domingo, 11 de enero de 2015

Actualidad financiera

Fuente: es.forwallpaper.com
Sí, no iba tan bien. El Banco Santander digo. Y aquí me voy a apuntar un tanto. En un post que lleva fecha de 30 de septiembre anuncié las dificultades de la entidad financiera (que solo eran un secreto para quién quería seguir mirando a otro lado) y mencioné la necesidad de la ampliación de capital. Pero no todo fueron aciertos. Supongo que no creí que fueran capaces de hacer lo que han hecho, y por ello califiqué la ampliación necesaria, ya no para sanear debidamente el banco sino solo para salir del paso un rato más, de “imposible”. Desde luego ni a quien escribe, a pesar del mordiente que muestra cuando toca, queda exento de cierta ingenuidad (lo mejor de tener un blog es que te proporciona la posibilidad de hablar de ti en tercera persona). Vaya si se han atrevido. Ello me lleva a diversas consideraciones sobre el futuro que nos espera, ya no dentro del mundo financiero, sino como sociedad.

En efecto, después de la andanada que propinan a los pequeños ahorradores accionistas del banco (los grandes ya habrán salvado la tocata de alguna manera), por resumirlo en pocas palabras, saquearles el 14% del valor de sus acciones, y recortarles severamente el dividendo del ejercicio, con vagas promesas de mejora para el futuro, lo único procedente sería forzar una asamblea extraordinaria y mandar a la calle a la Sra. Botín (solo es titular nominal del 1% del accionariado) y a todo su Consejo de Administración, máxime cuando en anteriores ampliaciones, a las que los accionistas sí pudieron acudir, la mayor parte de éstos prefirieron el pago en acciones, para preservar el valor de la inversión, mientras la “heredera” y acólitos, por lo visto, prefirieron el pago en efectivo (¿qué sabías Patricia que no reflejaran tus libros, más creativos que la última entrega de Harry Potter?).

Pero no habrá rebelión, porque la mayoría de las acciones del banco se encuentra en manos corporativas, y se ignora quienes son, a ciencia cierta, los verdaderos accionistas. Tengo para mí que Banco Santander ni siquiera es realmente un banco español, aunque reconozco que no puedo probarlo. En este contexto, la abuelita que tiene ochenta mil euros en acciones del banco no pinta, evidentemente, nada, por lo que la revuelta del cuerpo social de la entidad ni está ni se la espera (ingenuidad, sí, pero no tanto).

Extrapolando lo visto, y lo que queda por ver en el Santander, mi reflexión sobre la política patria tampoco va a ser muy favorable. Por razones parecidas a las del banco meritado, aquí tampoco veremos una revolución en toda regla, pase lo que pase, que os aseguro que no os llega la imaginación para lo que puede llegar cuando apriete la necesidad. ¿Por qué motivo? En primer lugar porque los accionistas de la marca España tampoco somos nosotros, y es probable que, como en el caso de la financiera cántabra, tampoco sean siquiera españoles. En segundo lugar porque como colectividad, como masa bruta, somos perfectamente controlables, divisibles y manipulables. La ingeniería social (la más importante de las disciplinas técnicas, sin serlo) ha avanzado mucho. Ahora lo hacen todo ordenadores, de forma que hasta Arriola se puede ganar la vida con ello. Puede que algún día me atreva a acometer un post sobre lo que opino de la “democracia”, tal y como se articula en los estados artificiales modernos, que podría sorprender a los que han leído algunos de mis posts más “de izquierdas”. No hay salida colectiva, solo individual. Como para el accionista del Santander tampoco había otra salida que poner el oído y vender a tiempo.

Por cierto que en el post indicado al comienzo de este artículo no solo me refería al Banco Santander. También a El Corte Inglés, que recientemente ha anunciado, a bombo y platillo, la colocación de bonos por valor de 500 millones de euros, la décima parte de lo que debe que, claro, no desaparece en el hiperespacio sino que se convierte en “más deuda”. También aquí habrá que estar atento mientras se esté a tiempo, aunque la estructura accionarial de la empresa, que no cotiza en bolsa, es muy diferente de la del Santander.

Lo he dicho muchas veces. La verdadera finalidad de la mayoría de las empresas mercantiles, con acciones admitidas a negociación bursátil o sin ella, no es ganar dinero para los accionistas sino derivar efectivo hacia las cuentas corrientes (convencionales o secretas) de sus gestores y luego dejar quebrar la entidad (o que la rescaten en nuestros lomos). Es el conocido Principio de Calícrates. Esto lo sabe hasta el que lleva el libreto. El capitalismo no es que sea bueno o malo, es que sencillamente es un cuento chino.

Esto es bien sabido incluso a los niveles más bajos de la pirámide corporativa. Una vez trabajé para una compañía de seguros, donde al empezar me pusieron bajo la tutela de una trabajadora de la empresa, de bastante poca categoría, al menos en sentido laboral. Pues bien un día llamó alguien por teléfono preguntando por otro empleado, y le dije que había salido a su reglamentario almuerzo. Cuando colgué mi mentora me miró severamente, y me recriminó por haber dado tantas explicaciones. Me fui, otra vez ingenuo, por lo del servicio al cliente. Y entonces, recuerdo las palabras exactas pero no las reproduciré porque no son políticamente correctas, me dijo algo así como “¿pero es que no sabes la jerarquía que hay que respetar en la empresa? Empleados, tontos severos y, por último, mutualistas”. Vamos que los que sostienen el tinglado con su dinero lo más que tienen derecho es a tener un seguro barato y poco más. Y claro, cuando llegaba la asamblea general conminaban a cada empleado a llevar diez representaciones (no era obligatorio, claro, pero sí lo era) para así controlar la junta, a la que se daba, como es natural, la menor publicidad posible. Despertad. Las masas no pintan nada ni a nivel corporativo ni político. Y la cuestión a plantearse es si deben llegar a pintar algo, sobre todo a la vista de su adormecimiento, que no es más que un síntoma de debilidad moral.

El negocio financiero en una sociedad en decrecimiento solapado, vuelvo a decirlo, no tiene ningún futuro. Tampoco muchos otros, como el que representan los grandes almacenes antes citados, por su particular filosofía de empresa. Claro que, al menos a los bancos, nunca les dejarán quebrar, por la sencilla razón de que los verdaderos amos, los que tiran de las marionetas políticas, tienen sus bases operativas en el mundo de las finanzas. ¿Por casualidad? No en absoluto, porque dinero es control social, y la creación originaria de dinero, sorprendentemente en manos privadas, incluso aquí en Europa, no os engañéis, es el mayor poder que existe en una sociedad compleja, incluso diría que el único poder real, para ir llevando al sujeto colectivo adocenado a donde corresponda e ir eludiendo los imponderables de un mundo afectado por el decrecimiento de recursos. ¿Queréis un ejemplo?

Veo muchas intervenciones (ingenuas) en algún foro sobre la necesidad de reducir nuestra dependencia energética y producir nuestra comida. ¿Pero qué ocurre en realidad? Pues que todos llenan el Mercadona para adquirir productos industriales baratos, los únicos que muchos pueden pagar. La distribución centralizada abierta queda muy fea. Hay que recurrir a  sucedáneos. ¿Cómo hacerlo? Pues sí, racionando adecuadamente la distribución del efectivo. Y que no nos hagan también una “quita” como a los accionistas del Santander por necesidades aumento del core capital institucional. Propósito para el año que comienza: dejar la ingenuidad en el contenedor adecuado para su reciclaje; el medio ambiente te lo agradecerá, y tú a la larga, también.

Saludos,

Calícrates

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