domingo, 29 de marzo de 2015

La universidad más auténtica

commons.wikipedia.org


Son las 1:00 horas, bueno, nunca sé si con esta hora concreta se ha de emplear el singular. Es la noche del pasado jueves 26 de marzo. Con dos amigos y la esposa de uno de ellos, propietario del coche, nos desplazamos por las cercanías de la Plaza de Colón de Barcelona, para enfilar la Ronda litoral, cerca de Montjuïc, y volver a Tarragona. Vamos relajados, algo achispados, acabamos de dar cuenta de unas cuantas botellas de vino en un restaurante del centro de la Ciudad Condal, en un emotivo acto con personas importantes, entrantes variados y sabrosos, cola de merluza o bacalao, que las confundo, tarta y champán. Nuestro vehículo es de alta gama, un Mercedes y no de los más pequeños. Vamos encorbatados, de traje oscuro; la esposa de mi amigo, situada en la parte delantera derecha, lleva un llamativo collar de perlas,… Y claro, ni nos lo imaginamos, pero hay quien nos observa, calibrando, calculando, planificando,… Todo en tiempo record, el que estamos parados en un semáforo, antes de que se ponga en verde y mi amigo arranque de golpe. Unos 25 segundos…

Pero estoy empezando por el final, retornemos unas horas más atrás, a las 19:30 horas, esta vez sí, en claro plural. Importante acto académico. Vivos colores en los birretes y las togas de los doctores, según su rama del saber, rojo para derecho, verde para económicas, algunos entremezclados, tienen varias carreras y así, en ocasiones, los tonos no pegan ni con cola; una señora de amarillo, medicina, y claro, los técnicos, no pueden faltar, de azul celeste. Uno de ellos es otro amigo que nos ha invitado, y que luego nos convida a cenar, según dice, porque hemos tenido la gentileza de “aguantar el rollo”. Sin embargo a mí el tema me interesa, y mucho: "Geologia i clima: una aproximació...". Yo ya sé lo que piensa mi amigo del cambio climático. He hablado muchas veces con él del tema. Sin embargo, me sorprende acogiendo parcialmente algunas tesis de los creyentes acervos en el calentamiento global, el factor antropogénico. Debe ser porque es un acto institucional y hay que cubrir todos los frentes.

A pesar de lo cual, la idea principal de la exposición es que son muchos los factores que inciden en la temperatura planetaria, que ha pasado por períodos de intenso enfriamiento, y otros de calor tropical, que se sucedieron en ciclos con la apariencia de una montaña rusa. Me sorprende uno de los argumentos. Al parecer la galaxia donde nos situamos tiene brazos, una suerte de espirales incompletas a partir de un centro muy luminoso, y el planeta Tierra, en fases regulares, pasa por uno de estos corredores de mayor radiación cósmica. Pero, en definitiva, parece demostrado que la temperatura terrestre ha subido unos 0,6 grados de media en los últimos cien años. La contestación de la tesis va por el mismo camino, e introduce otro factor: los cuatro cambios básicos que ocurren en la órbita terrestre: variaciones de excentricidad, de oblicuidad, de precesión y oscilaciones del plano de la eclíptica, que inciden en el clima, produciendo variaciones en la sucesión de las estaciones.

Termina el acto académico, y cantamos. Nos regocijamos porque somos jóvenes, cuando muchos de los presentes y oficiantes peinan canas, y se dan vivas a la academia y a los profesores, con gesto un tanto irónico. Nunca he entendido este himno. Me quedo con una impresión agradable, el saber debe tener cierta solemnidad, colores, que sirvan de envoltorio al contenido y lo realcen. El formato en cuestión te ayuda a mantener la atención, y hace que atiendas con soltura alocuciones que igual te producirían un sonoro bostezo si las escucharas en la radio del coche. Y aunque comprendo que la ciencia no debe precipitarse en sus asertos, encuentro a faltar un tanto más de concreción en las exposiciones. Se observa el problema, se buscan las causas, muchas y variadas, pero al final se produce una suerte de exceso de información que termina por dejar al espectador en un estado anímico de total apatía. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Se puede hacer algo? ¿Cuál de los motivos del calentamiento que se observa es el más significativo?

