 23 de diciembre de 2014

Protocolos

pinake.wordpress.com


He dudado mucho antes de publicar este post, que guardo de hace tiempo en el cajón cibernético, y que apenas roza la temática esencial del blog, concretamente su sesgo milenarista. Pero, especialmente en estas señaladas fechas, el vértice el año, la cabra tira al monte, y así surge de nuevo mi insondable enfoque “esotérico” de ciertas cuestiones, eso sí, después de haber demostrado que soy capaz de acometer posts de un contenido mucho más “racional”, lo que desde mi punto de vista no quiere decir otra cosa que más previsible y anodino.

Finalmente me he decidido porque puede que haya quien, después de la sorpresa inicial sobre lo que va a leer, sea capaz de penetrar la esencia del post y descubrir que hay una oscuridad que supera la oscuridad, una necedad que traspasa los límites de la más contundente estulticia, un velo de color negro más negro que el negro, pues está escrito que la verdadera sabiduría se oculta siempre entre los faldones de la ignorancia, la idiocia y la superstición para pasar desapercibida a los ojos de los incautos. Esto podría llevar a meditar sobre el verdadero papel de ciertos “juglares”, “bufones” o “saltimbanquis” de la Edad Media occidental (no de todos desde luego, ni de la mayor parte). Pero hay otros disfraces más impenetrables…

Los extremos se tocan, y la oscuridad del caos, las “tinieblas inferiores”, constituyen el símbolo natural de las “tinieblas superiores”, como el “no actuar”, en su sentido Taoísta, es verdaderamente la plenitud de la actividad, y como el silencio contiene en sí mismo todos los sonidos. Se dice de los malâmatiyah de la Tradición islámica ocultan sus dones espirituales bajo la apariencia de una sonora vulgaridad, a veces en extremo grosera (de malâmah, culpa), y que los falsos mâhadjîb (de majnûn, loco) lo hacen bajo la máscara tenebrosa de la locura. Es por ello que en el campo en que nos zambullimos hay muchos locos sí, y otros locos que parecen más locos que los locos, porque son locos voluntarios,… de puro cuerdos.

Dicho lo cual, entremos en harina. Uno de los textos “proféticos” más polémicos y estudiados, que tanto ha dado que hablar, los Protocolos de los Sabios de Sión, merece un examen especial, a la luz de los interesantes tiempos escatológicos a que nos aboca la imposibilidad de continuar saqueando el planeta, ya solo mantenida por los locos, esta vez en su conceptuación convencional, y por ciertos economistas.

En primer lugar hay que decir que ninguna organización “secreta”, que ciertamente existen, y menos aún en el grado que dicen tener los firmantes del documento, se dejaría “chupar” semejante volumen de información. Las razones de tal afirmación no son fáciles de explicar, y no quiero dar a entender que tengo conocimiento directo de ello, lo que supondría, por mi parte, una presunción bastante inaceptable. Pero de todas formas voy a tratar de exponerlo de manera un tanto intuitiva.

Las organizaciones aludidas, bien sean auténticamente iniciáticas, pseudoiniciáticas, o directamente contrainiciáticas (los mismos métodos, se olvida frecuentemente, pueden utilizarse con objetivos muy diversos) tienen una estructura de “cebolla”, de forma que sólo quienes acceden a los círculos más, digamos, “internos” son capaces de tener conciencia de la verdadera naturaleza y finalidad de la institución. Llegar “dentro”, esto es, arriba, supone atravesar una serie de filtros, sutiles o no, que garantizan la fidelidad y obediencia del candidato. En definitiva puede filtrarse material “reservado” correspondiente a estados iniciales y relativamente “periféricos” de la organización, pero muy difícilmente el correspondiente a los grados más profundos de la estructura orgánica, y de ninguna manera el que atañe a la cúpula o vértice de la pirámide institucional.

Además las distintas teorías, todas ellas algo fantasiosas y noveladas, en relación al descubrimiento de los famosos “Protocolos”, abonan igualmente la hipótesis de la filtración interesada. Sí, amables lectores, investigadores de lo desconocido: los Protocolos de los Sabios de Sion son falsos.

