jueves, 13 de agosto de 2015

Días de verano



Fuente: es.forwallpaper.com

Dicen que detrás de cada fortuna hay un crimen. No sólo lo suscribo, de forma puramente racional y teórica, sino que además tengo conocimiento directo y absolutamente empírico de que efectivamente las cosas van por ahí.

Por eso sé que detrás de muchos cambios de fortuna, o ampliación de las actualmente vigentes, que están por venir, no solo se encontrará la inconsciencia de los perjudicados, sino también la mala fe de muchos que saben lo que nos deparará el porvenir, al menos a grandes rasgos, y no solo guardan silencio, lo que hasta cierto punto sería lógico como luego explicaré, sino que además difunden mensajes contradictorios, cuando no absolutamente falaces, a sabiendas de su mendacidad, con el fin de aprovecharse de los crédulos e ingenuos que piensan que la crisis presente es como las anteriores, y que tras la tormenta todo volverá a ser como antes, o aun peor, que el mal tiempo ha cesado ya, gracias a la valentía de nuestros gestores públicos, y tan solo queda empezar a “emprender”… Todo habría sido un simple “tropezón”, un problema inherente al propio crecimiento, que entre todos hemos superado. Gracias por vuestros sacrificios (lo dicen los que no hay hecho ninguno), que siga la fiesta, por favor.

La realidad es muy diferente para el que sabe escudriñar debajo de la alfombra donde los medios corporativos esconden la bazofia habitual del sistema, que no solo no remite sino que da signos preocupantes de estar llegando a un punto crítico. Aquí en Españistan, ¿alguien ha escuchado en un telediario que es lo que está pasando en Indra? No, claro que no, ahora toca la recuperación. Pero no es solo la sociedad citada, que nos acabará costando a todos otro pico, y si no al tiempo, son todas las mercantiles de medio y gran tamaño. Ninguna de ellas está diseñada con vistas al beneficio social, ni tan siquiera el del inversor medio. Solo con ver las retribuciones de sus ejecutivos te das cuenta de que jamás ganaran dinero, por la sencilla razón de que sus verdaderas finalidades son otras, y sus auténticos beneficiarios son sus gestores, y no sus accionistas (y si alguno tiene la doble condición, la primera tiene preferencia sobre la segunda). Pero esto ya está visto, no nos repitamos como el ajo. El principio de Calícrates es como la Ley de la Gravedad. No falla nunca. A pesar de lo cual hay quien sigue invirtiendo con cierta convicción en renta variable. Con su pan se lo comerán.

Escribo cada vez menos, por la sencilla razón de que cada vez tengo menos tiempo y ganas. Hago constantes analíticas de escenarios hipotéticos de futuro, desde mis especialidades sociológicas, económicas y jurídicas (incluso criminalísticas, ¡glup!), con diversos ritmos de declinación de nuestras disponibilidades de hidrocarburos. Y mi conclusión es que todo va a ser muy lento, tal vez más de lo que inicialmente pensaba. Entretanto, oigo en un programa de la 8 a Santiago Niño Becerra intentar explicar a Josep Cuní, con su curioso catalán macarrónico (al menos le pone ganas), porqué la economía es siempre la que determina la política, y no al revés. No sé si lo consigue. A pesar de la incomprensión de muchos hay que continuar, la vida sigue…

Intento meterme en la cabeza de los que, desde ignotos despachos en los que verdaderamente se decide el porvenir del mundo (muy diferentes de los que nos imaginamos), manejan información precisa de lo que está ocurriendo, y deciden cuales son las líneas de fuerza, los criterios de actuación para mantener el BAU con respiración asistida. Luego confirmo mis hipótesis, en relación a los planes que creo van trazando, mediante el análisis de las tendencias políticas y económicas ad hoc, y sobre todo a través del discurso público de los figurones ambiciosos que utilizan para relacionarse con las masas (políticos en activo), cuyas emanaciones meramente verbales, hay que aclarar, no dan evidentemente pista directa alguna (dale a tu perro huesos y al populacho mentiras) pero sí que sirven, al que sabe leer entre líneas, para definir los verdaderos propósitos del sistema, cuando se conectan los resultados reales de las políticas aplicadas con la información pública, pero no publicitada, de las verdaderas causas de las penurias del aglomerado tecno-industrial, y sus inevitables consecuencias.