Salimos al vestíbulo. Para llevar la contraria a los oradores, está refrescando. Menos mal que me he traído el chaquetón. Mi amigo Quim, que ha optado por el cuerpo gentil, las va a pasar canutas. Veo pasar, camino de la puerta, a los eminentes doctores que antes iban embutidos en sus mantos coloreados, y así, en traje de calle, me parecen personas distintas de aquellos a quienes he escuchado disertar desde la tribuna. A la cena. El tinto y la conversación nos hacen olvidarnos de la influencia de los derroteros galácticos sobre nuestro acalorado planeta.

Pero la noche nos reservaba una última lección, que para mí fue la más importante de la velada. Sin embargo, no nos adelantemos y sigamos el relato. Las mesas están perfectamente asignadas en un prontuario que hay a la entrada de la sala. Me cuesta encontrar mi nombre. Me alegro de estar al lado de Quim. Luego recuerdo que la esposa del homenajeado, que por lo visto se ha encargado de la distribución, dijo de broma que como Quim y yo nunca vamos a estas cosas con nuestras respectivas esposas, pues que en este evento iríamos “de pareja”. Sin embargo la conversación de mi compañero de la derecha (no es política) también me resulta de gran interés. Es un psicólogo, de origen argentino (claro), pero que lleva un montón de años en Cataluña. Me dice que su madre salió embarazada de Sicilia rumbo a Argentina, y que durante sus años de la infancia hablaba, no ya italiano normativo, sino dialecto siciliano, que al parecer tiene muchas palabras griegas. Un galimatías. Su padre se tuvo que poner firme para que aprendiera castellano. Ha pasado mucho tiempo, y ahora, a pesar de las décadas que lleva por estos lares, sigue notándosele el acento argentino. De hecho le adivino su origen antes de que me lo diga.

Mi nuevo amigo, conocido ya lo era, lo había visto alguna vez, me cuenta historias fascinantes. Por ejemplo el origen de la palabra Mafia. Pensaba que era una alocución sarracena alusiva a grupo o clan. Pero me dice que no. Al parecer la tropas napoleónicas en Sicilia se dedicaban a violar mujeres (también aquí), y sus madres, desesperadas, salían a la calle a dar la voz de alarma gritando “mi hija”, que suena algo parecido a la alocución mafia (mafilla). Me quedo de una pieza, y me sorprende no haberme dado cuenta antes, porque en catalán se dice prácticamente igual.

Pero me interesan más sus habilidades profesionales. La psicología social me apasiona. Me dice que cuando llegó al país era prácticamente el único con su especialidad, aunque luego surgieron psicólogos clínicos como setas. Me habla de las excentricidades de algún paciente millonario. Me cuenta, también, algún chiste de psicólogos bastante gracioso. A mí me interesan las claves para producir emociones a las masas. Conozco algunas de ellas, provocar miedo, rabia, ira, inventarte un enemigo colectivo, interno o externo, verdadero o imaginario, exógeno o creado de propia mano; pero me falta la clave de bóveda de la temática. No lo llevo, pese a todo, a este terreno, la noche va pasando y llega la hora de las despedidas. Pero la vida me iba a dar la respuesta a mis inquietudes, muy poco después...

Subimos, por fin, al Mercedes. Éramos carne de cañón. Aparentemente pudientes (en mi caso que se consideren estafados), elegantes, con automóvil a juego y recién salidos de la farándola barcelonesa, esto es, con los reflejos bajos por la parranda. Tampoco debió pasar desapercibido a los que nos observaban la presencia de una mujer en el vehículo, muy bien vestida y enjoyada, y presumiblemente portadora, claro, de un depósito de valores personales de mayor envergadura que el de los varones (de un bolso, vamos). Incluso es posible que se tuviera en cuenta que la placa bajo la matrícula indicaba una dirección de concesionario de otra ciudad.

