viernes, 1 de mayo de 2015

Un silencio muy revelador

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Dicen que los bancos centrales se mueven sobre un alambre y con una vara de latón en las manos. Y es bien cierto. Lo demuestra el comunicado de la Reserva Federal norteamericana, supuesto Banco Central de Estados Unidos, pero en realidad pool de entidades financieras locales que controlan el dinero, y por tanto la vida política, económica y social del indicado estado, y por ende del mundo entero. Han despachado la reunión de política monetaria de abril sorprendiendo a los que no entienden de que va la película, tras nueve años sin subir los tipos de interés, y más de seis con el precio del dinero congelado prácticamente al 0%. Sí, estimados lectores, las declaraciones altisonantes que debieran haber preparado el alza de tipos prevista para el mes de junio no se encuentra ni entre líneas, por lo que tal evento ya no se producirá, y los pronósticos de nuestros incansables desinformados retrasan el anuncio del repunte para septiembre.

¿Sabéis que? Tampoco me lo creo. Veamos la nueva retahíla de excusas, encontradas ad hoc, que justificarían, que no explicarían, la nueva reculada de la Sra. Yellen, que se sitúa ya en ese inconsistente limbo que separa el humor del patetismo. Al parecer la economía americana, sobre el papel, apenas creció un 0,2 %, por cuatro motivos fundamentales, que se declaran, eso sí, como estrictamente transitorios. A saber: la fortaleza del dólar, la caída del precio del petróleo (que debería ser fantástica pero no lo es para los trileros del fracking), la climatología adversa, y las huelgas en los aeropuertos. Y se añade, tal vez con algo de ingenuidad, especialmente por lo que toca al segundo motivo, que los dos primeros son permanentes, y los dos últimos temporales. ¿Pero no habíamos quedado que todo era transitorio?

Con estos mimbres, y aunque existen vibraciones positivas, provenientes de que los ingresos de los hogares subieron fuertemente los últimos meses (por la antes nefasta bajada del crudo), lo cierto es que el ritmo de creación de empleo se ha moderado, como también el consumo de los hogares, que por mucho que ingresen de más están endeudados hasta las trancas, la inversión empresarial se ha debilitado, por lo mismo, las exportaciones han bajado y la inflación se sitúa por debajo del 2 %, a consecuencia del descenso del precio de la energía y el abaratamiento de los productos importados, otra consecuencia de la revalorización del dólar, que se ha moderado en las últimas semanas.

En definitiva la Sra. Yellen quiere sentirse más cómoda antes de iniciar la denominada “normalización de las condiciones monetarias”, esto es, en un escenario de mayor crecimiento y con unos datos de inflación más próximos al esperado 2 % (la Fed la sitúa ahora por debajo del 1 %).

Hasta aquí la noticia, dentro de la normalidad de lo que podría denominarse “pasto de todo va bien, salpimentado de imprevistos”, para quienes precisan seguir desinformados, que en definitiva la verdad cruda tiene el efecto pernicioso de subir la tensión y provocar desordenes cardiovasculares.

La realidad es que la FED no puede subir los tipos de interés ni en junio ni en septiembre, ni probablemente nunca, de seguir subsistiendo tanto el sistema económico capitalista vigente como la actual política económica de “deuda y hacia delante” que no es sino su última boya de supervivencia. Los motivos son variopintos, pero se pueden resumir rápidamente en dos. Primero porque el crecimiento de los EEUU no es real, es una pirueta contable, y Yellen lo sabe mejor que nadie. El segundo es más trascendente. Si la Fed si sube los tipos, siquiera tímida pero firmemente, se vendrá abajo el castillo de naipes del gigantesco esquema Ponzi en que se han transformado las finanzas occidentales desde 2008, en una huida hacia delante que supone que los ahorristas están subvencionando a los deudores, única forma de mantener en pié un sistema que sigue su rumbo por inercia dando bandazos como un borracho, por haberse tanteado los límites de los recursos materiales y energéticos del planeta.

Plantear una economía que no tiene nada que ver con la realidad física tiene estos problemas. Repetidas veces te ves obligado a aterrizar de emergencia. Y lo que queda. La subida de tipos, anunciada a bombo y platillo desde ya he perdido la cuenta de cuándo, NO SE PRODUCIRÁ NUNCA, o al menos mientras no se recurra a soluciones más drásticas para sacar a la economía mundial de el pozo de donde, por taxativa necesidad, no puede salir.

Tal vez quienes sepan algo de economía y finanzas podrían dar un paso más, y pensar que cuando ya no sea suficiente sostener la viabilidad de la pirámide impagable de deuda afectando a los rendimientos de los tenedores de capital (los no privilegiados, que éstos siempre están a salvo) habrá llegado la hora de dar un paso más, el paso que podríamos denominar de “expolio directo”. Para enmascarar tal particular probablemente se haya de recurrir (esto es provocar) algún evento desastroso, en lo económico, político o militar, de lo que derivará la necesidad de replantear el sistema monetario global, y tal vez ir, como se insinúa con cada vez más fuerza en algunos abrevaderos bien informados, una nueva unidad de cuenta monetaria mundial.

Claro que para entonces, la Sra. Yellen y sus cábalas de mareo de perdiz sobre la siguiente subida de tipos, y la normalización monetaria de unas finanzas que abandonaron toda normalidad hace ya más de un lustro, probablemente ya no se encuentre calentando el mullido sillón que ahora ocupa, y en cambio tal vez se dedique, en su finca campestre, al digno quehacer de cultivar petunias, en un mundo que cada vez se parecerá menos al pasado reciente, y donde la normalidad, y no solo monetaria, habrá pasado a ser un recuerdo.

Saludos,

Calícrates

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