lunes, 29 de junio de 2015

En este momento



Fuente: es.forwallpaper.com

Estas jornadas apabullantemente calurosas mis obligaciones laborales me llevan algo más lejos, a lomos de mi incansable, pero insostenible, Skoda. Oigo la radio mientras pasan, cansinos, los quilómetros. Es un medio en el que no suelo abrevar. Prefiero internet. Sin embargo la palabra hablada deja más espacio al pensamiento, y a la meditación. A veces me doy cuenta de lo sencillo que es inducir una idea colectiva falsa, a base de retazos de lo verdadero.

Alguien podría pensar que de lo que estamos viviendo estos días, me refiero al drama griego, se podría sacar alguna conclusión vital, humana e incluso, tal vez, hasta financiera. Sería algo así como “deja que controlen tu existencia, el forraje de tus vacas, las algarrobas de tus cerdos, el agua, el sol, el aire, incluso tu colección de canicas americanas vintage; que se queden con lo que puedan, mientras puedan, pero, sobre todo, pobre necio, NO PERMITAS JAMÁS QUE CONTROLEN TU DINERO, porque entonces se quedarán gratis con todo lo anterior y estarás frito para siempre, porque ni siquiera tendrás la oportunidad de recuperarlo”.

No, no, claro que no, esto sería demasiado profundo. En realidad los acontecimientos en ciernes y los que vendrán, bastante más trascendentes de lo que parece a primera vista, no tienen otro objetivo que el que los Danieles Lacalle de turno puedan escribir un pomposo artículo, que seguro que está ya en el horno, titulado algo así como “La izquierda conduce siempre al corralito”.

Pero el que escribe, que ya sabéis que tiene tendencia a dar la nota, opina que en realidad el juego izquierda – derecha es una ilusión. Ambas “fuerzas” no son otra cosa que los dos brazos del hombre que se encuentra detrás de la cortina, y cada una de ellas debe cumplir su papel en la función. A pesar de los muchos posts que he escrito posicionándome con un ligero escorzo al lado corporal donde se encuentra el corazón (importante simbolismo), voy a reconoceros que la función de la progresía suele ser bastante destructiva, por la sencilla razón de que está diseñada para ello. Y si de bien nacidos es ser agradecidos, de bien formados es acometer aquello para lo que has sido, sin duda, diseñado.

Ahora bien, los árboles no deben impedirnos ver el bosque. Si la izquierda puede conducirnos al corralito, y a otras muchas calamidades que puede que no sean del todo inútiles (es el sistema lo que no funciona y conviene dejarlo sin aliento), lo cierto es que en toda circunstancia si consigue cumplir este desgraciado papel es porque previamente la derecha ha actuado de acuerdo con su naturaleza, esto es, de forma arbitraria, sesgada, mendaz y sencillamente repugnante. La izquierda conduce el corralito, sí, pero ¿quién nos condujo a esa cárcel financiera que es el euro? Aquí en Españistán está muy claro, y sigue llevando bigote, aunque ahora está un poco mustio. Y en Grecia otro tanto, y, como aquí, manipulando sus cuentas para entrar como fuera, cuando no malbaratando importantes activos del Estado, que producían cuantiosos ingresos (esto es, eran activos, por definición).

Mientras te gobierne el enemigo, bien sea con la izquierda o la derecha, mientras un país, un colectivo o un individuo no actúe con cordura y defienda como gato panza arriba su esfera mínima de decisión, su soberanía, especialmente, desde el punto de vista material, la financiera, el que sea la caverna o la revolución la que te lleve al abismo carece en absoluto de importancia. Sí, la izquierda puede llevar al corralito, eso sí, actuando de buena fe, pensando que hay salida dentro del sistema (grave error), actuando por ignorancia o puro analfabetismo financiero, y finalmente reencontrándose con la dignidad, cuando le enseñan el joker del juego e intentan ponerla de rodillas. Sí, todo esto conduce al corralito. ¡Qué duda cabe!

Pero fijémonos. Miremos más de cerca. ¿Alguien cree que cercenando los ingresos de los ciudadanos de un país, haciéndoles vivir en permanente inquietud económica, quebrando su capacidad de consumo (las decisiones de gasto se toman preferentemente en relación a las previsiones de ingresos futuros) se les puede llevar a algo diferente de una recesión sin límites que se irá retroalimentando y generando más necesidades financieras y rescates? ¿Alguien que sepa algo de economía puede pensar que las recetas neoliberales tienen, de verdad, por objetivo sacar a los países de las crisis? ¿Qué están ocultando? A Varoufakis le reprocharon que su gobierno convocara un referéndum con unas palabras muy significativas: “¿cómo esperas que la gente común entienda de estos complejos asuntos?”. Nada que objetar. Es cierto que no es probable que lo entiendan, entre otras cosas porque no se les explica, porque no les interesa a los orondos políticos y funcionarios que operan en Bruselas, y menos aún a quienes los pastorean.