El caso es que, entrando el semáforo en fase verde, ruge el motor, y en ese mismo momento veo que una persona, montada en algún tipo de velocípedo, probablemente una bicicleta pequeña, nos impacta en el lateral derecho (en mi lado, pero delante). Observo algo que cae al suelo, oigo unos gritos y veo a un sujeto que levanta las manos y vocifera. El conductor,  mi buen amigo Manel, tiene un momento de vacilación, pero no se la dan con queso. No en vano ha tenido, entre otras profesiones, la de taxista en Barcelona, hace muchos, pero muchos años. Total que vuelve a pisar el acelerador, y nos vamos del lugar a escape. Claro, por mi mente de jurista pasan muchas cosas, tramoya de leguleyo: nos han tomado la matrícula, testigos, omisión del deber de socorro, no sabemos cómo está el ciclista, podría simular alguna lesión para denunciarnos… Pero nadie dice nada en favor del viandante, así que callo. Mi amigo Quim, a mi lado detrás, adivina mis cábalas, y me dice simplemente: “es una táctica”, veo la luz,… ¡cándido de mí!

Menos mal que mi amigo Manel no se ha dejado cautivar por la añagaza. En otro caso, el avispado ciclista provocador nos habría enseñado la bicicleta rota (que claro, ya lo estaría previamente) y nos habría pedido cien euros por los daños y por alguna que otra lesión imaginaria, para que todo quedara en un susto. Eso por lo bajo. El otro escenario es que habríamos salido del coche y, mientras estuviéramos distraídos en la conversación, uno o varios compinches habrían desvalijado el vehículo.

Camino de casa medito sobre los profundos conocimientos de psicología de aquellos salteadores urbanos, y doy con la clave para determinar el comportamiento ajeno, individual o colectivo: la culpa. Un material extremadamente tóxico. “Debo pararme, pues he hecho daño a una persona”, imperativo categórico, que es poco más o menos lo mismo que “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”, o “os endeudasteis absurdamente y ahora debéis pagar el rescate de los que os embaucaron” y, claro, “no os ganáis decentemente la vida porque sois unos vagos”. Mientras tanto, ellos tiraban de tarjetas opacas, y hacían la siesta... Y en estos mimbres la crisis continúa, digan lo que digan, y sus causas, como las de este repentino calor en el mes de marzo, siguen siendo difusas, y las teorías se acumulan, para dar prestancia y rigor a actos académicos.

Pero cuando me pongo a pensar, otra vez, en aquel individuo de la bicicleta, en su arrojo, en la cantidad de factores que procesó su cerebro antes de lanzarse contra nuestro coche, en el poco tiempo que dispuso para ello, en la rapidez y maestría de su maniobra, efectiva, precisa, concisa, quirúrgica, que, al menos a mí, me convenció de su factibilidad por su ejemplar ejecución (menos mal que iba acompañado de gente más sabida), me doy cuenta, a carta cabal, de que, independientemente de nuestros títulos, hipótesis, juicios y convicciones, de mayor o menor fundamento, la universidad de verdad, la que no se pierde en los meandros del conocimiento, la más auténtica, tal vez esté en la calle.

Saludos,

Calícrates

lunes, 16 de marzo de 2015

Syriza

entreasbrumasdamemoria.blogspot.com


Siento una gran admiración por este partido de bravos griegos, que quieren sacar a su país del sometimiento, miseria y desesperación en que la bipartitocracia les había sumido. Ocurre que ya decía Sun Tzu, y repite Michael Douglas en Wall Street, “toda batalla es ganada, antes de ser librada”. Y en el caso presente, tal y como está configurada hasta ahora la partida, os puedo asegurar que los burócratas de Frankfurt lo tienen muy fácil: trastearan un rato, para divertimento del personal, este toro tan bravo que ha salido de los corrales, y enseguida entrarán al estoque y descabello. Luego los casqueros se llevarán los restos del morlaco.

No puedes enfrentarte a quienes controlan el dinero que manejas, porque pueden estrangularte en cuestión de segundos, y ya están apretando, como no puedes ir a la batalla contra un enemigo que controla tus suministros de agua, munición, alimentos y medicinas. Lo razonable, en tal caso, es modificar el diseño táctico inicial, y evitar depender, en lo esencial, de aquéllos a quienes vas a combatir. Siempre hay alternativas, aliados más fiables a quienes confiar tu intendencia, (¿alguien dijo Rusia?) pero, claro, a partir de este momento empiezan los problemas.

El euro fue un gran error, para los países de la periferia europea. Perder la soberanía monetaria, y la posibilidad de devaluar nuestras monedas para ganar competitividad sin recurrir a la deflación interna, con su tremendo coste social, fue una gran barbaridad cometida por políticos que, por mucho que votáramos, estaban claramente al servicio del enemigo, cualquiera que sea la idea que podamos hacernos de él (y el más peligroso es el que tienes en la espalda, tu supuesto amigo).

