viernes, 30 de diciembre de 2016

Economía de café I


Fuente: www.taringa.net

- ¡Profesor Alambique! ¡Profesor! ¡Cuánto tiempo sin verle!

- Hola, chato. Sí, han pasado años, pero no ha cambiado nada, ni el mobiliario, ni el agua de castañas que dan aquí, ni tampoco las caras de los parroquianos,…

- ¿Dónde ha estado?, le interpelo temerariamente, sin muchas expectativas de respuesta, mientras el camarero nos sirve los cafés.

- Preguntas mucho, amigo. Cinco años de la vida de un hombre dan para bastante. Además, no me hagas recordar a los cretinos que consiguieron apartarme de las aulas. Me gustaría poder decirte que no he recalado en el departamento de recursos humanos de una conocida papelera, o lo que es peor, en el de contabilidad de cierta distribuidora de refinados petroleros. ¡Qué más da! Todos vivimos bajo la permanente presión del entramado financiero, bueno, todos menos los que lo manejan. El caso es que, de algo hay que vivir. Si quieres puedes pensar que he hecho un viaje alrededor del mundo, recorrido la India, vestido de peregrino, hasta las montañas del Shangri-La, y después a Bali, a poner digno colofón al periplo sabático. Es mejor que quede todo en la penumbra, piensa lo que quieras, de cualquier manera te equivocarás.

Se lleva las manos a las sienes grises abrumado por el peso de los recuerdos.

- Lo único importante es que ha vuelto…

- Sí, gracias chico. Tuve unas semanas un tanto convulsas porque me llevaron de adjunto al departamento de Análisis de Estados Contables. Imagínate que aburrimiento. Pero al fin he vuelto por mis lares, a mi querida Macro, sí, a lo que me agrada de verdad, las piruetas dialécticas –dibuja una inmensa parábola con la mano, la mirada perdida en el vacío- el efecto mariposa, la economía como la ciencia de las relaciones inesperadas, o como una plaga de cucarachas podía tumbar una financiera, una nueva regulación sobre la dimensión de las ventanas a pie de calle dejar sin empleo a miles de trabajadores chinos, o como el zumbido de las alas de un coleóptero en Nueva Guinea Papúa llevar a la presunta civilización occidental a un colapso inesperado.

- Dígame, ¿qué piensa de la presente coyuntura económica?

- Que es exactamente la misma que dejé cuando me fui. Nada ha cambiado, bueno sí, la degradación del sistema ha continuado su ritmo esperado, limitado por sucesivos parches que hacen que la solución del problema sea cada vez más complicada. Le haré una pregunta a usted. ¿Cuál es el mayor obstáculo para la salud económica de nuestras sociedades postindustriales? ¿Los políticos? Sí, estos son un problema, o más bien los agentes del verdadero problema. ¿La corrupción? Siempre ha existido y siempre existirá. A su manera tiene una cierta eficiencia y sentido económico. Ahora se ve más por las estrecheces financieras que pasamos, o porque “alguien” ha querido que la viéramos, por ciertos intereses. Es un dato superficial. ¿La deuda? Si la deuda fuera de verdad un problema, todo sería cuestión de dinero. Entonces estaríamos salvados. ¿La energía? Sí, aquí nos acercamos más al verdadero problema.  A ver, explícame esto.

Empiezo a recitar, de carrerilla, las líneas básicas de los postulados pico petroleros. Mi admirado profesor, nada sorprendido de lo que oye, me deja hablar hasta el final.

- ¿Es este el problema o la causa principal del problema?, le espeta al final. Imagínese, dice sin dejarle responder, que las civilizaciones del siglo primero de nuestra Era hubieran aprendido a refinar petróleo y creado una sociedad industrial. ¿Tendrían nuestro problema? Sin duda no inicialmente, en un mundo con trescientos millones de habitantes. Hoy somos más de siete mil millones… Hay humanos por todas partes. Nos hemos convertido en una plaga.

- El verdadero problema, -continúa- es el desbordamiento sin precedentes de la población mundial, que está presionando sobre los pilares del hábitat planetario. Es cierto que nunca habríamos vivido tal despliegue poblacional sin la extensión de la energía disponible por individuo, que ha mejorado las condiciones de vida, la movilidad geográfica y la salud de casi todos los habitantes del planeta. Pero ahora estamos en un callejón sin salida. Aunque tal vez no lo sepas, porque vives en el primer mundo, la pasada década el planeta estuvo varias veces en alerta alimentaria… Contra esto no hay teoría económica posible -zanja la cuestión moviendo vigorosamente la mano derecha.

- Soy un neoliberal sin careta- me suelta de repente, para mi estupefacción. Se hace un completo silencio.