Grecia no tiene salida porque el sistema tecno industrial tampoco la tiene. Grecia es un chivato. La luz roja que se enciende cuando el motor del frigorífico empieza a renquear. En realidad su situación no es muy diferente de la nuestra, incluso de la de Holanda o Alemania, que ahora se sientan tan gallitos exigiendo ortodoxia, con Luis de Guindos oficiando de vergonzoso monaguillo (no hay nada más absurdo que un obrero de derechas, bueno sí, un país de segunda llevándole el utillaje a los que esperan llevarlo pronto al altar del sacrificio).

Todo es energía. La energía es precursora del crecimiento económico. Sirve para extraer, procesar y transportar recursos, que a su vez inducen nueva producción y más eficiente explotación energética. ¿No estarán aquí los verdaderos problemas? ¿Por qué callan? Por la sencilla razón de que en una sociedad que no imponga las consecuencias de la crisis únicamente a los países y poblaciones excluibles, los que sobrarían son los que reprochan ahora a Grecia que no cumpla sus absurdos compromisos financieros, y sus acólitos vengonzantes. Lo que sobra es el sistema capitalista cientifista y todos sus sumos sacerdotes procedentes de las sectas de la ortodoxia neoliberal, que ha decidido que haya decrecimiento, sí, pero para los de abajo. Una nueva sociedad, con nuevos fundamentos económicos, sería totalmente destructiva para ellos.

Veamos. Un sistema financiero no es otra cosa que un método de asignación de recursos. Si los recursos fallan se convierte en lo que siempre fueron los manuales de ciencia jurídica de Kelsen: un inmenso edificio vacío. Ellos quieren que suframos los de abajo, por eso inducen la deflación. Y por eso, también, inflan las cuentas corrientes de los actores financieros privilegiados, cuya propensión marginal al consumo los convierte en fosas de abatimiento del potencial de velocidad de circulación. Así la rueda puede seguir girando, cada vez con menos fuerza, por pura inercia. Pero las tendencias demográficas no pueden engañar a nadie. La partida está perdida, y ellos lo saben. Hoy es Grecia, pero mañana serán otros. Todos iremos cayendo. Dentro de la dinámica sistémica todos estamos quebrados. Incluso los actores económicos de primer nivel (los multimillonarios) también están siendo engañados. Piensan que los números que siguen entrando en sus cuentas corrientes en Suiza son de la misma naturaleza que los de antaño. ¡Pobres ilusos!

Si ellos quieren la deflación, para obligarnos a decrecer y devorarnos, nosotros debemos intentar inducir la hiperinflación, para hacer perder a sus capitales toda su capacidad de control. Grecia no es más que un envite más, no de escaso calado, donde uno esperaría que sus protagonistas se inmolaran políticamente para perturbar todo lo posible el corrupto sistema financiero occidental y a quienes lo apacientan. Pero tal vez sea demasiado esperar, al menos de momento. Otros tiempos llegarán, tal vez no muy lejanos, y veremos a los que hoy lucen lenguas de corbatas de colores y entonan sabios consejos de austeridad, morder el polvo.

Y es que puede que el desenlace de esta tragicomedia albergue sorpresas. Quien entienda como funciona de verdad el sistema de divisas fiat (y reconozco que no es fácil) sabe que tiene los pies de barro. Cualquier divisa que adquiera una base real, la que podamos imaginarnos, vería aumentar espectacularmente su demanda, y por tanto su poder adquisitivo, con el riesgo de llevar a la quiebra, no ya en cuestión de semanas sino de días, los sistemas financieros más aparentemente sólidos, prepotentes y soberbios que uno pueda imaginarse. Una sola pista. Rusia lleva tiempo intentando comprar cinco mil toneladas de oro físico, y no encuentra quien se lo venda. Tal vez ni siquiera exista en el mercado…

Aunque la capacidad manipulatoria del sistema es grande, y siempre les queda el recurso de emplear la fuerza militar, con consecuencias inimaginables, es mejor pensar que, de la noche a la mañana, todo pueda cambiar súbitamente. Es lo que ocurre cuando la cuerda, que se ha ido deshilachando, no aguanta más el peso, y quiebra. Es la ruptura de nivel, que nunca se sabe cuándo llegara, aunque siempre se reconoce, a posteriori, su influencia. Tal vez entonces pueda iniciarse, poco a poco y con esfuerzos continuados y bien dirigidos, la construcción de algo nuevo, horizontal, sinérgico, cooperativo, basado en el poder de lo verdadero y no en la mendacidad de lo falso, del dinero deuda, y de los intereses sin final, en beneficio de los que nos ocultan, de momento, que la partida hace tiempo que ha terminado.

Saludos,

Calícrates

miércoles, 3 de junio de 2015

Las ciencias de la salud

Fuente: es.wikipedia.org


Había resuelto pasar un tiempo sin meterme con científicos, técnicos, físicos teóricos y prácticos, ingenieros de todo pelaje, y demás cofrades de ciencias colindantes, caracterizados todos ellos por el análisis sesudo de laboratorio (con rostros que a veces me recuerdan a los de aquel noble rucio aparentemente meditabundo), el estudio empírico, y la confirmación analítica de hipótesis preconcebidas, con lo cual antes de experimentar ya saben, de puro sesgo, lo que van a descubrir. Pero la cabra tira al monte, y como decía aquél, después de minutos y segundos de esclavitud decidí que ya no podía más.