En el caso de Españistán la cosa fue, en su mayor parte, obra del inefable José María Aznar, el mismo individuo que nos trajo la burbuja inmobiliaria, que venía en el paquete con el euro, el endeudamiento público y privado desbocado cuyas consecuencias ahora pagamos, la guerra de Irak, para depredar a este desgraciado país ante la seguridad de que llegaba el pico del petróleo convencional, y un gran empujón al desarme total de las rentas del trabajo frente al gran capital. Sí, y es este mismo sujeto el que, después de dejarnos en la miseria para los próximos lustros, todavía tiene la cara de permitirse el lujo de dar lecciones desde su púlpito de FAES.

Es evidente que susodicho caballero, por llamarle de alguna manera por pura fórmula de cortesía, no porque considere que lo sea, no trabajaba para nosotros, sino para otros intereses ajenos y distantes, al menos tan lejanos y brumosos como los de quienes diseñaron la carnicería del 11-M aunque, como él dice, es evidente que sus autores no se situaban en desiertos ardientes ni en cuevas afganas sin calefacción central.

El verle hablar inglés macarrónico, a él y a su esposa, a pesar de sus marcadas limitaciones lingüísticas e intelectuales, nos puede dar una pista de quienes son sus verdaderos mentores, y también un cierto mareo al ver cómo llegamos a ser tan inconsecuentes de pegarlos un tiro en el pie, a lo Froilán, de tal magnitud, porque Felipe González sería lo que fuese, y tampoco sus intereses eran los nuestros, pero al menos no era un atlantista ceñudo y cerril. Digámoslo claramente: nuestros verdaderos aliados siempre estarán en el interior del continente, y no en la “Gran Isla” anglosajona que nos desprecia, nos utiliza cuando quiere, y luego deja que nos desangremos en guerras civiles que ellos mismos preparan y jalean.

Volviendo al principio, la única posibilidad de Syriza es recurrir a Maquiavelo, y actuar muy deprisa, pisando todos los pies que tenga que aplastar con toda contundencia y agilidad, en el mínimo tiempo posible. Su única oportunidad, digámoslo claro, es dejar el euro con nocturnidad y alevosía, de un día para otro, sin mirar atrás ni dar tiempo al Eurogrupo para reaccionar. Pero claro, esto es más fácil de decir que de hacer. A partir de tal momento comienza el via crucis, que supondrá una devaluación inicial del nuevo dracma de entre un 50 y un 70 por ciento, un corralito bancario que ríete del argentino, estrictos controles de salida de capitales, y un largo calvario económico, con recesión asegurada para, como poco, siete años. Sí, siete, esto es, un plazo de tiempo superior a una legislatura, con lo cual ningún gobierno resistiría el embate, y se tendría que recurrir a un auténtico consenso nacional, difícil de conseguir en un país que es un queso gruyère para la propaganda interesada de los desinformadores bien regados por el gran capital, lo que exigiría también el control de la prensa, y entonces les empezarían a tildar de bolivarianos y dictadores, habría manifestaciones en las calles, algunas violentas, surgirían como setas grupos de alborotadores financiados por no se sabe quién, los euros que les regateaban en su día reaparecerían, pero en manos de sus contrincantes, les dividirían comprando a sus más cercanos colaboradores, les difamarían desde la prensa corporativa internacional, habría atentados y graves disturbios…

Os he mareado. Pues bien, donde pone Syriza poned Podemos, y entonces tendréis la cuenta clara de lo que nos espera en idéntico supuesto fáctico. ¿Queréis mi opinión personal? Salir del euro es imposible sin dar un golpe de Estado, imponer un gobierno militar cercano al que ejerció Franquito en los años cuarenta, y una economía de subsistencia también similar a la que se impuso en dicha década. Un desiderátum. Los barrotes de nuestra cárcel son extremadamente altos, y aquí hay que volver a recurrir a Sun Tzu, que aconseja evitar siempre las batallas perdidas.