Hay muchas formas de gestionar la agonía de un sistema caduco, y por eso el verdadero valor del análisis no es técnico sino económico, legal y social. Sé que lo que acabo de decir puede sorprender a más de uno, sencillamente porque es la verdad. Escucho a algunos técnicos que se reúnen a analizar las consecuencias de la declinación de la materia prima básica para el mantenimiento de la vigente estructura pseudocivilizatoria (el petróleo) despreciar a los que no tienen formación técnica diciendo que todo lo más pueden ser “divulgadores” del problema. Se equivocan de medio a medio.

Sin perjuicio de que los datos técnicos resulten evidentemente esenciales para conocer la magnitud del problema que encaramos, y sus ritmos de evolución, EL ANÁLISIS ECONÓMICO ES MUCHO MÁS IMPORTANTE QUE EL TÉCNICO. Voy más allá, incluso la perspectiva jurídica bien dirigida (el aparato normativo público es el brazo armado de los gestores económicos privilegiados), y desde luego la geopolítica y social (que informan de lo que está pasando realmente sobre el terreno, y de los medios de dirigir los efectos de la declinación energética hacia determinados sectores poblacionales, a cualquier nivel, sectorial, estatal, regional global, internacional,…) ofrecen aproximaciones más esenciales que las puramente geológicas.

Quien no entiende lo que acabo de decir es sencillamente porque no quiere. A mí en concreto, que me saquen de la lista de “simples divulgadores” porque de hecho no soy ni eso siquiera, y os lo voy a demostrar. Como he dicho, llevo mucho tiempo estudiando el problema, y desde perspectivas mucho más amplias que las puramente técnicas (ya leo más blogs económicos que relacionados con el peak oil stricto sensu), y os voy a decir una cosa: hace más de un lustro que tomo constantes decisiones económicas y patrimoniales de relevancia, con vistas a lo que viene, y no he trasladado ni una sola de ellas a estas líneas. ¿Por qué? Pues porque no soy tonto. Si tienes que desprenderte de activos que ya no lo son, alguien desinformado tendrá que comprártelos. ¿Es esto maquiavélico? No, es puro instinto de supervivencia y pragmatismo. Hay que salvar a quien se lo merece, y no a quien solo tiene oídos para no oír más que lo que le conviene, le agrada, o se corresponde con sus absurdas convicciones egóticas, de las que extrae su valor personal y su supuesta superioridad en relación con sus semejantes.

El porvenir no requiere de personas que entiendan el peak oil y sus consecuencias. Para quien a  estas alturas no lo haya hecho seguramente es demasiado tarde. Requiere de individuos que entiendan qué es y para qué sirve el dinero, clave de cualquier sociedad digna de tal nombre, e instrumento elegido por los ingenieros sociales del sistema para controlar el comportamiento económico de las masas en los turbulentos tiempos de la declinación de la sociedad petroindustrial, al menos mientras sea posible. Pero éstos son especímenes escasos, y no creáis que entre los elegidos abundan los economistas de título.

Me remito a los muchos posts en que he tratado el tema. Solo una cosa más, un aviso a navegantes intrépidos. 

Un sistema monetario, especialmente, pero no solo, fiat, se basa en dos premisas fundamentales:

- credibilidad de sus gestores, y por ende de la propia masa de numerario, y del soporte material o electrónico elegido para “corporizarlo”.
- generación de bienes y servicios.

En realidad cada una depende de la otra. El dinero vale porque con él se adquieren bienes y servicios de utilidad social, lo cual coadyuva en su credibilidad como medio de intercambio. Al mismo tiempo, la fe en el sistema permite, en caso de que existan expectativas económicas favorables, crear nuevo dinero que alimente la actividad económica, y el propio crecimiento exige a su vez nuevas necesidades de efectivo (siempre que hablo de efectivo, aquí o en otro lugar, no me refiero estrictamente a dinero metálico, sino a cualquier soporte que represente dinero actual, que no se trate de meras obligaciones de crédito futuras).

Como he explicado funcionaron las cosas más o menos hasta los primeros años de la década de los ochenta. Para entonces la geología empezó a enseñar los dientes, y Ronald Reagan, bueno este no, era un simple actor elegido para poner cara a las nuevas políticas, sus “asesores” descubrieron que Estados Unidos, y de hecho todo el endeudado Occidente, estaba totalmente quebrado (por cierto que una de sus primeras decisiones fue alentar el separatismo del Quebec, para destruir Canadá y apoderarse de sus recursos, pero esto es un simple apunte, no toca ahora).