- No, no pienses que me he vendido al enemigo. En tal caso no estaría haciendo suplencias. En realidad, si te paras a pensar un momento, el sistema económico es mucho más que una estructura teórica de distribución de recursos. Es un sistema de dominación.

- Dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades –suelto con evidente intención de provocarle- que hemos gastado más de lo que ingresábamos…

- ¡Eso es una estupidez interesada y maliciosa! Un Estado soberano no tiene por qué someterse a los mismos imperativos que un sujeto económico particular, sea individual o societario. Salvo que le obliguen, por no ser dueño de su instrumento cambiario. Pero en tal caso, claro, no dispone de soberanía real, ni en lo económico ni, por supuesto, en todo lo demás. Pero vayamos más allá. Dime una cosa, ¿de verdad crees que los gestores del sistema necesitan nuestro dinero? No te parece un poco ingenuo. Tienen todo el que quieren con solo apretar un botón del ordenador. Ni siquiera necesitan imprimir, como suponen algunos desinformados. La cuestión es muy diferente. Lo que en realidad precisan es que tengamos la menor cantidad posible de efectivo, para que el numerario que se inventan y guardan en paraísos fiscales no pierda valor. Pero ellos saben que, en el fondo, sus números son también una ilusión…

- Pero es que los recortes…

- No puede dejar de haber recortes –me interrumpe casi en un grito- al menos mientras no expliquen la realidad de lo que sucede, y entonces ya será tarde. Es que no te das cuenta… La política ya no importa. Sólo el dinero, del que solo dispondrá quién resulte disciplinado. ¿Por qué eres más productivo? No, claro que no. Empresas absolutamente ineficientes y quebradas recompran sus acciones con capitales obtenidos a interés cero y siguen subiendo en bolsa. Ya nada tiene sentido económico o financiero. Estás dentro o estas fuera. Ningún gobierno sobrevivirá mucho tiempo enfrentado a los bancos centrales. ¿Viste lo que pasó en Grecia? Fue un aviso para navegantes. El dinero ya no es una cuestión de eficiencia sino de control. Da igual lo que votéis. Incluso os diría, mejor los corruptos, ellos saben llegarle más rápido a la cartera a Draghi. Y hay quien lo ha entendido sin pisar una facultad de economía. Los últimos resultados electorales no tienen otra clave. ¿La derecha gestiona mejor la economía? En absoluto, lo que hace es mantener las fuentes de recursos de los que ya las tenían bien saneadas, a costa de los que buscan su lugar en el sistema. Este ha sido siempre su cometido. Ya no hay opciones. La tarta no puede crecer más, salvo en la falsa entelequia de los derivados financieros…

- Hay por ahí algún objeto volante no identificado, con pretensiones de saber economía, que dice que no se puede repartir la riqueza que no existe…

- Sí, ya sé de quién me hablas. Dicho así, a palo seco, esta sandez parece incuestionable, ¿verdad? Es el lenguaje que utilizan para dirigirse a las masas analfabetas en casi todo, especialmente en cuestiones financieras. La aparente irrebatibilidad de la expresada afirmación torticera queda patente cuando examinas detenidamente sus términos explícitos e implícitos. En primer lugar, ¿qué es la riqueza? ¿De dónde viene de verdad? ¿Cuáles son las expectativas de que pueda seguir aumentando indefinidamente? ¿Podemos crecer sin límites en un planeta finito? No todos los recursos son iguales. Algunos son necesarios para generar otros. ¿Está nuestra disponibilidad de recursos, digamos, “precursores” absolutamente asegurada en el tiempo y el espacio?

- En segundo lugar -prosigue- hay que examinar una variable de la que el individuo en cuestión, sicario de segunda fila de los cabilderos financieros londinenses que nos pastorean, no te habla. No se reparte la riqueza directamente, sino el dinero que la representa. Aquí es donde empiezan los problemas que los autodenominados “liberales” no te resolverán nunca, porque no les interesa. La retórica (prácticamente inexistente) sobre el dinero, a salvo criticar las desdichas inflacionarias de los demagogos izquierdistas, forma parte de su discurso manipulador, de la tramoya engañosa que les permite mantener sus estructuras de dominación. ¿Qué es el dinero? ¿Quién lo crea? ¿Quién lo distribuye? ¿Cada una de las unidades monetarias es idéntica a las demás independientemente de donde se encuentre? ¿Es el mismo dinero el que está en manos de un parado que cobra el subsidio que el que se sitúa en la caja fuerte de un paraíso fiscal caribeño? Estas preguntas, te lo adelanto, nunca tendrán respuesta, puesto que al desinformador del que hablo (que probablemente ni se las plantea) ni a otros por encima de él, que tienen las cuentas más claras, les interesa contestarlas.

Creo que no he entendido una palabra.

Continuará.