¿Qué hacer entonces? Pues lo que hacía Jaimito. Tirar la piedra y esconder la mano. No dar la cara, pero poner todas las trancas posibles en las ruedas de la pesada maquinaria económica del sistema, que traquetea justa de recursos de verdadera rentabilidad energética y por ende económica. Dejar que se hunda sola la obsoleta maquinaria del euro, donde muy al contrario de lo que nos dicen, los que sobran son Holanda, Alemania y, especialmente, el Luxemburgo del Sr. Juncker. Todo ello sin dejar de causarles todos los problemas posibles desde la sombra, y de sabotearles puertos, puentes y acueductos (económicos, financieros e institucionales) donde puedan abrevar y recalar, a la espera de que sus propias incongruencias se los lleven por delante, y entonces sí, cuando pierdan el control, salir sin piedad a destrozar las tropas harapientas del adversario. Iglesias tiene demasiada prisa, tal vez porque su agenda está diseñada por los que secretamente lo crearon (sin que ni él lo sepa). El poder mancha las manos, y de momento, creo, debe quedar en las que ya tienen costra de porquería, pues aún no ha llegado el momento de coger las riendas.

Porque una cosa está clara. El idealismo os podrá hacer sentir muy bien por dentro, y no es desdeñable como elemento de motivación de la tropa (lo que Sun Tzu llama la doctrina), pero por sí solo no permite llegar muy lejos, especialmente frente a un contrincante poco idealista y empático, extremadamente artero, como la hidra de mil cabezas, y sobre todo muy pragmático. No asumáis sus fines, pero sí algunos de sus medios. De lo contrario la derrota está asegurada. Y como diría el poeta, de los olvidados, por definición, nada se sabe.

Saludos,

Calícrates

domingo, 8 de marzo de 2015

Universos que no merecen tal nombre



imagenespaisaje.blogspot.com.es


A través de Facebook me ha llegado una referencia interesante, un artículo curioso, relativo a un experimento que me era del todo desconocido.

No creo gran cosa en las ciencias experimentales, pues los datos empíricos proceden, muchas veces, de mecanismos de causación muy diversos, y es difícil encontrar investigadores libres de prejuicios para interpretarlos correctamente, sobre todo en materias que superan su concepción de la realidad, como es el caso de las observaciones del comportamiento, que tienen un componente que excede, por definición, de lo meramente material, al adentrarse en las sutilezas del psiquismo animal o humano, para las que, digámoslo claro, tales “ciencias” no están preparadas en absoluto, por defecto de constitución.

En cualquier caso, parece demostrarse a través de la interesante peripecia investigadora que ahora reseñaré que la sobrepoblación es un factor estresante en sí mismo, en relación a individuos sometidos a tal circunstancia. Esto podría explicar los desequilibrios psíquicos evidentes que son detectables en elevado número de modernos urbanitas, especialmente en las grandes ciudades, y que eran del todo desconocidos en los antiguos asentamientos rurales. Y digo antiguos porque prácticamente, a día de hoy, no se puede decir que contemos con un “medio rural” en sí mismo, puesto que los pueblos, aún los más pequeños y remotos,  se han convertido en una suerte de prolongaciones de lo urbano, con lo cual los efectos de la presión autodestructiva de las megalópolis llegan hasta ellos, a veces incluso amplificados, por la sensación de desplazamiento y soledad que acompaña necesariamente a quien tiene como referencia lo que está lejos y fuera de su alcance.

Pero entremos en harina. El etólogo norteamericano John B. Calhoun estuvo varias décadas estudiando los efectos adversos de una población descontrolada, utilizando para ello ratones de laboratorio. Para ello Calhoun creaba lo que él llamaba “universos”, esto es, pequeños mundos en miniatura en los que los roedores disponían de toda la comida, agua e infraestructuras que requería su bienestar físico, se encontraban totalmente libres de depredadores y enfermedades, y a cubierto de las inclemencias estacionales y meteorológicas. ¿Quién pudiera pedir más? Bueno, existía una única limitación: el espacio.

El más conocido de los mundos que creó Calhoun fue, sin duda, el denominado Universo 25, que diseñó y puso en práctica a partir de 1968, a lo largo de cuatro largos años, ofreciendo resultados sorprendentes y, sería de añadir, también desconcertantes.