A partir de aquí el pensamiento lineal de muchos les llevará a equivocarse sin remedio, que en definitiva es de lo que se trata, de alejar al observador superficial de las fuentes fidedignas. En efecto, probada la falsedad del documento el corolario facilón es concluir que todo lo que en él se expone no constituye sino una larga sarta de excentricidades, mentiras y patrañas de lo más mendaz. Aquí comienzan los problemas.

Analizando fríamente el texto, sin prejuicios, te das cuenta de que el 80 % de lo que en él se expone ya se ha cumplido, y de forma absolutamente milimétrica. Son particularmente impactantes las profecías sobre el control del oro (su posesión llegó a ser ilegal en EEUU), las relativas a la degeneración de la educación, la corrupción rampante, y especialmente la referida a la utilización del deporte profesional con vistas a la idiotización absoluta de las masas, particulares que no requieren más prueba de cargo que poner cinco minutos la televisión.

Pues bien, si el 80 % de un documento con pretensiones de prefiguración del futuro inmediato se han cumplido escrupulosamente, las reglas de la más elemental estadística nos indican que es altamente probable que el 20 % restante, la parte probablemente más problemática, también se cumpla. Quien escribe, por su parte, está completamente seguro de ello, y a explicarlo dedicó un post bastante elaborado, extenso e incomprendido (Fin de Ciclo).

Queda, sin embargo, por aclarar una cosa, puesto que los Protocolos han sido tildados, con razón o sin ella, de ser un texto antisemita. Centrarse en “los judíos”, en su concepción más estricta, como parece desprenderse de la literalidad del texto, es perderse una vez más en esa “selva oscura” de la que hablaba Dante Alighieri. Lo he dicho en alguna otra ocasión: la máscara hebrea es una de las que utiliza la misteriosa “fuerza” que dirige al Occidente “post renacentista” (el de las supuestas “luces”) hacia su seguro destino, pero no es la única, ni desde luego, y esto es lo que importa, la más definitiva e “interna”, en los términos antes explicados. Como ya he dicho en alguna ocasión los judíos también están siendo  manipulados, y serán abandonados a su suerte cuando sus servicios pasen a ser prescindibles. Mis largas conversaciones con buenos amigos de religión hebrea, bien sea en versión original o conversa, me han demostrado su inconsciencia absoluta sobre el verdadero significado de los acontecimientos en curso en esta época preapocalíptica, salvo que hayan disimulado muy bien, lo que considero poco probable dada mi cercanía con ellos, y me han confirmado que se está jugando con su orgullo nacional, racial o religioso para emplearlos en la preparación del espectáculo final que nos aguarda, sin duda el más sublime, que cerrará el Ciclo.

Pero sigue quedando en el tintero una pregunta, antes solo esbozada. ¿Cómo puede algo falso contener tan clara visión del porvenir? Pues bien, a veces pasa. Todo depende de la intención de quien elabora el documento, de sus fines últimos. Pensadlo bien. Si se hubiera filtrado un texto claro y objetivo, advirtiéndonos de los preparativos en curso, de la sociedad industrializada, deshumanizada y alienada por ideologías espurias que nos aguardaba, la que con el dudoso objetivo de la persecución del hedonismo total (que tan poco tiene que ver con la verdadera felicidad) nos iba a conducir a la reconstrucción de una pirámide social (por lo demás invertida) y a la esclavización más absoluta que se haya conocido en toda la historia de la humanidad, pues sencillamente nadie se hubiera dignado prestar atención a tales vaticinios, absolutamente increíbles para la mentalidad común.

Sin embargo si se presenta la cuestión como una misteriosa conspiración, adornada de un amplio aparato escénico, con ribetes novelescos y misteriosos, animada por un pueblo sempiternamente sospechoso de conjura (de ahí el elemento hebraico) y que tiene como finalidad la dominación mundial, pues los resultados están a la vista: más de cien años interesando a todos los lunáticos (en su sentido más literal) que en el mundo han sido, quienes inconscientemente, a través de sus fantasiosas y reiteradas interpretaciones del documento, mantienen su recuerdo, a fin de que quienes en el futuro aún pudieran tener los ojos bien abiertos supieran interpretar con cierta profundidad la extraña etapa del devenir histórico que vivimos, y saber a ciencia cierta hacia donde nos conduce.

