jueves, 16 de julio de 2015

Sobre los reconocimientos implícitos



Fuente: es.forwallpaper.com

“Si esto es lo que hacen, por dinero, con un país cristiano, blanco y europeo, no sé qué puede esperar el tercer mundo”.

Uno de los momentos más felices para un bloguero anónimo es observar como lo que dice va calando en ciertos comentaristas más bragados e influyentes. Me ha ocurrido varias veces, y aunque los interesados pocas veces reconocen que te leen, con alguna honesta excepción puntual, se percibe que, especialmente cuando se toca el tema económico, y singularmente cuando se intenta comprender que es de verdad el neoliberalismo, han abrevado en las aguas límpidas de Calícrates, el sabio griego (muy de actualidad).

Quería comentar una reciente e impresionante entrada en The Oil Crash, que lleva por título “Frente al saqueo”. Yo no sé si Antonio Turiel se ha dado cuenta de tantas verdades como puños como recita de carrerilla, y que por primera vez expone con toda su crudeza, a raíz de los sucesos de Grecia, o si ya las venía sospechando de mucho antes. Creo que la respuesta debe ser la primera, en primer lugar porque es un hombre inteligente, y en segundo porque hace dos años y medio publiqué una entrada en su blog donde se explicaba por qué el verdadero objetivo del neoliberalismo nunca ha sido el crecimiento.

Como bien dice Antonio Turiel, la troika, el FMI, la Comisión Europea, travestida o no de Eurogrupo, Cristine Lagarde, el Banco Mundial, los Rockefeller, las grandes corporaciones financieras y los aglomerados industriales plutocráticos más importantes del mundo, cuyos nombres no mencionaré porque todos los tenemos en la punta de la lengua, son decrecentistas, el capital internacional es la más grande institución decrecentista del mundo, de hecho es la única verdaderamente decrecentista, porque en otros vericuetos, y singularmente en los mentideros de la progresía, por mucho que se cacaree otra cosa, nadie acaba de tragarse todo esto de empezar a decrecer.

Añadiré algo más, estas sacrosantas instituciones, estos elitistas furibundos convencidos, como decía Michael Douglas en Wall Street, de haber nacido con un orinal mejor que los demás, únicos partidarios silentes del verdadero decrecentismo, no solo son decrecentistas, lo cual sería preocupante hasta cierto punto, también son malthusianos, lo que debería inquietarnos mucho más. Solo hay que repasar innumerables declaraciones públicas del marido de su majestad británica, eso cuando no nos regala otros exabruptos de menos calidad por su real boca.

De todas formas el decrecimiento camuflado de las masas proletarias, y luego de grandes sectores de la antiguamente conocida como la clase media, solo es una de las fases del tríptico del neoliberalismo. La segunda es, lo he dicho muchas veces, crear inmensas oleadas de liquidez dirigidas a los actores económicos privilegiados, para continuar con la ilusión de multiplicación infinita del capital, y para generar ese falso crecimiento, puramente financiero y especulativo, que distrae y camufla el decrecimiento de la economía real.

Todo esto es visible a quien quiere comprenderlo, ellos no ocultan sus huellas para que quien sabe verlas saque sus conclusiones, pero ¡son tan pocos! Para ello utilizan el cine. ¿Os acordáis de esos cuadros estrafalarios, alfombras absurdas y jarrones que se confunden con ceniceros, todo ello adquirido, por supuesto, a precio de oro, que adornan el despacho y la casa de Gordon Gekko en la película que antes he mencionado? Son la forma de generar circulación de efectivo en la parte alta del sistema, crecimiento ficticio que no llega a la economía real pero sirve para llenar la boca de los Lacalle de turno. Así el dinero, dice nuestro imaginario, o no tanto, oligarca extractivo cinematográfico “pasa de una mano a otra”, pero por la parte de arriba del sistema, lo que, por supuesto, no termina de decir porque quedaría demasiado explicito, aunque se entiende muy bien por el contexto.

Esto nos lleva, decíamos, a la segunda fase del tríptico del neoliberalismo, que Antonio Turiel también ha visto, y esta vez desde hace tiempo, como es que ese dinero ficticio debe ser transformado en bienes reales, pero poco a poco, para no sobresaltar y cortocircuitar el sistema. Añadiré que no se trata de comprar cosas físicas porque sí, interesa que se trate de verdaderos activos económicos, esto es, bienes que produzcan réditos, y especialmente los que los van a seguir produciendo en las cada vez más diferentes condiciones de vida que nos esperan: metales preciosos, joyas, inversiones energéticas, industrias alimentarias y de la salud, empresas de distribución, medios de transporte y comunicación, sistemas de propaganda corporativa (también conocidos como mass media), etc…

Como todo tríptico, el neoliberalismo tiene una tercera fase (como los encuentros extraterrestres aquéllos). Este tercer punto es mucho más problemático, y Turiel todavía no lo acepta, por considerarlo poco científico. Me he referido al tema muchas veces de forma genérica, con cierta profundidad en algún post concreto, y no lo he conectado con las doctrinas neoliberales hasta este preciso momento. Lo haré ahora para que cuando Antonio lo comprenda pueda decirle también que ya se lo había advertido.

Es evidente que todo lo que acontece estaba perfectamente planificado desde finales de los setenta, cuando Friedman ultimó su no publicitado evangelio económico. Pero tal vez debajo haya planes aún más ambiciosos, y también mucho más antiguos, de los cuales el maestro de Chicago puede que no fuera otra cosa que una marioneta útil. El verdadero objetivo no solo es mantener la pirámide social en tiempos de penurias energéticas y guerras por recursos, también es asentar su estructura y estilizarla, creando una élite corporativa corrupta absolutamente soberana, al frente, al menos en el primer mundo, de una estructura política y social mucho más amplia, y muy diferente de lo que conocemos ahora, lo que exige la aparición de una figura política, y probablemente también militar, que pueda venderse a las masas como la encarnación del nuevo ideal social. Un mito, falso claro. Estas cosas, algunos creen que surgen porque sí, y sin embargo el que escribe, que no es perro muy viejo pero sí algo maleado e, incluso, maliciado, sabe que también pueden teatralizarse, poniendo en juego los elementos de tramoya oportunos. Estamos hablando, como decía Guénon, de un remedo del Santo Imperio (Sanctum Regnum), una estructura supranacional indiscutida e indiscutible, de la que las actualmente existentes, incluso a la vista de los inmensos poderes de “convicción” de la troika (ejército de matones disfrazados de ministros, Turiel dixit), no son sino prefiguraciones demasiado lejanas.

También he dicho varias veces, y ahora lo sabe Turiel, que no se puede negociar con el sistema, y que hay que ser más pérfido que ellos, lo que no siempre es fácil, por definición. Los tristes acontecimientos de Grecia lo dejan absolutamente claro, así como que la izquierda de manual es obsoleta y no entiende lo que está ocurriendo, pues sigue pensando que todo consiste en reactivar la economía, y que el gran capital debería ponerse a salivar con los jugosos intereses que prometería la recuperación, cuando el susodicho les lleva cuatro estadios de ventaja, porque sabe de antemano que tal resurrección económica es totalmente imposible.

Diría que la única salvación es individual, lo que nos llevaría a todos a cerrar los blogs y buscarnos la vida en otra parte, pero no adelantemos acontecimientos, porque a tenor de lo que he dicho algo más arriba, muchas cosas pueden pasar todavía, todas ellas absolutamente increíbles, hasta que suceden…

Saludos,

Calícrates