En un pequeño recinto de dos metros y medio de superficie y casi un metro y medio de altura, creó lo que debía ser un auténtico paraíso terrenal para sus ratones, con todo el alimento que pudieran necesitar, agua y estructuras de nidificación prácticamente ilimitadas. Durante todo el tiempo que duró el experimento las condiciones de temperatura y humedad se mantuvieron a niveles idóneos para los animales, y el recinto se limpiaba a conciencia regularmente.

Se inició la experiencia introduciendo cuatro parejas de ratones perfectamente sanos. Durante una primera fase los animales estuvieron algo alterados, mientras se iban familiarizando con su nuevo entorno, pero enseguida se acostumbraron y empezaron a reproducirse. Se inició la fase de crecimiento rápido; la población se duplicaba cada 55 días. Pasados poco más de diez meses, más de 600 ratones vivían ya en Universo 25, organizados en 14 grupos sociales, con un macho dominante y roles sociales bien definidos para cada uno de sus individuos.

Sin embargo, a partir de tal momento, la tasa de crecimiento se redujo y la población pasó a duplicarse cada 145 días. Los problemas de espacio comenzaban a ser evidentes. Más de 300 machos competían ya por mantener una parcela de territorio y reproducirse. El estrés asociado a la situación llevó a muchos machos a tirar la toalla y apartarse, por lo que perdieron su atractivo ante las hembras y la tasa de reproducción se redujo considerablemente. El colapso comenzaba.

Las hembras fértiles trataron de ocupar el rol abandonado por los machos para proteger los nidos, volviéndose más agresivas, con lo que las nuevas camadas de ratones tuvieron periodos de lactancia cada vez más cortos, o fueron abandonadas, atacadas e incluso devoradas por sus propias madres. Por su parte, los machos más débiles quedaron acorralados en el centro del hábitat, lejos de los comederos y de los recursos, y se rindieron a una desidia e inactividad prácticamente absolutas, aunque, en ocasiones, y de forma del todo impredecible, estallaban en pura cólera y atacaban salvajemente a los demás ratones del recinto.

Pasados dieciocho meses vivían en universo 25 unos 2.200 ratones, en un mundo anárquico, violento y prácticamente carente de sexo. Poco tiempo después el crecimiento se detuvo. Ya morían más ratones de los que nacían. A partir de aquél momento empezó el caos. La violencia entre los grupos rivales llegó al paroxismo, y el canibalismo de las crías se hizo habitual. Esto es curioso. Un grupo de machos se atrincheró en una zona determinada, dedicándose en exclusiva al cuidar su cuerpo, acicalando su pelaje todo el día, mostrando una total apatía por cualquier otra actividad, como pelear y, por supuesto, aparearse. Calhoun los bautizó como “los guapos” porque no mostraban, como es lógico, heridas ni cicatrices.

La mayoría de las hembras que nacieron entonces ya no se quedaban embarazadas, ni tenían comportamientos maternales. Además, de las escasas crías nacidas, muy pocas alcanzaban la edad adulta. De hecho, el día 600 nació el último ratón que se convirtió en adulto. A partir del día 920, la tasa de nacimientos se clavó, literalmente, en cero. Llegados a este punto, la edad media de la población era de 776 días, el equivalente a 70 años de vida humana. El día 1471 Calhoun, imagino que aterrado, dio por finalizado el experimento. Sólo quedaban vivos 27 ratones, de los cuales 23 hembras y 4 machos. El más joven de todos, tenía el equivalente a los 90 años de un ser humano.

Lo más llamativo del experimento es que en todo momento los ratones tuvieron recursos de sobra. Incluso en el máximo de población, nunca faltó agua, comida o lugares de nidificación (no había desahucios). Sin embargo, la masificación poblacional destruyó la estructura social y, lo que es más importante, psíquica de los ratones, empujándolos hacia comportamientos absurdos, violentos y asociales. Imaginaos, por tanto, un colapso en el que converjan sobrepoblación, envejecimiento masivo de los individuos, encanallamiento de la lucha social por la negativa de las élites dominantes a perder el control, incongruencia en las relaciones entre sexos y, sobre todo, escasez. Bueno, mejor no lo imaginéis, no quiero estropearos la digestión.