No sé a vosotros, pero a mi los Protocolos de los Sabios de Sion me llenan de esperanza. Su misteriosa redacción, todavía sumida en las sombras más impenetrables, su invaluable contenido y su magistral filtración, que han coadyuvado en su permanente actualidad, me demuestran cabalmente que en algún lugar de este atribulado mundo post picopetrolero (que pudiera parecer un caso perdido) hay Quién vela por los que todavía saben leer, o al menos deletrear, los misteriosos símbolos que en líneas rectas, pero con renglones torcidos, contienen las páginas doradas del Libro de la Vida.

A todos los que, como reza la parafernalia legislativa, podáis leer y comprender os deseo fuerza, Inteligencia y perseverancia para desbrozar el camino que conduce a tal Lugar y Tiempo Maravillosos, al Templo Secreto donde los Elegidos serán capaces de alumbrar una nueva Era. La Era Post Crisis.

Saludos,

Calícrates

jueves, 18 de diciembre de 2014

2015, año de transición

www.fotofrontera.com


Ya lo he dicho muchas veces. La dinámica en la que está instalada la sociedad industrial, sobre todo en su vertiente financiero especulativa, no posibilita otro final de partida que el colapso. Como expuse en el post anterior creo, dentro de mis limitadas posibilidades (no soy vidente), que el año del desencadenamiento de la tormenta será el 2017. Los motivos son muy variados, pero fundamentalmente tres:

- la llegada al poder en EEUU de un presidente republicano, con una agenda, ya programada, muy agresiva y apretada (los candidatos no deciden nada en realidad, son actores que mueven los labios), pues el tiempo apremia y ya no se puede jugar más a caerle bien al mundo con una mano (que para eso pusieron un Presidente “colored”), mientras haces las fechorías con la otra.

- regresión ya indisimulable de la producción de los pozos de petróleo convencionales, que apenas proveerán, para entonces, unos sesenta millones de barriles diarios, volumen notoriamente insuficiente para las necesidades de consumo mundiales.

- ya no explosión, sino agotamiento absoluto de la burbuja del fracking.

Aquí en Españistan, a todo lo anterior, se añadirán los crecientes problemas de liquidez de la Tesorería General de la Seguridad Social, pues los sablazos al fondo de reserva son cada vez más exagerados, consecuencia del creciente número de jubilados (se está jubilando gente de sesenta años que correrían con vosotros la San Silvestre vallecana y os darían para el pelo, con expectativas de vivir cuarenta años más, casi tanto como la vida laboral de muchos de ellos, esto no se sujeta ya ni con dos palos y una caña).

He dicho también repetidas veces que el sistema nunca revelará la verdadera causa de nuestras dificultades, con lo cual, y ante lo insobornable de la realidad, al ser imposible revertirla, hará falta disimularla, con todos los apaños de la Señorita Peppis. ¿Cómo lo harán? Con algo tan fuerte, que no pueda pasar desapercibido, y que produzca los mismos efectos de marasmo económico y social que ocasionaría la evidencia de haberse llegado a los límites que el mundo físico impone a la civilización depredatoria del petróleo. Sí, estimados todos, estoy hablando de una guerra. Pero no una guerra más, de esas que salen todos los días en el telediario, consecuencia de revoluciones (pagadas) de colores, revueltas (subvencionadas) por el precio del pan, o la aparición de ejércitos (financiados) fantasma del fundamentalismo de Mickey Mouse, que, pese a, supuestamente, cortar cabezas día sí y día no a víctimas occidentales (que afrontan el martirio con una pasmosa tranquilidad) resulta que siempre acaban haciendo lo que más conviene a los halcones de Washington (léase Londres que es donde se manda de verdad).