En el mes de octubre de 2014 (ya ha llovido) acudí a un dentista y le supliqué que me sacara una muela, con una amalgama desgastada, que después de cuarenta años de servicios pedía a gritos la jubilación. Pero claro, la extracción pura y dura era demasiado fácil, y además la tengo gratis por mutua, así que tocaba recorrer el largo vía crucis de empastes fallidos, con sucesivos recortes de puntas, endodoncia dolorosísima a la boca y al bolsillo, panegíricos de alguna dentista borde por molestarla con mis tonterías cuando estaba a punto de irse de vacaciones de Navidad, y finalmente el rile del endodoncista (que dentro de lo que cabe al menos dio la cara), reconociendo que “su ciencia acababa allí” (como tantas otras), y dejándome, por fin, expedito el camino para conseguir lo que hacía ya cinco meses que había implorado.

Para mayor humillación hacia un habitante de Tarragona capital, a que me sacaran la muela me tuve que ir a Reus, pues el dentista que debía realizar la extracción visitaba aquél día allí, y luego no podía atenderme porque tenía un curso, pues no se trataba de esperar más, me daba algo… Esto fue en febrero.

Bueno, pues como explico en otro post, tanto tiempo de dolor me exigió un largo tratamiento con ibuprofeno (otro veneno “saludable” gentileza de la farmacopea “científica” moderna, que o te sube la tensión o te destroza las tripas, o ambas cosas al tiempo), y entonces empezaron los problemas gástricos. No recordaba estar tan desesperado desde hacía mucho tiempo. Llegué a pesar setenta kilos, que en mi caso suponen una auténtica debacle.

Me hicieron un test del aliento, en busca de la temida helicobacter pylori (temida por nosotros, ellos viven de la puñetera bacteria), un TAC, al parecer por un tema de riñón que no tenía nada que ver con los síntomas iniciales, un análisis de sangre concienzudo y, finalmente, un gastroscopia con sedación, pasando, claro por ecografía, palpación, recetas, radiografías, electrocardiograma, visitas varias a urgencias nocturnas y madrugadoras, belmazol, omeprazol, motilium, bicarbonato, almax,...

Entretanto acabé harto del primer digestivo, que directamente pasaba de mi estómago y de mis síntomas en una acumulación absurda de pruebas delirantes, y acudí a otro diferente, que las retomó a su vez, aunque por lo menos me dio la pista de lo que verdaderamente me ocurría.

No os lo vais a creer, pero después de ocho meses de perrerías, calificadas así, utilizando esta misma palabra, por el segundo digestivo al que acudí, (como digo mucho más decente que el primero) me he curado solito tomando ¡caramelos de anís a razón de 1,60 euros los cien gramos! Para que os hagáis una idea de lo absurdo del proceso y del inmenso quebranto económico que ha supuesto, solamente el TAC y la gastroscopia debieron costar más de quinientos euros a mi sociedad médica.

No se trata de frivolizar con un tema tan grave, pero es evidente que nuestro sistema de salud está, valga el sarcasmo, profundamente enfermo, y no solo por los recortes. Se ha producido una mercantilización absoluta .de las relaciones médico paciente, y al mismo tiempo sospecho que existe un contubernio solapado entre médicos, laboratorios de análisis y centros de diagnosis por la imagen, entre otros, que se hacen favores recíprocos con vistas a mantener girando la rueda de los pingues beneficios (por prudencia me quedaré aquí, el que tenga imaginación entienda), actuando las sociedades médicas privadas como recaudadores para dotar de liquidez al sistema. Nuestra salud, que es lo que está en juego, supongo que es lo que menos importa.

Claro, ellos siempre tienen dos excusas: la primera es que todas las “malifetes” con las que te abruman son “para descartar”. La segunda es más grave, y tenemos la culpa los juristas (reconozco haber llevado como abogado alguna demanda de responsabilidad civil contra médicos). Reza algo así como “si no le hago a usted esta prueba, me expongo a que me demanden por mala praxis”. Todos somos responsables, y tendremos que poner nuestro granito de arena para detener esta espiral del absurdo que, como la misma sociedad tecno-industrial de que depende, resulta absolutamente insostenible (la sanidad es uno de los sectores de actividad más exigentes en consumo de energía).

Hubo un tiempo, hoy vilipendiado, en que las personas vivían con dignidad, y morían también con ella. No se trata de irse a combatir al Medio Oriente con un cuchillo entre los dientes, pero tampoco de agarrarse a la vida como desesperados, puesto que nuestro destino lo tenemos marcado en la frente desde el día del nacimiento. También hay un tema de racionalidad y gestión de medios disponibles. No es lógico que se le cambie la sangre a una persona de 97 años para que viva seis meses más, a costa de los recursos que son necesarios para personas mucho más jóvenes y activas.

Sin embargo, y como en todos los problemas que genera el insoslayable decrecimiento que nos espera, no serán los argumentos los que nos convenzan para asumir una mentalidad nueva, sino la cruda realidad.

Saludos,

Calícrates