Y aquí viene lo más importante. Aunque diversos ratones del Universo 25 fueron extraídos y recolocados en nuevos ambientes sanos, su comportamiento no cambió. Esto es lógico, puesto que su psiquismo enfermo e irrecuperable, y su avanzada edad, no les permitían volver a desarrollar una vida normal. Pero es que además, y aquí está lo más sorprendente, cuando se introdujeron ratones sanos y normales, en edad de procrear, en el recinto del Universo 25, tampoco mostraron conductas reproductivas.

Esto último dato es probablemente el más llamativo del experimento. La ciencia mecanicista no tiene respuesta para él, sencillamente porque sus causas exceden de los parámetros en que se mueve. En definitiva lo que ocurría es que el lugar, por mucho que se limpiara, desinfectara y adecentara materialmente, había quedado contaminado con los residuos psíquicos de sus antiguos habitantes, que resultaban altamente tóxicos debido a las situaciones de estrés, violencia y sinsentido en que degeneró el experimento. Tales excrementos sutiles, dejados por los habitantes anteriores del lugar y absolutamente inseparables de la propia estructura del recinto, eran percibidos por los nuevos residentes sanos, los cuales, podían sentir el dolor y angustia que se había vivido allí, y mostraban inmediatamente los mismos instintos autodestructivos.

Esto no solo les pasa a los ratones, aunque sean más sensitivos que los humanos. También puede ocurrirle a los bípedos. ¿No habéis sentido, al entrar en un lugar, en ocasiones, como una sensación extraña, sin saber por qué? Consejo personal: por muchas reformas que hagáis en vuestras viviendas, no residáis nunca en lugares donde se hayan vivido momentos de dolor y estrés emocional, donde se haya padecido mucho, física o psíquicamente. Me lo agradeceréis. Y no estoy hablando de fantasmas o poltergeist, sino de cosas mucho más banales, aunque no por ello de menos imperiosa necesidad de eludir.

Quien escribe sintió algo de lo que vengo relatando, muy claramente, al entrar en los sótanos de la llamada Torre de Pilatos, aquí en Tarragona. Se trata del antiguo Pretorio romano (gobierno militar), y se llama de la forma antedicha porque cuenta la leyenda que el referido personaje histórico nació allí. Probablemente es cierto, porque su padre fue gobernador militar en Tarraco (ya se practicaba la endogamia para el acceso a los cargos públicos). Y todas estas construcciones debían ser parecidas, pues junto al fuerte se puede todavía observar un Litóstrotos (pavimento de piedra) idéntico a aquél que se encontraba en la Torre Antonia de Jerusalén donde, como narra el Evangelio de San Juan, fue juzgado Jesús.

El caso es que todavía me preguntaba que podía haber en aquél lugar para parecerme tan siniestro, pese a que estaba perfectamente arreglado, limpio y adecentado, cuando el guía explicó que durante mucho tiempo allí estuvo la prisión de Tarragona, y que se vivieron momentos particularmente traumáticos después de la carnicería desatada por los militares golpistas en los años 30 del siglo pasado (eso que algunos llaman Gloriosa Cruzada) cuando cada noche el alguacil aparecía en la puerta y recitaba los nombres de los que iban a ser fusilados al amanecer.

Todos los seres vivos se mueven continuamente no solo en el mundo físico, sino también en el psíquico, donde sus pensamientos, sensaciones, emociones, dejan su impronta. El mundo psíquico es mucho más vasto que el físico, pero se rige, como éste, por leyes inmutables, bastante diferentes, claro de las que gobiernan el mundo material. Esto es importante. Pese a encontrarse fuera de nuestra capacidad “oficial” de experimentación, y poder dar lugar a efectos que ni siquiera sospechamos, auténticos prodigios a los ojos del común, contrariamente a lo que muchos piensan, y predican, el mundo psíquico no tiene nada de espiritual, puesto que todavía no se ha abandonado el mundo de la forma, que persiste, eso sí, más rarificada.

La confusión entre el mundo psíquico y espiritual (pneumático) es una constante en el mundo moderno, bastante peligrosa en sí misma, puesto que lleva a muchos a ilusionarse sobre lo que son meros fenómenos que parecen extraordinarios, auténticos milagros, porque pertenecen a un mundo que nos es prácticamente desconocido, y que pueden ser utilizados, y sin duda lo serán en el futuro, para manipular a las masas, hasta el punto de hacer aparecer a determinados individuos, lugares o situaciones como sobrenaturales, cuando no serán otra cosa que “mágicos”, en el sentido más grosero del término. La magia (y no estoy hablando del ilusionismo), en Oriente, era considerada una ciencia de la naturaleza, y de las más inferiores, a la que se libraban charlatanes y vagabundos de la peor ralea, absolutamente irrecuperables para la vida espiritual; pero ¿cómo convencer de esto al occidental moderno, fascinado por el “fenómeno” a consecuencia de su formación “empírica”?

