lunes, 16 de marzo de 2015

Syriza

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Siento una gran admiración por este partido de bravos griegos, que quieren sacar a su país del sometimiento, miseria y desesperación en que la bipartitocracia les había sumido. Ocurre que ya decía Sun Tzu, y repite Michael Douglas en Wall Street, “toda batalla es ganada, antes de ser librada”. Y en el caso presente, tal y como está configurada hasta ahora la partida, os puedo asegurar que los burócratas de Frankfurt lo tienen muy fácil: trastearan un rato, para divertimento del personal, este toro tan bravo que ha salido de los corrales, y enseguida entrarán al estoque y descabello. Luego los casqueros se llevarán los restos del morlaco.

No puedes enfrentarte a quienes controlan el dinero que manejas, porque pueden estrangularte en cuestión de segundos, y ya están apretando, como no puedes ir a la batalla contra un enemigo que controla tus suministros de agua, munición, alimentos y medicinas. Lo razonable, en tal caso, es modificar el diseño táctico inicial, y evitar depender, en lo esencial, de aquéllos a quienes vas a combatir. Siempre hay alternativas, aliados más fiables a quienes confiar tu intendencia, (¿alguien dijo Rusia?) pero, claro, a partir de este momento empiezan los problemas.

El euro fue un gran error, para los países de la periferia europea. Perder la soberanía monetaria, y la posibilidad de devaluar nuestras monedas para ganar competitividad sin recurrir a la deflación interna, con su tremendo coste social, fue una gran barbaridad cometida por políticos que, por mucho que votáramos, estaban claramente al servicio del enemigo, cualquiera que sea la idea que podamos hacernos de él (y el más peligroso es el que tienes en la espalda, tu supuesto amigo).

En el caso de Españistán la cosa fue, en su mayor parte, obra del inefable José María Aznar, el mismo individuo que nos trajo la burbuja inmobiliaria, que venía en el paquete con el euro, el endeudamiento público y privado desbocado cuyas consecuencias ahora pagamos, la guerra de Irak, para depredar a este desgraciado país ante la seguridad de que llegaba el pico del petróleo convencional, y un gran empujón al desarme total de las rentas del trabajo frente al gran capital. Sí, y es este mismo sujeto el que, después de dejarnos en la miseria para los próximos lustros, todavía tiene la cara de permitirse el lujo de dar lecciones desde su púlpito de FAES.

Es evidente que susodicho caballero, por llamarle de alguna manera por pura fórmula de cortesía, no porque considere que lo sea, no trabajaba para nosotros, sino para otros intereses ajenos y distantes, al menos tan lejanos y brumosos como los de quienes diseñaron la carnicería del 11-M aunque, como él dice, es evidente que sus autores no se situaban en desiertos ardientes ni en cuevas afganas sin calefacción central.

El verle hablar inglés macarrónico, a él y a su esposa, a pesar de sus marcadas limitaciones lingüísticas e intelectuales, nos puede dar una pista de quienes son sus verdaderos mentores, y también un cierto mareo al ver cómo llegamos a ser tan inconsecuentes de pegarlos un tiro en el pie, a lo Froilán, de tal magnitud, porque Felipe González sería lo que fuese, y tampoco sus intereses eran los nuestros, pero al menos no era un atlantista ceñudo y cerril. Digámoslo claramente: nuestros verdaderos aliados siempre estarán en el interior del continente, y no en la “Gran Isla” anglosajona que nos desprecia, nos utiliza cuando quiere, y luego deja que nos desangremos en guerras civiles que ellos mismos preparan y jalean.

Volviendo al principio, la única posibilidad de Syriza es recurrir a Maquiavelo, y actuar muy deprisa, pisando todos los pies que tenga que aplastar con toda contundencia y agilidad, en el mínimo tiempo posible. Su única oportunidad, digámoslo claro, es dejar el euro con nocturnidad y alevosía, de un día para otro, sin mirar atrás ni dar tiempo al Eurogrupo para reaccionar. Pero claro, esto es más fácil de decir que de hacer. A partir de tal momento comienza el via crucis, que supondrá una devaluación inicial del nuevo dracma de entre un 50 y un 70 por ciento, un corralito bancario que ríete del argentino, estrictos controles de salida de capitales, y un largo calvario económico, con recesión asegurada para, como poco, siete años. Sí, siete, esto es, un plazo de tiempo superior a una legislatura, con lo cual ningún gobierno resistiría el embate, y se tendría que recurrir a un auténtico consenso nacional, difícil de conseguir en un país que es un queso gruyère para la propaganda interesada de los desinformadores bien regados por el gran capital, lo que exigiría también el control de la prensa, y entonces les empezarían a tildar de bolivarianos y dictadores, habría manifestaciones en las calles, algunas violentas, surgirían como setas grupos de alborotadores financiados por no se sabe quién, los euros que les regateaban en su día reaparecerían, pero en manos de sus contrincantes, les dividirían comprando a sus más cercanos colaboradores, les difamarían desde la prensa corporativa internacional, habría atentados y graves disturbios…

Os he mareado. Pues bien, donde pone Syriza poned Podemos, y entonces tendréis la cuenta clara de lo que nos espera en idéntico supuesto fáctico. ¿Queréis mi opinión personal? Salir del euro es imposible sin dar un golpe de Estado, imponer un gobierno militar cercano al que ejerció Franquito en los años cuarenta, y una economía de subsistencia también similar a la que se impuso en dicha década. Un desiderátum. Los barrotes de nuestra cárcel son extremadamente altos, y aquí hay que volver a recurrir a Sun Tzu, que aconseja evitar siempre las batallas perdidas.

¿Qué hacer entonces? Pues lo que hacía Jaimito. Tirar la piedra y esconder la mano. No dar la cara, pero poner todas las trancas posibles en las ruedas de la pesada maquinaria económica del sistema, que traquetea justa de recursos de verdadera rentabilidad energética y por ende económica. Dejar que se hunda sola la obsoleta maquinaria del euro, donde muy al contrario de lo que nos dicen, los que sobran son Holanda, Alemania y, especialmente, el Luxemburgo del Sr. Juncker. Todo ello sin dejar de causarles todos los problemas posibles desde la sombra, y de sabotearles puertos, puentes y acueductos (económicos, financieros e institucionales) donde puedan abrevar y recalar, a la espera de que sus propias incongruencias se los lleven por delante, y entonces sí, cuando pierdan el control, salir sin piedad a destrozar las tropas harapientas del adversario. Iglesias tiene demasiada prisa, tal vez porque su agenda está diseñada por los que secretamente lo crearon (sin que ni él lo sepa). El poder mancha las manos, y de momento, creo, debe quedar en las que ya tienen costra de porquería, pues aún no ha llegado el momento de coger las riendas.

Porque una cosa está clara. El idealismo os podrá hacer sentir muy bien por dentro, y no es desdeñable como elemento de motivación de la tropa (lo que Sun Tzu llama la doctrina), pero por sí solo no permite llegar muy lejos, especialmente frente a un contrincante poco idealista y empático, extremadamente artero, como la hidra de mil cabezas, y sobre todo muy pragmático. No asumáis sus fines, pero sí algunos de sus medios. De lo contrario la derrota está asegurada. Y como diría el poeta, de los olvidados, por definición, nada se sabe.

Saludos,

Calícrates

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