Los mismos medios nacionales e internacionales que nos vendieron la patraña asesina de las armas de destrucción masiva de Irak (desde que comenzó el conflicto han muerto casi un millón y medio de iraquíes) nos volverán a contar lo que toque, y nadie moverá un dedo. Sí, algunos, incluso muchos, sabremos que todo es mentira, pero no podremos hacer nada más que comentarlo en una tertulia junto al café de la sobremesa, o aventarlo en páginas web que no leerá casi nadie. El diálogo público estará dominado por políticos marionetas que dirán lo que sea procedente, y no habrá nada más que hablar. Ni siquiera les importa que no les creamos en absoluto, claro, ¡eso son tonterías que dicen en algún blog!…

Todo indica que el establishment norteamericano está preparando algo muy gordo, y que solo la necesidad de Obama de no manchar in extremis su anodina presidencia está retrasando lo inevitable. Otra cosa es que les salga bien, y los últimos fiascos no parecen ir en esta dirección. Se trataría una guerra nunca vista, una auténtica tercera guerra mundial. Los objetivos: Rusia y China. Los cómplices convidados de piedra: la sedicente Unión Europea y Japón.

Sería una guerra unilateral, cuyo pretexto pudiera ser Ucrania. De momento, por un sospechoso consenso de los dos partidos, supuestamente adversarios, el Congreso de los EEUU aprobó el pasado día 4 de diciembre la Resolución 758, que autoriza al Presidente a adoptar medidas más agresivas de sanción y de aislamiento contra Rusia, a proveer de armas y otras ayudas al gobierno de Ucrania y a fortalecer la presencia militar norteamericana en los países vecinos de la Federación Rusa. La provocación permanente al Kremlin incluye tres factores: sanciones para debilitar la economía rusa, instalación de un gobierno satélite en Kiev y guerra masiva de propaganda. Todo ello constituye, de facto, una nueva guerra fría, en la que, al contrario que en la anterior, no se descarta, al menos a priori, la posibilidad de un conflicto total, esto es, de una guerra nuclear. Esta es, ni más ni menos, la hoja de ruta del nuevo Presidente republicano, del que todavía no se sabe ni el nombre, pero que ya tiene los deberes impresos en DIN A4, color y por las dos caras.

Entretanto 2015, sí, que remedio, habrá que pasar por el tedio de este año que directamente será más de lo mismo, idéntico tostón aburrido del último lustro. Más mentiras, más crisis, más vaivenes del precio del petróleo, más chorradas sobre que las renovables nos van a sacar de todo, en fin, más "buenismo" ingenuo en nuestras divididas filas, frente a unas élites planetarias corruptas que son capaces de cualquier cosa con tal de mantener el estatus quo imperante, que les favorece.

Bueno, aquí en el todavía Reino de España sí que puede ocurrir algo. Parece que alguien que sabe derecho en el entorno de la Moncloa (Rajoy no es, desde luego) ha acabado por comprender que no se pueden dejar las elecciones para enero de 2016, como nuestro insoslayable Presidente, por lo visto, pretendía, después de barajar incluso adelantarlas drásticamente. Que tuviera la absurda intención primeramente meritada demuestra algo grandioso: ha tirado la toalla y sabe que su tiempo ha pasado ya (aunque cacaree otra cosa), por eso intenta apurar los últimos puros sentado en la poltrona. ¿Y después? Bueno, dicen las malas lenguas, entrenadas, eso sí, en la oratoria parlamentaria, que el pacto entre Sorayita y Pdr Snchz, si salen las cuentas (y espero que no salgan), es cosa hecha, con Felipe González de padrino. Sin embargo, mira que cosas, el componedor parece que ha obtenido la nacionalidad colombiana y hace las maletas para su nuevo país, que como todos sabemos es conocido por cualquier cosa menos por los narcos y sus millones recién salidos de la tintorería. También se van los Aznar, José Mari y Anita Botella, rumbo, al parecer a Nueva York. Demasiadas aves migratorias bien informadas emprendiendo el vuelo. ¿Qué es lo que va a pasar? Pues lo de siempre (bostezo). Seguiremos informando.

Saludos,

Calícrates