Es conocido que el milagro lo realizan tanto el Santo como el mago, y es aquí donde la superchería puede llegar a ser perfecta, puesto que es difícil observar cuales son las fuerzas que de verdad intervienen, que quedan, por definición, fuera del campo de experimentación del observador.

Lo que acabo de decir es un importante aviso para el futuro, y me lleva, a modo de inciso, a hacer mención de otra curiosa creencia del Extremo Oriente, las temidas “influencias errantes”. Lo curioso es que, según las leyendas orientales, determinadas personas, con conocimientos para ello, podían “fijar” tales influencias en algún lugar u objeto y lanzarlas hacia donde les fuera conveniente. Y esto podía hacerse respecto a un individuo o una colectividad determinada, más o menos grande. Los acontecimientos que se vivieron en Europa a partir de los años 30 y hasta el final de la Gran Guerra tal vez puedan ser leídos de otra manera a partir de estos someros datos, y puede que alguien llegue a pensar que, quienes por entonces vivieron, fueron objeto de un experimento emocional colectivo digno de estudio, pues los que verdaderamente nos gobiernan en la sombra decidieron que había sonado la hora de una nueva carnicería (entre otros motivos, porque sobraban ratones; pues imaginaos ahora).

Sé que muchos torcerán el gesto ante todo lo que acaban de leer, que no es realmente “científico” en el sentido que normalmente se da al término, esto es, investigación tecnológica de laboratorio, a base de microscopio y gráficos de colorines, a la mayor gloria de la supuestamente esencial I+D, que nos sacará a todos de la crisis, y especialmente a los que se beneficien de tales proyectos de investigación, lleguen o no a buen puerto. Me hace mucha gracia. Lo que importa es “investigar”, como sea, ponerse una bata blanca y ser un “científico”, un sumo sacerdote de la sociedad industrial.

Sí, con eso se vive muy bien, ya lo comprendo, hasta que determinados cambios en el mundo que nos rodea nos hagan ver a todos que tal vez se nos había escapado algo, en lo que todavía no habíamos reparado y que, lo mismo que la corriente de un río cambia con el tiempo, así también puede que el mundo en que vivimos, y que tan sólido nos parece, no lo sea en realidad, y empiecen a mostrarse cambios que asombrarán a muchos. Los más materialistas y creyentes en la “objetividad” de las ciencias duras, serán, sin duda, los más ilusionados.

Pero volvamos al mundo conocido. Se podrían hacer bastantes paralelismos entre muchos de nuestros problemas contemporáneos y los padecidos por los incautos roedores de Universo 25, pero se los dejaré al lector inteligente y perspicaz, en primer lugar porque la demagogia no es uno de mis puntos fuertes, y también porque hay pantanos en los que no me quiero meter.

Lo que sí diré, es que Españistán, estructura de Estado con poco más de 300 años (antes no está claro que se encontrara definida como tal), es una suerte de Universo 25, pero no con carácter de experimento sino de cruda realidad. Como en el recinto de la investigación descrita, aquí también se ha sufrido mucho, especialmente entre los años treinta y sesenta del siglo pasado, y los restos psíquicos resultantes de tanto padecimiento los llevamos todos encima, aunque no los veamos, e influyen fuertemente nuestro comportamiento individual y colectivo.

En estas condiciones, y aunque a algunos les pueda doler en un malentendido “patriotismo”, es evidente que el mantenimiento de la referida superestructura afecta seriamente a nuestra calidad de vida, y aun afectará más si empiezan a faltar agua, alimentos y estructuras de nidificación. A partir de tal momento solo aguantarán el tipo los “guapos” (vinculados a las altas finanzas, al Ibex 35 y la oligarquía local nacida de la mal llamada Guerra Civil). La más elemental prudencia y el dictamen de los expertos aconsejarán, sin duda, el desguace controlado.

Saludos,

Calícrates