El caso es que alguien se acordó, algunos años antes, de un viejo profesor de economía de Chicago, y empezaron los Reaganomics. Recuerdo que por entonces quien escribe era un joven estudiante de derecho, pero fascinado por la economía política, que no entendía muy bien en qué consistía y cuáles eran los verdaderos objetivos del neoliberalismo. Y sin embargo era bien sencillo. Utilicemos la masa monetaria (monetarismo) en un doble sentido. Por abajo para limitar el consumo de las masas y exacerbar el conflicto económico entre ellas (la competitividad, para esto sirve también el circo futbolero). Y por arriba, para evitar que el dinero ficticio (falto de base en bienes y servicios) que nos veremos obligados a crear para mantener a flote el sistema, genere inflación (pérdida de valor y de capacidad de control del capital), así como para perfilar una nueva clase de “elegidos” (¡you are fired!) destinada a pastorear un mundo en declinación (solo una jerarquización absoluta permite gestionar situaciones límite, por eso los ejércitos se han estructurado siempre como lo han hecho).

El caso es que el diseño ha ido funcionando, incluso ahora, pese a estar fuertemente tensionado por haberse agudizado en extremo los problemas en las bases materiales del sistema económico. La pregunta clave es: ¿hasta cuándo? ¿Hay alguna piedra de toque, un lugar en el que no se puede ir más allá en las tendencias precarizantes de los ingresos sociales? Y la respuesta es sí: el sistema de pensiones.

Puedes tener a jóvenes cobrando 400 euros en una pizzería. Incluso puedes pensar que tal sea una solución de futuro en relación al tema examinado (¿qué pensión puede generar quien se pasa la vida cobrando esa miseria?). Pero ocurre que hay jubilados presentes, con perspectivas de vida bastante largas, y con unos derechos económicos (acreedores de bienes y servicios futuros) que están absolutamente fuera de la realidad. Tocar tal entramado sistémico, de forma radical, como exigiría la solución del estropicio, generaría un malestar social que probablemente excedería de la capacidad de absorción de los cortafuegos institucionales, y pondría en grave riesgo eso que se ha venido en llamar el sistema “democrático” (del que cada uno puede pensar lo que quiera y dar el valor que le parezca).

Oigo soluciones de lo más imaginativas y absurdas. Cambios legislativos para que el sistema se pueda financiar con impuestos (actualmente no es posible). Me da la risa. ¿A quién van a cobrar los nuevos tributos? ¿A los asalariados de las pizzerías de los que antes hemos hablado? No claro, vía impuestos indirectos entonces. Puede ser una forma de reducir por la vía de hecho las pensiones (los jubilados serán el grueso de los consumidores gravados), pero que queréis que os diga, sin necesidad de un análisis concienzudo, la intuición te dice que no será suficiente.

¿Y a corto plazo? Pues tirar de los ahorros que supuestamente iban a garantizar las pensiones de los trabajadores actuales (que ya sabéis por qué sumidero se irán). Pero el fondo de reserva se acabará el 2019 (fecha para recordar), si la crisis no remite, o si remite sobre el papel (que todo lo aguanta) a base de hambrear todavía más a trabajadores activos que prácticamente no cotizan, que viene a ser prácticamente lo mismo. ¿Soluciones? Existen, pero exigen reformas legislativas drásticas absolutamente inimplementables, por falta de coraje y mayorías políticas. Aquí está la clave de bóveda de todo el sinsentido del sistema económico vigente: las clases pasivas.

El mantenimiento de la “normalidad” de pagos, por muchas maniobras arteras que puedan emplearse, supondrá una descompensación de liquidez hacia abajo que necesariamente traerá inflación. Y esto es como la bola de nieve que discurre por una ladera helada: se sabe dónde empezó pero nunca como acaba. Por eso en Grecia la troika insistía tanto en la limitación de las jubilaciones. Aquí existe un interesante foco de atención, entre muchos otros… Porque todo es importante, a su manera, y de nada se puede prescindir. Como dice el capitán Renault en Casablanca, el aislacionismo (disciplinar), en los tiempos que corren, no es una buena política. En fin, mucha suerte a todos.

Saludos,

Calícrates

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